Ataque a Venezuela: como la guerra híbrida daña la salud mental
La atención oportuna y el resguardo de la comunidad, garantiza políticas de salud mental.
Por: teleSUR teleSUR
23 de enero de 2026 Hora: 09:45
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El psicólogo José Guzmán Tato analiza en entrevista exclusiva con teleSUR las consecuencias del ataque militar del 3 de enero sobre la población venezolana y explica las estrategias de guerra híbrida que buscan generar trauma colectivo y parálisis social como armas de dominación.
La amenaza previa al ataque militar, la ejecución del bombardeo y la toma de conciencia de sus consecuencias forman parte del método de la guerra híbrida, donde la agresividad en el escenario cognitivo busca generar daños profundos en la salud mental de la población.
La guerra cognitiva que Estados Unidos desarrolla contra Venezuela no solo involucra la distorsión informativa, campañas de noticias falsas, desprestigio de dirigentes o la instalación de un relato de «derrotas». También tiene como objetivo incidir en el estado de ánimo colectivo, generar daño en la salud mental que puede llevar a posicionar a la gente en una hipercrítica contra la revolución o sumirla en la inmovilidad como consecuencia de eventos postraumáticos.En ésta toma realizada desde viviendas particulares se pueden escuchar el sonido de los helicópteros y bombas de sonido.
Testimonios
«Estaba despierta jugando con mi hermana de ocho años en la madrugada del tres de enero, cuando de pronto escuché un ruido tremendo que sacudió las ventanas. Al asomarme vi el fuego del misil que había caído en Fuerte Tiuna«, cuenta Valentina, de 15 años, quien vive en el urbanismo dentro de la zona militar.
Tratando de comprender qué había pasado, Valentina fue a buscar a su madre Beatriz, que ya se había levantado con la explosión y estaba junto a su pareja en la sala, mirando por la ventana, paralizada. Mientras seguían las explosiones y los helicópteros se escuchaban encima del edificio, les pedía desesperadamente que había que irse. Veía a gente que ya estaba en la calle con bolsos y otras pertenencias.

Beatriz, madre de Valentina y habitante del urbanismo de Fuerte Tiuna, relata: «Luego de la primera explosión, mientras miraba ‘el hongo’ que producía el impacto del misil, se fue la electricidad. Se escuchaban nuevas explosiones y el sonido de los helicópteros encima del edificio. Mi pareja y yo estábamos paralizados mirando aquello y preguntándonos qué hacer, hasta que Valentina, llorando, nos pidió que reaccionáramos y saliéramos. Juntamos algo de ropa y bajamos diez pisos por la escalera, con el edificio estremeciéndose a cada explosión».
La gente ya estaba afuera y, aunque había versiones de que no se podía salir del urbanismo, lograron hacerlo mientras seguía el bombardeo. Según Beatriz, cayeron por lo menos siete misiles.
Solo en el edificio de la Misión Vivienda donde vive esta familia hay 120 apartamentos. A pesar de ser una zona militar, hay muchísima población civil. Esto hizo pensar tanto a Beatriz como a Valentina que, por la cantidad de civiles, no se produciría un ataque. Estaban confiadas en que las amenazas de invasión —con la presencia militar en el Mar Caribe desde octubre— no pasarían de ser eso: amenazas.
«Hoy, a más de catorce días del ataque, siento el silencio y me parece que va a sobrevenir otro bombardeo. Escuchamos motores de la autopista que no identificamos e imaginamos que son los aviones. La otra noche estaba entre dormida, alguien prendió un taladro y salté de la cama», cuenta Beatriz.
Volver a comentar lo vivido, dice, le retroalimenta el miedo.
Valentina cuenta que algunas noches ha tenido pesadillas, que tiene nítidas las imágenes del bombardeo. Han intercambiado con sus compañeros de clase lo vivido y aún les parece increíble que haya sucedido.
Beatriz cuenta en su trabajo con dispositivos de atención terapéutica para la salud mental. Ambas también cuentan con otros dispositivos comunales en su urbanismo.

La voz especializada
El psicólogo José Guzmán Tato es máster en Desarrollo Humano, docente del Instituto de Psicología de la UCV y coordinador de la Maestría en Psicología del Desarrollo Humano de la misma universidad. También ejerce como psicoterapeuta y asesor.
Consultado sobre las consecuencias del ataque militar del tres de enero, expresa: «Hay adultos, jóvenes y, en general, población de todo tipo que se encuentran en una situación de estrés agudo, tremendamente conmocionados por los hechos. Nosotros decíamos siempre que no es lo mismo estudiar médicamente la guerra y prepararse para ella, que cuando finalmente llega. En este sentido, las personas se encuentran en una situación verdaderamente crítica. Algunos con muchísima inestabilidad psicoemocional, desbordamiento emocional. Personas que no pueden regularse, que están en hipervigilancia, sensibles a cualquier ruido, a cualquier estímulo en el entorno que les recuerda el ataque».

