El espejo de Siria

La intervención activa de Rusia en el conflicto bélico en Siria ha conmovido la geopolítica mundial. Con el acuerdo de Siria, Irak, Irán, Hezbollá y representantes kurdos, la Federación Rusa ha dejado en ridículo, al menos por ahora, la oposición de EE.UU., Europa y las monarquías del Golfo.

Tanto el Estado Islámico como Al Qaeda y en general la inversión en grupos armados en Oriente Medio han resultado muy funcionales a los intereses de la OTAN, de acuerdo al plan estratégico de EE.UU.

En pocos días, la armada y la aviación rusas causaron severos daños al denominado Estado Islámico y al Frente Al Nusra, la formación de la red Al Qaeda en Siria. Estos son, supuestamente, los objetivos de los ataques que desde hace más de un año viene llevando a cabo la coalición liderada por EEUU, en la que también participan Francia, Gran Bretaña, Australia, Canadá, Arabia Saudita, Qatar, Jordania y Turquía, entre otros países.

La situación pone en evidencia el rol del bloque conducido por el imperialismo norteamericano en la región. Más en general, el panorama en Siria obliga a los habitantes de América Latina y el Caribe a mirarnos en un espejo que a primera vista puede parecer lejano, pero que observado con un poco más de detenimiento, tiene mucho para decirnos en cuanto a elementos comunes.

Desde hace cuatro años se desarrolla en este país un conflicto bélico que pinta -como pocos eventos- los cambios en la doctrina de la guerra y también el paso de un mundo unipolar a uno pluripolar, con la ratificación de Rusia como actor principal, por poderío militar y por audacia estratégica, ganándose un lugar contra EE.UU., en un clima de por sí muy enrarecido y con el telón de fondo de la guerra mundial por los recursos, el comercio y las finanzas.

Los participantes en la guerra en Siria son múltiples: el gobierno sirio, diversas fuerzas de oposición, países extranjeros, tanto de la región como de otros continentes. Pero el grueso de la violencia se desarrolla en y sobre la sociedad civil: el pueblo sirio, que pone a su costo más de 250 mil personas asesinadas, seis millones y medio de desplazados y más de tres millones de refugiados.

La postal de niñas y niños ahogados en el mediterráneo, intentando entrar a Europa, es sólo la foto más revulsiva de una situación de extremo cinismo: los países civilizados regatean la cantidad de inmigrantes forzados que aceptarán sus sociedades, apenas algunas decenas de miles de los desplazados de la región que contribuyeron a destrozar.

La historia de la expansión de EE.UU. por el mundo desmiente el discurso de paz, libertad y derechos humanos que encabeza la misión autoasignada por el imperio. En marzo de 2007, el general norteamericano Wesley Clark -quien fuera comandante de la OTAN durante el desmembramiento de Yugoslavia- declaró en una entrevista con Amy Goodman que poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando comenzaba la invasión a Afganistán, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld tenía un memorándum con los próximos siete países a ser invadidos en los próximos años: Irak, Siria, Libano, Libia, Somalía, Sudán “y para terminar, Irán”.

Tanto el Estado Islámico como Al Qaeda y en general la inversión en grupos armados en Oriente Medio han resultado muy funcionales a los intereses de la OTAN, de acuerdo al plan estratégico de EE.UU.

Catorce años después del comienzo de la “guerra contra el terrorismo” del Pentágono, la región que va desde el norte de África hasta el Golfo Pérsico, de enorme riqueza, se ha convertido en un infierno para los pueblos que la habitan y en un paraíso para quienes dirigen la industria de la guerra.

En primer lugar, el complejo militar industrial de EE.UU., formado por las fuerzas militares y de inteligencia junto a las fábricas de armas y equipos. Luego, los señores de la guerra que controlan los diversos territorios; las empresas de mercenarios (llamados ​“contratistas”) que proveen mano de obra especializada -en muchos casos proveniente de América Latina-; los traficantes de armas e influencias y todo tipo de emprendedores interesados en la continuidad del negocio, que les da a los ocupantes el uso y el goce del petróleo.

Se trata de la utilización de todos los dispositivos pacíficos al servicio de la guerra: las instancias político diplomáticas, los medios de comunicación, los think tanks y las ONG, articulados con el Pentágono, el Departamento de Estado y la OTAN. Una guerra principalmente no convencional que, esencialmente, es por los bienes naturales.

La guerra y la paz

América Latina y el Caribe es un territorio repleto de recursos estratégicos: la mayor reserva de petróleo, en la Faja del Orinoco; el pulmón del planeta en el Amazonas, la fuente con mayor capacidad de recarga de agua del mundo, el Acuífero Guaraní. La mitad de la reserva de biodiversidad mundial, el 40% de los recursos mineros y un sinfín de bienes de la naturaleza, comunes a los pueblos, que el capitalismo ansía privatizar y poner bajo su control por su valor económico y geopolítico.

Al igual que en Ucrania y en Libia, en Siria la guerra comenzó a partir de las protestas guionadas por Gene Sharp, agente de la CIA y mentor de las Revoluciones de Colores, autodenominadas pacíficas pero con las consecuencias que ya se conocen. Con sus particularidades caribeñas y sudamericanas, en esta senda se encuentra desde hace rato la derecha en Venezuela, donde la combinación diplomacia internacional, ONG, paramilitarismo y partidos políticos aparece al desnudo casi cotidianamente, siempre respaldada por EEUU, el Reino de España y las derechas locales.

A partir de las luchas de los pueblos del continente, un largo proceso de unidad latinoamericana y caribeña fue reactivado a principios de este siglo. Este impulso, con sus diversas y complejas mediaciones efectivas, construyó el ALBA, derrotó el ALCA en noviembre de 2005 y luego concretó la Unasur y la CELAC como alternativas a la gobernanza de la OEA.

La posibilidad de debatir los conflictos en estos nuevos ámbitos ha sido clave, en estos años, para ponerle límites a la injerencia norteamericana. En el año 2013, América Latina y el Caribe fue declarada por la CELAC como una zona de paz y de integración. Pese a eso, más de 75 bases militares han sido relevadas en nuestra región, que en 2008 comenzó a ser nuevamente patrullada por la Cuarta Flota de los EEUU.

​En estos momentos, se trata de un cambio estratégico operacional de la injerencia norteamericana. El campo de batalla es difuso en la guerra de cuarta generación: aunque bajo control militar en última instancia, el ataque (y la defensa) es integral y se realiza al interior de la sociedad civil, en todos los planos.

Además de las batallas más inmediatas, la decisión de impulsar el debate sobre una nueva doctrina de defensa para los pueblos de América, basada en la soberanía, en la integración y en la participación popular, y a nivel institucional, ​el desarrollo de iniciativas como la Escuela de Defensa del ALBA o el Consejo de Defensa de la Unasur,​ pasan a cobrar una urgencia cada vez mayor para los pueblos de Sur América, el botín en disputa en el próximo período.

Fuente: http://notas.org.ar/2015/10/16/espejo-siria-america-latina/


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Perfil del Bloguero
Periodista argentino. Corresponsal en Caracas de Notas – Periodismo Popular y colaborador en otros medios de comunicación. Sus textos y fotografías se han publicado en periódicos, revistas y sitios web de América Latina y Europa. Desde enero de 2013 hasta abril de 2014 fue productor y editor de noticias en ALBA TV. Actualmente, además de la corresponsalía en Notas.org.ar, integra el equipo de comunicación de ALBA movimientos y participa en el proyecto "Crónica de Comunas".
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