Ministro de Cultura israelí pide despojar de ciudadanía a directores de «Naza»

Naza recoge testimonios de oficiales de inteligencia y militares sobre sistemas y tecnología para las matanzas en Gaza. Es otra ventana de denuncia a los crímenes de Israel, que acusa de «vil traición» a los realizadores y les dice «desaparezcan».

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Los directores israelíes Rachel Szor y Yuval Abraham tras recibir el Premio Especial del Jurado por el filme «Naza» durante la ceremonia de clausura de la 83.ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia, en Italia, el 12 de septiembre de 2026. Foto: EFE.


13 de septiembre de 2026 Hora: 19:10

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El ministro de Cultural de Israel, Miki Zohar, declaró este domingo que buscará revocar la nacionalidad de Yuval Abraham y Rachel Szor, directores del documental Naza, reconocido el sábado con el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Venecia, donde tuvo una ovación récord de 25 minutos tras su exhibición.

«Como ministro de Cultura, actuaré de inmediato para revocar la ciudadanía israelí de estos creadores viles por traición al país», dijo el alto funcionario del régimen sionista de Tel Aviv sobre los realizadores, que también fueron dos de los cuatro directores de No Other Land, sobre la resistencia de una comunidad en Cisjordania ocupada, que ganó el premio a mejor filme documental en la edición 97 de los Óscar, en 2025.

Naza, de 80 minutos, producida por The Guardian y James Wilson, fue filmado de noche en las azoteas de Tel Aviv y toma como base reportajes publicados entre 2023 y 2025 por la revista israelí-palestina +972 Magazine, el medio en hebreo Local Call y el propio The Guardian.

Recoge testimonios de 24 oficiales de inteligencia militar y soldados israelíes que, con el rostro y la voz protegidos por alteraciones digitales, cómo funciona el sistema que decide cuántas víctimas civiles se aceptan en un bombardeo; mecanismos y tecnología de vigilancia, selección de objetivos y bombardeo empleados por el Ejército israelí en Gaza.

En el documental, algunos oficiales dicen que son capaces de controlar a todo aquel que tenga un teléfono móvil; otro entrevistado se presenta como el creador de un sistema que, con algoritmos e IA, puede determinar en qué punto se concentra la gente dentro de un edificio, e incluso hay confesiones sobre bombardeos «justificados» que maten a mujeres y niños si hay un miembro de Hamás en la zona.

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En sus declaraciones este domingo, el ministro Zohar acusó a los cineastas israelíes de tener un «ardiente odio autodestructivo» y de estar «dispuestos a dañar a su patria para recibir aplausos de los antisemitas del mundo», lo que, según él, «constituye una traición al país».

Al ataque contra el filme y sus realizadores se sumó el ultranacionalista ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, promotor de la limpieza étnica en Cisjordania y del genocidio en Gaza, señalado en los últimos meses, entre otras cosas, por celebrar la violencia contra integrantes de la Global Sumud Flotilla y un patíbulo especialmente diseñado para palestinos, o llamar a matar a entre «30 y 40» personas cada noche en la Franja.

«Desaparezcan. Estoy seguro de que sus amigos, nuestros enemigos de Hamás en Gaza, los recibirán con los brazos abiertos», dijo Ben Gvir en mensaje a los cineastas Abraham y Szor.

El término «Naza» refiere a la palabra con que los mandos y servicios de inteligencia israelíes denominan a las llamadas «víctimas colaterales» de los bombardeos que han devastado Gaza desde octubre de 2023.

Bajo la masiva escalada militar israelí, en el enclave palestino han muerto más de 73.000 personas y han sido heridas más de 174.000, la mayoría niños y mujeres.

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La infraestructura de Gaza quedó destruida en más de un 90%. Expertos internacionales señalaron los volúmenes récord de explosivos empleados por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), el uso de fósforo blanco en decenas de ocasiones y ataques sistémicos contra comunidades civiles, incluidas las desplazadas a campos de refugiados, sujetas permanentemente a desplazamiento forzado.

Médicos occidentales dieron testimonio de patrones incontestables en la muerte de decenas de niños por fuego de francotiradores israelíes. Hasta octubre de 2025, cuando se firmó el alto el fuego nominal, las estadísticas de la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos llamaban la atención sobre el elevado número de personas de una misma familia asesinadas: más de 40 familias habían perdido hasta 30 parientes, y se registraron casos extremos, como el del clan Al Najjar, que perdió 138 de sus miembros en 18 incidentes.

También las FDI publicaron un comunicado en un intento por desacreditar el documental —que ya está anunciado en el Festival de San Sebastián, del 18 al 26 de septiembre—, con argumentos como el de que «las decisiones relativas a la selección y aprobación de ataques en las FDI son tomadas exclusivamente por personal humano, de acuerdo con las directrices de las FDI, y no por inteligencia artificial».

Es parte de un esfuerzo coordinado de Israel y sus sustentadores de la ultraderecha para ocultar evidencias y desacreditar denuncias. En los últimos meses, han aumentado los reportes sobre gastos millonarios de Tel Aviv para condicionar narrativas sobre Gaza en redes sociales e internet, y las denuncias sobre la remoción de escombros para borrar huellas del genocidio.

