Incendios forestales disparan la contaminación del aire en la región amazónica de Brasil 

Cientos de focos de fuego consumen la selva amazónica, sumiendo a las ciudades brasileñas en la región en una peligrosa nube de humo tóxico.

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Con 922 focos activos la humareda de los incendios forestales disparó la contaminación atmosférica en el estado brasileño de Pará. Foto: @avnve


19 de octubre de 2026 Hora: 15:38

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Una intensa ola de incendios forestales azota el oeste del estado brasileño de Pará, donde se contabilizan 922 focos activos. La densa humareda derivada de los siniestros «mantiene a la ciudad de Santarém bajo niveles de contaminación atmosférica calificados como muy insalubres para la población local» según indicaron las autoridades de la entidad federal. 

Datos difundidos por la plataforma Queimadas, adscrita al Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales, sitúan a Pará a la cabeza del registro nacional de catástrofes ambientales. En paralelo, el vecino estado de Amazonas «reporta 90 puntos de fuego activos», tras haber superado «el millar de focos durante las últimas semanas del mes». 

La situación meteorológica y sanitaria adquirió «extrema gravedad» en Santarém, donde «el índice de calidad del aire escaló hasta los 260 puntos», de acuerdo con las mediciones provistas por la plataforma internacional de monitoreo IQAir. Las estaciones científicas detectaron «concentraciones de partículas finas de hasta 185 microgramos por metro cúbico». 

Dicha marca supera de manera exponencial el límite tolerado por la legislación ambiental brasileña, cuya «media diaria permisible se establece en 32 microgramos por metro cúbico». Estas partículas microscópicas, según los expertos poseen la capacidad de penetrar profundamente en las vías respiratorias, representando un peligro severo para la Salud Pública. 

En Manaos, capital del Estado de Amazonas, el panorama ambiental permanece igualmente crítico. «La dispersión persistente de gases tóxicos situó el índice de calidad del aire en 153 unidades durante las primeras horas de la jornada, consolidando una atmósfera nociva en los centros urbanos de la selva». 

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Ante el colapso ambiental, el gobierno federal de Brasil ordenó «un despliegue operativo extraordinario». El ministro de Defensa, José Múcio Monteiro, confirmó «la activación de un Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas con sede en Manaos para coordinar las labores de contención terrestre y aérea». 

El dispositivo de respuesta incorporó cinco aeronaves adicionales, elevando a un total de 16 aviones cisterna la flota militar destinada al combate directo contra las llamas en la región norte. Paralelamente, el Ministerio de Integración y Desarrollo Regional transfirió 14 millones de reales, equivalentes a 2,8 millones de dólares, a la administración estatal de Amazonas para mitigar la emergencia. 

Como complemento al despliegue logístico, las autoridades sanitarias anunciaron «la instalación de una base de la Fuerza Nacional del Sistema Único de Salud». Su objetivo principal consistirá en «brindar asistencia médica directa a los miles de habitantes afectados por patologías respiratorias derivadas de la contaminación». 

Organizaciones ecologistas advierten que «la magnitud de los incendios expone la vulnerabilidad estructural de la mayor selva tropical del planeta». La combinación de sequía prolongada, deforestación y control insuficiente del fuego pone en riesgo la estabilidad ecológica de la Amazonía y la integridad de las comunidades originarias. 

La crisis de los incendios forestales en la Amazonía brasileña refleja las devastadoras consecuencias del cambio climático y la presión agropecuaria sobre el bioma. Durante la temporada seca, extensas áreas de selva son arrasadas por quemas intencionales destinadas a la habilitación de tierras para la ganadería y el cultivo extensivo.

La falta de fiscalización ambiental sostenida, combinada con regímenes de precipitaciones cada vez más irregulares, propaga voraces siniestros que escapan al control de los cuerpos de bomberos locales. Esta degradación sistemática no solo destruye la biodiversidad y acelera la emisión masiva de gases de efecto invernadero, sino que condena a millones de pobladores urbanos y rurales a respirar aire tóxico, colapsando los sistemas de salud pública en los estados del norte brasileño. 

Autor: teleSUR - dm - JML

Fuente: Agencias