Irán advierte que responsabilidad de frenar la guerra recae en Washington
Tras una respuesta firme y coordinada desde Teherán, el parlamento de la nación persa expone que Washington es responsable de detener la acción bélica.
«Ahora le corresponde a Washington evitar el estallido de la guerra», afirmó Mohammad Bagher Ghalibaf. Foto: EFE.
3 de noviembre de 2026 Hora: 10:00
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El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, aseguró que la República Islámica aplica una respuesta firme y racional frente a Estados Unidos, al advertir que «la responsabilidad absoluta de frenar una conflagración regional recae de forma exclusiva sobre Washington».
Durante la intervención oficial, realizada a pocas horas de los incidentes y ataques en la isla de Qeshm y el estrecho de Ormuz, el legislativo señaló que «Teherán mantiene su dispositivo defensivo en el nivel más elevado de apresto operacional, tanto en el ámbito militar como en los escenarios de confrontación directa». Respondiendo de esta manera al incremento de las incursiones y el asedio militar en el golfo Pérsico.
Ghalibaf advirtió que «cualquier error de cálculo estratégico cometido por la Casa Blanca provocará una respuesta militar inmediata, de naturaleza imprevista y sin limitaciones geográficas, orientada a neutralizar los recursos hostiles del adversario».
El titular parlamentario también recordó que «los precedentes bélicos demostraron que la etapa de las transgresiones concluyó», enfatizando que la nación persa posee la capacidad disuasiva indispensable para repeler cualquier agresión externa. Por ello, el parlamentario aseveró ante el pleno legislativo que «la respuesta de Irán ante cualquier error de cálculo del enemigo será inesperada y sin limitaciones geográficas».
Asimismo, el dirigente legislativo indicó que «la estrategia militar del Estado persa fue estructurada por el liderazgo supremo de la nación para responder con contundencia ante cualquier incursión extranjera». Las declaraciones al coincidir con el incremento de la tensión militar en la isla de Qeshm, el despliegue de activos estadounidenses en la zona motivó que «las defensas persas activaran una reacción operativa inmediata en todo el sector marítimo» señalaron los analistas.
En el plano diplomático, Ghalibaf ratificó que «las condiciones soberanas del país fueron transmitidas de manera reiterada a los mediadores internacionales». La dirigencia iraní reafirmó «el rechazo categórico a la política de coacción económica y presión militar conocida como la estrategia de la zanahoria y el palo».
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De igual manera, insistieron que «no existirá ningún avance en las negociaciones bilaterales a menos que se acepten los puntos planteados por Teherán». En este sentido, el parlamentario puntualizó que «la política de coacción no funciona con nosotros y no habrá ningún progreso a menos que se acepten las condiciones».
Por su parte, el presidente estadounidense, Donald Trump, evitó descartar la ejecución de nuevas acciones militares contra infraestructuras iraníes tras las elecciones de mitad de mandato, señalando desde Washington que «evaluará los pasos siguientes según las circunstancias operativas del momento».
La Casa Blanca catalogó las recientes incursiones nocturnas en territorio iraní como operaciones de carácter estrictamente defensivo, argumentando que «respondieron al supuesto empleo de sistemas de misiles tierra-aire por parte de las fuerzas persas contra aeronaves y activos desplegados en la región», según informaron recientemente a medios de comunicación.
A pesar del cruce de advertencias y la intensificación de las patrullas tácticas en el estrecho de Ormuz, el gobierno estadounidense matizó el alcance de los bombardeos al negar que constituyan un conflicto a gran escala. Las autoridades mantienen vigilancia en las zonas de fricción mientras las delegaciones diplomáticas evalúan la desescalada.
Las declaraciones del presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, reflejan el delicado equilibrio estratégico en Asia Occidental tras los recientes incidentes armados en la isla de Qeshm y el estrecho de Ormuz.
Este corredor marítimo, por el que transita una parte fundamental del suministro petrolero mundial, se ha consolidado como el principal punto de fricción entre las fuerzas armadas de Irán y el despliegue militar de Estados Unidos en la región.
El rechazo de Teherán a las tácticas de coerción económica y el establecimiento de condiciones estrictas para retomar los canales de diálogo evidencian la resistencia del Estado persa frente a la presión exterior. Mientras, Washington combina advertencias de intervención militar con matices sobre la limitación operativa de sus ataques, la dirigencia iraní busca consolidar su capacidad de disuasión mediante una postura de firmeza defensiva.
La falta de acuerdos bilaterales estables y la persistencia de operaciones tácticas en zonas geográficas altamente sensibles incrementan el riesgo de una escalada imprevista. La resolución de esta crisis depende de la disposición de ambas potencias para encauzar sus demandas a través de la diplomacia internacional y evitar un enfrentamiento abierto.
Autor: teleSUR - dm - JML
Fuente: Al Mayadeen - Agencias




