Escudo de las Américas y La Subordinocracia Latinoamericana
Donroe Capitán. Imagen del autor
Por: Pablo Jofre Leal
27 de septiembre de 2026 Hora: 09:26
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En el idioma castellano suelen nacer neologismos, ya sea a partir de la creatividad, algunos del hastío y otros que brotan de una necesaria radiografía del presente.
En este último campo, el concepto de subordinocracia lo acuño para definir el maridaje perfecto entre la subordinación y el sometimiento genuflexo ante el poder hegemónico de regímenes como el estadounidense que en el pensar bolivariano” parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad” (1)
En el vasto repertorio de los eufemismos políticos contemporáneos, la ultraderecha continental ha perfeccionado un arte cínico y de doble faz: hacer de la demolición discursiva del Estado su principal estandarte electoral, solo para terminar apropiándose de su maquinaria y convertirla en el instrumento perfecto de sumisión, persecución y clientelismo.
Quienes escalan al poder, como lo han hecho grupos políticos en Latinoamérica, ligados a la ultraderecha suelen esgrimir una retórica de odio visceral contra el Estado, su tamaño, tildándolo de parásito insaciable, que prometen en campaña liberar al individuo de las garras fiscales. Sin embargo, una vez instalados en los resortes de mando, lejos de achicar ese Estado, la rediseñan, parasitan e instrumentalizan a favor de los grupos de poder económico y financiero, bajo la hegemonía estadounidense.
Las falacias, mentiras, campañas basadas en uso de Bot a través de redes sociales generan discursos centrados en lo que finalmente es la farsa de la austeridad y la necesidad del cambio para terminar como el gatopardismo, sostener que hay que cambiar para que nada cambie.
Bajo la administración estatal de libertarios, republicanos, nacionalistas de nuevo cuño, partidos de la gente, Social Cristianos, el Estado, en gran parte de Latinoamérica dejó de ser el garante del bienestar ciudadano para erigirse, con precisión quirúrgica, como un instrumento para asfixiar al disidente, reprimir todo lo que implique defensa de derechos ciudadanos, sociales y del defensa frente a otros estados. Premiar la lealtad ciega y exigir pleitesía. En esta nueva liturgia, la meritocracia cede su lugar absoluto a la inclinación de la cerviz ante el líder y el poder hegemónico del norte.
Lo más perverso de esta arquitectura es su descarada contradicción discursiva. Mientras recortan sin piedad presupuestos en sanidad, pensiones, educación e investigación bajo el dogma de la austeridad y la “lucha contra el estatismo” blindan y expanden los ministerios de control, los ejércitos de asesores y los mecanismos de propaganda oficial. Desmantelan la red de seguridad del ciudadano común, pero robustecen la armadura represiva del régimen.
En el plano internacional, gobernar en los tiempos de esta subordinocracia ya no consiste en administrar la res-pública (la cosa pública) con visión de autonomía, sino en actuar como testaferros obedientes de un poder hegemónico. Los gobiernos de la sumisión compiten patéticamente frente a las cámaras por lucir más dóciles ante Washington, configurando un patético remake de viejas estructuras de dominación imperial recicladas bajo carteles pomposos y discursos de supuesta modernización. Pasamos de le retórica soberna a la obediencia colonial. Es el vasallaje moderno revestido de parafernalia.
El Hollywood Político y su película “El Escudo de las Américas”
Ficha técnica de producción: Sube el telón de la 81 reunión anual de la Asamblea General de la ONU. Bajo el marco anterior, Iluminación cenital sobre el Despacho Oval. Presupuesto ilimitado para efectos especiales, ero cero inversiones en soberanía ajena. Desde las oficinas centrales del Norte se acaba de dar luz verde al blockbuster geopolítico más predecible del siglo: la Doctrina Donroe.
Bajo la megalomanía del mandatario estadounidense, la Casa Blanca reedita su clásico tutelaje continental con un nombre rimbombante de franquicia taquillera y la sutileza semántica típica de su factoría militar: el “Escudo de las Américas”. Es una adaptación del viejo clásico del patio trasero de Estados Unidos.
El tráiler oficial se vende solo, repleto de efectos visuales y consignas nobles en apariencia. La trama promete combatir el narcotráfico, contener los flujos migratorios y atajar el crimen organizado transnacional. Pero no nos equivoquemos de sala: conocemos el guion de memoria. Es la clásica película donde el «héroe» salva el día a costa de arrasar con la escenografía local.
Hollywood organiza la audición más patética para su nueva saga de superhéroes de ocasión. En el escenario principal, una legión de aspirantes a paladines regionales: presidentes de países como Chile, Argentina, Ecuador, Perú, Bolivia, Colombia y El Salvador, entre otros, que compiten feroz e indignamente ante las cámaras por parecer más dócil y ensaya su mejor sonrisa para recibir el abrazo dulzón del líder supremo. Bienvenidos a la subordinocracia.
