Una lectura filosófica de las elecciones

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De acuerdo a lo explicado por el experto, con el avance de los algoritmos estos nichos se están volviendo cada vez más específicos, y esto se explotará en los próximos meses cuando la campaña se intensifique. Foto: EFE


Por: Leonardo Boff

10 de octubre de 2026 Hora: 12:32

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El auge de los proyectos extremistas refleja una profunda depresión colectiva ante las promesas incumplidas de la modernidad, pero encierra, bajo la dinámica del caos, las semillas para la reconstrucción de un nuevo orden civilizatorio.

1.

Se están realizando numerosos análisis de las elecciones brasileñas, con el sorprendente auge de la extrema derecha, generalmente utilizando categorías de la sociología integral. Estos análisis son necesarios. Sin embargo, la gravedad de la crisis brasileña, que es también planetaria, es de tal magnitud que carecemos de categorías adecuadas para comprenderla. Creo que necesitamos una perspectiva filosófica, porque se trata de ir a las raíces para encontrar un rayo de esperanza.

Parto de la percepción generalizada de que el mundo tal como lo conocemos no puede continuar. Existen demasiadas amenazas graves para el futuro de la vida. Si esto persiste, como advirtió Zygmunt Bauman, «aumentaremos las filas de quienes se dirigen a la tumba común».

En 1930, Freud escribió *El malestar en la cultura* , concluyendo en la última página con esta sombría frase: «Ahora los hombres han avanzado tanto en el dominio de las fuerzas de la naturaleza que, con su ayuda, será fácil exterminarse unos a otros hasta el último individuo». Actualmente, con el arsenal destructivo existente, potenciado por la inteligencia artificial autónoma, esto podría convertirse en realidad. Existe, por lo tanto, una inquietud colectiva en el mundo que encuentra su innegable confirmación en el rápido ascenso del fascismo y la extrema derecha en Brasil, especialmente en Estados Unidos y otros lugares.

Por mi parte, diría, a modo de hipótesis, que esta atmósfera, hostil a la vida y a la convivencia fraterna entre los seres humanos y con la naturaleza, proviene de una decepción radical que degeneró en una profunda depresión.

La decepción radicaría en el fracaso de todas las promesas formuladas por las grandes narrativas de los últimos siglos: la Ilustración, el capitalismo, el socialismo, las democracias, las tecnociencias de la comunicación (internet, Twitter, Facebook, etc.) y la inteligencia artificial. Las promesas no se cumplieron.

La decepción generalizada ha desembocado en una profunda depresión colectiva: una terrible ola de odio, ira, noticias falsas y violencia azota el planeta y Brasil. La depresión nos roba la alegría de vivir.

Las crisis siempre han existido y seguirán existiendo en todas las culturas. La nuestra es única porque es planetaria. ¿Hay alguna luz en la inmensa obra de doce volúmenes del historiador inglés Arnold Toynbee, * Estudio de la Historia *? En ella, muestra cómo surgen, se desarrollan, alcanzan su apogeo y mueren las culturas, siendo reemplazadas por otras.

Aborda dos categorías básicas: desafío y respuesta . Cuando el desafío es pequeño, la civilización responde y prospera. Cuando el desafío supera su capacidad de respuesta, la civilización entra en crisis, puede prolongar su sufrimiento, pero finalmente desaparece. Esta es una exposición simplificada de una obra compleja y sumamente erudita.

Quizás su limitación radica en no haber considerado la lucha de clases que, nos guste o no, siempre se da en las sociedades complejas. Ahora nos encontramos ante una incapacidad para responder, porque el desafío supera nuestra capacidad. Entonces estalla la depresión.

2.

¿Existe alguna salida a esta situación? ¿O nos ha llegado el momento de concluir nuestro ciclo cosmogénico y desaparecer? Es bien sabido que todos los seres, tras vivir millones de años en este planeta, alcanzaron su apogeo y desaparecieron. ¿Correremos nosotros también el mismo destino? Dejo la pregunta abierta porque no parece improbable ni imposible, puesto que ya nos hemos dado los medios para autodestruirnos.

Mi visión del mundo me dice que cuando las utopías —incluso las más pequeñas, destinadas a mejorar el sistema imperante— fracasan, lo único que queda es la introspección. Somos una fuente inagotable de potencial y una capacidad ilimitada para las relaciones y la creatividad. A pesar de ser contradictorios, estar hechos de luz y sombra (C.G. Jung), ser sabios y estar perturbados (Edgar Morin), ( eros: vida) y ( thánatos: muerte, Freud), podemos potenciar nuestra positividad de tal manera que podamos definir un nuevo rumbo y una nueva esperanza.

En este sentido, la teoría del caos, formulada por el ruso-belga Ilya Prigogine (1917-2003), Premio Nobel de Química en 1977 ( El orden a partir del caos, 1948) , y por Lorenz/Gleick, resulta inspiradora. El universo se originó a partir de un caos inicial fantástico ( el Big Bang ). La evolución ha ocurrido y continúa ocurriendo para poner orden en este caos original, creando órdenes cada vez más elevados y complejos hasta que se manifiestan en los seres humanos con inteligencia, sentimientos, amor y cuidado.

La naturaleza del caos reside en ser a la vez destructivo y generativo. Destruye un orden existente que ha agotado su potencial, pero encierra en sí mismo, de forma primigenia, un nuevo orden. Una vez completado el proceso de destrucción, irrumpe el nuevo orden. Inaugura una nueva historia hasta que se agota y se revela como caótico y destructivo. Sin embargo, aún alberga lo nuevo que está por surgir.

En la actual fase histórica global, nos encontramos bajo la energía destructiva del caos, pero dentro de él germina un nuevo orden, un nuevo mundo que creemos será amigo de la vida, de la fraternidad universal también con los seres de la naturaleza, justo y tierno, que nos permitirá convivir y amar mejor. Superaremos el destructivo caos bolsonaro-fascista, manifestado en el resultado de la primera vuelta, mediante el caos generativo de Luiz Inácio Lula da Silva, quien, esperamos, triunfará para llevar adelante el proyecto de inclusión para los pobres.

Así que no nos desesperemos. Esta lectura, que pretende ser filosófica, puede infundirnos una renovada esperanza.

Autor: Leonardo Boff

Fuente: Brasil 247

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