Ideas para una geopolítica de las reparaciones

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Solidaridad del Sur Global: líderes africanos respaldan a Venezuela. Foto: MPPRE


Por: Lilia Ana Márquez Ugueto

11 de marzo de 2026 Hora: 09:41

Ponencia realizada en la Conferencia Internacional: Solidaridad del Sur Global: líderes africanos respaldan a Venezuela, realizada el 10 de marzo del 2026, en Caracas.

Lo que a continuación balbuceo es un ejercicio muy interior de reflexión, no pretendo poner las palabras a lo que acontece mientras otros vientres de hermanas del mundo, ponen los muertos, lo que intento es pensar sobre todo en lo que estamos viviendo desde la fatídica madrugada del 3 de enero 2026, pero que puede compartirse sobre todo para el contraste, para no quedarnos estancadas en monólogos.

En un ensayo mental por entender el actual movimiento de nuestra historia, busco desde esta situación comprender hoy cómo sería un horizonte de sentidos que siga insistiendo en evidenciar la crueldad sobre las ausencias de justicia; cómo interpelar hoy desde las historias de nuestros sures globales, cómo entender el hecho de que la guerra imperial colonial se está escribiendo con el mismo guion conquistatario de siempre, pero con distintos relatos cargados de novedad.

De allí pensar en esos futuros posibles de la brasileña Leyla Gonzales y puertorriqueño Agustín Lao Montes, agarrarnos de esas frases que abrazan esperanzas para sostenernos frente a la sensación de derrotas que emanan un terrible hedor a incertidumbre. Desde esos fraseos vitaminas para recordar siempre nuestras reales condiciones de posibilidad para resistir, insistir y re existir en el proyecto humano de la vida, ese que pone en el centro todas las formas de existencias sin jerarquías, privilegios y prerrogativas.

Frente a las agresiones imperiales coloniales nos queda el sentimiento reserva de autorepararnos como fortaleza, maternarnos como resistencia, corazonarnos como reexistencia. Nos duelo el útero geocultural, nos sentimos débiles en el campo de batallas coloniales, tenemos taquicardias y vértigos históricos de sólo pensar en volver a pasar por la misma experiencia de imposibilidad a ser personas.

La geografía política que se impone hoy es la del patriarcado histórico del occidente moderno, es la impertérrita línea abismal que sigue hundiéndonos en la ficticia idea de no ser para oxigenar el ser imperial en detrimento de los mundos colonizados y debemos hacer un breve inventario: guerras económicas contra los pueblos, medidas coercitivas y unilaterales a escala global, políticas arancelarias como bazucas, ecocidios, magnicidios, genocidios, infanticidios, femicidios, persecuciones a migrantes, desmembramientos de 2 familias (filicidios), deportaciones a campos de concentración, desestimaciones y sabotajes a revoluciones, estigmatizaciones a derechos políticos para justificar el robo de nuestras riquezas ecológicas y la devaluación impuesta a nuestras dignidades humanas.

Es la clásica guerra entre civilización y barbarie reeditada ahora con tecnología 4.0, porque la modernidad nunca nos va a permitir ser personas, todo esto son abortos programados para interrumpirnos el derecho a ser gente.

Nos están dando golpes sistémicos y sistemáticos a nuestras yugulares, y de afuera algunos militantes nos piden que expliquemos el tubazo de lo que acontece sin mostrar solidaridad alguna, solo quieren la noticia mercancía, actualizada además; exigencia poco respetuosa para la diplomacia popular, en la medida en que se siente que la incertidumbre es colectiva a escala global, hoy más que nunca.

Nos están asediando el proyecto humano de la vida a escala planetaria y el reduccionismo de que nos vendimos como pueblo, como proyecto histórico es realmente perturbador escucharlo de algunos amigos de Venezuela, la guerra cognitiva está haciendo lo propio, sembrar cizañas. La vieja táctica de asediarnos se renueva para cambiar la perspectiva global del pueblo bolivariano en el mundo, no están respetando nuestros silencios, nuestras heridas, nuestra introspección, porque querer saber que ocurre ya, es también un acto de asedio.

Busco el abrazo estratégico, ese que es inquebrantable para que sobrevivamos políticamente. Matar a Bolívar, aniquilar a Chávez, secuestrar a Cilia y a Maduro no les es suficiente, ahora deben exponernos al escarnio público como tibios, como blandos, como vendidos, desde sus habituales falsos positivos.

Ser bolivarianos hoy, chavistas en la actual geopolítica imperial es agrupar los frentes de resistencia de cara a las guerras de desgastes que además hoy más que nunca se basan en el chantaje. Guerras impopulares porque nadie les cree, nadie las quiere, guerras antipopulares porque miden nuestras resistencias como pueblos a creernos incapaces, frente a estas fracturas globales que han tambaleado la lucha por la vida.

