El fútbol que la guerra se llevó
El fútbol posee una memoria implacable para los récords y las glorias, pero también para aquello que la historia le arrebató. Esta crónica aborda el doloroso vacío de 12 años sin Copas del Mundo (entre 1938 y 1950).
El teniente Jarbas Días Ferreira, de 103 años, uno de los más de 25.000 brasileños que lucharon en la Segunda Guerra Mundial, en São José dos Campos (Brasil). Foto: EFE
16 de junio de 2026 Hora: 10:49
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El fútbol tiene una memoria de hierro. Recuerda goles, títulos, nombres, récords… pero también lo que no fue: los mundiales que nunca se jugaron. Los zapatos que nunca calzaron en una final, sino en barro de trinchera, y los números de camiseta que no se vistieron en un estadio, sino en un uniforme de guerra.
Entre 1942 y 1946, el planeta perdió dos Copas del Mundo por uno de los episodios más brutales que la humanidad ha conocido: la Segunda Guerra Mundial. Un conflicto que apagó el silbato, dejó los estadios vacíos, despojó a los jugadores de su cancha y arrancó a toda una generación de su oportunidad de jugar en el Olimpo del fútbol.
El último Mundial antes del silencio fue el del verano de 1938 en Francia, cuando el fútbol aún respiraba con normalidad. La Italia de Mussolini levantó su segundo trofeo, la gente salió a las calles y los estadios se llenaron. Pero a pocos meses, en septiembre de 1939, Alemania invadió Polonia.
La FIFA intentó imaginar un futuro en medio del caos. Se habló de un Mundial en 1942, pero el mundo ya no era el mismo: Europa y Asia ardían, el Pacífico se convirtió en un campo de batalla, sin sedes posibles, ni jugadores disponibles, ni recursos.
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Una generación de futbolistas perdió la oportunidad de su vida. Algunos murieron en la guerra, otros envejecieron. Algunos perdieron sus mejores momentos: Alfredo Di Stéfano, la leyenda argentino-española que marcaría el siglo XX con el Real Madrid; Ferenc Puskás, el delantero húngaro que convirtió el fútbol en poesía; Zizinho, el genio brasileño; y Giuseppe Meazza, la estrella italiana que no pudo defender su título.
El fútbol se transformó en propaganda. Regímenes como el de Mussolini en Italia y el de Hitler en Alemania lo usaron como símbolo de grandeza y poder. Muchos estadios en vez de testigos de la gloria deportiva, se transformaron en escenarios bélicos, hospitales militares o incluso campos de prisioneros.
Cuando la guerra terminó en 1945, uno podría pensar que el fútbol volvería de inmediato. Pero un año después, el mundo seguía en ruinas: ciudades destruidas, economías quebradas, gente sobreviviendo. La FIFA no pudo organizar un Mundial, y el torneo de 1946 también se canceló. Transcurrieron doce años de 1938 a 1950, y dos de ellos , 1942 y 1946, quedaron oficialmente fuera del calendario.
Pero el fútbol siempre regresa, aunque no igual. El Mundial de 1950 en Brasil llegó con un sabor diferente, más grave, más consciente de lo que había costado volver a jugar, con cicatrices invisibles en la memoria de dos mundiales perdidos.
Autor: teleSUR: drs - RR
Fuente: Boris Luis Cabrera




