Mega Ofrenda Huey Miccaihuitl abraza la tradición náhuatl en Tlatelolco
Cerca de 200 personas entre artistas, vecinos y familias productoras levantaron un homenaje artístico a la memoria y mitos prehispánicos en la Plaza de las Tres Culturas.
7 de noviembre de 2026 Hora: 11:48
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La Mega Ofrenda Huey Miccaihuitl abrió al público el 30 de octubre en Tlatelolco, con 16 esculturas de cuatro metros y 7.000 plantas de cempasúchil que guían el camino al Mictlán.
El aroma del cempasúchil envuelve la Plaza de las Tres Culturas desde que empezó a oscurecer. Un pasillo de flores naranjas traza el camino que desemboca a las 16 esculturas de cuatro metros. Un recorrido diseñado para contemplar y sentir de primera mano la memoria mexicana.
Detrás de esta Mega Ofrenda Huey Miccaihuitl hay cerca de 200 personas.
Artistas, vecinas y vecinos de Tlatelolco, Guerrero y Tepito sumaron esfuerzos con las familias productoras de Xochimilco que sembraron las flores. El proyecto surgió de una petición ciudadana y tomó forma con el Taller 8A, equipo de trabajo del artista nacional Cristobal Ochoa.
Esta producción es resultado del esfuerzo comunitario por mantener sus raíces y exponer su creatividad.
En el centro del recorrido se alza un teocalli, una estructura piramidal dedicada a Mictlantecuhtli, señor del inframundo en la cosmogonía náhuatl. El homenaje se articula en cuatro relatos, el origen del universo, la creación de los cinco soles, el viaje de las almas hacia el Mictlán y la memoria de la resistencia frente a la conquista.
Esa memoria tiene raíces profundas en Tlatelolco. La plaza carga el movimiento estudiantil de 1968 y el terremoto de 1985, dos heridas que los organizadores integraron a la ofrenda. El montaje no solo celebra a quienes partieron. Honra también a quienes cayeron en esa misma tierra.
Cristóbal Ochoa creció en la colonia Guerrero. Para el artista, la segunda edición tiene un valor íntimo, la plaza formó parte de su infancia.
«Yo aquí me crié, yo soy de aquí de la Guerrero, aquí pasé mi infancia. Para mí es un sueño hecho realidad estar aquí. Algo mágico, es la Plaza de las Tres Culturas que por dos años consecutivos hemos podido lograr rescatar un poquito de nuestro México antiguo, de nuestras tradiciones y de nuestros ancestros (…) Esta es una ofrenda que realmente deben de venir a visitar, aquí van a encontrar su historia, su México, lo que no debemos de perder y rescatar», compartió.
Las flores que iluminan el trayecto se cultivaron en suelo de conservación de Xochimilco, en parcelas de familias que llevan décadas sembrando esta flor icónica del Día de Muertos.
Ricardo Santana, representante de la Secretaría de Desarrollo Económico de la capital, confirmó que la adquisición benefició de forma directa a esas mismas familias. «Gran parte de las flores de cempasúchil que hoy ven aquí, que son más de 7 mil, fueron adquiridas por Netflix y fueron adquiridas desde el suelo de conservación en Xochimilco. Esta es planta de Xochimilco, cultivada por familias que llevan esto haciéndolo muchísimos años», señaló.
La colaboración de la plataforma de streaming y las instituciones capitalinas, coincidió con el lanzamiento de «Día de Muertos: Ofrenda», un video ambiental con el que Netflix recrea un altar mexicano para los hogares durante la temporada.
La dimensión comunitaria del complejo artístico también se abre a lo íntimo. Cualquier familia puede acercar una fotografía de sus difuntos y colocarla en la ofrenda para integrarlos simbólicamente al recorrido.
Con la participación de los vecinos se armó la programación. La jornada inaugural contó con niñas, niños y jóvenes del Centro Histórico y un ritual de gratitud hacia los cuatro rumbos.
La Mega Ofrenda Huey Miccaihuitl permanecerá abierta 10 días. La agenda incluye visitas guiadas, talleres y presentaciones artísticas organizadas por habitantes de la zona junto a la Secretaría de Cultura capitalina.
Cada tarde renueva el asombro. Las 16 esculturas siguen en pie y el cempasúchil guía a quienes llegan a reencontrarse con su historia y a cruzar ese umbral entre vivos y muertos para dejarse tocar por la memoria.




