Papel de los intelectuales mexicanos ante las amenazas invasoras de Donald Trump

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Foto: Cancillería de México


Por: Fernando Buen Abad

19 de junio de 2026 Hora: 09:30

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Sabemos que la intensificación de las amenazas intervencionistas formuladas por Donald Trump contra México no constituye un episodio aislado ni una extravagancia discursiva atribuible al temperamento de un magnate particular. Expresa una condensación histórica de contradicciones estructurales inscritas en la evolución del capitalismo estadounidense, en su declive relativo dentro de la economía mundial y en la necesidad creciente de externalizar conflictos internos mediante operaciones ideológicas, económicas, militares y mediáticas orientadas contra los pueblos periféricos. Ante tal escenario, el papel de los intelectuales mexicanos adquiere una relevancia excepcional. No se trata de una función ornamental asociada al comentario académico ni al ejercicio contemplativo de la crítica cultural. Se encuentra en juego una responsabilidad histórica vinculada con la producción de conciencia colectiva, la defensa de la soberanía popular y la elaboración de instrumentos conceptuales capaces de desmontar las narrativas imperiales.

Cinco tesis urgentes emergen de esta coyuntura: La primera sostiene que ninguna defensa eficaz de México puede reducirse a la preservación abstracta del Estado nacional. Toda soberanía auténtica descansa sobre la capacidad organizada de las mayorías para intervenir en la orientación material de la vida social. Las amenazas invasoras apelan constantemente a representaciones degradantes de la sociedad mexicana, convertida en imaginario colonial en territorio del crimen, del atraso y de la incapacidad política. Tales representaciones buscan justificar mecanismos de tutela imperial. La tarea intelectual consiste en demostrar que dichas construcciones ideológicas no describen una realidad objetiva. Funcionan como dispositivos de legitimación destinados a ocultar la responsabilidad histórica de las dinámicas económicas transfronterizas, de los circuitos financieros globales y de las estructuras de acumulación que producen violencia, desigualdad y desposesión. Defender la soberanía exige revelar las mediaciones materiales que conectan la crisis estadounidense con la estigmatización sistemática de México.

Allí donde la propaganda presenta una amenaza externa, el análisis descubre contradicciones internas desplazadas hacia un enemigo conveniente. La segunda tesis afirma que la conciencia nacional carece de potencia transformadora cuando permanece separada de la conciencia de clase. Las élites económicas mexicanas han demostrado reiteradamente su disposición a negociar la autonomía colectiva a cambio de negocios particulares. Ninguna experiencia histórica relevante autoriza a depositar en ellas la dirección exclusiva de una estrategia defensiva. Cuando la nación es concebida como una entidad homogénea, desaparecen las diferencias entre quienes viven del trabajo y quienes se benefician de la apropiación privada de la riqueza social. Las amenazas provenientes de Washington obligan a reconsiderar la composición real del sujeto histórico capaz de resistirlas. La defensa del territorio, de los recursos estratégicos, de la cultura y de la autodeterminación depende fundamentalmente de la capacidad organizativa de trabajadores, campesinos, comunidades indígenas, sectores populares urbanos, estudiantes y productores subordinados por relaciones asimétricas de poder. La labor intelectual demanda contribuir a la articulación de esas fuerzas mediante categorías rigurosas que permitan comprender intereses comunes detrás de experiencias aparentemente fragmentadas. Es hora de un Frente Unico.

Una tercera tesis establece que la batalla decisiva se desarrolla en el terreno de la producción simbólica. Las formas contemporáneas de dominación combinan instrumentos militares con dispositivos comunicacionales de enorme sofisticación. Ninguna invasión comienza con el desembarco de tropas. Comienza con la colonización de las percepciones, con la fabricación de consensos favorables a la subordinación y con la naturalización de imaginarios que convierten la dependencia en destino inevitable. Las amenazas agresivas de Trump adquieren eficacia política cuando encuentran una red de amplificación mediática capaz de transformar prejuicios en sentido común. Frente a ello, los intelectuales deben asumir una intervención activa en la crítica de los sistemas de representación.

