El clásico pasecito a la red

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El máximo organismo del fútbol mundial busca reducir a un solo sorteo de moneda la definición desde los doce pasos con el objetivo de garantizar una mayor equidad entre los equipos. FOTO: AFP


Por: Adalberto Santana

27 de junio de 2026 Hora: 09:19

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En el mes de junio de 2014 afirmábamos que las guerras del fútbol es el escaparate de una confrontación político-ideológica en el escenario global, donde el deporte espectáculo representa una pugna simbólica que no llega a desatar “guerras bélicas”. Por el contrario se “trata de un acontecimiento histórico importante por su magnitud económica, cultural, deportiva y expresiones políticas y sociales”. Agregábamos  que “los latinoamericanos deben y se encuentran obligados a triunfar frente a otros bloques de poder”. Pero también apuntábamos que la entonces presidenta de Argentina, Cristina Fernández, expresaba “que al menos una selección latinoamericana pueda obtener la Copa del Mundo”. Esta tesis en esa fiesta  del espectáculo deportivo-económico, por su alta rentabilidad y para el interés de los pueblos imbuidos por esa competencia, deben luchar arduamente para obtener la copa mundial. Sus candidatos siguen siendo dos de los más poderosos deportivamente hablando de la región, nos referimos a los equipos de Argentina y de Brasil dentro del bloque latinoamericano.

Es evidente que el nacionalismo regional, se da en esta competencia. Si bien la mayoría de nuestros países de nuestra América, padecen las crisis del subdesarrollo y la dependencia, en el fútbol figuran precisamente esos dos equipos nacionales sudamericanos, como las dos super potencias de nuestro continente. Esas dos representaciones ya se encuentran ampliamente consolidadas,  como son los casos de las selecciones de fútbol  de Brasil y Argentina. En otros casos padecen la decadencia deportiva como el representativo del Uruguay. Algunos más esperan crecer a otro nivel dentro de ese fenómeno del espectáculo deportivo, tal como las selecciones de Colombia y México. Incluso esos dos representativos pretenden avanzar a otro escalafón. Ello significa salir de un marcado subdesarrollo deportivo, tal como el paradigmatico equipo reprentativo de Haití, el país más pobre de nuestra región que se hace presente en la competencia futbolera. Situación semejante se hace manifiesta también en los equipos del continente africano. En otras palabras, así como en la realidad económica y social del orbe, existen las naciones desarrolladas y las subdesarrollas, gran parte de los países latinoamericanos y africanos se inscriben en el mundo del futbol-espectáculo dentro del subdesarrollo. Como también las selecciones de los países europeos figuran mayoritariamente en el mundo desarrollado del fútbol-espectaculo. Incluso los mejores futbolistas de los países periféricos han desarrollado y  desenvuelven  su actividad profesional en los grandes equipos europeos de España, Francia, Alemania, Holanda, Italia, Inglaterra e incluso en los Estados Unidos.

En otras palabras, a nivel de ese mismo deporte-espectáculo, se reproduce las relaciones centro-periferia. Los mejores jugadores latinoamericanos o africanos, desarrollan su actividad profesional en los equipos europeos. Estar contratados y jugar en las grandes ligas profesionales  del primer mundo, es uno de los mejores logros en sus carreras deportivas.  Sin embargo, cuando se insertan en sus selecciones nacionales, también es un gran escaparate de orgullo deportivo al representar a sus países de origen.

El desempeñarse y  jugar en los equipos centrales de las ligas europeas o de Estados Unidos, es una tribuna que significa contar con un  orgullo y fama, y sobretodo tener una alta rentabilidad en sus ingresos en su corta vida profesional. Para esos jugadores que se destacan como los mejores jugando en las grandes ligas europeas, representa monetariamente acumular una riqueza que les brinda ese deporte-espectáculo en la escala y promoción social. Para los dueños del negocio, es decir, para los propietarios de los equipos europeos profesionales, representa una industria altamente rentable.  Así,  el mundial del fútbol es un gran vitrina para uno de los grandes negocios del mundo deportivo. Los dueños del futbol profesional mexicano, por tercera ocasión les ha tocado por suerte, co-organizar el mundial. Es un gran negocio y para los EU y Canadá, el fútbol también es un gran filón de nuevas ganancias en esas potencias monopólicas.  Veremos quien será el equipo campeón del mundo, pero sin duda parece que el gran ganador son los dueños del fútbol de los Estados Unidos y Donald Trump.  Mandatario estadounidense que ya obtuvo ganancias de la FIFA, al otorgarle Gianni Infantino  el “Premio FIFA de la Paz”.  El mismo Trump será quien entregue la copa a quien resulte campeón el próximo 19 de julio en el estadio Metlife de East Rutherford, Nueva Jersey.

El fútbol-espectáculo  es un mecanismo del mundo globalizado que atrae a diversos consumidores para someterlos a lo lógica del consumo-espectáculo. Con todo el campeón en ese discurso fortalece a un nacionalismo europeo y latinoamericano para aspirar a ser campeón  mundial. Pensemos que el gran negocio del futbol profesional y del campeonato mundial de la FIFA, instancia que aglutina a 211 asociaciones nacionales afiliadas, casi más que la Organización de las Naciones Unidas, es la expresión de un gran monopolio que controla al futbol profesional a nivel planetario. La FIFA es el organismo que tiene cautivos a millones de televidentes en todo el mundo, pero también es la dueña de un gran negocio planetario.  Es sin duda una de las grandes corporaciones globales, que hace a través de los medios televisivos, el ensueño  del mundo entero por ver el clásico pasecito a la red.

Autor: Adalberto Santana

Fuente: teleSUR

teleSUR no se hace responsable de las opiniones emitidas en esta sección.

Nació en la ciudad de México, es Doctor en Estudios Latinoamericanos e investigador titular del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC) de la UNAM. Entre sus libros figuran: El pensamiento de Francisco Morazán (1992, 2000, 2003, 2007 y 2019); El narcotráfico en América Latina (2004 y 2008), Minorías sociales en América Latina (2014) . Recibió Mención Premio Casa de las América (2003).