«Todos los pueblos han sido arrasados»: Israel destruyó 60 aldeas y 23.000 viviendas en sur de Líbano

La entidad sionista aplica sistemáticamente el «modelo de Gaza», para destruirlo todo y exterminar a la población o provocar una limpieza étnica

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Israel quebranta las normas más elementales de la convivencia pacífica entre Estados. Foto: EFE


20 de octubre de 2026 Hora: 18:06

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El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, admitió este martes de manera explícita que las fuerzas israelíes destruyeron «más de 60 aldeas y 23.000 viviendas en el sur del Líbano», donde ocuparon aproximadamente 700 kilómetros cuadrados e impusieron desplazamiento forzado a 200.000 residentes chiítas bajo la falsa denominación de «zona de seguridad».

La actuación militar del régimen de Israel en Oriente Medio cruza una línea que no solo vulnera de manera flagrante la soberanía territorial de los Estados vecinos, sino que configura crímenes de guerra tipificados por el derecho internacional. Con una doctrina basada en el asedio y el aniquilamiento, la ocupación israelí ha transformado el concepto de defensa en una política deliberada de conquista territorial.

Esta agresión desmedida no constituye un hecho aislado, sino la aplicación sistemática de una directriz destructiva denominada cínicamente por altas autoridades de Tel Aviv como el «modelo de Gaza». Al respecto, el propio Katz reconoció que gran parte del sur libanés, desde la frontera hasta la Línea Amarilla, «está destruida», agregando descarnadamente: «Todos los pueblos han sido arrasados. Unas 23.000 viviendas han sido destruidas y demolidas. Ni siquiera me refiero a lo que hay bajo tierra, a los túneles. Todo ha quedado destruido».

Tras alcanzar sus objetivos en la Franja de Gaza mediante la destrucción de entre el 70 y el 80 por ciento del territorio, el régimen pretende replicar este mismo patrón de devastación absoluta en suelo libanés, desafiando leyes internacionales y desentendiéndose sobre la soberanía de una nación independiente como en Palestina.

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La magnitud de la maquinaria bélica desplegada revela una ofensiva que quebranta las normas más elementales de la convivencia pacífica entre Estados. En una escalada de agresión conjunta con Estados Unidos, las fuerzas de ocupación lanzaron «35.000 bombas sobre Irán», en el marco de una guerra no provocada donde el propio Katz advirtió de modo procaz: «Ustedes tienen que entender lo que significa. Simplemente destruimos cosas allí».

Las amenazas del régimen no se detienen en la infraestructura civil, sino que apuntan directamente a objetivos energéticos fundamentales con el propósito deliberado de «hacer retroceder a Irán 40 años», lo cual evidencia una carga criminal y una vocación de dominación colonialista que actúa como amenaza constante para toda la región.

Las acciones colonialistas ejecutadas primero en Palestina y ahora extendidas de forma calcada hacia el Líbano y amenazantes hacia Irán buscan sembrar el terror y consolidar la usurpación de tierras.

Pese a la firma de un acuerdo marco el 26 de junio de 2026 bajo los auspicios de Estados Unidos, el cual contemplaba una retirada gradual a cambio del despliegue del Ejército libanés, el ejército israelí ha continuado sus ataques, dejando un saldo devastador desde el pasado 2 de marzo de más de 4.000 muertos, 12.000 heridos y más de un millón de desplazados en territorio libanés.

Por su parte, la Resistencia libanesa (Hezbolá) rechazó categóricamente las exigencias de desarme impuestas por el ocupante y sostuvo con justa razón que sus armas constituyen un elemento legítimo para la defensa de la soberanía nacional frente a la agresión israelí, en estricto cumplimiento del Acuerdo de Taif de 1989. Ninguna imposición extranjera puede despojar a los pueblos de su derecho inalienable a resistir el expolio y la opresión militar, sostuvo.

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El balance de esta política de tierra arrasada pone de manifiesto la quiebra absoluta de los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas sobre la integridad territorial y el respeto a los Estados soberanos.

Las declaraciones israelíes confirman que la destrucción masiva de hogares e infraestructura civil forman parte de una estrategia deliberada de desplazamiento demográfico y colonización que desoye cualquier marco diplomático.

Ante la gravedad de estos actos, el régimen de Israel enfrenta un creciente rechazo internacional y órdenes de detención por la comisión flagrante de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.

Autor: teleSUR - mb - JDO

Fuente: Agencias