El multiverso donde los gobiernos de la sumisión actúan a todo color, convencidos de que usar capas de segunda categoría los hace inmunes a la humillación. Pero, detrás del artificio y la pirotecnia discursiva, la letra chica del contrato está más clara que el agua: Contener la influencia de la República Popular China en el vecindario. Asegurar, que el reparto secundario firme su lealtad ciega. Y, sobre todo, garantizar que la histórica máxima «América para los americanos» mantenga intacta su única traducción práctica real: América para los Estados Unidos.
Pero, alerta en la sala. No estamos ante una simple función de entretenimiento inofensivo. Este desfile de héroes de plástico, fabricados a medida en laboratorios hegemónicos, es un peligro latente. No buscan defender a ningún continente, sino blindar una única visión del mundo donde el resto del planeta es meramente un decorado descartable.
Comienza así a concretarse la geopolítica de dominio estadounidense de los pasos marítimos estratégicos y el dominio de los recursos críticos, enmarcada en una renovada ofensiva de Estados Unidos sobre América Latina. Al fin y al cabo, ante la derrota en Ormuz y Bab el Mandeb, los cervatillos ultraderechistas son una buena alternativa para entregar a comodato perpetuo nuestros territorios por muy estratégicos que estos sean, lo que evidencia lo que sabemos: la ultraderecha es simplemente jerga patriotera y sumisión propia del malinchismo, de cipayos y yanaconas (2)
No obstante, la letra chica de este escudo de apariencia defensiva también oculta otra cruda agenda imperial. Detrás de la cruzada contra el delito y los discursos de seguridad hemisférica se esconde un profundo terror a la diversidad, al pluralismo político y a la soberanía genuina de nuestros pueblos.
Se instrumentaliza el miedo para justificar una tutela descarada que busca asfixiar la autonomía económica y territorial de la región, subordinándola por completo a las disputas globales que Washington sostiene frente a potencias como China. Esta subordinación que se nos quiere imponer no es meramente comercial o ideológica; es igualmente geoestratégica y militar, y se sostiene sobre cuatro pilares fundamentales de control absoluto:
El primero de ellos es el dominio de los pasos marítimos esenciales. El esquema definido por Washington, bajo artificios como el denominado Escudo de las Américas, busca asegurar la hegemonía indiscutible de Estados Unidos sobre arterias vitales del comercio y la proyección naval global. Esto implica asfixiar cualquier atisbo de soberanía local en puntos críticos e indispensables como el Canal de Panamá y el estratégico Estrecho de Magallanes en el extremo austral del continente americano.
En segundo lugar, se encuentra la proyección voraz hacia el territorio antártico. Bajo la excusa de la cooperación hemisférica, Washington pretende blindar el acceso y la futura repartición geopolítica del continente blanco. El propósito central es convertir a los países sudamericanos en meros peones logísticos de la OTAN y de los intereses estratégicos antárticos de Estados Unidos.
La militarización del Atlántico Sur es un tercer que trata de consolidar un flanco marítimo fuertemente armado cuya misión es neutralizar cualquier presencia soberana, independiente o multipolar, asegurando el control absoluto y sin contrapesos de las rutas de tránsito interoceánico.
Y, finalmente, al menos, en este primer capítulo de la saga fílmica hollywoodense encontramos el objetivo de apropiarse de nuestros recursos críticos y dominar así la transición energética. La intervención política, el injerencismo y los recurrentes procesos de desestabilización responden a una voracidad extractivista que no cesa, como sin precedentes.
Países como Chile, Argentina y Bolivia, el corazón del denominado Triángulo del Litio, sumados a naciones con reservas masivas de cobre, níquel, cobalto y tierras raras, son sometidos a presiones asfixiantes. El fin último es garantizar el abastecimiento exclusivo de las cadenas tecnológicas e industriales del norte global, condenando a las economías latinoamericanas al subdesarrollo primario-exportador. Y, además, restringir la explotación y venta de esas tierras al enemigo que representa para Washington la República Popular China.
Resulta evidente que las administraciones de Washington, sin importar su signo político, persiguen de manera implacable la hegemonía absoluta, instrumentalizando la seguridad para subordinar al Sur Global y saquear sus riquezas estratégica. Afirmación que se sustenta, a mi entender en que la continuidad bipartidista estadounidense permite tener objetivos estructurales de la política exterior de Estados Unidos que suelen mantenerse estables. Preservación de su hegemonía global en lo militar, tecnológico y financiero.
