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Los niños ondean banderas palestinas frente a las fuerzas de seguridad israelíes en protesta contra los asentamientos judíos cerca de la aldea cisjordana de Burin el 2 de febrero de 2013.

Los niños ondean banderas palestinas frente a las fuerzas de seguridad israelíes en protesta contra los asentamientos judíos cerca de la aldea cisjordana de Burin el 2 de febrero de 2013. | Foto: ARP

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Cuando los medios de comunicación ocultan los crímenes de Israel como ocupante o igualan su brutalidad con la resistencia palestina no están haciendo una cobertura objetiva.

El 3 de octubre, decenas de colonos judíos atacaron la aldea palestina de Burin al suroeste de Naplusa, en el norte de Cisjordania ocupada. Algunos estaban armados con pistolas y otros con rocas y bombas incendiarias, y merodeaban el pueblo cantando insultos racistas contra los palestinos y pidiendo venganza.

Respaldados por el ejército de ocupación israelí, los colonos prendieron fuego a decenas de olivos pertenecientes a los aldeanos de Burin, poco antes del inicio de la temporada de cosecha, justo el momento más importante del año para muchos de los habitantes del pueblo. Mientras tanto, las fuerzas de ocupación israelíes dispararon granadas de aturdimiento y gases lacrimógenos sobre los habitantes del pueblo, mientras proporcionaban apoyo a los colonos.

El ataque del sábado fue el segundo en tres días que sufrió Burin. El ataque anterior del jueves, también vio a colonos judíos, bajo la protección del ejército israelí, alborotando a través de Burin, quemando los árboles de olivo y atacando casas y propiedades palestinas. El pueblo, con una población de poco más de 3 mil personas estableció comités populares para defenderse en caso de nuevos ataques de los colonos, con la ayuda de algunos pueblos palestinos vecinos.

Zaid al-Imran Burini, residente de Burin, dice que su pueblo es un blanco constante de ataques y hostigamiento por parte de colonos y militares israelíes. El pueblo está rodeado de cuatro colonias sólo para judíos ilegales, construidos en tierras confiscadas con violencia a los residentes de Burin. El relativo aislamiento de la aldea de otras ciudades palestinas la hace aún más vulnerable a los ataques de los colonos y el ejército.

El asalto a Burin y otros pueblos de la zona de Nablus se produjo enseguida de la muerte a tiros de dos colonos israelíes, asesinados por hombres armados palestinos mientras viajaban en coche entre los asentamientos judíos ilegales de Itamar y Elon Moreh. Los hombres armados palestinos, a quienes el ejército israelí afirmó haber detenido el lunes, mataron a tiros a la pareja de adultos pero dejaron a sus cuatro hijos ilesos.

Mientras que los asesinatos de la pareja de colonos israelíes capturaron los titulares de los medios, los ataques posteriores contra los palestinos, eufemísticamente llamados, operaciones "etiquetas de precio", brillaron por su ausencia y en gran medida fueron eclipsados por el apuñalamiento de dos colonos israelíes en la zona ocupada de la ciudad vieja de Jerusalén.

El enfoque frenético de los principales medios de comunicación por el asesinato de los colonos israelíes en Nablus y Jerusalén se encuentra enmarcado contraste con la cobertura prácticamente inexistente del castigo colectivo de Israel, ataques de venganza y violencia cotidiana contra los palestinos en Jerusalén Oriental ocupada y en Cisjordania. Esto, sin embargo, está lejos de ser una anomalía. Cuando tres adolescentes colonos israelíes fueron secuestrados y asesinados en Cisjordania en junio de 2014, su secuestro fue utilizado por el ejército israelí como pretexto para llevar a cabo detenciones masivas contra los palestinos y poner toda la gobernación de Hebrón en estado de sitio. Mientras los tres adolescentes muertos continuaron dominando los titulares, apenas se mencionó la historia sobre los cientos de miles de palestinos que fueron sometidos al terror y castigo colectivo por Israel durante semanas.

Para los medios de comunicación, la "escalada" siempre parece comenzar con la muerte de un israelí, mientras que el robo de todos los días y la colonización de la tierra palestina, las redadas nocturnas regulares en las aldeas palestinas y las innumerables restricciones impuestas a los palestinos son tratados como "relativa calma"o"un día normal". Sólo los ataques más brutales contra los palestinos, como la quema del adolescente palestino Muhammad Abu Khudayr o el asesinato del bebé Ali Dawabsha y sus padres, merecen algún tipo de cobertura. Pero incluso entonces, los crímenes son descritos como "actos extremistas" perpetrados por colonos, más que el resultado del terror patrocinado por el Estado.

La violencia palestina, una respuesta legítima e inevitable a los colonos y el colonialismo de Israel, a menudo es descontextualizada y tratada como una cadena en este interminable ciclo de violencia sin sentido. En ninguna parte de los principales medios de comunicación Occidentales se mencionó, por ejemplo, que los dos colonos israelíes que fueron asesinados en realidad estaban viviendo en tierra palestina robada y que su presencia no era legal, incluso de acuerdo al derecho internacional. La quema hasta la muerte del bebé Ali Dawabsha y sus padres, que llevaron a cabo los colonos que residen en la zona de Naplusa, fue olvidada rápidamente, como el hecho de que los autores gozan de total impunidad.

También fue apenas señalado que el asesinato de los colonos israelíes provocó una ola de castigo colectivo por parte del ejército israelí y ataques por venganza de los colonos. Falta en esta ecuación las voces de los pobladores del área de Nablus, que no sólo tenían que aguantar la escalada de las redadas y restricciones israelíes, sino que también tuvieron que resistir con modestos medios la destrucción de sus árboles de olivo, que es su principal fuente de sustento. El impacto de estos ataques contra los palestinos y la violencia invisible que a veces ejerce Israel, rara vez se discuten. Cualquier violencia contra los israelíes se convierte instantáneamente en la historia principal, mientras que el sufrimiento de millones de palestinos bajo la ocupación militar de Israel no es más que una nota de pie de página.

En el mejor de los casos, se puede encontrar que culpan a "las dos partes" por una escalada de violencia que tiene lugar en Palestina.

Sin embargo, ocultando los crímenes del ocupante o igualando su brutalidad con la resistencia de los palestinos oprimidos no constituye una representación objetiva de la realidad en Palestina.

Hablando de "dos caras" y culpando de la misma forma a los dos lados son ejemplos de cómo la neutralidad aparente de los medios de comunicación resulta ser completamente sesgada y totalmente a favor de Israel.

Una cobertura objetiva y equilibrada de los acontecimientos en Palestina no significa dibujar la paridad entre un estado de asentamientos colonialistas, que posee uno de los aparatos militares más fuertes del mundo, con los palestinos, que practican su derecho legítimo a resistir esta ocupación.

Mientras voces palestinas sean marginadas de los medios y mientras que Israel y los palestinos sean considerados iguales bajo la jerga de neutralidad, la cobertura de Palestina seguirá siendo muy deficiente y parcial.

Importante-→ Budour Youssef Hassan es un escritor palestino y abogado graduado que vive en Jerusalén ocupada. Twitter: @Budour48


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