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Soy Reportero
  • Una profecía fallida
Fecha de publicación 1 diciembre 2017 - 05:44 PM

El periodista y académico Hernando Goméz Buendía publicó hace unas semanas un artículo en la revista que dirige, Razón Pública, en la que profetizaba la victoria del candidato Germán Vargas Lleras en la carrera a la presidencia de 2018. Lo hacía, según sus propias palabras, con el ánimo de ofrecer un análisis de “las fuerzas subterráneas que mueven las elecciones en Colombia” y, además, de ayudar “al avance de las candidaturas progresistas”. Sin embargo, bien porque su recién estrenada faceta de vidente ya no casa con la del analista sesudo y responsable o bien porque todo adivino desea en el fondo que su predicción se cumpla (so pena de descrédito), su análisis parecía más un optimista parte de victoria para Vargas Lleras que una reflexión meditada.

De hecho, tan seguro de su predicción parece estar don Hernando que en el título de su artículo ni siquiera se permite un condicional, a título de hipótesis, que es lo que haría cualquier mortal. No. Don Hernando no se anda con medias tintas. Por eso puede afirmar de manera tajante que el señor Vargas Lleras “ganará” las elecciones del 2018. No, fíjense, que podría ganar; no que los argumentos que él mismo esgrime en su artículo permiten inferir, suponer e incluso apostar a que podría ganar. Nada de eso. Ganará. Punto.

El problema, empero, es que el análisis propuesto por Gómez Buendía está simple y llanamente mal hecho. Las cuentas no cuadran, especialmente a la luz de los resultados de algunos sondeos recientes -principalmente la reciente consulta del Partido Liberal y la última encuesta Polimétrica realizada por Cifras & Conceptos– los cuales parecen echar por tierra varios de los supuestos teóricos que sustentan el análisis del experimentado periodista. Pero seamos justos: los dos sondeos son posteriores a su artículo, por lo que aquí nos remitiremos a una suerte de actualización (y corrección) de su predicción.

Resumida en tres frases (casi a modo de silogismo), la tesis del autor podría exponerse del modo siguiente:

a. La carrera a la presidencia de 2018 la ganará el candidato con más maquinaria
b. Vargas Lleras es (o será) el candidato con más maquinarias, ergo
c. Vargas Lleras ganará la presidencia.

A este esquema habría que añadir una buena -aunque siempre insuficiente- dosis de “voto de opinión”, el cual, extrañamente, solo suma a las candidaturas opuestas al acuerdo de paz (la de Vargas Lleras entre ellas) pero no a aquellas que están a favor. En otras palabras, que este dato solo cuenta para Vargas Lleras.

Ahora bien, para sostener su tesis/profecía don Hernando se apoya en tres presupuestos meramente hipotéticos (es decir, meramente especulativos, no demostrados): el primero, que el autor considera como un “hecho” incontrovertible, es que habrá segunda vuelta; el segundo es que hay una “distinción” -que el propio autor reconoce como “discutible” e “imposible de cuantificar”- entre maquinaria y opinión, esto es, entre quienes votan “por motivos clientelistas” y quienes votan “por programa”; y el tercero, que de las decenas de candidaturas actualmente existentes, apenas cinco tienen opciones de llegar a la segunda vuelta.

Empecemos por conceder que el primero de estos es, sí, un hecho irrefutable, pues lo más seguro es que haya segunda vuelta. Del segundo, baste repetir que es, como lo reconoce el propio autor, “discutible” e “imposible de cuantificar”, sobre todo porque la distinción es bastante grosera y exenta de matices: a tenor de lo sugerido por el autor, el universo de los votantes se divide, de manera tajante, entre quienes venden el voto y quienes votan “a conciencia”, sin detenerse demasiado a analizar el hecho, bastante probable, de que una cosa no necesariamente excluye a la otra y de que hay tanto de lo uno como de lo otro (pero en proporciones imposibles de calcular) en prácticamente todas las candidaturas. Con respecto al tercer ítem, digamos que su mayor defecto está en considerar como “inexistentes” todas aquellas candidaturas que tan solo son “improbables”, pero que podrían sumar o restar en varios sentidos, máxime si entre ellas se cuentan al Partido Conservador (cuyo peso es aún muy grande) o el denominado “voto cristiano”, cuyo influjo ha sido de sobra demostrado en las elecciones de los últimos años (para no ir más lejos, fue fundamental en la victoria del NO en el plebiscito por la paz).

Como se ve, el análisis de don Hernando deja muchos cabos sueltos y datos al desgaire que, como pretendemos señalar aquí, contradicen su predicción. Señalaremos, de la manera más clara y sintética posible, estos desfases:

1. Si bien es sensato suponer que las maquinarias tendrán un rol fundamental en la carrera por la presidencia, los resultados de la reciente consulta Liberal parecen contradecir las tesis de Gómez Buendía. Más allá de la pobre participación en dicha consulta (lo que, por otra parte, evidencia el descrédito de los partidos tradicionales, otro punto que se le escapa a GB), lo que quedó en evidencia es que las maquinarias ya no son garantía de nada, pues el candidato que se presumía tenía de su lado a los congresistas (y sus respectivas maquinarias), Juan Fernando Cristo, terminó perdiendo la consulta ante otro, Humberto de La Calle, que carecía de ellas y contaba, se supone, con puro voto de opinión. A juzgar por el número de votos totales en dicha consulta, al Partido Liberal y, en consecuencia, a su candidato oficial, Humberto de La Calle, habría que otorgarles mucho menos peso electoral que el que les otorga GB. Es más, la excesivamente baja participación en la consulta (la más baja en la historia del partido) parece confirmar el descrédito del partido y deja a de La Calle en una posición poco favorable para negociar alianzas. En otras palabras, que es muy poco probable que sea De La Calle quien ponga las condiciones en la denominada Coalición Colombia.