Resulta indispensable examinar cómo circulan las imágenes del narcotráfico, de la migración, de la frontera y de la violencia; cómo determinadas narrativas invisibilizan relaciones de explotación internacional; cómo la industria cultural participa en la reproducción de jerarquías geopolíticas. La producción de conocimiento deja de ser un ejercicio restringido para convertirse en una forma de defensa colectiva frente a la guerra cognitiva. La cuarta tesis plantea que la solidaridad internacional constituye una necesidad material además de una responsabilidad moral. Las amenazas contra México forman parte de una ofensiva más amplia dirigida contra cualquier proceso que limite la expansión irrestricta del capital transnacional. La experiencia histórica demuestra que los pueblos aislados enfrentan enormes dificultades para sostener proyectos soberanos duraderos. Corresponde a los intelectuales contribuir a la construcción de redes continentales de cooperación crítica capaces de conectar luchas dispersas en torno a objetivos comunes. América Latina posee una vasta tradición de pensamiento emancipador, desde las corrientes antioligárquicas del siglo XIX hasta las elaboraciones contemporáneas sobre dependencia, colonialidad, comunicación, cultura y economía política. Recuperar ese patrimonio no implica repetir fórmulas heredadas. Lo sabe la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad.

Exige actualizarla a la luz de transformaciones tecnológicas, financieras y geopolíticas recientes. La integración intelectual latinoamericana debe convertirse en un laboratorio permanente de elaboración estratégica frente a las nuevas modalidades de subordinación imperial. La quinta tesis sostiene que la función más elevada del trabajo intelectual consiste en anticipar horizontes históricos alternativos. Las amenazas invasoras prosperan cuando logran imponer la percepción de que no existe futuro fuera del orden vigente. La resignación constituye una de las mercancías ideológicas más rentables para los sistemas de dominación. En consecuencia, la crítica adquiere plenitud únicamente cuando se acompaña de imaginación política. Los intelectuales mexicanos enfrentan el desafío de formular proyectos capaces de expandir las posibilidades de la democracia económica, de fortalecer formas cooperativas de producción, de profundizar la participación popular en las decisiones estratégicas y de desarrollar una cultura orientada por valores de reciprocidad, justicia social y dignidad humana. Ninguna defensa nacional puede limitarse a impedir una agresión externa.

Debe abrir caminos para superar las condiciones estructurales que vuelven posible dicha agresión. La gravedad del momento histórico exige abandonar toda neutralidad complaciente. Cuando las amenazas imperiales resurgen con renovada intensidad, la producción del conocimiento se transforma inevitablemente en un campo de disputa. La cuestión decisiva ya no consiste en determinar si los intelectuales participarán en esa confrontación. Participan desde el instante mismo en que interpretan la realidad, seleccionan problemas, jerarquizan evidencias y construyen narrativas.

Porque el verdadero dilema radica en decidir al servicio de qué fuerzas sociales se orientará esa actividad. Ante la ofensiva expansionista que pretende convertir a México en objeto de tutela geopolítica, la responsabilidad intelectual demanda contribuir a la formación de una revolución de las conciencias histórica capaz de reconocer las raíces materiales del conflicto, fortalecer la unidad de los sectores subalternos y afirmar una soberanía fundada en la participación activa de quienes producen la riqueza colectiva. Allí reside la posibilidad de transformar una coyuntura de amenaza en una oportunidad para profundizar la emancipación social y ampliar el horizonte de la libertad humana.

Autor: Fernando Buen Abad

Fuente: teleSUR

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Fernando Buen Abad Domínguez es mexicano de nacimiento, (Ciudad de México, 1956) especialista en Filosofía de la Imagen, Filosofía de la Comunicación, Crítica de la Cultura, Estética y Semiótica. Es Director de Cine egresado de New York University, Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Master en Filosofía Política y Doctor en Filosofía. Miembro del Consejo Consultivo de TeleSUR. Miembro de la Asociación Mundial de Estudios Semióticos. Miembro del Movimiento Internacional de Documentalistas. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Rector-fundador de la Universidad de la Filosofía. Ha impartido cursos de postgrado y conferencias en varias universidades latinoamericanas. Ha obtenido distinciones diversas por su labor intelectual, entre ellos, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar que otorga el Estado venezolano. Actualmente es Director del Centro Universitario para la Información y la Comunicación Sean MacBride y del Instituto de Cultura y Comunicación de la Universidad Nacional de Lanús