Michaelis Cué, de «La sombrilla amarilla», habla sobre actuar en programas infantiles: «Es un juego»
Michaelis Cué, el entrañable Enrique Chiquito del programa infantil cubano «La sombrilla amarilla», conversó con Bryan Pavó en el programa cultural «Sala A» sobre guiones y la cubanía que reunió a la familia frente al televisor.
Michaelis Cué es entrevistado en el programa cultural de teleSUR «Sala A». Foto: teleSUR.
26 de octubre de 2026 Hora: 01:39
🔗 Comparte este artículo
El actor cubano Michaelis Cué lleva casi tres décadas unido a un personaje instalado en la memoria de los más pequeños. Se llama Enrique Chiquito. Fue uno de los protagonistas de La sombrilla amarilla, el programa que a finales de los años noventa reunía a la familia entera frente al televisor. El artista de teatro, cine y televisión visitó Sala A, el espacio conducido por Bryan Pavó, y volvió sobre la aventura que se convirtió en referente del audiovisual infantil.
La distinción llegó temprano, en 1996, con la Orden por la Cultura Nacional. Cué no vacila al hablar del peso de esos contenidos.
¿Cuán importantes considera usted que son los programas infantiles?
Michaelis Cué― Es importantísimo, estamos hablando del público futuro, las personas a quienes uno está formando. De ahí que cuando uno asume el trabajo para niños, debe tratar de hacerlo con la mayor calidad posible. A Konstantin Stanislavski, el gran teórico de la actuación ruso y práctico, le preguntaban cuál era la diferencia entre hacer teatro para adultos y teatro para niños, y él dijo algo que es muy sabio: no hay diferencia, salvo que para niños tiene que tener más calidad, y de eso se trata. Creo que los programas que han sido exitosos lo han sido, precisamente, porque han gozado de un guion educativo, con personajes muy atractivos, siempre dejando una enseñanza ética, estética, cosa que para los niños y para la formación del gusto infantil es fundamental, porque son el futuro.
El guion es fundamental. Cuando tú partes de un buen texto, lo mismo en cine y en televisión que en teatro, tienes la mitad de la batalla de tu lado. El texto es fundamental, creo que ahí está uno de los grandes éxitos de La sombrilla amarilla. Los guiones, la concepción de los personajes, la cubanía, en este caso, porque es un programa cubano, que es muy difícil de lograr.
Y entonces no hay diferencia para actuar, salvo que, para los niños, debe ser una actuación partiendo del orgánico y de la naturalidad lo más enfática posible, sin caer en lo externo, sino, sencillamente, con naturalidad. Para eso, el actor debe estar capacitado para bailar, si hace falta; debe cantar, debe tener versatilidad, porque, por ejemplo, yo no sé bailar, soy absolutamente cuadrado bailando, pero ese defecto yo lo utilizaba para el personaje. También hay que hacer esas cosas, y entonces Enrique Chiquito era como un patrón en los bailes, y eso caía muy simpático, y la gente me lo decía en la calle: «¿Tú no sabes bailar, no?». Yo respondía: «No, yo sí sé bailar, pero chiquito no».

¿Cómo pudiéramos, más allá de la actuación y en otros formatos, llegar a jóvenes, adolescentes y niños?
Michaelis Cué― Creo que es un misterio que se soluciona, si pensamos en el ejemplo de La Sombrilla Amarilla, o las aventuras de Elpidio Valdés, que es otro audiovisual cubano fabuloso: todo está en la comunicación, en el juego. Si tú te estás dirigiendo a un público infantil, tienes que estar jugando la mayor cantidad de tiempo frente a ese niño. Cosa que es normal, porque actuar es un juego.
Yo no soy especialista en el tema, yo soy un actor y tuve la suerte de que me cayó La sombrilla amarilla en las manos y la interpreté.
Ahora, La sombrilla amarilla sentaba al niño, a los hermanos, a los vecinos si no tenían televisor; a las tías, a los tíos, a los padres, a los abuelos… Eso es muy importante, porque cuando un niño ve que lo que a él le gusta, les gusta a sus padres, a su familia, ese es un valor agregado que le estás dando. Era un programa que ponía de acuerdo a todo el mundo en cuanto a la cubanía, al carisma.

La sombrilla amarilla contó con un elenco de lujo…
Michaelis Cué― La protagonista, Norma Reina, una actriz muy carismática, y, en general, el casting fue muy bien escogido, la ambientación muy bien escogida, la dirección de actores por parte de Mariela López Galano, la directora, muy bien… O sea, un programa muy cuidado y con algo que es muy importante: el factor humano, los técnicos, los camarógrafos, porque siempre se habla de los técnicos, la infografía de La sombrilla amarilla. Es un programa que se hizo en los 90, se estrenó en 1999, por ahí. En Cuba no había una tecnología acorde con los resultados de La sombrilla amarilla, y la gente preguntaba «pero cómo han logrado eso, si parece algo extranjero». El factor humano. Era un grupo de jóvenes que, con las limitaciones tecnológicas que había en la televisión en ese momento, lograron hacer maravillas. Hay trucos, hay magia. Ahí se unieron una serie de casualidades y causalidades que dieron ese programa que sorprendió a todo el mundo en Cuba e, incluso, en Latinoamérica, porque se vendió, y hoy en día es un programa que no está olvidado. Habrá mucho celular, habrá mucha tecnología, pero los niños de ahora se sientan a verlo. Es un programa que aquí lo repiten mucho.
¿Cómo ha sido el cariño después de tanto tiempo?
Michaelis Cué― En eso soy muy afortunado. Contar con el cariño de mi gente es muy importante, aunque a veces uno quisiera un poco más de intimidad en la vida, pero son los gajes del oficio. Muy feliz, sobre todo cuando me muevo al interior del país. Me movía mucho con La sombrilla amarilla y con otros personajes, como el teatro, y me pasó en Venezuela, me pasó en República Dominicana. En Costa Rica a mí me gritaban en la calle. Yo estuve en el 2012 en Miami con el teatro, con un espectáculo teatral, y en los restaurantes llegaba y se me facilitaba mucho la vida, porque ha habido mucha emigración. Entonces, todos esos niños que nacieron con La sombrilla amarilla eran camareros, y en cuanto yo entraba al restaurantes era conocido como Enrique Chiquito, y, además, a veces cenaba gratis.
Lo que yo sí sé es que, por ejemplo, sobre todo de Venezuela, mucha gente me buscaba por internet; incluso, jovencitos que querían ser actores. Algunos de ellos ya son actores, están ahí y nos comunicamos, y el programa indudablemente gustaba, porque, además, estoy hablando de Venezuela, donde había 90 o 100 canales.

Para este actor referente de Latinoamérica «el trabajo para niños es muy subestimado (…) Es mucho más sugerente y atractivo para un actor hacer una telenovela, que hacer algo como La sombrilla amarilla, y que es una excepción dentro de la producción audiovisual en Cuba; tanto, que la gente pensaba que era un programa hecho en el extranjero, que no era cubano. Después fueron descubriendo, y se volvió un fenómeno».
Michaelis Cué es un actor de formación teatral profunda, un intérprete que ha sabido conectar con el público desde la infancia hasta el drama social, y un artista que entiende su oficio como una forma de compromiso con su entorno.
Autor: teleSUR - Redacción Cultural
Fuente: Sala A/ teleSUR




