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Las peores manipulaciones mediáticas de 2016

Las manipulaciones mediáticas en 2016 no han dado tregua y se evidenciaron en el golpe de Estado parlamentario contra la presidenta brasileña Dilma Rousseff, la guerra en Siria y los constantes ataques contra Venezuela y Rusia. 

Golpe de Estado contra Dilma Roussef

La desinformación y la campaña de manipulación impulsada por los grandes medios de Brasil prevalecieron durante el impeachment que llevó al golpe de Estado parlamentario contra la mandataria Dilma Rousseff.

La misma jefa de Estado denunció en varias oportunidades que el golpe en su contra fue respaldado por los grandes medios de comunicación “que controlan la opinión” en su país.

“En Brasil, los medios están controlados por cinco familias ricas y conservadoras, que son dueñas de corporaciones como el influyente periódico O Globo y Folha de São Paulo, así como de las revistas Isto é y Veja”, explica el analista Teun van Dijk.

La campaña mediática consistió en demonizar a Dilma, al expresidente Lula da Silva y al Partido de los Trabajadores (PT) al vincularlos con el escándalo de corrupción de la Operación Lava - Jato.

Constantemente, Lula y Dilma fueron acusados de “bloquear las investigaciones de la Operación Lava-Jato, a pesar de que muchos de sus oponentes tenían (y siguen teniendo) mucho más interés en detener la operación”, agrega Van Dijk.

La repetición de noticias y artículos de opinión en la prensa, replicados por las agencias internacionales, acusaban, atacaban y deslegitimaban a Dilma, Lula y al PT.

Estas corporaciones mediáticas crearon “una atmósfera de escándalo, y motivaron especialmente a la parte conservadora de la clase media, gran parte de ella de por sí en contra del PT, para que se manifestara masivamente y demandara la destitución de la presidenta”.

Según Van Dijk, el telenoticiero del grupo Globo y su periódico desempeñaron un papel central para influir en la opinión pública y política a favor de la destitución, a través de una campaña de mentiras y desinformación.

El dato: La manifestación en contra de Dilma llevada a cabo el domingo 13 de marzo de 2016 ocupó ocho páginas completas en el periódico Globo.

David Miranda considera que estas corporaciones mediáticas incitaron a las protestas contra Dilma durante muchos meses bajo la apariencia de “cobertura”.

Guerra en Siria

Otra guerra mediática que resalta en 2016 es la manipulación que algunos medios han dado al enfoque de la guerra en Siria, quienes culpan directamente al presidente Bashar al Assad y a las fuerzas rusas de bombardear a civiles.  

Los grandes medios manipulan los informes y un ejemplo de esto se evidencia en el caso de la muerte de la nadadora siria Mireille Hindoyan y su hermano de 12 años en un barrio armenio de Alepo en octubre pasado. Las agencias insinuaron que se trató de un bombardeo por parte del ejército ruso y sirio.

El periodista cubano Miguel Fernández Martínez, corresponsal de Prensa Latina, explicó en octubre pasado que la campaña mediática desplegada por los grandes medios de comunicación en Occidente contra Siria está diseñada para satanizar, dividir y justificar la agresión en ese país.

Por su parte, el presidente sirio Bashar al Assad en una entrevista exclusiva a medios estadounidenses y británicos denunció en noviembre la política de los medios occidentales de pintar un cuadro en "blanco y negro" de la guerra en el país árabe.

Al Assad acusó a Occidente de llevar adelante una guerra mediática contra el Gobierno sirio y expresó su frustración porque los medios occidentales publican historias que lo "difaman" a él y a su política, mientras que al mismo tiempo "blanquean" a los terroristas y los pintan como "luchadores por la libertad".

"Soy un simple titular. Y el titular es 'El presidente es malo, el tipo malo está matando a los tipos buenos'", aseveró Al Assad y enfatizó que los medios occidentales prefieren ignorar "los crímenes cometidos por los rebeldes".

Los datos del llamado Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con sede en Coventry, Reino Unido, son un ejemplo de esto. 