La nostalgia colonial renueva su idea de reparto del mundo desde el yo conquisto de siempre, esa es su emoción es su razón de existir que se ampara en el cinismo patriarcal donde el 3 insulto va direccionado a nuestras inteligencias, con la duda a nuestra dignidad e integridad como pueblo.

Esa es parte de esa falacia llamada geopolítica dura, logrando hacer rígidas las percepciones hacia nosotros y nosotras como pueblo, están sentando en el banco a los acusados de traidores a la gente equivocada y eso hay que aclararlo de pueblo a pueblo, porque es la inversión de roles, la provocación constante del imperialismo para seguir intentando vencer, dividiéndonos como bloque histórico.

La disyuntiva paradójica por demás sobre si somos o no traidores/revolucionarios, valientes/cobardes, solidarios/oportunistas, nos está haciendo blanco de ataques en nombre de la paz supremacista, esa que bombardea, invade, secuestra y luego chantajea y en una geopolítica de las reparaciones hay que detenerse a pensar los detalles, qué seguros de vida tenemos que sean definitivos en la salvaguarda de la vida, en estos contextos del siglo XXI.

En la trama de las relaciones internacionales los catalizadores nucleares imperiales tienen el punto de apoyo para su estabilidad estratégica (la amenaza de genocidio) para asegurar el equilibrio mundial del terror, yendo incluso más allá de sus clásicos elementos disuasorios de presión hasta llegar a agenciar la inestabilidad como meta, retrotraernos al mundo bipolar, ahogar nuestras conquistas aterrorizándonos con ciber-ataques, con bombardeos a nuestros territorios, agresiones con sistemas hipersónicos, asesinatos a nuestros pueblos venezolano y cubano), extorsionarnos con frentes sistémicos y sistemáticos de tensión, además del cautiverio existencial de Cilia y Maduro, el enturbiamiento de sus legítimas defensas, siendo estos los ingredientes activos del chantaje que recae sobre nuestro proyecto histórico en los hombros de un pueblo en desconcierto.

Entonces la geopolítica imperial dejó de jugar ajedrez para pasar al póker apostando a la globalización intensa de la violencia. En el ajedrez histórico ha quedado más que develado que “las piezas blancas” tienen más de cinco siglos moviéndose primero; el jaque mate es siempre la jugada ilegal, no hay planificación estratégica, hay chantaje desde la coerción militar cuando lo político y lo económico se vuelve insuficiente, ese es el equilibrio del terror mediante la conversión de cuadros políticos de las revoluciones a prisioneros de guerra imperial o mártires de los pueblos atacados.

Es la apuesta al proyecto de la muerte compitiendo por la apropiación del tesoro imperial: esa invención llamada recurso natural que cosifica nuestras riquezas ecosistémicas, la pregunta en la mesa del póker colonial, es cuántas manos le quedan por lanzar. El bluf imperial sigue intimidándonos con engaños, pareciera que no dan cuenta de que están obligados a pasar a otras estrategias para no perder la apuesta, aun a sabiendas de que subir la intensidad de las agresiones para incrementar la apuesta, más temprano que tarde les obligaría a retirarse, ¿cuánto tiempo más tendremos que esperar a que eso suceda, más de quinientos treinta y cuatro años no bastan?

En las geopolíticas endógenas del imperialismo sus fuerzas internas amenazan con hacerles abandonas el juego para no seguir perdiendo la apuesta que al interior de su ethos conquistatario tiene grandes costos humanos, la misión civilizadora está caduca, la falacia de la paz mundial no se sostiene aunque el supremacismo insista en lograr su propio equilibrio de blanquitud. La violencia colonial tiene más de cinco siglos de institución global no dando derecho a las propias defensas, no dando concesiones al proyecto humano de la vida, se nos sigue prohibiendo como hace más de dos décadas en Venezuela, y al menos seis en la hermana patria de Cuba a defender nuestra propia autodeterminación, y lo que acontece es un zarpazo más y de esto tenemos que hablar.

La violencia del estado colonial nos tiene sitiados como en otros momentos de nuestra historia común, es el espolio sistémico y sistemático, es el despojo crónico, es el exterminio prolongado, hoy bajo la falacia construida en contra del pueblo bolivariano chavista de que somos entreguistas, traidores, tibios, cobardes, mentiras contra nosotras y nosotros como pueblo que no hemos dejado de luchar y aunque sea inmodesto tenemos que recordarlo, fuimos el primer pueblo del mundo en luchar contra los paquetes económicos del neoliberalismo en el siglo XX, y en el siglo XXI el primer pueblo en volver a poner a su presidente en la silla de Miraflores, que eso no se olvide nunca.

