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Soy Reportero
  • De dónde sale la unidad popular del pueblo catalán?
Fecha de publicación 16 octubre 2017 - 04:39 PM

Cataluña es hoy parte integrante de una tierra mediterránea históricamente oprimida y administrada por un reino caduco y tardío, a la que se le negó su lengua, su cultura y su voluntad de ser por la fuerza de las armas. Una tierra ninguneada llamada Països Catalans (Países Catalanes), hecha cenizas por lo que hoy es vestigio y herencia directa de una de las peores dictaduras fascistas de Europa, el Estado español.

El independentismo catalán no es un capricho europeo de unos galleguitos que viven en Europa (Sensación que me transmiten medio en joda algunos colegas argentinos, quienes para mi son mi segunda patria), ni conforma solamente un síntoma de la crisis y del genocidio neoliberal constitucionalizado en España des de 2011.
El independentismo catalán es una reclamación histórica de un pueblo que tiene la voluntad de ser, y de ser libre. Este sentimiento, conformado en voluntad política popular, fue históricamente reprimido: Tras el fin del autogobierno catalán en 1714 después de la imposición por las armas de la dinastía borbónica, el pueblo catalán sufrió guerras, asaltos, golpes de estado, prohibiciones tales como lengua y cultura, y se empañó del silencio impuesto de las oligarquías y del feudalismo privilegiado de la monarquía imperialista española.
La resistencia en Cataluña es reactivamente histórica, pues podemos ver como des del siglo XIX hasta ahora, el catalanismo pervive en la agenda política y sobretodo social de nuestro pueblo.
Pero Cataluña no es (Ni fue) un único sujeto político de clase, ni la reivindicación nacional es la misma para todos los sectores y clases sociales. La oligarquía catalana, antes y después de la conquista borbónica y de la pérdida de su independencia en el s.XVIII, fue responsable directa de gran parte del saqueo en Latinoamérica antes de la revoluciones independentistas en la Patria Grande. Tras la conformación de la España borbónica y la integración plena de los Reinos de Cataluña, Valencia y Mallorca, la oligarquía catalana y sus clases dominantes burguesas, fueron las pioneras en Europa de lo que hoy podemos entender como aquello que se denominó neocolonialismo, tan practicado por Estados Unidos a partir de 1898 en Cuba.
Los ''indianos'' eran un claro reflejo de aquella sociedad decimonónica que quiero reflejar como ejemplo. Sus casas fueron la herencia de aquellos catalanes que volvían de América con grandes fortunas, con servicio y carrousel, con todo lo que querían sacar. En menor escala, fue un imperialismo económico impuesto por el privilegio de la raza y del apellido.
Por aquel entonces, en nada se diferenciaban la oligarquia española con la catalana: Nunca se diferenciaron. Y aunque es entonces cuando se reprende el sentimiento de sujeto político tras el surgir de los nacionalsimos europeos, y es una parte de la burguesía catalana quién hace hincapié y consigue estructuras propias y comunes para todo el territorio catalán; el proletariado está condenado a la explotación fabril, y sobretodo, a morir en guerras genocidas e imperialistas como la de Cuba (1898) o Marruecos (1919). Esta última, causó una primera experiencia contemporánea en unidad popular (Setmana tràgica) tras la oposición de la clase trabajadora catalana a que sus jóvenes fueron mandados a morir en guerras que nada tenían que ver con sus intereses ni sus luchas sociales por la mejora de sus condiciones deplorables. Su voz fue, tras una semana de lucha y resistencia, ferozmente aplastada.
La burguesía catalana perpetuó un proceder regionalista pero pactista y acorde a los intereses económicos del Estado español durante las tres primeras décadas del s.XX. Fue en esta última, la década de los años 20, dónde el pueblo trabajador catalán y una parte de la burguesía y de la élites políticas catalanas se ponen de acuerdo para afrontar el Régimen fascista de Primo de Rivera y la incompetencia y centralismo asfixiante del monarca Alfonso XIII. Fue en 1930, tras el Pacto de San Sebastián, cuando la oposición republicana en toda España, abanderada por las luchas catalana y euskera, consigue forzar elecciones municipales en todo el estado y así proclamar la IIa República Española.
Fue durante esta breve experiencia republicana cuando Cataluña obtuvo instituciones propias y autogobierno; pues en Cataluña no se proclamó la República Española como en todas las municipalidades del estado. Francesc Macià, primer presidente contemporáneo de la Generalitat, ex coronel del ejército español tras abandonar su carrera por la política e intentar liberar la patria catalana a través de milicias durante la dictadura de Rivera, proclamó la República Catalana dentro de la Federación de repúblicas ibéricas. Fue entonces cuando el gobierno de Madrid, negoció otorgar un autogobierno para Cataluña dentro de la República Española (No federal).

