Europa atrapada en la crisis del diésel
Ante los altos precios y la imposibilidad de comprar hidrocarburos a Rusia debido a sus sanciones, la Unión Europea suplica a Washington que no limite las exportaciones hacia el Viejo Continente
Los camiones alemanes que realizan trayectos de larga distancia afrontan un gasto adicional de 236 euros semanales. Foto: EFE
25 de septiembre de 2026 Hora: 14:01
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El conflicto en Irán ha provocado un fuerte aumento del precio del petróleo, pero el diésel ha experimentado un repunte todavía mayor. La guerra no provocada que lanzaron EE.UU. e Israel ha afectado tanto la producción como el suministro de combustibles provenientes de Oriente Medio, mientras los ataques ucranianos contra instalaciones de refinación en Rusia han contribuido a reducir aún más la disponibilidad de estos productos en los mercados internacionales.
De acuerdo con informe publicado este miércoles por Transport & Environment (T&E), los envíos de diésel y gasóleo desde Oriente Medio y Rusia se redujeron de manera conjunta en casi un 75% durante agosto, en comparación con el mismo mes de 2025. Al mismo tiempo, la brecha entre el valor del crudo y el precio mayorista del diésel superó los 100 dólares por barril a principios de septiembre, muy por encima del margen habitual, situado entre 10 y 30 dólares. La diferencia refleja tanto la menor disponibilidad de diésel refinado como el encarecimiento de la materia prima.
La presión sobre los precios llevó al diésel a un nivel récord en la Unión Europea. El 14 de septiembre, el valor medio ponderado alcanzó los 2,159 euros por litro, la cifra más elevada registrada por la serie de la Comisión Europea, cuyos datos se remontan a 2005.
El aumento del precio de los combustibles ha supuesto unos 53.000 millones de euros (más de 60.000 millones de dólares) adicionales para el transporte por carretera en la Unión Europea (UE). Para los usuarios de vehículos diésel, el incremento supone unos 142 euros más/semana (más de 161 dólares), mientras que los camiones alemanes que realizan trayectos de larga distancia afrontan un gasto adicional de 236 euros semanales (casi 270 dólares).
Europa y su fuerte dependencia del diésel
El cálculo de Transport & Environment (T&E) toma como referencia las 28 semanas transcurridas hasta el 6 de septiembre y compara los costos registrados durante la guerra con los del mismo período del año anterior, una vez descontado el efecto de la inflación. La organización destaca que Europa es la gran economía mundial con mayor dependencia del diésel.
Este combustible representa alrededor del 43% del volumen de derivados del petróleo consumidos en la Unión Europea, una proporción que supera en 16 puntos porcentuales al promedio mundial y casi duplica la registrada en Estados Unidos. Además, en 2024, cerca de cuatro de cada diez automóviles que circulaban por las carreteras europeas utilizaban diésel.
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El transporte por carretera concentró ese año el 77% del consumo comunitario de diésel y gasóleo. Los automóviles fueron los principales consumidores, seguidos por los camiones pesados, los autobuses y las furgonetas. Estos combustibles también tienen presencia en actividades como la agricultura y la construcción, así como en algunos hogares, aunque el cálculo de T&E sobre el costo diario del diésel para el transporte por carretera excluye el utilizado por maquinaria que no circula por las vías públicas.
El encarecimiento también se refleja directamente en el bolsillo de los conductores. T&E calcula que, durante las 28 semanas analizadas, un conductor promedio de un automóvil diésel en la UE gastó unos 142 euros (161 dólares) más que en el período comparable del año anterior. Para el 14 de septiembre, llenar un depósito de 50 litros costaba alrededor de 30 euros (34 dólares) más que antes del inicio de la guerra.
Las empresas de transporte también han visto aumentar sus gastos. En Alemania, un camión diésel dedicado al transporte de larga distancia acumuló unos 6.000 euros (6.800 dólares) adicionales en combustible durante el período estudiado, equivalente a unos 236 euros por semana. T&E aclara que esta cifra corresponde al ejemplo de un camión alemán y no representa un promedio para el conjunto de los vehículos pesados de la UE.
Bruselas alerta sobre el impacto de un posible veto estadounidense
La posibilidad de que EE.UU. limite durante 90 días sus exportaciones de diésel genera preocupación en la UE. La Administración Trump analiza esta medida con el propósito de contener los precios del combustible dentro del país, que esta semana superaron los 6.5 dólares por galón (3.78 litros), su nivel más elevado hasta ahora.
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La propuesta, adelantada el miércoles por medios locales, se conoce a pocas semanas de las elecciones de medio mandato, en las que los republicanos buscan a toda costa conservar el control de ambas cámaras del Congreso.
