Casi el doble de estadounidenses vota contra Trump
Antes del segundo mandato de Trump, los estadounidenses confiaban más en la economía republicana. Hoy el tema está empatado, y las primarias demócratas de agosto mostraron a un partido dividido, con grupos proisraelíes que gastaron millones para inclinar el resultado sin lograrlo siempre.
Las primeras cifras nacionales desde el regreso de Trump a la Casa Blanca muestran a un electorado que concibe la elección de noviembre, ante todo, como un juicio a su gestión. Foto: EFE
7 de agosto de 2026 Hora: 11:10
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Estados Unidos vota en noviembre para renovar completa la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, la primera elección nacional desde que Donald Trump volvió a la presidencia. Antes de esa fecha, cada partido escoge a sus candidatos en una votación previa, la primaria, que se celebra estado por estado durante meses. Las de agosto dejaron una imagen incómoda para los demócratas. Ganaron una nominación clave pese a una campaña millonaria en su contra, y perdieron otra frente al mismo dinero proisraelí.
Abdul El-Sayed ganó el martes la primaria demócrata al Senado por Michigan. Es médico y un progresista respaldado por Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez. Hizo campaña sobre el costo de vida, sobre Medicare para todos, la propuesta que universalizaría la cobertura pública de salud, y sobre reducir la ayuda militar de Estados Unidos a Israel. Su rival republicano de noviembre, el exdiputado Mike Rogers, respondió que esas políticas volverían al estado menos asequible.
Antes del segundo mandato de Donald Trump, los estadounidenses coincidían más con el Partido Republicano que con el demócrata en política económica. Una encuesta de Pew realizada en julio sobre 3.554 adultos registró un empate. El 37% se identifica hoy con la propuesta económica demócrata y el 36% con la republicana, y el costo de vida encabeza lo que el electorado quiere escuchar.

Ese malestar no se queda en el costo de vida. El 42% de los votantes concibe su papeleta de noviembre como un voto contra Trump y el 22% como un voto a favor. Los demócratas aventajan 43 a 37 en preferencia de candidato al Congreso, y el 70% de su base considera que importa mucho quién controle las cámaras, frente al 60% del lado republicano. En 2022, con Joe Biden en la Casa Blanca, esa ventaja de movilización pertenecía a los republicanos.
El dinero proisraelí en las primarias
Comités externos gastaron 70 millones de dólares contra El-Sayed y el margen final fue de catorce mil votos, alrededor de un punto porcentual. Superó a Haley Stevens, una diputada que apoyó su campaña en la experiencia legislativa y en la industria manufacturera de Michigan y que reconoció la derrota el miércoles por la mañana.
Más de treinta y dos millones de ese total salieron de AIPAC, el principal grupo de presión proisraelí en Washington. La organización es estadounidense y no compite como partido. Paga para que un demócrata derrote a otro dentro de las primarias. Su presidente describió a El-Sayed como un candidato ferozmente antiisraelí y evitó aclarar si gastará contra él en la elección general.
???? El "dinero oscuro" reemplaza los sobornos en Estados Unidos
— teleSUR TV (@teleSURtv) August 6, 2026
???? Académicos y organizaciones de transparencia denuncian que la corrupción política en Estados Unidos mutó de los sobornos clandestinos al poder del dinero privado ejercido por vías plenamente legales.… pic.twitter.com/CnpBoCtybP
El mismo tipo de dinero funcionó del otro lado. Cori Bush, exdiputada y una de las voces más visibles del ala izquierda, perdió esa misma noche por 22 puntos la primaria por su antiguo escaño en la Cámara de Representantes, en Misuri. La derrotó el legislador que se lo había arrebatado dos años antes, con apoyo de grupos proisraelíes y de la cúpula demócrata en esa cámara.
Bush apostó a que el desgaste de la opinión pública sobre Israel moviera el voto a su favor, pero el electorado prefirió a quien ya ocupaba el escaño.
Una encuesta de la Facultad de Derecho de Marquette ubicó en 55% a los adultos con opinión desfavorable hacia Israel, frente al 43% de marzo de 2025. Los grupos proisraelíes perdieron esa noche en un estado y ganaron por margen amplio en otro. Los resultados no permiten separar cuánto pesó Gaza y cuánto el arraigo local, la maquinaria partidaria o el perfil de cada candidato.
La representación demócrata
Los ganadores demócratas de este año no son radicales, sostiene el politólogo David C. Barker, sino candidatos de perfil obrero que centran su campaña en la economía y no en las banderas culturales del inicio de la década. Entre ellos figuran un bombero en Pensilvania, un obrero metalúrgico en Ohio y un exbrigadista forestal en Montana. En Maine, un ostricultor superó por más de cincuenta puntos a una gobernadora en ejercicio que ya había suspendido su campaña.

