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Soy Reportero
Fecha de publicación 31 agosto 2018 - 08:49 AM

Por Roberto Marra

Las formas de dominación mundial no se limitan a acciones directas de los gobiernos del imperio, apoderamiento de los sectores más importantes de la economía de cada nación, ahogos financieros para empujar a decisiones contrarias a los intereses de las poblaciones por los gobiernos de esos países o, incluso, lisas y llanas intervenciones militares. Ejemplos son lo que sobran a lo largo de la historia, sobre todo en Nuestra América, aunque no solo, por supuesto.
Los dueños del Mundo se aseguran de no dejar espacios vacíos en su camino al dominio absoluto. Para ello, se valen también de esos organismos internacionales que, como las Naciones Unidas, nacieron al calor de necesidades obvias, pero rápidamente aprovechadas por la codicia insaciable de los engreídos mandamases mundiales. La OEA es otro de esos órganos supra-nacionales al servicio indudable de sus intereses.
Como son también los dueños de la “verdad” exhibida en los medios de comunicación que, ¡oh, casualidad!, son de su propiedad en la mayoría de los casos, el combo perfecto de ofertas diabólicas será aceptado con premura por la mayoría embrutecida de los habitantes invadidos y sojuzgados. El “sano” periodismo, con sus caras compungidas de dolores que no sienten, cumplirá con su labor de socavamiento permanente, minando el camino de quien fuera objeto de su persecusión, influyendo sobre las conciencias televisadas de la ciudadanía e incitando a rebeliones contra sus propios intereses.
Dentro de esos organismos multinacionales, siempre existen sub-entidades “defensoras de los derechos humanos”, que despliegan sus tácticas degradantes de los gobiernos que no le sean afines a los intereses imperiales, encubiertos tras una pátina de control y protección de esos derechos básicos. Nada mejor, para acabar con los gobiernos “populistas” que tanto les molestan a los poderosos que sustentan a esos organismos internacionales, que mostrarlos como corruptos, ejecutores de opositores y empobrecedores de sus poblaciones.
Vale aclarar que no todos los integrantes de esas entidades son lo mismo. Siempre existen nobles personas de buena voluntad, que creen realmente en los beneficios de los controles internacionales sobre los actos que pudieran afectar los derechos humanos. Sin embargo, solo son piezas de un gigante rompecabezas estratégico que arma el imperio y que, simplemente, ofician de infantería para lo que será el ataque final contra la Nación que se busca someter.
No saldrán de las bocas de esos funcionarios “humanistas”, demasiadas palabras sobre los crímenes que realizan sus amos imperiales y los gobiernos afines a éste, siendo quien paga sus enormes “cachets” en esa teatralización de sentimientos falsos y razones que no pueden sostener, la mayoría de las veces, con realidades concretas.
Mezclando verdades con mentiras se obtienen los mejores resultados para el “diablo” imperial. Apenas observan un hecho negativo que pueda ser útil para generar daños a los gobiernos que el imperio necesita destruir, comienzan las visitas de los enviados de esas entidades quienes, invariablemente, se reunirán con los “opositores” que, “casualmente”, son sostenidos por esas otras patas de las invasiones silenciosas, las ONG, costeadas también por el mismo amo. A partir de allí nacerán sus discursos “protectores” de los derechos humanos, sus advertencias al “régimen” en cuestión y sus “recomendaciones”, rápidamente adoptadas por el imperio para amenazar con las represalias que no son más que el inicio del final para la soberanía de esa Nación.
Después, cuando sus objetivos hayan sido alcanzados y las masacres a las libertades y las independencias fueran concretadas, se retirarán a sus poltronas de lujosas oficinas de Manhatttan, desde donde seguirán observándonos con atención, siempre listos para impedir que se avasallen los “derechos humanos”, pero solo del “selecto” grupo de perversos que decide la vida y la muerte de la parte de la humanidad que nunca importa.

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