2. Uno de los mayores y más evidentes sesgos en el análisis de GB tiene que ver con el “ninguneo” a un candidato como Petro. Este ninguneo lleva a GB a sugerir o insinuar dos hechos no del todo ciertos: uno, que Petro está, de antemano, excluido de la denominada Coalición Colombia; dos, que no tiene opción de ganar, pues no tiene maquinaria. La primera de estas suposiciones desconoce el hecho de que ya el propio Petro ha propuesto una alianza con la CC y que, por si fuera poco, tiene con qué negociar esa alianza (no creo que, llegado el momento, la CC se dé el lujo de rechazar el potencial electoral de Petro, el cual, sin duda, podría sumar mucho a los intereses de la misma). La segunda, aunque es cierta (Petro no tiene maquinaria) desconoce el hecho de que, como lo evidencia la encuesta ya citada de Cifras & Conceptos, Petro es, hoy, el candidato más opcionado a ganar; en el peor de los casos, habría que reconocer que, en casi todas las encuestas, aparece en los primeros lugares. Y este es un dato que no se debe soslayar. Si bien es improbable que Petro gane (en primera o segunda vuelta) a punta solamente de opinión, también es improbable que la CC pueda hacer lo propio sin su concurso. Y todo esto conduce a unos resultados muy distintos a los que llega el artículo de GB.

3. Gómez Buendía da por sentado que Vargas Lleras le “robará” las banderas ideológicas (esto es, el NO al acuerdo de paz) al Uribismo (o Uribe-Pastranismo), lo cual a nosotros no nos parece tan obvio. Esta suposición parece estar asentada en el hecho, bastante relativo, de que “ninguno de los precandidatos [del Centro Democrático] logra despegar”, lo cual, si bien es cierto, es también bastante engañoso. Dicho con llaneza, creo que nadie en el país estaría dispuesto a negar que el Uribismo tiene aún mucha, mucha fuerza, y que podría incluso tener mucha más si, como es de prever, a él se suman Ordoñez, una candidata de peso como Martha Lucía Ramírez -nada menos que casi dos millones de votos en su última elección- y el nada despreciable y muy decisivo “voto cristiano”, entre otros. Por lo demás, el antecedente de Óscar Iván Zuluaga, quien pasó de ser casi un desconocido a casi ganar la presidencia en 2014, debe ser suficiente para no subestimar el impulso del candidato del Uribismo, sea quien sea (al fin y al cabo, un muñeco de ventrílocuo de Uribe).

4. Por último, mencionaremos un dato quizá menor pero que tampoco debería soslayarse tan prematuramente y es el ya señalado voto de las candidaturas que GB llama “inexistentes”. Las elecciones del 2014 nuevamente deberán servir de antecedente, pues tanto la primera como la segunda vuelta se ganaron con escasa diferencia, lo que permite inferir que, más temprano o más tarde, las candidaturas tendrán que echar mano del voto de esas minorías, lo cual podría inclinar la balanza hacia un lado o hacia otro.

De todo lo anterior podemos concluir, entonces, que la victoria de Vargas Lleras no es tan segura como lo “sugiere” Gómez Buendía. De hecho, si partimos de los datos ofrecidos aquí, dicha candidatura podría incluso correr el riesgo de ni siquiera llegar a segunda vuelta, pues las cinco candidaturas que GB considera viables podrían reducirse a tres, que sintetizaremos así: Uribismo, Vargas Lleras y CC+P (Coalición Colombia más Petro). Ahora, como a segunda vuelta solo llegan las dos primeras, los escenarios posibles son los siguientes: Uribismo vs Vargas Lleras, Uribismo vs CC+P y Vargas Lleras vs CC+P. Las tres son improbables, pues implican dejar por fuera a una de las dos candidaturas más fuertes, la de Vargas Lleras o la del CD. ¿Entonces? Es legítimo suponer -y esta es nuestra hipótesis (cabe decir nuestro deseo también)- que tanto las candidaturas de la derecha como las de centro-izquierda tenderán a unirse de cara a la primera vuelta. En ese supuesto, la segunda vuelta deberá resolverse entre esas dos fuerzas: la derecha y el centro-izquierda (y ahí entrarán a jugar un papel determinante los votos de las minorías, incluida las FARC).

Por supuesto, cabe la posibilidad de que, por pura torpeza (o por la ya proverbial pelea de egos), la CC decida ir a primera vuelta sin ese +P que hemos supuesto básico para que tenga una opción verdadera, lo cual dejaría como resultado una confrontación Uribe – Vargas Lleras. Y en ese caso, la victoria de este último tampoco es tan clara, como lo supone Gómez Buendía, cuya predicción nos hemos abocado a rebatir aquí. El futuro es bastante incierto y nada parece más irresponsable, así se lo haga de buena fe (cosa que le concedemos a don Hernando), que dar por hecho algo que, por fortuna, es aún susceptible de cambiar.

[Artículo publicado originalmente en el blog del autor:
blogdegalactica.wordpress.com]

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