Dos candidatos demócratas de perfiles opuestos, uno hijo de inmigrantes mexicanos en California y otro nieto de un pastor bautista en Texas, repiten la misma frase. La pelea real no ocurre entre izquierda y derecha, dicen, sino entre los de arriba y los de abajo, subraya Barker.
La base del partido cuenta otra historia. La consulta de CNN hecha en julio sobre 1.225 adultos encontró que cerca de un tercio de los demócratas y simpatizantes se identifican como socialistas democráticos. Ese sector es más joven que el resto, gana menos de cien mil dólares al año en un 76% y no terminó una carrera universitaria en un 66%. Casi la mitad respaldaría con entusiasmo a un candidato dispuesto a recortar la ayuda a Israel, contra uno de cada cinco entre los demás demócratas.

La organización que agrupa a esa corriente anunció 120.000 afiliados, por encima del récord que el Partido Socialista alcanzó hace un siglo. Para Barker, las encuestas nacionales muestran una preferencia centrista. El sondeo de CNN, en cambio, describe a un tercio del electorado que pide un giro a la izquierda y llega a la elección con más motivación que el promedio. Ninguna de las dos mediciones anula a la otra.
Los respaldos de Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez acumulan casi tantas derrotas como victorias, advierte el mismo politólogo. Los triunfos ocurrieron sobre todo en bastiones progresistas y parte de ellos obedece al dinero temprano de redes nacionales de donantes.
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Al día siguiente, Trump llamó comunista perdedor a El-Sayed, el mismo rótulo que aplica a otros progresistas desde hace años, y celebró su victoria como una buena noticia para el Partido Republicano. Los republicanos ya trabajan para desmontar el perfil obrero de esos candidatos, y el ostricultor de Maine enfrenta preguntas por su paso por un internado de élite. Si esas biografías resisten el escrutinio, el discurso económico rendirá en noviembre. Si ceden, la oposición tendrá el juego a su favor.
Lo que se decide antes de votar
Los mapas legislativos suelen redibujarse una sola vez por década, después de cada censo. Las legislaturas estatales en manos republicanas rompieron esa norma este año y los redibujaron a mitad de camino, en varios estados.
El método no toca ni un voto, por el contrario, concentra a los votantes opositores en pocos distritos, o los reparte entre muchos, y el mismo electorado llega a producir un resultado distinto. En Misuri aplicaron esa fórmula sobre un distrito que representaba un legislador demócrata. Lo rediseñaron para favorecer al republicano que Trump respalda, y ese aspirante competirá allí en noviembre.
Los demócratas probaron la misma táctica en los estados que gobiernan, para compensar esas pérdidas, y fracasaron en Virginia. El desequilibrio permite que los republicanos retengan escaños que el voto nacional no les daría.
La confianza en esas reglas también se erosionó. Pew situó en 55% a los adultos que creen que la elección de noviembre será justa y precisa, el registro más bajo de los cuatro ciclos que midió desde 2020. Entre los demócratas la caída resulta abrupta, de 81% en 2022 a 58% hoy, mientras los republicanos subieron de 46% a 55%.
Nueve de cada diez estadounidenses consideran importante que ningún votante habilitado quede fuera, y ahí los dos partidos coinciden. Discrepan al juzgar si eso ocurre. El 77% de los republicanos afirma que el sistema lo cumple, contra el 61% de los demócratas.
Los republicanos conservan el mapa y perdieron el terreno donde solían ganar. Los demócratas aventajan en las encuestas y discuten quiénes los representan. El nombre que más mueve la boleta de noviembre es todavía el de un presidente que no aparece en ella.
Autor: teleSUR: Daniel Ruiz Bracamonte - JDO
Fuente: Pew - ABC - CNN