Igualmente, el concepto de seguridad que sirve como ingrediente para la elaboración de cualquier plato político. Instrumento de subordinación donde el concepto de «seguridad nacional» o «seguridad hemisférica» se entrelaza en beneficio de Washington. Como una justificación doctrinal para intervenir, presionar o establecer alianzas militares en beneficio propio, como lo comprueba la creación de este engendro denominado Escudo de las Américas”
Estados Unidos, a la vez, busca en forma voraz, el expolio de nuestros recursos estratégicos: Nuestro continente que unido a África y gran parte de Asia (el Sur Global) que concentra una inmensa riqueza en materias primas críticas para el siglo XXI, como litio, petróleo, minerales raros, agua y biodiversidad. La arquitectura financiera internacional y los tratados de libre comercio funcionan como mecanismos para extraer estas riquezas a bajo costo, perpetuando la dependencia económica y limitando el desarrollo autónomo de estas regiones.
Ante lo descrito, el discurso de la democracia y la cooperación a menudo enmascara una estrategia de dominación geopolítica orientada a asegurar el acceso exclusivo a los recursos naturales del planeta. El tratado y las arquitecturas de coerción asociadas obligan a las naciones latinoamericanas a comerciar bajo imposiciones unilaterales y a subordinar su política exterior a las fobias neuróticas de la Casa Blanca, destacando, insisto en ello, de manera flagrante la obsesiva cruzada contra China que para gran parte de países latinoamericanos es el principal socio comercial (3)
Esta exigencia geopolítica resulta un disparate estratégico y económico monumental, puesto que el gigante asiático se ha consolidado como el principal socio comercial de gran parte de los países que hoy conforman o son presionados a integrar este esquema de subordinación hemisférica.
El “Escudo de las Américas” no protege a las naciones; blinda la hegemonía, expolia nuestros recursos y garantiza la continuidad de la sujeción colonial. Frente a la democracia que busca emancipar al ciudadano a través del debate libre, la subordinocracia impone un vasallaje institucionalizado donde los gobiernos sirven de simples mandaderos de designios ajenos.
Uno de los aspectos más cuestionados de este andamiaje es el uso recurrente de instrumentos presentados diplomáticamente como acuerdos «no vinculantes» memorandos de entendimiento, cartas de intención o declaraciones de cooperación voluntaria. Estamos en presencia de una elusión institucional ya que, al carecer formalmente del rango de un tratado internacional ratificable, los gobiernos proestadounidenses evitan cínicamente el escrutinio, el debate abierto y la votación en los poderes legislativos nacionales, violentando de forma flagrante los principios elementales de la soberanía democrática.
Esta arquitectura de espaldas a los pueblos está generando un profundo malestar ya que, aunque jurídicamente se argumente que no obligan formalmente al Estado de manera imperativa, en la arena de la geopolítica real someten a los gobiernos firmantes a una disciplina de hierro dictada desde el Pentágono, hipotecando de pie y manos las agendas internas de seguridad y defensa nacional.
El mayor peligro para nuestras repúblicas ya no viene de quienes pretenden destruir el Estado desde fuera, pues esto lo conocemos desde que nacimos a la vida independiente, sino de aquellos impostores internos, que se describen como topos como los señalo el desquiciado presidente argentino Javier Milei (4) que fingen odiarlo mientras lo convierten en el feudo perfecto de la dominación extranjera.
En definitiva, la llamada subordinocracia con Escudos o sin la presencia de este, expone como las retóricas de libertad y supuesta reestructuración del Estado en Latinoamérica terminan engranando, de forma paradójica, en un nuevo vasallaje geoestratégico que subordina la soberanía regional a los designios de Estados Unidos y su sed de hegemonía global.
- https://puebloenarmas.com/0/carta-al-senor-coronel-patricio-campbell-encargado-de-negocios-de-s-m-b/
- Yanacona Del quechua yanacona En el imperio inca, persona sin ayllu que trabajaba en régimen de esclavitud. Con el tiempo pasaron a ser servidores personales del Inca. Se denominaba también, despectivamente a aquellos indígenas que al contrario de su pueblo en lucha servían como tropas auxiliares de los conquistadores españoles.
- En América del Sur: China es el socio comercial principal de la gran mayoría de las economías sudamericanas (en particular de las potencias exportadoras de materias primas y alimentos de la subregión). En el casod e Chile el comercio exterior con china representa el 37% con relación al 19% con Estados Unidos. Brasil es el 33% de comercio bilateral con China y un 15% con Estados Unidos. https://www.sela.org/china-es-el-primer-socio-comercial-de-america-del-sur-y-el-segundo-de-la-region/
- El presidente de Argentina, Javier Milei afirmó, en una entrevista con el medio estadoudneinse The free Press, en junio del 2024 que ama “ser el topo dentro del estado argentino para así destruirlo desde adentro” lanacion.com.ar/politica/milei-se-definio-como-un-topo-y-marco-soy-el-que-destruye-el-estado-desde-adentro-nid06062024/
Autor: Pablo Jofré Leal
Fuente: TeleSUR
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