Canadá exige a EE.UU. frenar su injerencia en la apuesta separatista de Alberta
Primer Ministro fue categórico: “Esperamos que el Gobierno de Estados Unidos respete la soberanía canadiense”
Mark Carney subrayó que Canadá no tolerará interferencias extranjeras en asuntos internos, especialmente cuando se trata de territorios con alto valor energético y estratégico. Foto: EFE
30 de enero de 2026 Hora: 14:05
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El primer ministro de Canadá, Mark Carney, exigió que Estados Unidos respete la soberanía canadiense tras revelarse contactos entre funcionarios del Departamento de Estado y líderes del movimiento separatista de Alberta, una provincia estratégica por su riqueza petrolera.
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Las declaraciones del jefe de Gobierno se producen luego de que un diario estadounidense informó que dirigentes del denominado Proyecto de Prosperidad de Alberta (APP) se reunieron al menos tres veces desde abril con representantes del Departamento de Estado, en un contexto marcado por el aumento de las tensiones geopolíticas y energéticas en América del Norte.
El APP recibió autorización oficial para recolectar firmas con el objetivo de convocar un referendo independentista, que podría celebrarse en otoño de 2026. Aunque encuestas recientes indican que la mayoría de la población rechaza la secesión, Ottawa advierte que la instrumentalización externa del separatismo constituye una amenaza directa a la unidad nacional.
Durante una comparecencia pública junto a líderes provinciales, incluido el gobierno de Alberta, Carney fue categórico: “Esperamos que el Gobierno de Estados Unidos respete la soberanía canadiense”, afirmó, en clara alusión a los contactos diplomáticos con sectores secesionistas. Subrayó que Canadá no tolerará interferencias extranjeras en asuntos internos, especialmente cuando se trata de territorios con alto valor energético y estratégico.
En paralelo, líderes de regiones canadienses emitieron posicionamientos claros sobre la cuestión. La primera ministra de Alberta, Danielle Smith, declaró a la prensa que EE.UU. debería mantenerse al margen de la política canadiense y de Alberta, y que solicitaría al delegado de su gobierno en Washington que planteara sus preocupaciones a la administración Trump.
El primer ministro de Columbia Británica, David Eby, criticó las reuniones entre funcionarios estadounidenses y el grupo separatista de Alberta. Añadió que «ir a un país extranjero y pedir ayuda para desmantelar Canadá tiene una palabra anticuada: traición». Por su parte, el primer ministro de Ontario, Doug Ford, declaró a medios de prensa que las reuniones entre el APP y funcionarios estadounidenses eran «inaceptables» y «poco éticas».
La controversia se intensificó tras declaraciones del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, quien la semana pasada expresó comentarios interpretados como un respaldo indirecto al separatismo: “Alberta es un socio natural de Estados Unidos. Tiene enormes recursos. Sus habitantes son muy independientes”, afirmó en el canal digital conservador Real America’s Voice.
Analistas canadienses consideran estas declaraciones como una señal de interés geopolítico estadounidense sobre los recursos petroleros de Alberta, en momentos en que Washington busca asegurar suministros energéticos estables frente a la inestabilidad global.
Consultado sobre los encuentros con dirigentes separatistas, un alto funcionario del Departamento de Estado intentó minimizar el alcance del asunto: “El Departamento se reúne regularmente con representantes de la sociedad civil. No se adquirieron compromisos”.
Sin embargo, desde Ottawa sostienen que la reiteración de reuniones y el contexto político regional contradicen la narrativa de neutralidad estadounidense.
A diferencia del movimiento independentista de Quebec —con décadas de estructura política, respaldo electoral y peso cultural—, el separatismo en Alberta no ha representado históricamente una amenaza seria para la unidad territorial canadiense. No obstante, expertos advierten que el estímulo externo, el malestar económico regional y la politización del sector energético podrían crear un escenario de mayor polarización interna.
El episodio reabre el debate sobre las estrategias de influencia indirecta de Washington en países aliados, especialmente en regiones ricas en recursos naturales.
Desde el Ejecutivo canadiense insisten en que la estabilidad territorial del país no es negociable, y reiteran que cualquier intento de fragmentación impulsado desde el exterior será enfrentado por vías diplomáticas y políticas firmes.
Autor: teleSUR-cc - JDO
Fuente: Agencias