En la premiación el sábado en Venecia, el director Yuval Abraham destacó que la verdad que recoge el filme «ha sido documentada y es conocida desde el primer día gracias a los periodistas palestinos. Más de 200 de ellos han sido asesinados por Israel en Gaza. Sus voces fueron silenciadas y negadas».

Afirmó, además, que «negar un crimen es lo que contribuye a que persista» y por ello consideró «realmente importante que los israelíes vean esta película», porque su país «es el que está cometiendo esos crímenes». También cuestionó el papel de Estados Unidos en el genocidio e instó a los estadounidenses a verlo, porque su país «está financiando gran parte de las matanzas».

«Con Naza quisimos mostrar cómo esta matanza masiva es sistémica, no fruto de un accidente, sino de un plan deliberado, basado en la deshumanización total de los palestinos», sostuvo Abraham.

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Investigaciones y fuentes en el terreno, además de técnicos y ejecutivos de compañías tecnológicas, han confirmado el uso de IA en las operaciones de matanzas contra palestinos en Gaza. Organizaciones israelíes de derechos humanos han respaldado las denuncias del genocidio, y expertos israelíes en genocidio, incluso, han señalado que las cifras de muertes (tanto directas como indirectas) son mucho más altas que las manejadas por fuentes palestinas e internacionales.

El récord de ovación en el Festival de Venecia, hasta la llegada de Naza, lo tenía La voz de Hind, con 23 minutos. En 2025, ese documental ganó el León de Plata.

Dirigido por la cineasta franco-tunecina Kaouther Ben Hania, es una reconstrucción fiel y conmovedora del ataque ocurrido el 29 de enero de 2024, cuando la pequeña Hind Rajab, de seis años, sobrevivió en un automóvil acribillado por el Ejército israelí mientras su familia intentaba huir de los bombardeos en Gaza, pidió auxilio y finalmente fue asesinada por los soldados antes de que los rescatistas pudieran llegar.

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Este mismo fin de semana, el arquitecto israelí Eyal Weizman, fundador de Forensic Architecture, un grupo pionero en la investigación de violaciones de derechos humanos y crímenes de guerra con fuentes abiertas, declaró en Linz, Austria, que la destrucción sistemática de Gaza por Israel responde a una estrategia para hacerla inhabitable y expulsar a los palestinos.

«La Convención [para la Prevención y la Sanción del Delito] de Genocidio prohíbe la destrucción de las condiciones que hacen la vida posible. No se trata solo de muertes directas, sino de eliminar aquellos elementos —edificios, hospitales o campos de cultivo— necesarios para que la gente pueda sobrevivir», dijo Weizman, quien viajó a Linz para participar en el festival Ars Electronica, que premió su trabajo Cartography of Genocide: Israel’s Conduct in Gaza Since October 2023.

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Cartography of Genocide… reúne y cruza miles de datos y registros visuales entre octubre de 2023 y el mismo mes de 2025, para identificar patrones en las operaciones militares israelíes.

El trabajo documenta una devastación sistemática: más del 80% de la vegetación y el 70% de las tierras agrícolas destruidas, casi la mitad de los pozos de agua y todas las plantas de depuración inutilizados, 35 de los 36 hospitales destruidos o gravemente golpeados; más del 80% de las universidades, edificios gubernamentales, instituciones religiosas y espacios culturales atacados.

«Vemos un patrón claro en el que todo funciona en conjunto», señaló Weizman y añadió: «Los ataques contra los hospitales no responden a las pruebas puntuales que Israel presentaba de que hubiera aquí o allá una instalación de Hamás o un túnel. Los hospitales fueron atacados para romper la capacidad de resistencia de la sociedad, al mismo tiempo que Israel trataba de expulsar a los palestinos de determinadas zonas».

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Además de la destrucción de infraestructura y tierra agrícola, recordó que han sido atacados los convoyes con ayuda humanitaria. «Mientras una causa la caída de la producción de alimentos dentro de Gaza, la otra dificulta su llegada desde el exterior, lo que en conjunto crea hambruna», dijo.

El investigador israelí subrayó la relación entre la vida humana y el espacio físico que la sostiene: «Para que las personas existan, para que exista su vida biológica, cultural o política, tiene que haber un entorno, un espacio que lo permita».

Viviendas, carreteras, hospitales, escuelas, campos o infraestructuras son una especie de «caparazón» construida alrededor de las personas, explicó y agregó que destruir ese «caparazón» puede provocar la muerte lenta de una sociedad, porque elimina aquello que hace posible permanecer en un territorio.

Al romper infraestructura, tierras, modos y medios de vida, instituciones educativas y espacios culturales, se destruye también la vida social y se transforma una sociedad en una colección de individuos aislados, más fáciles de controlar. «Israel y el movimiento sionista querían lograr una Palestina sin palestinos. Ese es el objetivo último de Israel», afirmó Weizman.

Autor: teleSUR - DE

Fuente: Agencias - teleSUR - La Bienal de Venecia