La victoria de Lula complica el camino de Milei hacia la reelección en 2027
Milei y Bolsonaro en el escenario. El presidente del PL, Valdemar Costa Neto, puso a Javier Milei como ejemplo para Flávio Bolsonaro y afirmó que «es una alegría ver lo que está haciendo por el pueblo argentino». Foto: EFE.
Por: Carlos Áznarez
28 de octubre de 2026 Hora: 13:44
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La continuidad del presidente brasileño representa un duro revés político para Javier Milei, debilita su apuesta por una expansión regional de las derechas y abre un nuevo escenario para la oposición argentina, si es que esta última abandona el nivel de fragmentación en que se encuentra.
La victoria de Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil no es un episodio aislado de la política latinoamericana. Su triunfo es estratégico y además de dejar por el piso las ambiciones del clan mafioso Bolsonaro, golpea fuertemente a Trump y sobre todo a su vecino Javier Milei, que no solo había respaldado públicamente a Flávio Bolsonaro, sino que en cuanta ocasión pudo, tanto en Brasil como en cualquier foro, se dedicó a insultar soezmente a Lula. Porque, en términos de la perversidad semántica para Milei, Lula es tan enemigo como para Netanyahu, la Resistencia Palestina. “Zurdos” y por lo tanto, sujetos a exterminar, proclama en sus pesadillas el mandatario argentino. De allí, que por esta horas su cerebro esté un poco más dañado que lo habitual.
Contrariando su habitualidad, Milei hace silencio de redes (un ámbito al que le dedica más tiempo que a “gobernar”) y maldice la derrota de su aliado Bolsonaro, porque representa un contratiempo político y diplomático que llega en un momento especialmente sensible: el año previo a la campaña presidencial argentina de 2027. Ambos, Bolsonaro y Milei son marionetas del pedófilo Trump y amanuenses del genocida Netanyahu, y los dos no por casualidad no pierden ocasión de alabar a su “padrino”, ondear las banderas de la barra y las estrellas o la de la estrella judía, como disciplinados sionistas pro-yanquis que son. Pero al brasileño se le acabó la fiesta y con ella la idea de dejar en libertad al delincuente y golpista de su padre.
El reciente resultado electoral revirtió la ventaja que el candidato opositor había conseguido en la primera vuelta y frustró las expectativas de quienes interpretaban el avance de las derechas regionales como una tendencia prácticamente irreversible..
Para Milei, el problema no consiste únicamente en la derrota de un dirigente ideológicamente cercano. La elección brasileña afecta tres dimensiones de su estrategia: su proyección internacional, el equilibrio político regional y la discusión sobre qué modelo de gobierno puede ofrecer resultados electorales sostenibles.
El presidente argentino había apostado abiertamente por Flávio Bolsonaro y había celebrado su desempeño hasta esta estruendosa caída. Esa intervención convirtió el resultado brasileño en algo más que una elección extranjera: lo vinculó directamente con la estrategia internacional de la Casa Rosada.
La derrota actual de su compinche deja en evidencia los límites de esa apuesta. Milei buscaba fortalecer una red regional de dirigentes que comparten buena parte de sus posiciones sobre el mercado, el papel del Estado, las privatizaciones, la entrega de la soberanía a las corporaciones, la seguridad y la confrontación con la izquierda. Con “los zurdos a los que vamos a destruir y a quitarlos del tablero de la política”. En ese sentido, la continuidad de Lula en Brasil impide que esa estrategia se traduzca en un cambio de signo político en el país más importante de Sudamérica.
El resultado también plantea una cuestión de fondo: hasta qué punto la exposición internacional de Milei contribuye a sus objetivos internos. Su respaldo a candidatos extranjeros puede reforzar su identidad ideológica ante determinados sectores, pero también lo vincula públicamente con resultados que no controla. Sus continuos viajes a EE.UU. para hacer un saludo a la bandera frente a Trump, sus reiterados insultos a los periodistas locales y de los países que visita (como ocurrió hace unos días en Madrid), las muestras de repulsa que provoca entre los residentes argentinos en el exterior, son algunas de las señales que hablan por sí solas de que el individuo está trastornado y cada vez más fuera de caja, porque visualiza que va caminando a toda velocidad cuesta abajo, y es muy posible –“y deseable”, diría un jubilado que cobra un sueldo mínimo-que se estrelle.
