OMS denuncia bombardeos contra civiles y desplome sanitario en el norte de Etiopía

La OMS advirtió que la escalada bélica en Amhara y Tigray liquida los acuerdos de paz y deja sin medicinas a la población.

tedros adhanom oms

La reactivación de las hostilidades hace trizas en la práctica el acuerdo de paz suscrito en noviembre de 2022 entre el Gobierno federal y las fuerzas insurgentes de Tigray. Foto: EFE.


2 de noviembre de 2026 Hora: 13:04

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El Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, denunció que el constante uso de drones y las agresiones armadas contra la población civil en las regiones de Amhara y Tigray, al norte de Etiopía, mantienen al borde del colapso al sistema sanitario nacional.

El máximo responsable del organismo internacional detalló que las acciones bélicas han impactado infraestructuras de vulnerabilidad extrema, como el campamento de desplazados internos Jaare 2 en Amhara donde se registraron muertes de niños y de un recién nacido y la localidad de Rama en Tigray, donde varias personas fueron ultimadas mientras intentaban acceder a suministros de alimentos.

La reactivación de las hostilidades hace trizas en la práctica el acuerdo de paz suscrito en noviembre de 2022 entre el Gobierno federal y las fuerzas insurgentes de Tigray.

Esta escalada del conflicto agrava la escasez de insumos médicos, medicamentos esenciales y personal de salud en las áreas afectadas, al tiempo que las restricciones operativas y la falta de garantías de seguridad impiden el libre desplazamiento de las ambulancias y la distribución de ayuda humanitaria vital.

El deterioro de la estabilidad etíope se profundiza con la expansión de los enfrentamientos armados en las regiones de Amhara y Oromia.

Mientras redes de milicias locales como Fano combaten a las tropas del Estado en Amhara, la violencia sectaria en la zona de Arsi derivó en el asesinato de al menos 60 personas de la comunidad cristiana ortodoxa, hecho que motivó el pronunciamiento del embajador de Estados Unidos, Ervin Massinga, evidenciando las pretensiones de injerencia diplomática de Washington en la crisis del Cuerno de África.

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Frente al avance del conflicto, el primer ministro Abiy Ahmed difundió imágenes de altos funcionarios del Ejecutivo recibiendo instrucción táctica militar en el campamento de Hurso.

Paralelamente, la oposición política articuló la Alianza de las Fuerzas del Pueblo Etíope para la Supervivencia coalición integrada por el Frente de Liberación del Pueblo de Tigray, el Movimiento Nacional Amhara Fano y el Ejército de Liberación Oromo, entre otros grupos con el objetivo declarado de coordinar la ofensiva para desalojar del poder al gobernante Partido de la Prosperidad.

A principios de octubre, las acusaciones mutuas de invasión y el incremento de despliegues militares en la región septentrional de Tigray reactivaron el riesgo de una confrontación bélica directa entre Etiopía y Eritrea, amenazando la estabilidad del Cuerno de África.

El Gobierno de Addis Abeba acusó a las autoridades de Asmara de brindar apoyo militar a los grupos rebeldes tigrayanos, mientras que el Ejecutivo eritreo denunció que la ofensiva de las fuerzas federales etíopes constituye una violación frontal a su soberanía territorial.

La escalada sobre el terreno se agravó tras la incursión de tropas eritreas estimadas por fuentes internacionales entre 5.000 y 8.000 efectivos en territorio etíope, la cual fue respondida por el Ejército etíope con bombardeos mediante uso de drones en las cercanías de Adigrat, así como con operaciones tácticas para retomar el control de núcleos urbanos estratégicos como Shire, Adigrat y la capital regional de Mekelle.

Detrás del deterioro del entendimiento bilateral subyace la exigencia planteada en los últimos meses por el Gobierno etíope para obtener una salida soberana y directa al mar Rojo. Esta pretensión es considerada por el Estado eritreo como una amenaza directa contra su integridad territorial, reviviendo el trasfondo histórico del conflicto fronterizo librado entre 1998 y 2000.

Analistas de la región advierten que la pugna trasciende las disputas de contención limítrofe, respondiendo a la ambición geopolítica por el control de corredores marítimos clave y la hegemonía subregional.

De mantenerse el despliegue de tropas y la retórica de confrontación, la escalada amenaza con paralizar los flujos comerciales del este del continente, desencadenar nuevos desplazamientos forzados de población y dinamitar los equilibrios políticos de la zona.

Autor: teleSUR - lf - JML

Fuente: Agencias