Coordinador residente de ONU en Cuba: necesitamos combustible ahora para salvar vidas
Al testimonio del funcionario ONU, quien alerta de que el coste más grave del golpe energético «se mide en salud», se suma el de una doctora sobre el peso del bloqueo de EE.UU. en la oncopediatría en Cuba.
La doctora Mariuska Forteza Sáez, jefa de la sala de Oncopediatría del Instituto Nacional de Oncología y Radiología, atendiendo a uno de sus pacientes. El bloqueo de EE.UU. también golpea la atención a niños cubanos con cáncer. Foto: Cubadebate.
30 de abril de 2026 Hora: 17:04
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Con el bloqueo estadounidense que ha interrumpido el suministro de petróleo a Cuba, el sistema sanitario está gravemente afectado, se ha perdido el acceso al agua potable y los bebés están en peligro, escribió este jueves en The Guardian el coordinador residente de Naciones Unidas en la isla, Francisco Piñón.
Piñón, cuyo trabajo es muy cercano a la realidad diaria en el país caribeño y a la coordinación y ejecución de proyectos humanitarios y de desarrollo en ese contexto, alerta de que «tras varios meses de profunda crisis energética en Cuba, las consecuencias ya no son abstractas: se hacen patentes en el ritmo de la vida cotidiana».
El testimonio que expone el coordinador residente de Naciones Unidas habla de calles que quedan en silencio antes de que anochezca, hospitales que reducen sus operaciones, pequeños negocios que cierran por falta de suministros y «cansancio en los rostros de la gente tras largas noches sin electricidad».
Pero –precisa- «el coste más grave no sé mide en molestias, sino en salud».
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Además de miles de cirugías pospuestas en todo el país, refiere que las embarazadas «enfrentan dificultades para acceder a la atención prenatal» y «los recién nacidos que dependen de incubadoras o respiradores corren peligro cuando se interrumpe el suministro eléctrico».
Los pacientes sometidos a diálisis o a tratamiento oncológico, o que padecen enfermedades crónicas, «dependen de la electricidad no como una comodidad, sino como un elemento vital», recuerda Piñón y subraya que el acceso al combustible «sigue siendo un factor determinante para que la acción humanitaria pueda llevarse a cabo».
El funcionario de Naciones Unidas señala que médicos y enfermeros se esfuerzan por mantener funcionando el sistema de salud «en condiciones que supondrían un desafío para la atención médica en cualquier lugar», mientras los pacientes «esperan con incertidumbre, buscando una fecha para reanudar su tratamiento, como si la enfermedad pudiera suspenderse».
La fragilidad económica general de Cuba —explica el coordinador residente—, marcada por las crecientes restricciones externas y los limitados recursos internos, se ha agravado por esta crisis energética que ha llevado a máximos el bloqueo petrolero impuesto desde finales de enero por la Administración Trump.
«Sus efectos se extienden a todos los sistemas que sustentan la vida», subraya.
Piñón recuerda que un hospital necesita no solo luz, sino «agua potable para las salas y quirófanos, servicios de alimentación que funcionen correctamente, combustible para las ambulancias y transporte fiable para pacientes y personal».
«Cuando el suministro de energía falla, cada uno de estos sistemas empieza a fallar sucesivamente», afirma y advierte que las necesidades humanitarias en Cuba «siguen siendo agudas y persistentes. No se resuelven con los limitados envíos de combustible desde el extranjero».
Reconoce que, si bien cualquier suministro adicional puede brindar un alivio temporal, es insuficiente y no aborda las limitaciones estructurales que afectan a los sectores esenciales.
«Detrás de cada estadística hay familias cuya resiliencia se pone a prueba a diario», dice, recordando la incidencia de las restricciones energéticas en otros servicios vitales como el de agua, «en un país donde la mayoría de los sistemas de bombeo dependen de la electricidad».
«No se trata de una cuestión política. Es una cuestión humana», sostiene Piñón. «Ningún obstáculo debe impedir el derecho de toda persona a una vida digna, basada en el acceso a la atención médica, el agua y los servicios esenciales. Los principios de la Carta de las Naciones Unidas existen precisamente para momentos como este».
Recalca que la acción humanitaria debe ser urgente y clara. «Cuando hay vidas en juego, el tiempo no es un lujo: es la diferencia entre la atención y la negligencia, entre la recuperación y el deterioro. Y se está agotando».
