Venezuela se despierta unida para superar la tragedia

Aun en medio del shock, Venezuela despertó rápida en solidaridad y resiliencia. La fuerza se concentra en salvar vidas y en la unidad y el propósito común de superar otro momento difícil, esta vez impuesto por la naturaleza.

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Rescatistas de Protección Civil del Chacao transportan a un rescatado tras el doble terremoto en la urbanización Los Palos Grandes, en la zona este de Caracas, el 24 de junio de 2026. Foto: EFE.


25 de junio de 2026 Hora: 07:07

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Venezuela vive desde poco después de las 18:00 del miércoles el impacto del terremoto más potente en más de un siglo, separado por 39 segundos del tercero más fuerte: temblores de 7.2 y 7.5 en menos de un minuto.

Poco después de los segundos de pánico, gritos y llanto, en medio de la destrucción visible en edificios colapsados y otras estructuras afectadas, comenzaba la reacción colectiva entre la tristeza de los que han perdido, los que pasan esta noche y madrugada en calles, plazas y otros espacios públicos y, aún procesando lo vivido, se suman espontánea e inmediatamente en el apoyo a los afectados y a los equipos especializados que se desplegaron tras los sismos.

En Caracas y otras regiones afectadas, como La Guaira, muchos tienden colchones o se cubren con mantas en la calle, por el peligro de las réplicas o porque sus viviendas quedaron destruidas o muy dañadas. Según la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), en la noche del miércoles se registraron unas 20 réplicas, y otras 18 entre la medianoche y las 05:49 del jueves. A las 06:00, aumentaba a 164 la cifra de muertos y a más de 900 la heridos.

Declarado el estado de emergencia, se habilitaba la aplicación VenApp para que las familias venezolanas reporten casos de familiares desaparecidos o situaciones de infraestructuras afectadas; se disponían refugios y hoteles para personas que perdieron sus viviendas o cuyas casas sufrieron daños estructurales e implican peligro, y trabajaban sin parar, a veces bajo la llovizna, los equipos especializados en zonas de derrumbes.

El Gobierno establecía un Estado Mayor General de contingencia compuesto por los vicepresidentes sectoriales Diosdado Cabello, Juan José Ramírez, Héctor Rodríguez y Calixto Ortega para gestionar la contingencia de manera integrada, y nombraba al M/G de la Guardia Nacional Bolivariana Juan Sulbarán Quintero en la coordinación de esa instancia.

Se movilizaban la Policía, bomberos y cuerpos de protección civil. Paralelamente, se mantenían activos a nivel nacional todos los centros de salud públicos y se sumaban 12 centros privados en la Gran Caracas para atender a los heridos y era constante la comunicación a la ciudadanía, informando sobre la situación y las medidas adoptadas como parte de la emergencia e insistiendo en los protocolos de protección para preservar vidas.

Las operadoras de telefonía comenzaron a ofrecer servicios de llamadas y mensajería gratis a la población y se suspendieron todas las actividades no esenciales para concentrar el esfuerzo nacional en el soporte a los afectados y la búsqueda y salvamento de quienes puedan estar atrapados en los derrumbes. El Ejecutivo anunció líneas de crédito especiales de la banca pública y privada para quienes perdieron negocios y empleos, y un fondo de 200 millones de dólares para reconstruir viviendas e infraestructuras vitales.

Ya en la madrugada se comenzaba a encontrar a personas con señales de vida bajo los escombros y se reportaba sobre personas rescatadas, los “milagros de vida”. Se recibían mensajes de solidaridad desde varios países y ofrecimientos de ayuda concretos, entre ellos la llegada anunciada de equipos de rescate desde naciones como México, El Salvador, Qatar, EE.UU. y República Dominicana.

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La solidaridad llegaba de afuera, pero desde los primeros segundos que siguieron a los sismos creció dentro de Venezuela, en barrios y edificios dañados, con el auxilio a damnificados, a heridos y a vulnerables. Se compartían el café y las mantas, el apoyo espiritual y el abrazo entre vecinos, la búsqueda de desaparecidos y la ayuda al personal de protección civil que, apoyado en su pericia y en los perros, busca entre las estructuras desplomadas.

En San Bernardino, oeste de Caracas, los residentes se unieron a las labores de retirada de escombros. En Libertador, los vecinos colaboran activamente en las tareas. La participación ciudadana contribuye bajo la guía y coordinación de equipos especializados. Los venezolanos, los que perdieron y los que no, se organizaban para enfrentar la tragedia y ayudarse entre todos.

El segundo terremoto de este miércoles, de magnitud 7.5, fue el más potente desde el sismo de San Narciso, en octubre de 1900, que tuvo una magnitud estimada de 7.7.

En la historia venezolana quedaron, además, otros como el de 1997 (Sucre, 6.9, más de 70 muertos y cientos de heridos), 1967 (6.6 de magnitud, 245 muertos y miles de heridos), 1929 (6.9, Cumaná, unos 800 muertos), 1950 (6.8, Lara, un centenar de muertos) y 2018 (7.3, Sucre, afectó a al menos diez países de la región, incluyendo Brasil, Guyana y varias islas del Caribe).

El golpe del miércoles 24 de junio de 2026 ha tocado con fuerza a Caracas, La Guaira, Miranda, Carabobo, Falcón, Yaracuy, Aragua, Trujillo y Zulia. Luego del shock, que tardará en desaparecer, parte de Venezuela sigue despierta este jueves en la calle, la fuerza se concentra en salvar vidas y en la unidad y el propósito común de superar otro momento difícil, esta vez impuesto por la naturaleza.

En su alocución en la madrugada, la presidenta encargada Delcy Rodríguez resumía esa decisión: «Tenemos un objetivo central y esencial: salvar vidas en unión nacional, unidos vamos a superar esta tragedia».

Autor: teleSUR - DE

Fuente: teleSUR