Villafranca, el de Cumanacoa
Se pegó de la música jíbara y causó sensación, por eso se trajo a Venezuela el especial acento del seis fajardeño que aquí adaptó a su forma, porque José Julián cuando creaba no tenía límites de ninguna índole.
José Julián Villafranca
11 de marzo de 2026 Hora: 11:41
Nos cupo el honor de presentar al “trigueño” José Julián Villafranca por primera vez en la televisión venezolana y cuando se comenzó a promocionar su presentación hubo revuelo, tanto que hasta desde Puerto Rico llegaron personas para verlo, escucharlo, saludarlo. Realmente fue un hecho memorable presentar ante su país a un músico excepcional que la mayoría de los venezolanos no conocía por “olvido” de la televisión (y otros medios). Nunca perdió su sonrisa, y como él mismo se definía, era “flaco, pero con manteca”. ¡Y qué manteca!
Nació en un municipio que no tiene límites ni con el mar Caribe ni con el océano Atlántico. Dato curioso porque el estado Sucre tiene 705 kilómetros de costas marinas. Es cierto que nació en una ribera del río que después los españoles (cuándo no) bautizaron Manzanares, y que según el mismo José Julián Villafranca contaba se había llevado muchas vidas desde sus propias nacientes, allá en el montañoso Turimiquire, en esas montañas llenas de historias aguerridas, de siembras, peligros, y de música.
De su historia
Es que nuestro personaje no nació precisamente en Cumanacoa sino un poco más allá, abajo, en el suroeste del magnífico estado del mar de los Caribe.
Aricagua está ubicado a la derecha del río Manzanares, a poca distancia de Cumanacoa. El pueblo fue denominado San Salvador de Aricagua. Más recientemente fue llamado Carrizal de Aricagua, fundado como misión a finales del siglo XVII. Fue allí donde nació el 7 de abril de 1932 José Julián Villafranca Montistruque, el hijo de Julián Román Villafranca y Carmen Cleofe Montistruque. Dos apellidos muy europeos.

El profesor Benito Irady, presidente del Centro de la Diversidad Cultural de Venezuela reseñó: “Mientras permanecí en el Oriente del país le acompañé a numerosos recorridos por distintas regiones durante más de una década, y también estuve con él fuera de esta patria, cuando formamos parte de un festival de la décima organizado en San Juan de Puerto Rico con la participación de importantes grupos de América Latina y el Caribe. Trato de recordarlo y creo que ocurrió en 1986 aquel hecho de un triunfo poco común que vi con mis propios ojos.
José Julián enamoró con su gracia a todas las delegaciones de decimistas, decimeros y repentistas presentes en la isla borinqueña y era tal su destreza en aquellos momentos en que se apostaba a la calidad mental y creativa de los improvisadores, que pudo cantar al lado de un tres cubano, de un tiple y de un cuatro puertorriqueño, entonando desde su estilo la variedad melódica del género. Inventó lo que pudiéramos llamar una décima con seis o un seis con décima. Se pegó de la música jíbara y causó sensación, por eso se trajo a Venezuela el especial acento del seis fajardeño que aquí adaptó a su forma, porque José Julián cuando creaba no tenía límites de ninguna índole. Entonces alguien podrá decir: Quién iba a creer que este hijo de Julián Román Villafranca Córdova y de Carmen Cleofe Montistruque, apodado “El Trigueño” y que no se graduó en ninguna escuela dejaría una huella tan distintiva en la cultura del país. Esa es la verdad que debe conocerse y que no hay que olvidar”.
Joropo con estribillo
A través del profesor Irady supimos muchos detalles de la vida y obra de un campesino ejemplar, y magnífico músico. El profesor decía que José Julián le contó que la palabra “coa”, o koa (palo de sembrar) es netamente aborigen y que también lo es Cumaná (el nombre del río que los españoles decidieron llamar Manzanares) y que Cumanacoa significa la ciudad del río Cumaná, donde hay muchas sementeras levantadas a fuerza de coa y de más coa. “Refutaba la interpretación del viajero y agente del gobierno francés Francois Raymond Joseph Depons (1751-1812) quien asegura en uno de sus libros que la palabra Cumanacoa es de origen vasco porque hubo vascongados en esta región del oriente. Así fue transcurriendo la historia escrita con los ojos de Europa”.