Habrá una segunda experiencia de autoproclamación durante la República. En 1934, el nuevo presidente catalán, Lluís Companys, proclamó el Estado Catalán en un período de represión obrera por parte de la derecha fascista que gobernaba España desde las elecciones de 1933. Companys no proclamó el estado catalán como alternativa al republicanismo español, sino que invitó a la izquierda republicana española a instalarse en Barcelona para recuperar la República desde ahí. Hablamos ya de unas élites al poder catalán de izquierdas y de un pueblo reprimido por la derecha más representado por los valores de la Generalitat con sus propuestas favoritarias al campesinado que por la reperesión y el ninguneo de estado: Los ejes nacional y social coinciden en un punto de encuentro, o, si se prefiere, los procesos de emancipación nacional y de empoderamiento social se encuentran entonces en la misma trinchera.

La represión de 1934 será brutal: Las localidades mineras de Asturias serán bombardeadas y saqueadas por un Francisco Franco aún general de segunda sin demasiado poder, pero ya bautizado como ‘’El Carnicero de Asturias’’. La autonomia de Cataluña fue suspendida, el gobierno catalán encanado y el pueblo que lo defendió masacrado a sangre y fuego.

Esa trinchera común se tradujo en 1936 en el Frente de Izquierdas catalán, con el soporte (Y participación durante la posterior Guerra Civil) de los anarquistas, ideologia mayoritaria en la clase trabajadora catalana a diferencia de la del resto de España.

Pero la supervivencia de la República de izquierdas tiene muy pocas chances de sobrevivir.
 

En Julio de ese mismo año, una parte del ejército liderado por tres generales, entre ellos el futuro dictador Francisco Franco, se subleva contra la República. Els fascismo tradicionalista y catolicista español, el que aún hoy representa el imperialismo, el centralismo y la imposición de la España nobiliar caducada de corte antisocial, se impone con las armas de Hitler y Mussolini sobre una República desecha y abandonada por las democracias occidentales, aunque logra mantenerse tres años gracias, en parte, a la ayuda de México y la URSS así como la de muchos brigadistas quienes hoy no tienen nombre.

Es en esta España anticomunista, totalitaria, catolicista, y por ende, anticatalanista donde Franco se encargará de acallar cualquier reclamación nacional o social, prohibiendo sindicatos y partidos, y asesinando, encarcelando y torturando cualquier posible opositor. Su régimen durará casi 40 años hasta su muerte, en 1975. Durante todo el régimen hasta el último día, Franco firmó penas de muerte sin que le temblara la mano, y a pesar de la importantísima resistencia antifranquista sobretodo en Cataluña y el País Vasco, practicó una clara doctrina de terrorismo de estado contra gran parte de su pueblo. Mientras tanto, fue en medio de esta larga dictadura cuando un líder popular antimperialista argentino, volteado militarmente en 1955 y exiliado en Madrid, no tuvo reparos (Ni problemas) en invitar, en el ojo del tardío fascismo europeo, líderes com Cook o el Che en su quinta de Puerta de Hierro: Perón era intocable para Franco, ya que España seguía viviendo del trigo y de la carne argentina que Perón, en manos de su mujer Evita, comercializó en los duros y oscuros años de posguerra durante el bloqueo de las potencias occidentales europeas, que duró hasta que a Estados Unidos le vino bien a Franco como escudo anti popular en el contexto de Guerra Fría.

Podríamos pensar, luego de esta etapa oscura y sin libertades nacionales ni sociales, que ‘’Llegó la democracia’’. Pues bien, el régimen no acabó, sólo se transformó en una especie de régimen del olvido sin pena en la Constitución del ‘’Atado y bien atado’’, palabras que Franco dirigió al Rey Juan Carlos I. Sí, el rey, el consenso de la transición española y la ley de amnistía del 1977 no salieron de las charcas, fue la élite franquista quien aseguró el porvenir de la España post fascista que se mantuvo, entre telares y con más o menos vestidos, hasta nuestros días, donde luce ya la camisa azul falangista marino y encana voceros políticos por ser independentistas, es decir, por luchar por unos objetivos políticos de forma pacífica, distintos a los del régimen del 1978, hoy representado por Rajoy y el Partido Popular (Fundado a su vez por Manuel Fraga, mano derecha del dictador Francisco Franco).

Hoy, el pueblo catalán le sacó el polvo a la trinchera forjada en 1934, y salió del pacto del silencio donde las oligarquías quisieron jugar de nuevo el juego de la desigualdad. El President pospone la declaración una y otra vez, pero el pueblo lleva en las calles desde el 2010, y antes, y no paró nunca de salir.

La voluntad y el poder salió de las instituciones el día 1 de octubre, se trasladó en los comités populares de defensa en los barrios y municipalidades, se forjó en el pueblo el anhelo de ser, y es en el mismo pueblo donde reside la República; porque aunque la oligarquía nunca supo ser digna de las luchas, y flaquearon en ello por sus intereses aun con un mandato popular en la mano, Cataluña ya es una república, nunca lo dejó de ser, porque la República está en el corazón del pueblo,no nace de ningún capricho del poder institucional, y es de base.

Tras esta nueva coyuntura de unidad popular y nacional forjada día a día en las calles catalanas, ni la rémora judicial del régimen, ni la cruel violencia de estado, ni las dudas de Puigdemont, podrán parar un pueblo que ya habló y que siempre dialogó, pero hoy ya dijo ‘’Basta!’’.

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