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Soy Reportero
  • Carta a mis hermanos Cubanos
Fecha de publicación 27 noviembre 2016 - 12:16 PM

Queridos hermanos cubanos:

Aunque uno trate, no hay palabras para expresar lo que se siente ante la partida física de un Padre. Se acumulan recuerdos, momentos, emociones agolpadas que estrujan el pecho y anudan la garganta que trata de pasar los mates más amargos. Las lágrimas brotan confundidas pues todos sabemos que El Hombre no ha muerto, que el cuerpo es perecedero,  que las obras magníficas, colosales, nunca se extinguen ya que pasan a ser parte de la cultura humana acumulándose; la razón, los analistas políticos y amigos, agolpan argumentos de todo tipo para alentarnos y decirnos lo que ya sabemos. Pero hoy soy un hijo más escribiendo al viento, sintiendo como un ser humano desconsolado.

Todavía siento en la nariz la salinidad del viento en el polígono de la ELAM cuando nos visitó a los compatriotas de otros países. Aquel día estreché por primera y única vez en medio del tumulto con mucha suerte esa mano larga que apretó fuerte como si conociera la mía de años. No era un simple apretón impersonal; solo los que aman genuinamente pueblos enteros pueden transmitir tanto afecto a un desconocido y llegarle a la medula. Aquel día nos llamó Ejército de Batas Blancas. Cuba abrazaba Latinoamérica una vez más. Ese habanero que juega dominó, el guajiro de algún batey perdido en el Escambray y el Pionerito que va sano a la Escuela nos adoptaban como hermanos naturales a través de Fidel. Esa mañana nos fraternizábamos todos mezclados en uno: chilenos con haitianos con argentinos con aimaras con africanos y guatemaltecos. En un soplo de tiempo bajo el sol que cobija a todos, pude vivir Nuestra América espiritualmente. Todos experimentamos que “Patria es Humanidad”, rodeados, como en el cielo,  por el mar turquesa y las paredes celestes de la ELAM. Doce años en Cuba y al primer mes de pre-médico en Girón, ya amaba La Isla como a mi pueblo de La Caldera en Argentina. Lo vivido, tantos años, simplemente no puede entenderse ni explicarse. Desde aquellos entonces fui otro, como el día que nació mi hijo en Santa Clara: Camilo Julián, hombrecito nuevo, que en términos históricos es un ser síntesis en una Era que comienza el 28 de Enero de 1853 siguiendo un hilo de Humanismo Revolucionario hasta el triste día de hoy. Su triple nacionalidad; salvadoreña, argentina y cubana, es la prueba del tamaño de una Nación pequeña pero geopolíticamente gigante que abrazó a millones.

Hermanos cubanos lloremos un mar para encontrar la paz, la partida de aquel hombre- padre simple, de carácter sincero.  Mi corazón acompaña su despedida física desde un pueblito lejano, ayudando a quien lo necesita como él soñó desde la salud.

Y tú Fidel, desde donde estés leyendo estas palabras, tú que escuchaste a gente común como yo por todo el mundo,  no me pidas que el corazón no se quiebre, que la voz no me tiemble. Al menos hoy. En un tiempo volveré a soñar en grande como me enseñaste, a creer que cada nuevo sol puede ser un Cinco Palmas contra la injusticia del mundo. Tal vez algún día pueda ver convertido en realidad, sueños que ni siquiera había soñado y contribuir a que Nuestra América sea libre, sin fronteras.

Infinitas gracias por todo, Fidel y Revolución.

¡Hasta la Victoria Siempre!

Dr. Facundo Ruiz

Médico Argentino de la ELAM

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Argentina
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