El agricultor
Siempre siguiendo la memoria del profesor Irady que tanto conversó con él, sabemos que José Julián Villafranca sembraba el maíz los 24 de junio porque sostenía que el día de San Juan era uno de los mejores para la siembra, así como el 15 de mayo que es el día de San Isidro Labrador. Sostenía que los 29 de junio eran malos para sembrar maíz porque San Pedro era calvo y las mazorcas luego salían “despegadas” separadas en los granos. También relató que era con luna menguante cuando se sembraba el “chaco”, es decir , la batata pero que la yuca se sembraba en luna creciente.
San Juan no celebró su día
En el oriente venezolano, sin dudar de otras regiones de Venezuela y el Caribe se sabe mucho de eso por la bendición que significan la capacidad de observación y la tradición oral. Por eso se conoce acerca del cultivo de la guanábana, (catuche), del parral, (uvas) e inclusive de las rosas, magníficas cuando se siembran en creciente. Saber cómo se recoge el agua de la lluvia y cómo agregándole sal gruesa, sin procesar, no refinada, es maravillosa para la salud y las plantas. Esa sabiduría no se aprende en las escuelas ni en las grandes ciudades, sino en el campo, en los pueblos, a través de una tradición de manos callosas y vista larga, de la que mira las nubes y sabe cuando el cielo está hablando. Es una sabiduría que debería enseñarse, transmitirse en lo que se llama educación formal.
Teatro y música
No podemos precisar de dónde salió la vena tan productiva de este hombre, porque Villafranca fue poeta, dramaturgo, músico, cantor, cuentero, maestro de escuela y director musical sin abandonar jamás su oficio de agricultor, y mucho menos su esencia de pueblo, oriental.
Sonidos del Pueblo
Fundó y dirigió nada menos que un teatro de campesinos, al que llamó “Coronel Domingo Montes”, nombre de uno de los próceres orientales de la independencia venezolana. En ese teatro de campesinos de Cumanacoa nadie sabía leer ni escribir, salvo José Julián porque él se preparó de forma autodidacta y pudo enseñar. Su técnica a la par de la enseñanza fue hablar para que sus compañeros escucharan y aprendieran de memoria. Lo logró y no solo eso, les dio clases de dicción, de entonación y hasta de dramaturgia. ¿De dónde sacó este hombre de Aricagua la magnificencia de su nobleza cultural? Y en 1965 fueron a la Universidad de Oriente. Era la primera vez que salían de su municipio esos actores campesinos que levantaron ovaciones en el recinto universitario. Pero no solo fue eso. José Julián Villafranca fundó y dirigió al “Quinteto Típico Montes”, de una sonoridad y creatividad musical que deja en el memorial venezolano una huella profunda. Con ellos el joropo con estribillo alcanzó otra dimensión. El Trigueño no se quitaba de encima su bolso campesino, artesanal, donde parecía guardar recuerdos, tesoros memoriosos y recursos de la tierra natal, y es que el bolso decía en grande “Sucre”. Tampoco dejaba las maracas hechas de tapara con las que aderezaba su canto.

Obtuvo el Premio Nacional de Cultura Popular (1994). Sigue siendo Patrimonio Cultural de su estado, y partió físicamente el 20 de octubre de 2018. No solo Cumanacoa se lanzó a la calle a acompañar la despedida. Desde varios lugares de Oriente y del país llegaron para llorar y cantar al trigueño, al que era flaco, pero con manteca. Tenía 86 años.
Centro de la Diversidad Cultural

Autor: Lil Rodríguez
Fuente: teleSUR