El especialista explica: «Hay una condición de estrés y alerta que les impide un desenvolvimiento normal. Esto quiere decir que los recursos cognitivos y sentipensantes a los cuales tenían acceso, de acuerdo con sus propias experiencias para afrontar esta situación, son insuficientes. Nadie sabe cómo afrontar algo así en el primer instante, y esto nos ha tocado con su vertiginidad. En algunos casos se presenta una situación de indefensión percibida: ese momento en el que sientes que todo está perdido, que no sabes qué hacer, que hay un proceso de desestructuración en el que, independientemente de lo que hagas, la situación va a seguir siendo adversa o vas a seguir expuesto a estimulaciones negativas, a un malestar generalizado. Y frente a esto, mucha gente ha entrado en parálisis e inmovilidad«.
La guerra cognitiva
Guzmán recuerda que esta estrategia de generar miedo en la población es una táctica que desde hace años se desarrolla contra Venezuela.
«Nosotros hemos enfrentado un escenario de guerra híbrida o conflicto multiforme. Esto implica que vivimos lo que fueron las guarimbas, enfrentamientos de calle, desabastecimiento, situaciones duras desde 2014 hasta 2018. Incluso esos años fueron muy duros y creo que esa es una de las cosas más difíciles que aún permanecen en la memoria colectiva: la inaccesibilidad de los servicios. De hecho, si te das cuenta, las personas durante el día, hoy en Caracas, acuden a su puesto de trabajo, activan los comercios, porque creo que hay una subjetividad que también está presente: las heridas psicosociales del pasado».
Continúa: «Si bien es cierto que había un plano de los objetivos en el que nosotros atendemos normalmente, es muy importante el hecho de que hay unas condiciones ambientales que sujetan a la persona, que la condicionan. Y una de estas condiciones ambientales del pasado fue el hambre. Nosotros pasamos hambre y eso, si bien es parte del conflicto que hemos transitado —tan doloroso—, vivimos confrontaciones de calle, rupturas del vínculo comunitario, del vínculo familiar con los procesos de conflictividad política. Esto es parte de los antecedentes. No quiero que quede relativizado el hecho de que Venezuela ha pasado por situaciones de trauma psicosocial y de estremecimiento por conflicto de guerra, porque finalmente tiene rasgos bélicos».
Guzmán Tato pone como ejemplo su experiencia personal: «Yo mismo escuché el helicóptero que manejó en su momento Oscar Pérez, quien fue una de las personas que también participó en el golpe de Estado y llevó el helicóptero hacia el Tribunal Supremo de Justicia, pasando por el centro de Caracas y disparando a la institución. Entonces creo que en la memoria venezolana hay muchos elementos de la conflictividad política y social, de la guerra. Incluso vivimos en un espíritu del tiempo muy asociado a ella. Vivimos al lado de Colombia, que también vive en guerra. Nosotros convivimos muchísimo con refugiados».
Las respuestas a la salud mental
El psicólogo y terapeuta comenta que, en cuanto a las respuestas de apoyo a la comunidad, «varios compañeros especialistas han trabajado en frontera y saben lo que es el conflicto asociado a los años derivados de la guerra, además de atención en contextos de conflicto y psicología de la emergencia. También aprendimos un poco esto durante las vaguadas del 99 en Vargas con mis profesores, y yo aprendí en la del 2003, una vaguada más pequeña que la del 99, que generó algunos aprendizajes. Se implementaron estrategias de psicología de la emergencia, primeros auxilios psicológicos«.
Guzmán también se nutrió de los aportes de Ignacio Martín-Baró, sacerdote jesuita, psicólogo social y filósofo español que desarrolló gran parte de su influyente obra en El Salvador: «Reportaba cómo nosotros debiéramos acompañar el sufrimiento psíquico con una escucha activa, una escucha compasiva, acompañar las necesidades de la población, de la ciudadanía, siempre con un compromiso social, con grupos de apoyo para manejo del enfrentamiento y el conflicto. Muchas de las personas iban rescatando experiencias previas, enumerando y resignificando la experiencia, y poco a poco plantándose desde la valentía y la resiliencia. Y eso es de las mayores herramientas con las que contamos, es lo más importante en la sociedad».

Herramientas para afrontar la guerra híbrida a nivel individual
Guzmán enfatiza en limitar la exposición en las redes sociales, ya que contribuyen a la hipervigilancia. Recomienda dosificar el tiempo dedicado a pantallas.
También sugiere fuertemente consultar fuentes oficiales: «Buscar información verificada para comprender los acuerdos y la situación real, contrastándola con la realidad para mitigar la ‘era de la posverdad‘».
Regulación emocional y autocuidado
- Ejercicios de concentración y relajación: Técnicas como el «5-4-3-2-1» (ver cinco cosas, sentir cuatro, escuchar tres, oler dos, respirar un minuto), contracción y relajación muscular, respiración profunda y visualización.
- Romper rutinas de estrés: Tomarse tiempo para observar el paisaje o jugar con niños.
- Autocuidado integral: Identificar factores de riesgo y protección, desarrollar protocolos de seguridad y rutinas personales.
Dispositivos públicos de atención en salud mental
Líneas de contacto del Programa «Siempre Juntos»
Se facilitan números de teléfono (0412-5723421, 0412-5723422 y 0412-5723423) para la atención de emergencias.
Servicios ofrecidos:
- Clasificación de la atención requerida (emergencia, psicoterapia breve).
- Derivación a círculos de apoyo (manejo de la ansiedad y angustia, manejo de emociones, prevención del suicidio).
Este programa es destacado como uno de los pocos sistemas públicos de salud mental con alcance nacional en Venezuela, una herramienta fundamental en tiempos donde la guerra cognitiva busca quebrar la resistencia emocional del pueblo.
Autor: Ricardo Pose - Daniel Ruiz
Fuente: TeleSUR
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