Yemen e Irán le cierran el paso a la guerra petrolera de Trump

Tres buques con crudo saudita cambiaron de rumbo ante la advertencia yemení. Trump amenaza con bombardear centrales eléctricas y puentes para forzar la apertura de Ormuz, mientras el Eje de la Resistencia demuestra que puede defender su soberanía.

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Petrolero cargado navegando por el mar Rojo frente a las costas de Yemen. Foto: EFE


21 de julio de 2026 Hora: 18:00

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Dos millones de barriles de crudo saudita navegaban este martes por el mar Rojo rumbo a China cuando el petrolero Xin Long Yang giró en retorno. El Rodos, con 700.000 barriles destinados a India, hizo lo mismo. Un tercer buque que debía cargar en Yanbu, el puerto saudita del mar Rojo, se devolvió antes de llegar, frente a las costas de Omán.

Los tres esquivaban la misma advertencia. Las Fuerzas Armadas yemeníes avisaron a las navieras que cualquier barco que cargue o descargue en puertos sauditas puede ser atacado en cualquier punto de su ruta. El mayor general Mohammed al-Qadri, jefe de la Defensa Costera de Yemen, precisó que la prohibición rige desde el lunes por la tarde y que Riad tiene dos caminos, levantar el bloqueo que mantiene sobre el país desde hace casi doce años o pagar un precio elevado.

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Al-Qadri lo planteó como una cuestión de equilibrio de disuasión. Yemen se convirtió en una potencia regional con capacidad militar para hacer respetar sus aguas, sostuvo, y aplicará contra la flota saudita el mismo método que aplicó contra los barcos israelíes.

Para llegar a Asia desde Yanbu hay que bajar por el mar Rojo y cruzar Bab al-Mandeb, el estrecho de 29 kilómetros que separa a Yemen de las costas africanas de Yibuti y Eritrea. Los tres capitanes eligieron la dirección contraria, subir hasta el canal de Suez, salir al Mediterráneo y rodear África. El desvío suma semanas de navegación y toneladas de combustible a una carga que ya tenía comprador.

Las primas del seguro de riesgo de guerra subieron apenas circuló el aviso yemení. El Brent superó este martes los 91 dólares por barril, después de que un proyectil alcanzara al Kaifan, un buque kuwaití, en el estrecho de Ormuz. Antes de que Estados Unidos reabriera la guerra contra Irán, el barril rondaba los 70 dólares.

El petróleo saudita llegó al mar Rojo huyendo de la misma guerra. Con Ormuz cerrado en la práctica desde finales de febrero, única salida del golfo Pérsico hacia el océano Índico, el reino empezó a bombear su crudo de un extremo a otro de su territorio por el oleoducto Petroline, unos 1.200 kilómetros desde el campo de Abqaiq hasta Yanbu.

Los embarques desde ese puerto pasaron de 973.000 barriles diarios hace un año a cuatro millones en las últimas semanas, según las consultoras Kpler y Signal Ocean, y ese salto explica por qué el tránsito de crudo por Bab al-Mandeb trepó hasta 7,4 millones de barriles diarios en junio. Riad puso su producción fuera del alcance iraní y la dejó al alcance yemení.

Entre los dos estrechos circula una cuarta parte del petróleo y el gas que consume el planeta. Los administran dos países que Washington bombardea.

Ansar Allah, el movimiento que gobierna el norte de Yemen desde 2014, resumió su decisión en tres palabras, ojo por ojo. La coalición encabezada por Arabia Saudita bombardea el país y bloquea sus puertos y aeropuertos desde 2015, y el ataque de la semana pasada contra el Aeropuerto Internacional de Saná terminó de romper el equilibrio.

El movimiento invoca el derecho a responder el bloqueo con bloqueo y toda escalada con escalada, después de casi doce años de asedio por tierra, mar y aire. Ejerce ese control sobre el tramo de mar que baña su propia costa, mientras la coalición que lo bombardea reclama libertad de navegación para su flota.

Entre 2023 y octubre pasado, en respaldo a Gaza, los yemeníes atacaron más de cien barcos en ese mismo corredor, y esa memoria bastó para vaciar la ruta en cuestión de horas.

Irán aplica la misma lógica en Ormuz. Estados Unidos reimpuso hace una semana un cerco naval sobre los puertos iraníes para impedir la salida de su crudo, y desde entonces Teherán hostiga a los buques que cruzan el carril sur del estrecho. El tráfico quedó detenido y los operadores dejaron de intentarlo.

El galón de gasolina regular cuesta cuatro dólares de promedio nacional, según la federación automovilística AAA. Hace un año costaba 3,14. El crudo acumula cerca de un 45 por ciento de alza desde enero, y ninguna de las causas de ese encarecimiento ocurrió por accidente.

El 7 de julio Washington revocó la exención de sanciones sobre el crudo iraní. Al día siguiente Trump declaró terminado el alto el fuego que había enfriado el mercado en junio. Una semana más tarde propuso cobrar un 20 por ciento sobre toda la carga transportada por mar, idea que las navieras y las organizaciones marítimas internacionales rechazaron por violar el derecho internacional. El presidente la retiró y para entonces el barril ya subía solo.

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El galón de gasolina regular volvió a los cuatro dólares de promedio en Estados Unidos. El crudo acumula cerca de un 45 por ciento de alza desde enero. Gráfico: teleSUR

El combustible caro no se queda en la estación de servicio. Encarece el transporte de los alimentos y de todo lo que llega por carretera al supermercado, y ese aumento aparece cada semana en el gasto de los hogares, a pocos meses de unas elecciones legislativas donde el costo de vida encabeza las preocupaciones del electorado.

El diario estadounidense Politico describió esta etapa de la presidencia como una nube negra persistente y recogió el temor de los aliados de Trump a que se quede sin salidas para una guerra impopular y cara, después de la muerte de tres militares estadounidenses durante el fin de semana. Suman 17 desde el 28 de febrero.

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Trump amenazó con atacar las centrales eléctricas y los puentes de Irán hasta que Teherán afloje su control sobre Ormuz. La apuesta consiste en bombardear la infraestructura de la que dependen millones de civiles para reabrir una ruta comercial, y los objetivos alcanzados en los últimos días indican que la amenaza dejó de ser retórica.

El portavoz de la Casa Blanca, Taylor Rogers, sostiene que los precios del petróleo y el gas volverán a los niveles previos al conflicto a medida que el ejército reduzca la capacidad iraní de atacar buques comerciales. La novena noche consecutiva de bombardeos sobre Irán, que dejó 50 mártires y 517 heridos según las autoridades de ese país, ocurrió mientras los tres petroleros cargados con crudo saudita cambiaban de rumbo.

Cada operación militar que Washington presenta como defensa del libre flujo energético produce el efecto contrario. Los buques se alejan, los seguros suben, las rutas se alargan y el barril se encarece. El propio secretario de Estado, Marco Rubio, admitió el domingo que su gobierno negociaría si el proceso fuera real y, según la estrategia estadounidense, ese momento no llegó, de manera que la única herramienta capaz de bajar el precio sigue guardada.

Los dos millones de barriles del Xin Long Yang continúan navegando, ahora hacia el norte, con China esperando al otro lado por semanas. El costo de esa vuelta llega a la estación de servicio donde el conductor estadounidense paga cuatro dólares por galón por una guerra que nadie le consultó.

Autor: teleSUR: Daniel Ruiz Bracamonte

Fuente: Agencias - PressTv - NYT - NBC - Politico