El horizonte soñado desde los Campamentos Transitorios en Venezuela
Más de 14.634 personas hasta el 8 de julio, comparten sus angustias y esperanzas, distribuidos en los 87 Campamentos Transitorios que ha instalado el gobierno nacional en los Estados de La Guaira, Caracas y Miranda, una experiencia que pone a prueba nuevos desafíos de convivencia y el nacimiento de un nuevo espíritu de identidad nacional, como sobrevivientes de la tragedia.
Cuadrilla del gobierno municipal ingresa para organizar un Campamento Transitorio en Quinta Crespo, Caracas. foto teleSUR
8 de julio de 2026 Hora: 15:39
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El timbre que hasta el 24 de junio anunciaba la hora del ingreso y salida del recinto escolar, y el inicio y fin de los recreos, ahora convoca en la mañana temprana, sobre todo a los niños y niñas de éste Campamento Transitorio en que se ha convertido este colegio, a tomar su desayuno, y sonará no solo para los horarios de las ingestas, sino para ayudar a reunirse a las más de 70 familias que han sido instaladas, provenientes de hogares dañados o destruidos tanto en Caracas como en la Guaira.
Las palomas y otras aves, dueñas de la plaza Andrés Bello o Venezuela, o el Parque Ali Primera, han visto modificado su hábitat natural, ante la presencia de familias en carpas que han pasado a pernoctar producto de los daños que los terremotos hicieron en sus viviendas.
Los aparatos de gimnasia que se encuentran en la Gran Base de Paz de Quinta Crespo, deberán esperar a ayudar a tonificar músculos y repetir rutinas, hasta que las familias allí acampadas puedan volver a sus nuevos o reparados hogares.
Los horizontes
Luego de registrar su huella biométrica para el censo, sentada en un banco de cemento, Norma de 73 años y junto a su esposo de 75 años, se encuentran en el campamento de Catia, en Caracas; el 24 de junio los dos terremotos la encontraron sola en su apartamento del octavo piso y dice que logró salir del edificio de milagro, pues el movimiento del edificio la tiró al piso y desde allí pudo ver las imágenes terribles de ver como los revoques y cerámica de las paredes se resquebrajaban.
Esta segura que este fue un terremoto mucho peor que el que vivió en el año 67, y mientras espera que bomberos, protección civil e ingenieros evalúen la estructura del edificio, el miedo supera las ganas de volver a estar con sus cosas.
Por esos, aunque sabe que los campamentos están previstos para las familias que perdieron sus viviendas, pidió le hagan un lugarcito junto a su marido en el Campamento.
Se compromete a volver y hacer las reparaciones necesarias, apenas le aseguren que el edificio no se va a desmoronar como consecuencia de los terremotos sufridos, a pesar de que dice, “solo pensar que van a seguir los temblores, me llena de espanto”.
Salvo en el momento que los recreadores realizan actividades, la llegada de alguna delegación oficial o las horas de las comidas, la enorme mayoría de la gente hablan en voz casi baja, un sonido que parece extraño a la idiosincrasia caribeña.
Es que, si en un campamento hay conviviendo 400 personas en la suma de acampados y gente encargada de los distintos servicios, hay más de 400 historias, relatos que oscilan entre los milagros de los rescates, el duelo en carne viva por los familiares fallecidos, y las llagas en quienes aún buscan a sus desaparecidos.
Las tres niñas de Deysi participan de un juego que la divierte verlas participar; a la consigna de la recreadora, las niñas deben realizar un movimiento acompañado por una música alegre de fondo; Daysi cuenta que, desde el 24 de junio, es la primera vez que escucha música y que encuentra por primera vez, mientras sus niñas juegan, su espacio para pensar.
Su casa en Playa Verde quedó en escombros y es una de las 17.907 personas sin vivienda; prefiere no volver a revivir, hablando de cómo vivió el terremoto y sobre todo el rescate, seguramente su núcleo familiar era más amplio; no sabe cuánto tiempo estarán en el campamento, ni donde le asignaran una vivienda, pero aspira que sea una de las nuevas a construir, y aunque aspira a que sea en La Guaira donde pasó toda su vida, nacieron y se criaron sus hijas, no le importa que sea en Caracas, “es como que nací de nuevo”, dice por toda reflexión.

Cero contra pulcero[i]
La población infantil genera su propia y más intensa dinámica en los campamentos; mientras los adultos comparten historias vivida durante los terremotos, sus dolores y expectativas, asumen las reglas de una nueva forma de convivencia, los niños y niñas son, sin a veces expresarlo en palabras, son quienes viven el impacto de pasar a vivir en otro espacio, sin la rutina cotidiana familiar y la asistencia a la escuela o liceos.
Pero al mismo tiempo, esas risas y bulla infantil, son el alivio en un clima generalizado por la pesadumbre en los mayores, alguna lágrima que se escapa sin aviso, miradas que en algún momento tuvieron brillo y ahora apagó el dolor, alguna mirada que queda pérdida hundida en pensamientos.
Recreadores voluntarios y algunos asignados por las instituciones, son los encargados de llevar adelante dinámicas de juegos que tienen como principal objetivo la integración y la recreación que permita “matar” el tiempo.
Las donaciones de juguetes juegan un rol importante en la afectividad de ésta población infantil, que, debido a las circunstancias, se nota ha debido “madurar” demasiado pronto.

