Bajo el ala de EEUU: El gobierno de Macri en el tablero internacional

El cambio de gobierno en Argentina ha significado un giro en la política exterior, con implicancias de alcance regional. El macrismo se propone como el peón ideal para reconducir el Mercosur hacia la OEA, el Pentágono y el libre comercio.

Bajo el ala de EEUU: El gobierno de Macri en el tablero internacional

El PRO, como experiencia política nueva, distinta a los partidos políticos tradicionales, es parte de una generación de partidos de laboratorio en América Latina, con sólidos vínculos con ONGs, medios privados de comunicación, grandes empresas y diplomáticos norteamericanos.

La aparición de Venezuela en la campaña electoral de cara al 22 de noviembre ilustraba el rol que jugaría el gobierno de Mauricio Macri en política exterior. “Abrirse al mundo” y reorientar las relaciones hacia “las alianzas tradicionales” implican el retorno a las relaciones carnales, con los mismos objetivos pero bajo una nueva doctrina político militar de EEUU.

​Esto se evidenció con la designación de Susana Malcorra, protegida y aliada de EEUU en la ONU, como ministra de Relaciones Exteriores. Meses más tarde, el gobierno argentino inició una campaña para instalarla como candidata a la Secretaría General de la Organización de Naciones Unidas. 

A pocos días de asumir, Macri jugó un rol clave en la reunión de Mercosur. Allí planteó dos cuestiones: renovar y volver a concentrar el fuego diplomático sobre Venezuela y acelerar el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, que en estos momentos se encuentra en fase de cierre de negociación, sin ningún tipo de debate público.

En un plano más general, el gobierno argentino no oculta su desesperación por cerrar acuerdos con empresas trasnacionales, en momentos en que las grandes compañías empujan -en secreto, junto a los tecnócratas en los gobiernos-, el Tratado de Transpacífico (TTP), el Tratado de Inversiones Acuerdo sobre Comercio de Servicios (TISA, por las siglas en inglés) y el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP). Una ingeniería legal e institucional para someter a los Estados y a los pueblos del mundo a las normas de las corporaciones. El objetivo central de estos acuerdos es cercar a los BRICS. El golpe en Brasil, saludado en primer término por el gobierno argentino, es una estocada a la alianza multipolar que construyeron China y Rusia en los últimos años, para afrontar la disputa económica con EEUU y Europa.

Volver a principio de siglo

El peso geopolítico del gigante sudamericano no pasa desapercibido para nadie. Por eso, para la política norteamericana es vital su estabilización en un gobierno de derecha. Con Brasil y Argentina a sus pies, y Macri asumiendo un perfil alto, se relegitima la conducción de EEUU “por boca de otros”. Argentina, junto al ex canciller de José “Pepe” Mujica y actual secretario general de la OEA, Luis Almagro, están llamados al centro del ring, intentando tomar cartas desde la OEA y erosionar el rol jugado hasta ahora por la Unasur y la CELAC. La ofensiva contra los países del ALBA se agudizará, intentando restaurar la situación de principios de siglo, cuando el ALCA avanzaba como el proyecto económico continental y las Cumbres de las Américas de la OEA eran la representación política del Consenso de Washington.

A nivel regional, el gobierno de Macri está en mejores condiciones que el de Temer para liderar la reorientación de América del Sur hacia el neoliberalismo. Esto implica acercarse a la Alianza del Pacífico –el bloque de México, Colombia, Perú y Chile–, como ya declaró públicamente Malcorra. En la próxima reunión, que se realizará a fines de junio en Chile, se espera la visita de Macri y el ingreso de Argentina como “observador”. Pocas semanas antes, el presidente visitará Colombia, el gran socio político y militar de EEUU e Israel en América del Sur.

Acuerdos concretos con EE.UU.

La visita de Obama al país, por otra parte, no fue sólo de felicitación y mutuo beneficio de imagen, sino de concreción de vínculos. El 23 de marzo de 2016, la cancillería argentina informó vagamente sobre la firma de acuerdos con EEUU. Con el correr de los días se fue filtrando la información a cuentagotas, naturalizándose desde los medios oficiales de comunicación. El gobierno argentino está negociando equipamiento, en particular para la Fuerza Aérea y el retorno de la cooperación militar entre el Pentágono y las Fuerzas Armadas argentinas, además de los ya anunciados convenios de capacitación y asistencia con la DEA y el FBI. Entre otros acuerdos, el FBI montará un Centro de Fusión de Inteligencia conjunta. Esto significa la injerencia directa de los organismos de inteligencia y militares norteamericanos, que ponen bajo su mando a las fuerzas argentinos.

La doctrina de seguridad norteamericana tiene como objetivo el control territorial del continente ante las “nuevas amenazas”, un enemigo difuso que puede ir desde el terrorismo y el narcotráfico hasta las catástrofes climáticas y humanitarias. Este concepto les habilita a asumir el control migratorio, de información y movimientos y la asesoría en represión interna, en el marco de la coordinación entre ambos países en temas geopolíticos de defensa y seguridad. Los casos de México, Honduras y Colombia son paradigmáticos de los efectos de esta cooperación.

A partir de este acercamiento, no hay que descartar la posibilidad de que se impulse una base norteamericana encubierta, como trascendió en las últimas semanas. Nuestro país tiene varios puntos de alto valor estratégico, desde hace años en la mira del Pentágono, como son la Triple Frontera con Brasil y Paraguay; el noroeste –límite con Bolivia– y el sur argentino.

“Queremos que la ciudad de Ushuaia se convierta en una base logística para apoyar las tareas científicas en la Antártida. Es posible avanzar en la cooperación”, dijo el viceministro de Defensa, Ángel Tello, a mediados de mayo, antes de viajar a visitar el Departamento de Defensa (el Pentágono) norteamericano.

Un enclave de este tipo jugaría un rol central en la estrategia de militarización del continente, surcado por casi un centenar de bases estadounidenses y de la OTAN (una de las cuales está localizada en las Islas Malvinas). En este contexto hay que leer la estrategia de desmalvinizar las relaciones con el Reino Unido, anunciada por el gobierno de Macri a medios de comunicación y al propio James Cameron, primer ministro británico, en el Foro de Davos 2016.

Por Fernando Vicente Prieto

​@FVicentePrieto​

Fuente: Periódico Cambio N° 41

Perfil del Bloguero
Periodista argentino. Corresponsal en Caracas de Notas – Periodismo Popular y colaborador en otros medios de comunicación. Sus textos y fotografías se han publicado en periódicos, revistas y sitios web de América Latina y Europa. Desde enero de 2013 hasta abril de 2014 fue productor y editor de noticias en ALBA TV. Actualmente, además de la corresponsalía en Notas.org.ar, integra el equipo de comunicación de ALBA movimientos y participa en el proyecto "Crónica de Comunas".
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