A lo cubano: «La Muñeca Negra» y su rescate de tradición desde la economía popular solidaria
A lo cubano es el seriado de teleSUR que busca contar la Cuba de hoy desde sus proyectos participativos, de innovación y organización popular. En esta tercera entrega, la ‘Muñeca Negra’: una iniciativa que logra rescatar las raíces culturales de su comunidad desde el arte y la economía popular solidaria.
Margarita guía el trabajo de los más chicos en los talleres de arte que «La Muñeca Negra» ofrece en su casa. Foto: teleSUR
14 de noviembre de 2025 Hora: 14:55
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Sobre el límite oeste de la capital cubana se encuentra el barrio de La Lisa. Es sábado por la mañana: las calles principales se encuentran repletas de carros, motos y personas que van y vienen, colas abiertas en diferentes puestos, varios esperando la guagua a la sombra de algún árbol. La casa de Margarita está lejos de ese ir y venir, en una de las calles internas del barrio, con más verde que ciudad.
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Su patio delantero está abierto cuando llegamos: nos reciben primero las voces de los niños, luego la sonrisa de Maritza y su tía Margarita. Como todas las semanas, hoy tiene lugar el taller de arte para niños y adolescentes. Los pinceles, las pinturas y los materiales recuperados ya están fuera; los artistas, concentrados en su tarea. Sobre las mesas se apilan envases de distintos tipos, cáscaras de huevo y telas que pronto se transformarán. Todo es parte del proyecto de La Muñeca Negra, una iniciativa que desde hace décadas combina la tradición, el arte y la educación popular.
Instructora de arte de formación, Margarita Montalvo comenzó el proyecto en los 80: vio en la creación de muñecas negras una forma de resaltar el valor de la cultura negra en Cuba. “Las muñecas negras estaban como perdidas, nadie quería hacerlas y casi nadie las conocía”, cuenta Margarita, de aquellos primeros años. “Eran como un tabú, muchos las asociaban solamente a cuestiones religiosas. Quisimos hacerlas para que todo el mundo juegue, para que adornen las casas, y también para enaltecer la belleza de la mujer negra. Así empezamos a hacer nuestras muñecas. Y de ahí surgieron muchas otras cosas más.”

Pero la creación de muñecas nunca fue una tarea individual, sino que se convirtió en un ejercicio comunitario. Margarita creó talleres a los que asistían otras mujeres: allí compartían experiencias y aprendían técnicas artísticas que les abrían nuevas posibilidades económicas, siempre desde la colaboración. También se crearon talleres para niñas y niños, que aprendían a través del juego compartido. Esos talleres se mantienen vivos hasta el día de hoy. “Es el momento que más disfruto, cuando estoy frente a ellos trabajando, cuando estoy frente a las abuelas trabajando. Cuando veo a los padres de esos niños que fueron alumnos míos también. Ya llevamos como tres o cuatro generaciones y veo cómo se va continuando ese trabajo.”
A lo largo de las décadas, el proyecto creció y se volvió intergeneracional. Hoy las sobrinas de Margarita siguen su impulso. “Es un rescate de tradición, un rescate de la cultura, un rescate de nuestra identidad”, nos cuenta Maritza, mientras el taller continúa alrededor nuestro y su tía se pasea de mesa en mesa valorando el avance de cada niño. “Nosotras queremos que esa identidad perdure en el tiempo. Tratamos de llevarla a jóvenes, adultos mayores, a niños, que son nuestra continuidad, para que sepan de dónde vienen y hacia dónde van también. Todo lo que tiene que ver con la tradición, con nuestra cultura yoruba, con nuestra ancestralidad: hacemos lo necesario para que eso se mantenga.”
Con el paso de los años, el proyecto encontró obstáculos y, con ellos, nuevas formas de sobreponerse. El período especial de los años 90 dificultó el acceso a materia prima para sus productos, lo que puso en jaque la continuidad de la iniciativa. Sin embargo, La Muñeca Negra continuó su trabajo a partir de respuestas creativas: ante la falta de materiales, creció el uso de reciclados y materias orgánicas originarias. Hoy algunas de sus muñecas son fabricadas a partir de las bayas del framboyán, árbol típico del lugar que pinta de rojo la isla con sus flores.
Otro aspecto clave para el crecimiento del proyecto fue su apuesta por la construcción colectiva y comunitaria. A lo largo de la última década, La Muñeca Negra se convirtió en parte integral del Movimiento Mujeres en Espiral de Cuba: un espacio colaborativo que busca fortalecer iniciativas económicas y proyectos comunitarios para mujeres.
“Somos un proyecto comunitario convertido en una iniciativa económica, pero sin perder los valores de la economía popular solidaria, del trabajo comunitario como tal”, explica Maritza. “Generamos empleo, para que esas mujeres pueden sustentarse, especialmente para las mujeres adultas mayores, muchas ya jubiladas”.
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Según su relato, la posibilidad de conformar espacios de confianza entre mujeres, capaces además de generar un ingreso económico, significó para muchas de ellas la posibilidad de romper vínculos violentos de dependencia. “Hablamos de llevar la educación popular, la economía popular solidaria y el feminismo de la mano: de tratar que las mujeres se empoderen. Pero el empoderamiento femenino no es económico solamente, es político, es cultural, es social. Debe ir de la mano todo”.
La concepción del proyecto desde y para la comunidad ha marcado una forma de pensar la actividad económica: un modelo basado en la colaboración en lugar de la competencia, en el que la ganancia -si bien es importante- no es el único factor determinante.

“Nosotras vendemos para la comunidad y fuera de la comunidad también”, nos cuenta Maritza. “Por supuesto, el precio no es el mismo. Pero eso no nos importa: nunca perdemos, porque trabajamos con materias reciclables. Es cierto que los materiales nos cuestan; pero no perdemos llevando un producto a la comunidad a un precio más bajo, sabemos que no lo pueden pagar al precio que lo compra un extranjero en La Habana Vieja. Y para nosotras es satisfactorio que la comunidad tenga lo que nosotras vendemos. Porque estamos dentro también, con las mismas necesidades, y nos gusta ofrecer algo que sea asequible al dinero que tenemos en los bolsillos.”
Tatiana Martínez Montalvo es parte de La Muñeca Negra y, a partir de esta iniciativa, ha desarrollado también otros espacios que buscan potenciar y dar voz al lugar de la mujer negra en la sociedad cubana. Desde hace un tiempo, trabaja también en una tesis de maestría sobre el impacto positivo que estos proyectos tienen en sus territorios: “El cambio es grande, porque trabajamos la responsabilidad, la empatía, la solidaridad con los niños y con los adultos.” Para Tatiana, al igual que para el resto de las mujeres que hacen parte de La Muñeca Negra, la clave está en el esfuerzo colectivo y comunitario. Ese es el espíritu que mueve a La Muñeca Negra, y que esperan se replique en otras iniciativas similares. “Nosotras vivimos aquí: es una comunidad vulnerable que necesita de esto, de estos proyectos. ¿Quiénes, sino nosotros mismos, que estamos aquí, para solucionar nuestros problemas?”
Autor: teleSUR: Belén de los Santos




