Trump reaviva la guerra con Irán y presiona el mercado petrolero

Washington bombardeó más de 80 objetivos en Irán, adelantó el veto a las ventas de crudo de Teherán y amenaza el estrecho de Ormuz. El Brent respondió al alza y la reserva estratégica de EE.UU. toca su nivel más bajo en cuatro décadas.

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El estrecho de Ormuz volvió al centro de la disputa después de que Trump amenazara con restablecer el bloqueo naval. Por sus aguas circula una porción decisiva del petróleo que consumen Asia, África y Europa. Foto: EFE


8 de julio de 2026 Hora: 23:14

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El Brent subió más del 6% la madrugada del miércoles y rozó los 79 dólares por barril. Hacia media mañana se estabilizó en 77,69 dólares, casi un 5% por encima del cierre anterior.

El alza siguió al anuncio de Donald Trump, quien dio por terminado el acuerdo provisional con Irán desde la cumbre de la OTAN en Ankara. El presidente calificó las negociaciones de «pérdida de tiempo», amenazó con atacar a Teherán «con dureza esta noche» y planteó restablecer el bloqueo naval sobre el estrecho de Ormuz, el paso por donde circula una porción decisiva del comercio petrolero mundial.

Durante la noche la amenaza se concretó. El Comando Central de Estados Unidos informó que bombardeó más de 80 objetivos en territorio iraní, entre ellos bases costeras e instalaciones civiles en la provincia de Hormozgán y en la ciudad de Mahshahr. Washington invocó como justificación los impactos de proyectiles que tres buques cisterna reportaron al cruzar Ormuz el martes.

A la operación militar se sumó una decisión económica de igual calado. El Departamento del Tesoro revocó la licencia que autorizaba a Irán a vender su crudo y fijó el 17 de julio como fecha límite para toda transacción, cinco semanas antes del plazo que el memorando de junio garantizaba. Esas ventas sostienen buena parte de los ingresos del Estado iraní, y el recorte anticipado convirtió la ruptura diplomática en asfixia financiera.

La respuesta de Teherán llegó por dos vías. La Guardia Revolucionaria afirmó haber alcanzado 85 instalaciones estadounidenses en Baréin y Kuwait con misiles y drones, en lo que describió como una «respuesta inicial». La Cancillería acusó a Washington de vulnerar el espíritu del memorando con acciones unilaterales y sostuvo que Irán «seguirá defendiendo con firmeza sus intereses nacionales». Este miércoles se ha repetido el guion de ataques.

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El canciller Araghchi apeló a los valores del país. Los iraníes, dijo, no responden «a la vulgaridad con vulgaridad, sino con hechos, sin miedo y con gran valor». Ebrahim Azizi, presidente de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento, escribió en X que a Washington no le queda alternativa salvo reconocer «el nuevo orden iraní en el estrecho de Ormuz». La disputa quedó planteada así sobre el control de la principal ruta energética del planeta.

Sobre esa ruta descansa la factura energética de buena parte del mundo, y los efectos de la guerra venían acumulándose desde antes de esta escalada. El reporte más reciente de la Agencia Internacional de la Energía, publicado semanas atrás, contabilizaba 113 países —además de la Comisión Europea— con al menos una medida de emergencia frente al encarecimiento del combustible.

El recorte de impuestos fue la herramienta más usada, con 55 países que lo aplicaron. Otros 40 lanzaron campañas de ahorro o declararon emergencias energéticas, 32 ampliaron subsidios y 28 apostaron por reformas de fondo para reducir su dependencia de los fósiles. Aunque las cifras anteceden a los ataques de esta semana, dibujan el tablero sobre el que Trump decidió volver a la ofensiva.

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Desde Ankara, Trump dio por terminado el acuerdo provisional con Irán y calificó las negociaciones de «pérdida de tiempo». Teherán respondió que defenderá su soberanía «sin miedo y con gran valor». Foto: EFE

Ese tablero muestra una carga desigual. Asia-Pacífico concentró las respuestas más intensas, con 29 países y 124 medidas registradas. Una docena de ellos —de India a Vietnam— aplicó seis o más tipos de políticas cada uno, y Bangladés limitó el uso de aire acondicionado, cerró universidades y racionó el combustible para vehículos. Europa sumó 86 medidas por la vía fiscal y del transporte subsidiado.

La preocupación alcanza también al país que ordenó los ataques. En una encuesta del Pew Research Center de fines de marzo, el 69% de los adultos estadounidenses se declaró extremada o muy preocupado por el precio del combustible.

Esa inquietud doméstica contrasta con la posición privilegiada del país. Estados Unidos es el primer productor mundial de crudo desde 2018, cuando la expansión del fracking lo colocó por delante de Rusia y Arabia Saudita, y hoy aporta cerca del 16% de la extracción global.

Su exposición al petróleo de Medio Oriente se redujo al 3% del consumo en 2024, mientras Japón dependía de esa región para casi el 80% del suyo. Un bloqueo de Ormuz encarecería el barril para Asia, África y Europa mucho antes que para el propio Estados Unidos. Esa asimetría convierte la amenaza militar en un instrumento de presión sobre los mercados energéticos que ningún otro actor puede replicar.

El instrumento, sin embargo, se apoya en una base debilitada. La Reserva Estratégica de Petróleo estadounidense cayó a su nivel más bajo desde 1983. Trump ordenó en marzo, al inicio de la guerra, la segunda mayor extracción de su historia, 172 millones de barriles en cuatro meses, apenas por debajo del récord que Joe Biden fijó en 2022.

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El stock de emergencia quedó reducido a la mitad de lo que acumulaba hace cinco años, y la proyección oficial anticipa el punto más bajo desde que existen registros. La propia AIE, que activó su mayor liberación coordinada de reservas, describió el momento como la mayor interrupción de suministro documentada.

El cuadro completo queda a la vista. Trump reabrió la guerra, adelantó el estrangulamiento financiero de Irán y agitó el fantasma del bloqueo en Ormuz, movimientos que presionan un mercado del que su país depende menos que casi cualquier otro consumidor mayor.

La reserva menguada marca el límite de esa apuesta. Si la escalada se prolonga, Washington habrá gastado su principal amortiguador justo cuando el mundo —y su propia opinión pública— empieza a pagar el precio de la guerra que eligió reavivar.

Autor: teleSUR: DRB

Fuente: AIE - Pew Research - Agencias