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Soy Reportero
  • Bernie "Graco" Sanders
Fecha de publicación 21 febrero 2016 - 11:21 PM

Hacia el siglo II A.C la antigua Roma era un hervidero. Si bien la monarquía había quedado en el pasado, el sistema republicano vigente estaba amoldado a los intereses de la aristocracia gobernante; los patricios, descendientes de las primeras familias romanas, monopolizaban el control de la riqueza y las instituciones públicas (los 300 senadores pertenecían a dicha casta, al igual que los dos cónsules anuales –es decir, la totalidad de los poderes ejecutivo y legislativo). Las permanentes campañas militares ampliaban los territorios conquistados, aumentando la población de esclavos y pobladores pobres a los cuales no se les permitía ostentar el título de ciudadano, al tiempo que las tierras y riquezas allí existentes tenían como único destino el convertir en aun más ricos a aquellos que ya poseían todo. La nobleza latina era la viva imagen de una oligarquía arrogante y despilfarradora.

Mientras tanto, la desesperación y el hambre se apoderaban de la cotidianeidad del resto de las clases sociales; los plebeyos (comerciantes, soldados, pequeños campesinos, etc. que conformaban la clase media), libertos (esclavos que por algún motivo puntual habían sido liberados) y esclavos, no estaban dispuestos a seguir engrosando el bolsillo de la elite dominante con el sudor de su frente. La sociedad romana sencillamente enfrentaba la encrucijada de mutar o morir.

En medio de aquel complejo escenario aparecería la figura de la familia Graco. Los hermanos Tiberio y Cayo, que si bien portaban uno de los apellidos más tradicionales y adinerados de la época, estaban impregnados de una ideología fuertemente republicana. Entendiendo que difícilmente la Republica sobreviviría en dichas circunstancias, emprendieron una lucha decidida con el fin de transformar estructuralmente la realidad social y enfrentaron a los círculos conservadores.

Buscando mejorar las condiciones de vida de las mayorías, llevaron como bandera la necesidad de una reforma agraria integral y de terminar con el privilegio de los senadores, era hora de que las instituciones realmente se deban al pueblo. A modo organizativo crearon el Partido de los populares (siendo acusado por sus adversarios de “demagogos populistas”, vaya si hoy aún se escucha ese término cada vez que los ricos temen perder su posición de privilegio); y confrontaron a la dirigencia senatorial, aglutinada en el Partido de los optimates (termino que significaba “los hombres excelentes –óptimos-“, en cuyo nombre mismo podía observarse el auto-culto típico de los sectores aristocráticos).

Con el fervor de las mayorías históricamente marginadas, y utilizando como base de operaciones a las Asambleas Populares –ente paralelo al senado, donde los ciudadanos se juntaban a discutir libremente la agenda política vigente, y el cual estaba inspirado en la vieja Polis ateniense- , los Graco lograron avanzar en la aplicación de distintas medidas redistributivas, siendo las dos más importantes: la Ley Agraria (que daba un marco jurídico a la repartija de tierras) y la Ley Frumentaria (la cual dictaba la intervención directa del estado en la producción alimenticia, obligándolo a venderle cereal al pueblo a un precio bajo y fijo), aprobadas ambas en el año 122 A.C.                                                                                                                           

Como era previsto, la reacción aristócrata no se haría esperar. Echando por tierra todo principio “civilizado” (ese con el que tanto solían describirse a sí mismos), la nobleza romana planifico y ejecuto el asesinato de los dos caudillos.

Tiempo después, tras erradicarse brutalmente al proceso reformista, la Republica finalmente fue desmantelada para dar paso al surgimiento del Imperio. El principal orgullo que habían constituido los romanos, ese estado “maduro” y “culto” simbolizado en su centenaria democracia, daría paso a un régimen autocrático brutal y sumamente militarista; la razón y el debate fueron remplazados por la espada y el látigo. Para evitar cualquier crítica a su condición de privilegio, la oligarquía impondría la PAX ROMANA sobre la paz social. Los Graco tenían razón, una democracia que no está preparada para corregir las inequidades sociales está condenada al fracaso.

Ahora bien, ¿Qué puede tener dicha anécdota en común con las actuales elecciones en los Estados Unidos, tal como el titulo sugiere?, la respuesta es sencilla: mucho. La situación interna que atraviesa el actual imperio hegemónico –el cual, como los romanos, también utiliza un águila como emblema nacional y acude permanentemente al antagonismo “civilización o barbarie” para justificar matanzas e invasiones-, es sumamente grave y compleja.

¿No existe acaso una aristocracia tan arrogante y despilfarradora que recuerda mucho a la vieja nobleza de un estado semi-monarquico (ni en la antigua Roma el 1% de la población llegaría a acaparar más del 90% de la riqueza )?, ¿No es un hecho el avance del militarismo extremo, ese donde sus ejecutores ni siquiera se toman la molestia de inventar una excusa elaborada para “justificar” ataques permanentes sobre distintos países soberanos?, ¿no han sido reemplazadas las leyes de protección civil por otras que permiten al gobierno espiar y controlar a su propia población?, ¿no existe una radicalización cada vez más acentuada del Partido Republicano que prácticamente suprime a sus sectores moderados y convierte a sus dirigentes en una especie de optimates modernos?, ¿no hay un racismo estructural tan duro que las noticias del asesinato de jóvenes negros o latinos a manos de policías blancos son casi diarias?; entonces ¿Qué tan lejos está la “Roma del siglo XXI” de caer en la misma caída en desgracia que sacudió a la verdadera?

Sin embargo, y en otro acto de esos que pone en evidencia que la historia suele repetirse, los estadounidenses tienen una alternativa concreta que ofrece cambiar las injusticias vigentes. Bernie Sanders, un activista social de toda la vida, puede dar el batacazo dentro del Partido Demócrata y convertirse en un candidato presidencial que realmente está dispuesto a conciliar democracia y equidad, de imponer la paz social sobre la PAX AMERICANA. Quizás es una de las últimas oportunidades para evitar un destino que se avizora cada vez más oscuro, el futuro dirá si  logra evitar aquello que los Graco no pudieron.  

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