Oncología pediátrica: «Tenemos conocimientos y voluntad, pero cada día es más difícil»
En una reciente publicación en redes sociales, luego replicada por medios de prensa, Mariuska Forteza Sáez, jefa del servicio de oncopediatría en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR), en La Habana, dijo que cada año unos 400 niños y adolescentes cubanos son diagnosticados con cáncer y viven en Cuba alrededor de 1.400 con esa enfermedad.
«Todo nuestro empeño se centra en brindar una atención especializada para lograr control de la enfermedad, y tenemos los conocimientos y la voluntad para ello, pero cada día eso se hace más difícil», afirmó.
La especialista señaló que sus colegas luchan diariamente con la falta de medicamentos idóneos en el momento idóneo para atender cualquier enfermedad.
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«Es terrible y algo que se viene acentuando cada vez más. Pero cuando se trata del cáncer, cada minuto cuenta y es decisivo en el propósito de salvar vidas y proteger la felicidad de las familias cubanas que pasan por una situación así. A las carencias de medicamentos se suman las roturas de equipos: un diagnóstico oportuno también salva vidas al permitir tomar las mejores decisiones con el esquema de tratamiento», explicó.
Según la jefa del servicio de oncopediatría en el INOR, la suma de todas esas dificultades «ha provocado el descenso de la supervivencia de nuestros niños con cáncer».
Recordó que «antes llegamos a sobrepasar el 75%, un comportamiento similar a los países desarrollados, sin serlo, y ahora es del 65%. Hemos bajado 10%. No son cifras de producción de algo material o de cualquier otra índole, son seres humanos, niños que no pudieron disfrutar de la vida. Los perdimos, pudiéndolo evitar. Duele».
Forteza Sáez dijo que «no somos superhéroes, somos seres humanos, también. Tenemos familia y desafíos con la alimentación, la ropa y el calzado de nuestros hijos, con las meriendas para la escuela, un tormento diario, con la electricidad, con el transporte, con los precios que suben y los salarios no», pero a la vez describió cuánto hace el personal médico ante la situación.
«Pese a todo mi sala es bella, las cocineras traen cebollas y ajos de sus casas para mejorar la comida. Ellas también hacen mucho por que nuestros niños estén mejor, todos. Son historias tan anónimas como cotidianas», algo más importante aún cuando niños y acompañantes vienen a veces de otras provincias, no de la capital, y deben pasar largos periodos en la sala de oncología.
La especialista apuntó que el «descenso de la supervivencia de nuestros niños con cáncer se corresponde con exactitud asombrosa con los años más duros para Cuba, con las medidas de asfixia que se han venido incrementando».
Ahora —relató— es el cerco energético. «Sin electricidad ni transporte no es posible brindar asistencia médica. En nombre de nada puede afectarse la vida de un niño. Los médicos no hacemos milagros. Se necesita una infraestructura, recursos, medicinas, combustible. Voluntad existe, también conocimientos y personas dispuestas, pese a todo».
Mencionó la llegada de un barco ruso con 100.000 toneladas de combustible semanas atrás, cuando Cuba hacía más de tres meses no recibía petróleo debido al bloqueo energético de Trump.
«Seguíamos cada noticia, o cada falsa noticia en las redes sociales sobre su travesía hasta Cuba. Todos sentimos orgullo de que Cuba no esté sola, no estén solos nuestros niños con cáncer. Pero un barco, dos, tres, no bastan. Se necesita mucho más», escribió la doctora.
«Los médicos no hacemos milagros, aunque cada día acá puede considerarse un milagro sostenido por mucha gente, por las familias, por quienes contribuyen a la atención médica de maneras muy diversas», dijo y concluyó: «Dejo las palabras y vuelvo a la batalla diaria por la vida de cada uno de los niños con cáncer que tengo en mi sala. Ellos siempre son la prioridad».
Según cifras de 2025, expuestas en el informe cubano a la Asamblea General sobre el bloqueo económico, comercial y financiero de EE.UU., que hoy es también energético, 25 días de bloqueo equivalen al financiamiento requerido para cubrir las necesidades del cuadro básico de medicamentos de Cuba durante un año (más de 339 millones de dólares).
Nueve días de bloqueo equivalen al financiamiento requerido para importar el material gastable médico (jeringuillas, gazas, suturas, reactivos) durante un año (unos 129 millones de dólares), y 21 horas de bloqueo equivalen al costo de la adquisición de la insulina necesaria para los pacientes diabéticos durante un año (unos 12 millones de dólares).
Autor: teleSUR - DE
Fuente: The Guardian - Cubadebate