Lo más dramático del asunto es que es la política diseñada para el Sur Global, en una mentira para desesperanzar las militancias de nuestros mundos y futuros posibles. Entonces, desde estas lógicas en Argentina por Macri y Milei la gente dejó de luchar, como en Brasil con Temer y Bolsonaro o en Perú cuando secuestraron a Castillo, o en Ecuador cuando derrocaron por traición la Revolución Ciudadana, o en la Colombia de Uribe o en la Bolivia sin Evo, o 5 en Haití que no ha parado de combatir desde el siglo XIX, no se dan cuenta de lo que nos están haciendo a nuestras naciones, las están despojando de la energía vital de pueblo, para demostrar falazmente ante la opinión pública mundial que en sus apuestas el modo de producción subalternado sostiene al supremacismo globalizado, en presuntas operaciones de guerra impecables que sostienen su paz supremacista, la paz del consumo ilimitado, mientras se consume a la casa común llamada planeta.

Como Sur Global estamos siendo criminalizados por reclamar nuestro derecho a administrar nuestras soberanías y es siempre importante no perder de vistas que las guerras coloniales tienen como sustrato el racismo ¿cuál es en fin de la guerra colonial? ¿Cómo se detiene la reproducción del “capital violencia” y la colonialidad del poder? ¿Cómo hacer desaparecer la efectividad colonial que hace que incluso como pueblos, como clase, como geografías, como personas racializadas dudemos entre nosotros mismos del proyecto descolonial de liberación mundial?

Hoy para nadie es un secreto que todo el actual movimiento de las guerras de conquista que se inauguran en el 2026 con nuevas estrategias de agresión, surgen para frenar el avance del programa nuclear iraní, lo más lamentable con nuestros recursos estratégicos que no son sólo venezolanos, sino no de todo el trópico global que expolian para sus parques tecnológicos 4.0. Progresen. La falacia de la autoridad se desbarata fácticamente ¿liberar mujeres y matan niñas?, estos femicidios/infanticidios son programados para causar el terror siempre y una vez más, estos son los derechos humanos de la guerra colonial y el crimen genocida, el derecho a la masacre para sostener la propiedad privada imperial sobre nuestros territorios cuerpos, en su gran mayoría tropicales, donde casualmente esta la mayor mega bio diversidad del planeta.

Ombligarnos al pueblo sur que somos es más que una consigna, no creer en la campaña de lucha por la liberación de las mujeres iraníes desde feminismos blancos es el despertar que tenemos que hacer ya, para desmarcarnos de las políticas trasnacionales supremacistas, porque son mujeres que explotan a las mujeres racializadas en nuestros sures, son extractivistas del dolor que deja en el alma la agresión imperial, el dolor lo capitalizan como recurso a explotar y allí se completa la tautología colonial.

Pensar en todas estas cosas es maternar fuera de la lógica patriarcal occidental moderna, contra la imposición que nos quieren inocular, las mujeres pueblos desde la doloridad común en ningún territorio del Sur Global nos rendimos, esa es la dignidad del corazonar que les estamos pidiendo, nos quieren deshabitar los vientres, nos están deportando el cuidarnos y desde esa externalización nos están intentando fragmentar como pueblos que se hermanan en todas nuestras luchas similares desde la experiencia colonial. El Sur Global sigue siendo como en antaño la familia vientre de salvaguardas de la vida, es el espacio de gestar, parir y criar resistencias que insistan en re existir como personas con dignidad y reales libertades, esa es la producción y la reproducción de la vida es la fuerza transformadora, recuperando el núcleo simbólico del continuo histórico frente a la agresión supremacista.

De allí que hoy hablemos en este balbuceo sobre geopolíticas de las reparaciones, desde las ancestrales tecnologías civilizatorias del trópico que nos habitan y que tienen además a la ternura insurgente como punto de partida. El anhelo comunitario es más de un desiderátum, es la misión reparadora por rehabilitar nuestras formas originarias de construir común-unidad, es un afán de vida para vivir viendo, un sueño colectivo recurrente en nuestras historias mundos que alientan la voluntad de buen vivir, es por ello que cuidar concilia salvaguardas corresponsables, debemos radicalizar la ternura como estrategia política que indiscutiblemente subvierte el sentido colonial que impone la vida moderna, volver a la sensibilidad como ética del cuidado, retomar el amor para no endurecer el alma ni el corazón, buscar en juntera explicaciones a nuestros temibles y terribles tiempos para salir de la angustia agónica de la incertidumbre programada, es izar la ternura como bandera de lucha en las nuevas eras de la violencia colonial.

