El costo económico del genocidio en Gaza: cifras que acompañan la devastación
La pregunta que subyace no es únicamente cuánto cuesta la guerra, sino quién paga finalmente la factura moral, política y económica de una devastación de esta magnitud.
Israel, con la complicidad de EE.UU., ha invertido miles de millones invertidos en armamento, movilización y operaciones que han devastado un territorio densamente poblado y sitiado. Foto: EFE
19 de febrero de 2026 Hora: 15:13
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Desde octubre de 2023, la ofensiva israelí contra Gaza no solo ha dejado una estela de destrucción humana y material, sino que ha implicado un despliegue masivo de recursos financieros destinados a sostener una campaña militar que ha arrasado infraestructura civil, instituciones y barrios enteros.
Las cifras oficiales del Bank of Israel sitúan el costo económico total en 352.000 millones de shekels (112.000 millones de dólares). Detrás de esa cifra contable hay una realidad política: miles de millones invertidos en armamento, movilización y operaciones que han devastado un territorio densamente poblado y sitiado.
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De ese total, 243.000 millones de shekels (77.000 millones de dólares) corresponden a gastos directos de defensa. Se trata de recursos destinados a financiar bombardeos, operaciones terrestres, sistemas de intercepción y logística militar. Otros 33.000 millones de shekels (10.500 millones de dólares) cubren compensaciones fiscales por daños internos, mientras que 57.000 millones de shekels (18.000 millones de dólares) se orientan a desembolsos civiles vinculados al conflicto.
El exasesor económico militar Gil Pinchas estimó que solo la guerra en Gaza representaba, a inicios de 2025, 150.000 millones de shekels (48.000 millones de dólares), con un ritmo de gasto de 96 millones de dólares diarios. Es decir, cada jornada de ofensiva implicaba decenas de millones invertidos en sostener una campaña que, según múltiples organismos internacionales, ha provocado 72.069 palestinos asesinados, 171.728 heridos y una catástrofe humanitaria.
Municiones y destrucción sistemática
El gasto en armamento es uno de los aspectos menos transparentes. Pinchas reconoció que Israel ha destinado 340.000 millones de shekels (108.000 millones de dólares) a la adquisición de municiones y equipos desde el inicio del conflicto, aunque no todo haya sido empleado exclusivamente en Gaza.
Cada misil lanzado, cada bomba guiada, cada proyectil interceptado tiene un costo unitario elevado. Según estimaciones citadas por The Wall Street Journal, en otros frentes regionales algunos misiles interceptores pueden costar hasta 4 millones de dólares por unidad. Cuando se multiplican por cientos de lanzamientos diarios, el volumen de gasto adquiere una dimensión industrial.
La ofensiva contra sistemas de comunicación vinculados a Hezbollah en 2024 habría implicado cerca de 318 millones de dólares adicionales. Todo ello forma parte de un engranaje militar ampliado que no se limita al enclave palestino.
El costo humano convertido en balance fiscal
La movilización masiva de reservistas ha implicado un impacto directo en la economía israelí. Más de 300.000 reservistas fueron desplegados durante el primer año de guerra, además de 170.000 efectivos activos. El Ministerio de Finanzas estima que 22.300 millones de dólares se han destinado exclusivamente a fuerzas de reserva.
El propio banco central calcula que cada mes de servicio de un reservista supone una pérdida de productividad equivalente a unos 12.100 dólares. En conjunto, el país ha asumido no solo el costo del armamento, sino también el de una economía parcialmente subordinada a la lógica bélica.
El diario israelí Haaretz proyecta que, en la próxima década, el costo acumulado podría alcanzar 159.000 millones de dólares, consolidando un modelo presupuestario marcado por la militarización prolongada.
Estados Unidos: el Sugar Daddy de Tel Aviv
La dimensión internacional del conflicto es inseparable del apoyo estadounidense. El informe “Costs of War” de la Brown University señala que Washington ha proporcionado 21.700 millones de dólares en ayuda militar directa a Israel desde octubre de 2023.
A ello se suman entre 9.650 y 12.070 millones de dólares en operaciones regionales vinculadas a la defensa de intereses estratégicos asociados. En total, el compromiso financiero estadounidense supera los 31.000 millones de dólares.
En términos prácticos, el contribuyente estadounidense ha financiado una parte sustancial de la capacidad operativa que sostiene la ofensiva.
Mientras Israel contabiliza miles de millones invertidos en la guerra, la reconstrucción de Gaza requerirá —según estimaciones de Naciones Unidas— al menos 70.000 millones de dólares y varias décadas de trabajo.
La ONU ha advertido que las operaciones militares han socavado “todos los pilares de supervivencia” del enclave, donde 2,3 millones de personas enfrentan empobrecimiento extremo, destrucción masiva de viviendas, colapso sanitario y crisis alimentaria.
Las cifras revelan un contraste brutal. Por un lado, una maquinaria estatal capaz de movilizar más de 100.000 millones de dólares para sostener una campaña militar prolongada. Por otro, un territorio reducido a escombros, cuya reconstrucción exigirá recursos internacionales y voluntad política que aún no se vislumbran.
El costo económico no es solo un dato contable: es la expresión financiera de una estrategia militar que ha dejado consecuencias humanas y materiales de alcance histórico. La pregunta que subyace no es únicamente cuánto cuesta la guerra, sino quién paga finalmente la factura moral, política y económica de una devastación de esta magnitud.
Autor: teleSUR: cc - JDO
Fuente: Agencias