La metodología "para contar las víctimas civiles" ha sido puesta en duda en numerosas ocasiones porque la organización incluye a la oposición armada entre las víctimas civiles y están basadas  en informaciones de una agrupación denominada Cascos Blancos.

Demonización de Rusia

La campaña de desinformación que rodea a Rusia es sin precedentes, afirmó el jefe del fondo Mundo Ruso, Viacheslav Nikonov. “Nunca antes se registró un flujo tan denso de mentiras y desinformación en relación con la Federación de Rusia como el existente ahora”, agregó.

Para Nikonov, los medios locales e internacionales llevan adelante una campaña secundada por países europeos del este y por Estados Unidos para calificar a Rusia como una supuesta amenaza y así justificar una intervención de las fuerzas de la OTAN.

En febrero de 2016, la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárov, indicó en una entrevista a RT que acusar a Rusia de causar la suspensión de las negociaciones de paz sobre Siria en Ginebra (Suiza) y de que sus Fuerzas Aéreas bombardean a la población civil en Siria carece de fundamento y forma parte de una guerra mediática.

El dato: El Ministerio de Exteriores de los Países Bajos asigna al menos 294 mil euros para mantener la página web La ventana a Rusia (Raam op Rusland) en la que se critica abiertamente a Rusia, según la agencia Ria Novosti.

El vice-redactor jefe de la revista The Economist confesó en un libro que él se encargaba de fabricar y difundir los llamados fakes (historias falsas) sobre Rusia.

Otro ejemplo de la distorsión en el manejo de las noticias ocurrió con el supuesto bombardeo por parte de fuerzas rusas a un hospital de Alepo el 27 de abril.

"Las fotografías que presentamos confirman que todos los supuestos testimonios sobre el ataque aéreo contra el hospital en realidad son una nueva falsificación", declaró el portavoz del Ministerio de Defensa de ese país, Ígor Konashénkov. 

Guerra mediática contra Venezuela

El presidente venezolano Nicolás Maduro denunció en julio de 2016 el asedio mediático de grandes corporaciones contra ese país. En tres meses se escribieron mil 315 notas negativas contra Venezuela con el fin de justificar una intervención extranjera.

Estas corporaciones mediáticas como ABC, El País, The Wall Street Journal, The New York Times, The Washington Post , entre otros, sostienen el mismo eje discursivo sobre la supuesta “violación de derechos humanos”, “represión” a la sociedad civil, la “crisis humanitaria” y el “Estado fallido”, conceptos aplicados en Libia y Siria para ser intervenidos.

La campaña mediática es orquestada en el eje Bogotá-Madrid-Miami-Washington, “pero tiene un centro de planificación, ejecución, de orden, de lobby, fuerza, financiamiento en Washington”, explicó el mandatario Maduro.

La mayoría de esos medios han dedicado numerosas portadas para presentar información descontextualizada sobre Venezuela y las obras del Gobierno Bolivariano.

Por ejemplo, la portada de ABC de España, del lunes 16 de mayo, tituló “El chavismo se desmorona: Estados Unidos vaticina que Maduro no acabará su mandato”. 

El New York Times también tituló el 15 de mayo en una de sus portadas “Maduro ordena asaltar empresas que hayan parado su producción”.

El editorial “Emergencia en Venezuela” de El País de España, publicado el 19 de enero, calificó de “charada populista” a la Revolución Bolivariana.  

 

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Fotos @teleSURtv
  • Numerosas movilizaciones en respaldo a la presidenta Dilma Rousseff se llevaron a cabo en Brasil.

    Numerosas movilizaciones en respaldo a la presidenta Dilma Rousseff se llevaron a cabo en Brasil. | Foto EFE

  • Los principales diarios españoles han dedicado numerosas portadas para descontextualizar la realidad venezolana

    Los principales diarios españoles han dedicado numerosas portadas para descontextualizar la realidad venezolana | Foto Referencial

  •  Tras consumarse el golpe parlamentario contra Rousseff miles de brasileños rechazaron al gobierno de facto.

    Tras consumarse el golpe parlamentario contra Rousseff miles de brasileños rechazaron al gobierno de facto. | Foto EFE

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