De la Espriella, el «Tigre» de ultraderecha que amenaza con llevar el trumpismo a Colombia

«En mi gobierno, bandido que no se someta (a la justicia) será dado de baja», sostiene el aspirante ultraderechista, que busca aliarse militarmente con Estados Unidos e Israel. Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda se enfrentarán en segunda vuelta el próximo 21 de junio.

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De la Espriella propone construir megacárceles, reducción del Estado en un 40 %, mano de hierro contra la delincuencia, permitir el porte de armas y un alineamiento total con la política de seguridad de Estados Unidos. Foto: EFE


31 de mayo de 2026 Hora: 21:24

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Con un discurso que fusiona la mano dura de Nayib Bukele, la motosierra de Javier Milei y el fervor religioso de la derecha evangélica, el abogado y empresario Abelardo De la Espriella se convirtió en la sorpresa de las elecciones presidenciales colombianas. Al obtener 10.355.589 votos (43,73%) en la primera vuelta, el candidato del del movimiento Defensores de la Patria se ubicó en primer lugar y enfrentará en segunda vuelta al contendiente del oficialista Pacto Histórico, Iván Cepeda.

«Más de 10 millones de colombianos confiaron en ‘El Tigre’, se unieron a la manada. Vamos a la segunda vuelta para derrotar la tiranía, el absolutismo. En 21 días vamos a cambiar la historia de Colombia para siempre», señaló el aspirante de ultraderecha este domingo, en un video divulgado por su campaña.

Pero su ascenso no es fruto de la casualidad. Detrás de la figura de este «self-made man» («hombre hecho a sí mismo», en español) que se hace llamar «el Tigre» se teje una compleja red de intereses que conectan a la extrema derecha colombiana con el Partido Republicano de Estados Unidos, el trumpismo y el poder corporativo.

Nacido en Bogotá en 1978, De la Espriella construyó su fortuna en los despachos judiciales, representando a estafadores, paramilitares y estrellas de fútbol. Su carrera como abogado lo llevó a defender a uno de los personajes más siniestros del país: David Murcia Guzmán, cabecilla de la mayor estafa piramidal de Colombia, DMG. Lejos de ser un estigma, este pasado es presentado por su campaña como una prueba de su capacidad para enfrentar al «sistema».

Durante su carrera como penalista, su firma también representó legalmente a miembros del paramilitarismo y narcotraficantes. Entre sus clientes se encuentran: ‘Don Berna’ (Diego Fernando Murillo), exjefe paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); ‘Comandante Barbie’ (Javier Enrique Rodríguez Fuentes): una investigación periodística de Voragine señaló que el abogado adquirió un predio llamado Nueva Jerusalén, en el departamento del Cesar, que pertenecía a la familia de este narcoparamilitar.

Su perfil de «polirrubro» —también es cantante y empresario— le ha permitido venderse como un outsider, pese a que sus vínculos con el poder económico y geopolítico son más profundos que los de cualquier político tradicional.

El parecido físico con Nayib Bukele no es lo único que lo une al presidente salvadoreño. Su plataforma es un calco de las recetas autoritarias que ya se ensayan en la región: propone megacárceles, reducción del Estado en un 40 %, mano de hierro contra la delincuencia, permitir el porte de armas y un alineamiento total con la política de seguridad de Estados Unidos. «Combatiré con mano de hierro a los delincuentes, a los corruptos, a los criminales impunes», repite en sus mítines.

Durante la carrera presidencial fue criticado por declaraciones tildadas de machistas y homofóbicas. Su electorado principal proviene de las feligresías católica y evangélica, que lo ven como el defensor de la «familia tradicional» frente a la «ideología de género» y el aborto.

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Sin embargo, recientes videos que han circulado en redes sociales lo muestran declarándose ateo hace más de una década. Su respuesta: «Hace seis años recuperé la fe». Una conversión oportuna que levanta sospechas sobre la autenticidad de un discurso que usa a Dios como herramienta electoral.

Si algo distingue a De la Espriella de otros candidatos de ultraderecha es su abierto y documentado vínculo con el poder estadounidense. Lejos de ser un actor aislado, el «Tigre» es, según análisis de medios internacionales, el instrumento de poder de ciertos sectores de Washington para retomar el control del Palacio de Nariño.

Investigaciones periodísticas revelan que el candidato colombiano posee 13 empresas radicadas en el estado de Florida (seis ya disueltas, siete activas a su nombre o el de su esposa, Ana Lucía Pineda). Además, tiene el respaldo directo de Daniel Newlin, amigo personal de Donald Trump que estuvo nominado para ser embajador en Bogotá, y de la congresista republicana María Elvira Salazar, figura clave del ala trumpista.

La contundencia de los lazos financieros quedó expuesta durante un acto de campaña en el Movistar Arena de Bogotá, donde se proyectó un video de Salazar. «Lo conozco muy bien, me apoyó mucho en mis tiempos de campaña», afirmó la legisladora, validando públicamente al candidato.

Los registros de la Comisión Federal de Elecciones de EE.UU., revisados por el medio colombiano La Silla Vacía, confirman que desde 2018 De la Espriella aportó unos 95.000 dólares a campañas del Partido Republicano, de los cuales 92.000 fueron directamente a la cuenta de María Elvira Salazar.

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Aunque desde Washington se desligan oficialmente de su figura, los hechos demuestran una alianza estratégica. Sectores del propio entorno trumpista lo miran con desconfianza, pero para De la Espriella ese apoyo es su principal carta de presentación.

«En mi gobierno, bandido que no se someta (a la justicia) será dado de baja», sostiene el aspirante de extrema derecha, que busca aliarse militarmente con Estados Unidos e Israel.

Con su estilo agresivo, saludo militar e invocaciones a Dios, De la Espriella ha logrado capitalizar el descontento social y la oposición de las élites a la continuidad del proyecto transformador de la izquierda. Pero su llegada a la segunda vuelta enciende todas las alarmas.

No es solo un candidato de ultraderecha; es el representante de una internacional reaccionaria que, con el respaldo del capital financiero estadounidense y la maquinaria del trumpismo, busca revertir los avances de los gobiernos progresistas en la región. Frente a él, el Pacto Histórico de Iván Cepeda se prepara para una batalla que definirá si Colombia profundiza su camino hacia la justicia social o cae de nuevo en las garras de un autoritarismo empresarial y militarista.

El ganador de la contienda a celebrarse el próximo 21 de junio sucederá al presidente Gustavo Petro y asumirá las riendas del país suramericano para el período constitucional correspondiente a los años 2026-2030.

Autor: teleSUR: JB

Fuente: Agencias