Lo más increíble es que hemos estado siendo acorralados por patriarcas occidentales modernos incapaces de dominar sus impulsos, por una suerte de psicopatía que se da al interior del ethos cultural supremacista que siente placer en el despliegue de su propia crueldad. Es por ello que debemos como Sur Global sanar de estas enfermedades mentales, almáticas y de corazones lo masculino como imaginario del que beben hombres y mujeres sin distingo de género y que fue impuesto por la lógica misógina y femicida del patriarcado moderno en nuestras geografías ancestrales.

Miremos el panorama con detenimiento, el enemigo histórico de clase, de género, de etnia en esas geografías metafóricas que dividen abismalmente lo humano, sufre una paradoja de satisfacción cuando su rabia la acciona en genocidio, cuando su calentura o pulsión de vida la cristaliza en pedofilia y cuando su impulsividad pueril la descarga en la terrible tensión de las guerras, para gobernar las cosmovisiones trópicos del proyecto humano de la vida. La cuestión es terrible en la medida que seguimos profundizando en la caracterización de la élite mundial que tiene al planeta en estado de angustia, porque se trata de una camada de imperialistas que tiene como práctica dejar actuar a su psiques enferma con la satisfacción de un placer inmediato que encuentran en la violencia, es apuesta pueril de ser el más fuerte, ese es el póker imperial que dejó atrás el pensamiento estratégico del ajedrez mundial dentro del tablero de las relaciones internacionales, es el desbarajuste psicológico de los guerreristas de hoy con decisiones judiciales inverosímiles: el secuestro de Cilia y Maduro, o el Genocidio de Gaza, o los impeachment en Brasil, Uruguay, Bolivia, Perú, por nombrar algunos casos emblemáticos en nuestro siglo, donde a través de golpes blandos, golpes institucionales o golpes parlamentarios se llevaron a cabo procesos de destitución de mandatarios por motivos políticos – ideológicos.

La apuesta de ese poder es elevar al supremacismo que les es inherente al poderío planetario de control absoluto del mundo y con él, el despojo continuado, la explotación como normatividad y la muerte, siempre la muerte. Esta era de la modernidad se ha caracterizado sobre todas las cosas por el placer hematofágico, alimentándose de la sangre de nuestros y nuestras caídas pueblos, mientras se reconfigura en sus bolsas de valores el negocio de la guerra. Es un poder interior propio de este tipo de racionalidad que poco le importa el poder exterior que le censura, porque obtiene victorias inmediatas que evidencia la incapacidad del propio dominio interior que poseen como humanos. Es la pulsión de muerte globalizada, la política del thanatos institucionalizada.

Todos estos elementos nos obligan ya, sin más demoras a la insurgencia de una geopolítica de las reparaciones desde el Sur Global, que es más que un lugar de enunciación es la territorialidad del maternarse, del re-corazonarse almáticamente al calor de las agresiones, es allí donde debemos obedecer al sentido humano frente al drama de desaparecer como especie, 8 desmarcarnos definitivamente como pueblos del gobierno impulsivo global, que debilita a nuestras geoculturas, porque esos actos individuales de pulsión de muerte han tenido grandes consecuencias colectivas para el mundo, verbigracia además del infanticidio en Gaza el infanticidio en Irán con el asesinato de 165 niñas tras el bombardeo de una escuela.

En frente a todo este terrorismo blanco supremacista está el juicio inducido a nosotras y nosotras como chavistas desde la guerra cognitiva, ocultando la agresión sistémica y sistemática del actual sistema mundo moderno con el control de los relatos, el abuso reactivo hacia nuestra trayectoria histórica como pueblo que resiste y colocar las problemáticas en el terreno de la ambigüedad para desorientar a los pueblos hermanos, sobre la real situación en la que nos encontramos.

El sur global hemos estado ciertamente epidermizando nuestras culturas, epidermizando el trópico, nuestras cosmovisiones y es allí donde se encuentra la evidencia de las geopolíticas de las resistencias al colonialismo y al imperialismo, para seguir honrando los movimientos descoloniales de todos los tiempos, porque la geopolítica de las reparaciones que desde Venezuela proponemos debe ser una agenda panafricanista para que nunca más olvidemos de lo que el imperialismo es capaz de hacernos.

La militancia pluripolar y multicéntrica en lograr la libertad inmediata de Cilia y Maduro es un acto panafricanista hoy de autorreparaciones y una condición de posibilidad que brinda elementos para desmontar la praxis colonial de siempre. Finalmente parafraseando al Bolívar nuestro de cada día evocamos su verbo antiimperialista para la consolidación hoy de una Geopolítica de las reparaciones: «Por fortuna se ha visto a un puñado de hombres libres vencer a un imperio poderoso». «no hay mejor medio de alcanzar la libertad que luchar por ella». La «unión debe salvarnos».

Artículo tomado de la REDH

Autor: Lilia Ana Márquez Ugueto

Fuente: RedH

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