Venezuela no está sola a una semana de los terremotos: responde unida y se levanta
En medio del duelo tras los terremotos del 24 de junio, el Estado dirige, despliega fuerzas y acciones; el ciudadano se organiza desde lo comunitario y aporta; el mundo da su mano. Venezuela se une en la esperanza y se concentra en la vida.
Rescatistas en Catia La mar, La Guaira. Cuando piden silencio estricto es porque puede haber señales de vida bajo los escombros. Desde pocas horas después de los terremotos del 24 de junio, no se ha detenido el trabajo de los rescatistas, que se han ido sumando por miles desde la propia Venezuela y decenas de países. Venezuela sigue priorizando la búsqueda de vida. Foto: EFE.
1 de julio de 2026 Hora: 22:30
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El 24 de junio de 2026 era día de asueto y feriado nacional en Venezuela, que rendía homenaje a los patriotas que en Carabobo, 205 años antes, sellaron el camino a la independencia del país. Cuando faltaban pocas horas para el final de la jornada, a las 18:04, dos potentes terremotos pusieron otra fecha histórica para cada 24 de junio a partir de ahora y dejaron de luto a la nación, sobresaltada, sorprendida, dramáticamente golpeada entre muertes y destrucción, retada a levantarse pronto y emprender, aún golpeada, el descomunal esfuerzo colectivo de la recuperación y la sanación colectivas.
Dos potentes terremotos, dos catastróficas rupturas sísmicas de magnitud 7.2 y 7.5 removieron el norte de Venezuela con solo 39 segundos y 5 km de diferencia, donde la placa tectónica caribeña se desplaza hacia el este en relación con la placa sudamericana a lo largo de varias fallas, una de ellas la de Boconó, que acumulaba tensión desde su ruptura en el terremoto 7.1 de 1812.
El mismo día, un sismo de 6.9 sacudió a Japón, a una profundidad de 51 km. Muchos compararon los efectos allá y acá, calculando matemáticamente y restando la diferencia entre 7.2 o 7.5 y 6.9…
Pero las magnitudes sísmicas no funcionan así, son logarítmicas. La escala de magnitud realmente mide el tamaño físico del terremoto, no la fuerza (energía) de los terremotos. Una unidad entera de magnitud representa aproximadamente una multiplicación de 32 veces la liberación de energía. El terremoto de 7.5 en el norte de Venezuela liberó casi ocho veces más energía (fuerza destructiva) y tuvo una amplitud de onda casi cuatro veces mayor que el de Japón.
Dos sismos de gran magnitud, uno detrás del otro, ambos a poca profundidad, magnificaron el efecto destructivo. Luego del primero, el segundo fue catastrófico.
A las 18:04 del miércoles 26 de junio, un destructivo evento natural, de los que —al contrario de huracanes, tormentas, sequías— no se pueden predecir, sorprendió a miles de venezolanos que llegaban o acababan de llegar a sus hogares, que vivían el día de asueto, que dormían o miraban televisión, comenzaban a cocinar, trabajaban aún… Vivían el final de la tarde y no esperaban. No podían saber. Cientos de miles de venezolanos y un país entero.
En el área de lo científico, las palabras claves de esa fecha y los días que le han seguido, con cientos de réplicas, algunas fuertes como la del lunes 29 cerca de las 07:00 horas, han sido placas, fallas, energía o tensión acumuladas, recurrencia (esa especie de factor indeterminado que indica que aumenta la probabilidad de que ocurra un temblor mayor en una zona sísmica cuando hace mucho no hay liberación de energía), magnitud, réplica…
En lo ingenieril, daño estructural leve, moderado o severo; colapsos, grietas, movimiento o energía cinética mientras se transforma la energía del sismo; fricción y energía de amortiguamiento; elasticidad de los materiales, la necesidad de estructuras antisísmicas dinámicas. Cientos de edificios fueron dañados o colapsaron.
Venezuela fue tomada por sorpresa. Dos potentes terremotos que liberaron una enorme energía destructiva. No hay país preparado para un evento de tal magnitud: la respuesta, aunque comience pronto, se va ajustando, se adapta, se organiza y perfecciona en la medida en que las estructuras del país se articulan en medio del caos, el dolor, el shock psicológico, social, económico, infraestructural y espiritual que trae un desastre como el del miércoles 24 de junio.
Ya en la noche del 24 arrancaba la primera respuesta, la inmediata, de vecinos y cercanos hasta la llegada de los primeros cuerpos de emergencia. En los días siguientes, a los miles de rescatistas, bomberos, paramédicos, médicos, efectivos militares y otras fuerzas de Venezuela se unieron miles de rescatistas y otros expertos internacionales.
Hoy, miércoles 1 de julio, una semana y 782 réplicas después, en medio del duelo nacional, las cifras hablan de la magnitud del desastre y la magnitud de la respuesta:
-2.295 fallecidos.
-11.267 heridos.
-12.841 damnificados.
-26.403 afectados.
-6.461 personas rescatadas
-81.489 familias atendidas.
-17.026 pacientes atendidos.
-4.565 personas ingresadas y 13.942 dadas de alta por mejorías.
-25 campamentos transitorios activos.
Se reportan 26.000 efectivos nacionales desplegados en zonas afectadas, más de 17.000 voluntarios desplegados, más de 4.000 brigadistas internacionales de unos 30 países, con 153 perros de búsqueda.