En vísperas de 2027, la oposición argentina sin duda va a utilizar la derrota de Bolsonaro para cuestionar aún más la estrategia exterior de Milei y presentar el resultado brasileño como una señal de que las derechas no tienen asegurada una expansión electoral permanente. No obstante, sería excesivo concluir que el desenlace brasileño anticipa por sí mismo una derrota de Milei. El verdadero punto final lo tendrá que poner gran parte del pueblo argentino que sufre a diario las consecuencias de las políticas de hambre y represión que el “mileísmo” descarga intermitentemente. Pero, por supuesto que este triunfo de Lula es una inyección de fuerza para todos aquellos que en cada sitio del mapa latinoamericano están dispuestos a enfrentar al fascismo.
El escenario regional tampoco ofrece a Milei el panorama que habría supuesto un gobierno brasileño alineado con el bolsonarismo. Lula mantiene una política exterior que reivindica la autonomía de Brasil y las relaciones con otras potencias, incluida
La continuidad de Lula deja a Buenos Aires y Brasilia en posiciones diferentes frente a Washington, en un contexto en el que el Mercosur debe gestionar intereses y orientaciones políticas divergentes. Mientras Lula aboga por fortalecer a los Brics y desarrollar estrategias de alianzas Sur-Sur, el mandatario sionista rioplatense, desprecia esa alianza piloteada por Rusia y China, y su nivel de acuerdos solo pasa por integrar el Escudo de las Américas, macartista a más no poder, y responder a los consejos de Marco Rubio y Trump.
Para Milei, la situación que ahora recomienza, con Lula reelecto, tiene dos caras. Por un lado, el presidente brasileño seguirá siendo un adversario ideológico de peso frente al cual su gran déficit intelectual intentará diferenciarse a puro grito e insulto. Por otro, la permanencia de un gobierno brasileño progresista y que apunta a radicalizarse con respecto al mandato actual, impide que la Casa Rosada presente a Sudamérica como una región encaminada de manera uniforme hacia sus propias posiciones.
La victoria brasileña, además, ofrece a la oposición argentina una referencia política de gran visibilidad. La dirigencia peronista intentará interpretar el resultado como una demostración de que un liderazgo progresista conserva capacidad de movilización y puede competir con éxito contra una alternativa de derecha.
Esa referencia no garantiza que el peronismo pueda reproducir el resultado en Argentina. Sí le proporciona un argumento para discutir la posibilidad de reconstruir una alternativa electoral competitiva, cosa que hasta el presente parece bastante difícil, por los continuos palos en la rueda que la expresidenta Cristina Fernández le pone a quien podría ser un candidato con posibilidades (dentro del juego de la democracia burguesa) como es el gobernador bonaerense Axel Kiciloff. Y por otro lado, la izquierda troskista alineada en el FITU-Unidad, con una de sus referentas, Miriam Bregman, que encabeza las encuestas a nivel popularidad, ya ha anunciado que no participará de ninguna alianza con el peronismo.
En conclusión, el triunfo de Lula ha servido para enfurecer a Milei, y también para alimentar expectativas en diversos sectores militantes argentinos, en cuanto a la posibilidad de acabar con el reinado de la mafia mileísta, pero lo ocurrido entre la primera y la segunda vuelta en Brasil es una épica no tan fácil de reproducir. No es imposible pero todo dependerá más de lo que ocurra en las bases y no tanto en el espacio de unas dirigencias que se sumergen más en el oportunismo que en la decisión de imitar realmente el caso brasileño. Un ejemplo de ello, es toda la parafernalia montada por estos días por los seguidores del ex candidato a presidente peronista que fuera derrotado por Milei, Sergio Massa. Un grupo de ellos viajaron a Brasil y no pararon de mostrar por las redes fotos antiguas de Massa con Lula, se entusiasmaron con la idea de copiar el boom de WhatsApp, de André Janones, con sus 10 millones de seguidores en apoyo a Lula, y convertirlo en el “Ejército del peronismo”, y otras ocurrencias parecidas. Eso y no entender de qué realmente se trató la victoria de Lula, es el típico y repetido recurso de quienes creen, igual que Trump, que la política es solo negocio.
Autor: Carlos Áznarez
Fuente: teleSUR
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