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Soy Reportero
  • La conformación del Otro
Fecha de publicación 22 enero 2016 - 06:57 AM

Gracias a mi profe Pablo Villar, que me enseñó a pensar la Historia.

Cae la tarde-noche, preparo mi mate vespertino y me siento a mirar la vereda. Pasa gente que no conozco, que viene de laburar o va a hacer los mandados. Las caras de algunos, sus gestos o la ropa que llevan me hacen imaginarme microhistorias de sus vidas. Algunos otros solamente pasaron por mi vereda y chau, ya los olvidé.

Y ahí, mientras atiendo mi brebaje y observo la gente, se me viene a la memoria un concepto que hablamos mientras estudiaba en el profesorado, en la cátedra de Historia Sociopolítica Latinoamericana y Argentina con un profe muy capo. Se trata de la conformación del otro.

En principio, el Otro es todo aquél que no es Yo. Eso no tiene nada de malo. Pero a medida que el concepto evoluciona, se oscurece.

La Otredad es eso que no es como nosotros. Son los de otro barrio, otra raza, otra condición social, otra ideología. Se pueden establecer miles de Otredades, que bien miradas, configuran la riqueza de la diversidad, aportan intercambio y crecimiento. Pero sobre este fenómeno actúa cierto mecanismo y como resultado, en vez de aprovecharla, rechazamos la Otredad. La rechazamos porque le tememos. El Otro, que es distinto a mí y a “la gente como uno”, es el que viene a sacarme lo mío, a comerse mi comida, robarme el novio, quedarse con mi laburo, matar a mi perro y representa una amenaza inclasificable pero que ahí está, al acecho en una piel oscura, en una vivienda precaria o en una cabeza con capucha.

Ahora, ¿Cuál es el mecanismo y la conveniencia de la conformación del Otro? La Otredad, en su acepción negativa, nace del aleccionamiento sistemático y masificado al que estamos expuestos. Si quinientas veces por día escuchás que tus impuestos se usan para mantener vagos, ahí se produce la conformación del Otro. Si te convencen de que los simpatizantes de un gobierno nacional y popular son una manga de ignorantes que se cagan en tu derecho a comprar por e-bay, ahí hay conformación del Otro. Si te dicen que los negros de provincia vienen a atenderse en los hospitales de la Ciudad de Buenos Aires, ahí se conforma la Otredad. Porque ese Otro viene a usurpar lo tuyo, es distinto a vos y a la gente como vos. La conveniencia de generar la Otredad radica en que el Otro no te genera empatía. No te solidarizás, no sufrís con su dolor ni te alegrás por sus conquistas, sencillamente porque es el Otro, por lo tanto, lo suyo no es lo propio, y como buenos aspirantes a burgueses, si no es propio, no cuenta.

Así también se generan alianzas con la gente como uno. Gente que sentís que te representa, que entiende lo que querés, que mágicamente parece que hiciera todo bien y que mantiene a raya a esos Otros tan molestos y peligrosos. Triste es saber que esos mismos que te aleccionaron sobre la Otredad, son los que se yerguen en representación tuya para combatirla. Ellos te vendieron el problema para que legitimes sus soluciones. Ellos inventaron que el Otro te hará daño, para justificar su propia decisión de sacarlos del medio, en atención a sus propias e inconfesables necesidades tecnócratas y no a las tuyas. Pensemos un poco quién sentimos que configura nuestra Otredad, por qué les tenemos miedo, antipatía, asco o lo que sea; hagamos un ejercicio de honestidad intelectual y lleguemos al fondo. Seamos sinceros, nuestras opiniones al respecto ¿Son fundamentadas, o es lo que “dicen”? Yo no sé hasta qué punto le perjudica a una señora que se atiende en OSDE, que en el hospital público de su barrio se atienda a una persona de otro municipio. O qué razón la lleva a hacer causa común con quien deja sin trabajo a miles de empleados públicos, bajo el grito de guerra  “Son todos ñoquis!!!” como único fundamento de la masacre y sin exigir transparencia en el proceso. Es que el Otro siempre se presume culpable.

Esa polaridad de propios y Otros es lo que desemboca en la apatía de medio país ante las injusticias que se están dando bajo nuestros cielos. Quejarse porque la plata de los impuestos se destina a las ayudas para los pobres, pero no quejarse cuando en vez de ayudar pobres, la plata se la regalan a los jeques del agro. Quejarse por la moratoria que permitió que nuestros viejos sin aportes se pudieran jubilar, pero aplaudir la apertura de importaciones que va a fundir al vecino que fabrica ojotas y pantuflas. Aunque todo eso a vos no te modifica en nada, perjudica al que fabrica las chinelas que usan los abuelos y las ojotas de los pobres.

El bombardeo de los medios, la falta de entrenamiento reflexivo y los vivos que nunca faltan, cocinaron esta receta de atropellos legítimos, de estafas legales y de masacre a toda moral y sentido común. Pienso y recontrapienso en la gran, enorme, crucial carga de significado de las palabras que la mitad del país no entendió: LA PATRIA ES EL OTRO. Si se entendiera en su verdadera dimensión en vez de repetirlo como un spot de gaseosas, por ahí podríamos correr un poco la Otredad a terrenos más positivos y constructivos, y de una buena vez, tirar todos para el mismo lado.



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