Aprendiendo con el otro
La vida en los campamentos es febril; apadrinados por ministerios y viceministros, los edificios que cumplían funciones de colegios, gimnasios e inclusos plazas y parques donde se han instalado en carpas, van siendo acondicionadas para que las familias logren en el tiempo que puedan estar, condiciones dignas de hospedaje.
La higiene está entre las medidas prioritarias, y en muchas locaciones hubo que instalar duchas, o agregar a las existentes, reparar y agregar pocetas y sistemas de desagües, tanques de agua potable, literas, cambio de colchones y ropa de cama, pero también forma parte de las medidas de higiene y decoro, el repintado de paredes y arreglo de cerámicas de los pisos.
Mientras las cuadrillas de funcionarias y funcionarios de los ministerios realizan esas tareas, otras brigadas voluntarias siguen recibiendo y clasificando donaciones de ropa y medicamentos, se realizan censos de la población del campamento, cantidad de viandas de comida diarias y agua, mientras las familias van aprendiendo y aprehendiendo los protocolos de convivencia dentro del campamento.
Equipos de psicólogos sociales, también van atendiendo distintas situaciones preservando la salud mental y el abordaje de los distintos estados de ánimos que se van presentando; además del apoyo profesional y terapéutico, la gente ya aprendió, que «estar» es un apoyo emocional insustituible y necesario.
Quienes llevan adelante la conducción del campamento (representante del ministerio asignado, representante de la comunidad y director en caso de centro educativo, o coordinador, en general) también tienen una agenda intensa, resolviendo desde cuestiones puntuales de alguna familia o acampante, hasta el funcionamiento general del campamento.
Es que en poco más de un minuto del 24 de junio, no solo cambió la vida de muchísima gente, sino la cotidianeidad del funcionamiento de la vida social e institucional.
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Números que duelen
La Presidenta (E), Delcy Rodríguez, realizó un llamado a los venezolanos para la reconstrucción que se lleva a cabo, durante el lanzamiento oficial del Plan Venezuela Renace, donde subrayó que la referida reconstrucción no se trata solamente de infraestructuras, sino de valores humanos que lleven a todos los ciudadanos a mantener esa solidaridad demostrada en las últimas dos semanas con las personas afectadas por el fenómeno geológico.
“Este es un trabajo de Venezuela toda, llamo a construir una Venezuela también, no se trata solamente de infraestructuras, se trata de construir el nuevo ser venezolano, desde la solidaridad, amor, comprensión al prójimo, misericordia, humanidad (…) Esa nueva Venezuela nos toca construirla todos juntos en Unión Nacional”, expresó Rodríguez.
Acompañada de Jacqueline Faría, presidenta de Misión Venezuela Renace, y el ministro de Transporte, Francisco Garcés, la mandataria indicó que se están desplegando diversos materiales de construcción para la rehabilitación de estructuras que sufrieron afectaciones por los terremotos y posteriores réplicas.
Al 7 de julio, el censo gubernamental contabiliza 17.907 personas sin vivienda, las cuales están siendo trasladadas de forma progresiva a los 87 campamentos; En Caracas se instalaron 39 campamentos con capacidad de 11.192 plazas y una ocupación real de 4.961 personas atendidas. El estado La Guaira concentra la mayor cantidad de población albergada con 8.613 personas distribuidas en 26 campamentos.
Mientras, el estado Miranda completa el balance territorial con 22 campamentos que resguardan a 1.060 personas, disponiendo de una capacidad instalada para 2.003 camas.
Las instituciones del Estado venezolano asisten directamente a 86.794 familias mediante el suministro de insumos básicos y atención integral. Respecto a la logística de distribución de ayuda humanitaria, las autoridades coordinaron el reparto de 9.603 toneladas de alimentos y el suministro de 8.322.853 litros de agua potable. Los servicios sanitarios registran 25.970 pacientes atendidos en las jornadas de salud.

El Presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, es el encargado del Estado Mayor para la Creación de Campamentos Transitorios y Planificación de Construcción de Viviendas.
Los números que hablan de las víctimas, los de los daños, son números que pasarán dolorosamente a la historia, al igual que los números de una asistencia que podría haber sido mucho más rápida y contundente, si Venezuela no siguiera siendo víctima de las 1.040 sanciones económicas.
[i] El «Cero contra por cero» (también conocido como «Cero contra pulcero») es un juego tradicional venezolano. Un participante se agacha mirando al suelo, mientras los demás saltan sobre él recitando frases rimadas del 1 al 10. El jugador que se equivoque, pierda el equilibrio o caiga, toma el lugar del agachado
Autor: teleSUR Ricardo Pose
Fuente: teleSUR




