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Amado Hugo

| Foto: Archivo

Publicado 4 marzo 2015
El nivel de madurez que hemos alcanzado es realmente impresionante. La derecha lo va comprendiendo, y los Estados Unidos también. Por eso se muestran desesperados, porque ya no hallan qué hacer para callarte.

Amado Hugo:

Son dos años que parecen siglos. Dos años de tu ausencia cada vez más presente. Dos años de extrañarte y encontrarte cada día en la hermosura del rostro y la sonrisa del pueblo más humilde. Dos años de no sentir tu abrazo franco, pero a la vez disfrutar de un bautizo de besos y bendiciones que recibimos humildemente en tu nombre.

Son dos años de trabajar inagotablemente para intentar cumplir con la responsabilidad enorme de dar continuidad a tu legado gigantesco, inmenso, puro, patriótico. Dos años de cumplirte, en tus últimas instrucciones, al pie de la letra y con la mayor lealtad y unidad posible.

Dos años duros, muy difíciles, sin tu palabra oportuna, sin tu consejo sabio, sin tus ideas brillantes y creativas. Dos años en que hemos tenido que crecer apresuradamente, porque no ha habido tiempo ni para llorarte, ni mucho menos para compadecernos. La Patria no lo permite, ni tampoco lo permiten sus enemigos.

Nunca creí que fueran tan desalmados como para no respetar el duelo

Tal como lo predijiste aquel 8 de Diciembre, no nos han dejado en paz. Bien sabías tú que, a la mínima dificultad, los apátridas no esperarían para tratar de dar el zarpazo, como es su costumbre. ¡Y mira que fue así! Desde el mismo momento en que ascendiste a la Gloria, ellos empezaron a molestar a tu familia, a tus seres queridos, a aquellos que te amamos profundamente. Te confieso que nunca creí que fueran tan desalmados como para no respetar el duelo pertinente en un caso como ese. Sin embargo, así fue. Inventaron mentiras tras mentiras, se cansaron de especular, y ni aún así se sentían satisfechos. La embriaguez los envolvía, pues llegaron a creer que, ahora sí, la Revolución llegaría a su fin. ¡Qué equivocados estaban!

Este pueblo maravilloso, que te amó con locura, y que te sigue amando, les ha dado la lección de su vida. No te voy a negar que al principio hubo desconcierto, como era lógico. Es cierto que en las primeras elecciones todavía había mucha confusión, y mucha gente deprimida ni siquiera fue a votar. Pero, poco a poco, el pueblo fue saliendo de su desasosiego. Muchos comprendieron que la mejor manera de honrarte era trabajar en los ideales y en los principios que tú nos enseñaste.

La derecha inescrupulosa ha intentado todo, todo de verdad: desconocieron las elecciones, llamaron al la gente a “descargar su arrechera” causando decenas de asesinatos, acapararon productos, especularon al pueblo hasta volverse multimillonarios y, ahora, llaman a una transición, que no es otra cosa que un nuevo intento de golpe de Estado. Lamentablemente, sus ideas enloquecidas sólo le han causado más dolor y muerte al país. Sin embargo, nuestro pueblo ha permanecido estoico. El nivel de madurez que hemos alcanzado es realmente impresionante. La derecha lo va comprendiendo, y los Estados Unidos también. Por eso se muestran desesperados, porque ya no hallan qué hacer para callarte.

Ni en mil años comprenderán que tu clamor se funde con el del pueblo mismo, porque nadie lo conoció mejor que tú

Lo que sí nunca entenderán es por qué no te pueden silenciar. No se dan cuenta que tu voz no es tuya. Si hubiera sido así, se hubiera apagado con tu partida. Jamás se darán cuenta de que en tu grito, va el grito de Guaicaipuro y nuestros rebeldes ancestros. El del Negro Primero y el de todos aquellos que, esclavizados desde el África, abrazaron la causa de la independencia como su forma más clara de emancipación, y que decidieron más nunca ser esclavos de nadie. El del blanco de orilla, que resentía la discriminación, que aprendió de ella que tenía que unirse en lucha con el resto de sus hermanos, y que compartía una misma dignidad con el negro y con el indio. No entenderán jamás que tu voz es la de Miranda, Rodríguez, Bolívar, Sucre, Zamora, Manuela, Juana Rodríguez, Luisa Cáceres, y la de los cientos de héroes y heroínas que parió Venezuela para la América toda. Ni en mil años comprenderán que tu clamor se funde con el del pueblo mismo, porque nadie lo conoció mejor que tú, ni lo amó más que tú. No lo entenderán, porque ellos, de amor no saben nada.

Por eso, amado mío, sigue descansando allá en tu chinchorro, a la orilla del Arauca, del lado de la costa Apure. Sé que estás ahí, porque siempre dijiste que ese era el sitio donde querías ir a descansar. Sigue disfrutando de esa sabana hermosa, que aquí tu pueblo sigue leal, fortalecido, concientizado, educado, trabajando día a día por mantener todo aquello por lo que luchaste hasta tu último suspiro. Tenemos Patria y la seguiremos teniendo, porque, tal y como nos pediste, nos mantenemos en ¡Unidad, Lucha, Batalla Victoria! Por eso, con la fuerza de tu ejemplo y de tu amor: ¡Venceremos!


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