Un portavoz de la UE señaló este jueves que la cooperación energética entre Bruselas y Washington se mantiene como una relación estable y de mutuo beneficio, por lo que cualquier interrupción en el suministro podría generar consecuencias negativas tanto para Europa como para EE.UU.
Por ahora, la restricción no ha sido aprobada. Trump, sin embargo, dejó entrever durante un encuentro esta semana con el líder del régimen de Kiev, Volodymir Zelenski, que la decisión podría adoptarse próximamente.
Dentro de su propio Gobierno también existen dudas sobre sus efectos. El secretario de Energía, Chris Wright, sostuvo que impedir completamente las ventas al exterior podría resultar contraproducente: las refinerías estadounidenses tendrían menos espacio para almacenar combustible y se verían obligadas a reducir su actividad, lo que terminaría presionando al alza los precios de la gasolina y el queroseno. Wright planteó la posibilidad de aplicar restricciones parciales en lugar de un veto total.
La industria petrolera estadounidense también ha expresado reparos, debido a que la pérdida de un mercado importante podría llevar a las compañías a trasladar parte de ese impacto al mercado interno mediante mayores precios.
Para Europa, una eventual reducción de los envíos estadounidenses llegaría en un momento especialmente delicado. El mercado comunitario ya enfrenta dificultades en el abastecimiento de diésel, mientras que la producción interna cubre cerca del 70% de la demanda. El resto debe complementarse con importaciones y EE.UU. aporta aproximadamente un tercio de estas compras, lo que lo convierte en uno de los principales proveedores del bloque.
El combustible resulta esencial para actividades como el transporte terrestre y marítimo y el sector agrícola. Además, la dependencia europea del suministro estadounidense ha aumentado tras las sanciones impuestas a Rusia.
La búsqueda de alternativas tampoco resulta sencilla. Durante el conflicto, refinerías de China, otros países asiáticos y EE.UU. han incrementado sus exportaciones para cubrir parte de la demanda internacional. Sin embargo, una disminución adicional de los envíos estadounidenses coincidiría con las dificultades que afectan al suministro procedente de Oriente Medio, donde persisten riesgos para las rutas marítimas estratégicas, entre ellas los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb, en el mar Rojo.
Analistas advierten que una prohibición estadounidense podría tener efectos mucho más amplios que los previstos dentro del propio país. Eugene Lindell, responsable del análisis de productos refinados de la consultora FGE NexantECA, estima que el precio internacional del diésel podría alcanzar los 350 dólares por barril, frente a los alrededor de 200 dólares actuales.
La tensión no se concentra únicamente en la disponibilidad de petróleo. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) señaló que otro de los principales puntos de presión se encuentra en la capacidad mundial de refinación. Las instalaciones operan cerca de sus límites y cuentan con un margen reducido para incrementar rápidamente la producción de diésel. En agosto, las refinerías procesaron 81.4 millones de barriles diarios, unos 4.2 millones menos que durante el mismo mes del año anterior.
Europa paga el costo de romper con el suministro ruso
Las sanciones adoptadas por la UE contra Rusia modificaron de manera profunda el abastecimiento energético del bloque. La reducción de las compras de petróleo y derivados rusos obligó a los países europeos a buscar nuevas fuentes de suministro, y a sustituir parte de los volúmenes que anteriormente llegaban desde un proveedor cercano por importaciones más caras y procedentes de mercados más lejanos.
Esas acciones han tenido consecuencias para la UE. Al disminuir la participación rusa en el suministro, Europa pasó a depender en mayor medida de otros exportadores y de las condiciones del mercado internacional. EE.UU., Noruega y Kazajistán se encuentran entre los proveedores que han ganado espacio, mientras el bloque ha quedado más expuesto a interrupciones, variaciones de precios y dificultades logísticas que afectan al comercio mundial de combustibles.
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Las sanciones impuestas por la UE a Rusia tras el inicio del conflicto en Ucrania no fueron diseñadas únicamente para reducir la dependencia energética del bloque: también constituyen una herramienta de presión para golpear la economía rusa, restringir sus ingresos y limitar su capacidad para sostener el conflicto.
Sin embargo, pese al amplio paquete de medidas aplicado durante estos años, Moscú ha logrado sortear buena parte de las restricciones, reorientar sus intercambios comerciales hacia otros mercados y mantener en funcionamiento su economía.
Así, las medidas concebidas por Bruselas para castigar económicamente a Moscú y reducir sus ingresos vinculados al sector energético también han terminado pasando factura a la propia UE: encarecen la búsqueda de suministros alternativos y dejan al bloque más expuesto a las tensiones y al encarecimiento del mercado mundial de combustibles.
Autor: teleSUR: idg - JDO
Fuente: Agencias