Si caminas por las calles venezolanas escucharás de historias durante los sismos y también de temores, de desasosiego. Verás los que miran de reojo los altos edificios, buscando las grietas, las huellas de la sacudida que no se va a olvidar. Y también verás la fuerza en los rostros, la empatía y la alegría de raíz que el venezolano no pierde aun en tiempos de tragedia. Porque la esperanza sigue viva: la esperanza de que, una semana después, siga habiendo rescatados vivos. La esperanza que nace de ver que el Estado dirige, busca, implementa, despliega fuerzas y acciones, mientras el ciudadano no se deja vencer, se organiza desde lo comunitario y aporta.
Venezuela responde unida y acompañada
Cuando el país responde en unión, aun sin dejar de sentir dolor y estupor, crece la esperanza, porque crecen las posibilidades: que haya más vivos, que comience pronto la reconstrucción, que no estén solos los damnificados, los que más han perdido, porque ellos son toda Venezuela y Venezuela no los abandona.
Verás grandes camiones pasar con cargas hacia La Guaira o más allá, al vecino herramientas en mano que va a arreglar la rotura en la vivienda del otro, a los especialistas que ya comenzaron a resanar edificios con alguna afectación, las motos o los brazos cargados hacia los centros de acopio. Verás a los que compran y los que llevan, los que reciben en los centros de acopio de las comunas: todo hacia los afectados en La Guaira, en San Bernardino, dondequiera haya golpeado el doblete sísmico.
Más de 700.000 toneladas de ayuda humanitaria internacional han llegado. Puentes aéreos humanitarios desde varios países y caravanas de solidaridad venezolana desde los tantos estados del país. Ayuda y acompañamiento solidario desde todos los rincones del planeta y todos los sectores de la vida social. Equipos de la liga venezolana de béisbol, equipos del Mundial de Fútbol, futbolistas y artistas; la OPS, la OMS y el sistema de agencias en pleno de la ONU; el CAF e instituciones regionales. Gobiernos de distinto signo ideológico y cientos de miles de personas en todo el planeta.
En lo interno, los hospitales y su personal activos, en un sistema de salud que también sufrió grandes daños y que se expande en hospitales móviles; un Estado Mayor gubernamental para atender campamentos temporales —bajo la premisa presidencial de que no sean de larga duración— y una comisión de expertos e instituciones para evaluar infraestructuras y aportar conclusiones. Se activaron servicios de apoyo psicológico y de localización de afectados, iniciativas para los niños, planes de construcción acelerados.
Y mientras los equipos de rescatistas aplican experticias y desbordan valor y horas buscando vida, y mientras incluso una semana después siguen apareciendo señales de vida bajo los escombros —historias que quedarán en la memoria como milagros, rescates 72, 106 o más horas después— y activan un sistema de salvamento que no descansa ni baja la guardia hasta llegar a quienes necesitan ser rescatados, Venezuela asimila la tragedia y aprende. La oscura, traumática experiencia del 24 de junio deja enseñanzas: el cumplimiento de las normas de sismorresistencia vigentes, la supervisión y la calidad de materiales; la prevención, qué hacer en caso de terremoto.
Y mientras Venezuela asimila la tragedia y se levanta para salvar vidas, para ayudar a los damnificados, para apoyar y poner el hombro a los afectados, para al tiempo que se mitiga el daño emprender el camino de la recuperación y la reconstrucción, algunos aprovechan y hacen política, fabrican campañas, magnifican la anécdota negativa para tapar la respuesta colectiva ante la tragedia que ellos no vivieron. Los actos indecorosos llegan al extremo de que, incluso, a algunos los tienen que mandar a callar sus amos desde fuera de Venezuela.
Esa no es la historia que quedará de estos días. Porque Venezuela, concentrada en sanar desde sí misma, no los mira.
La semana que ha transcurrido es el inicio. Gobierno e instituciones, comunas, ciudadanía y brazos que han venido a hacer el bien desde afuera, juntándose a los de adentro, es lo que dejarán estos días junto al horror vivido: la belleza de un país que se levanta, por sobre el duro golpe, sin dejar a nadie atrás; cada cual cargando su peso del golpe, cada cual dando para que poco a poco, tan rápido como permitan las fuerzas, vayan borrándose las heridas que pueden curarse.
Porque, inevitablemente, hay heridas que quedarán. Hay mucho que se llevó el doble sismo de esa tarde noche, y su lugar ahora es la memoria de los que no van a olvidar. El duelo, el dolor por seres queridos y todo lo demás perdido, es también un proceso de vivencia y sanación colectivo.
El 24 de junio es ahora también, para la historia venezolana, el día de los terremotos de San Juan Bautista de 2026.
El día en que la naturaleza nos recordó que seguimos viviendo bajo su poder, a veces destructivo, y que con él debemos convivir, adaptándonos.
El día en que un país fue duramente sacudido, perdiendo mucho, para volver muy pronto a levantarse en el amor y el milagro de la organización colectiva, comunitaria, de abajo a arriba, todos juntos, en medio de sanciones y adversidades, campañas del más indecoroso oportunismo político y en tiempos de fuerte presión geopolítica, con un mismo objetivo: Venezuela nunca se rinde, siempre se levanta, no olvida, responde unida y se crece.









Fotos: teleSUR.
Autor: teleSUR - DE
Fuente: teleSUR




