Monedero: Venezuela demuestra que otra democracia es posible frente al vaciamiento occidental

Venezuela decidió este 8M en qué gasta su renta petrolera. Para el politólogo Juan Carlos Monedero, esa es la respuesta más inteligente que puede dar un gobierno bajo presión imperial.

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La presidenta encargada Delcy Rodríguez convirtió la consulta popular en el eje de la política económica venezolana al destinar los ingresos de la renta petrolera a fondos que decide el pueblo. Una medida que, según el politólogo Juan Carlos Monedero, no tiene parangón en ninguna experiencia previa de democracia participativa en el continente. Foto: teleSUR


8 de marzo de 2026 Hora: 14:33

Venezuela cierra el 8 de marzo con 36.000 proyectos postulados desde las bases y 5.336 comunas que deliberaron sobre el destino de los recursos nacionales. Lo hace en el mismo momento en que el politólogo español Juan Carlos Monedero diagnostica, desde la academia europea, un retroceso profundo de la democracia en Occidente. El contraste no es casual. Es, según el analista, exactamente el mensaje que el mundo necesita escuchar.

«Cuando Estados Unidos demuestra que puede bombardear un país, que puede matar en una escuela a 160 niñas, que puede hacer lo que le dé la gana, en ese contexto Venezuela sigue manteniendo uno de los ejes centrales de su política, que es consultar al pueblo cómo se gasta el dinero del pueblo», afirmó Monedero en entrevista con teleSUR. «Creo que es una señal en la dirección correcta.»

El diagnóstico de Monedero parte de la arquitectura básica de la democracia representativa. Para que funcione hacen falta dos columnas. Una esfera pública donde los ciudadanos puedan saber con certeza si sus gobernantes actuaron bien o mal, y una división de poderes que garantice instituciones independientes. Ambas están cediendo al mismo tiempo.

«Si un millonario como Elon Musk se puede comprar Twitter por 44.000 millones de dólares y ponerlo al servicio de Donald Trump, se quiebra una de las dos patas de nuestros gobiernos representativos», advirtió. La otra cede cuando los jueces afines encarcelan líderes, los estigmatizan y los invalidan con pruebas fabricadas. Lo que queda no es democracia sino su apariencia.

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En América Latina el cuadro es consistente. Argentina, Ecuador, Chile, Honduras comparten los mismos síntomas como las elecciones que no transforman nada, derechos sociales desmantelados, identidades nacionales erosionadas por la presión cultural de Washington. «Da igual lo que tú votes, te vamos a dictar desde fuera qué es lo que tienes que hacer», resumió el politólogo. Una lógica que ya avanza también en Europa.

El caso más revelador de ese quiebre lo encuentra Monedero en Benjamin Netanyahu. El primer ministro israelí actúa con total impunidad tras la masacre en Gaza, mientras quienes pagan el precio son Francesca Albanese, relatora de Naciones Unidas sobre los territorios palestinos, y los jueces que se atrevieron a condenarlo por genocidio. La justicia internacional castiga a quienes la defienden y protege a quienes la violan.

Ese quiebre no ocurre en abstracto. Tiene ubicaciones precisas y un patrón que se repite con distintos protagonistas. Venezuela lo conoce bien. El 3 de enero de 2026, un ataque terrorista golpeó Caracas y otras localidades del país mientras el mundo miraba hacia otro lado.

El presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores fueron secuestrados en una operación que sacudió los cimientos del derecho internacional. Lo que vino después fue una guerra simbólica sostenida en la mentira sistemática y el silencio estratégico, orientada a fracturar la cohesión del Estado venezolano.

Frente a quienes esperaban una respuesta de otro tipo, Monedero fue directo. «El que quiera pegar tiros o el que quiera mártires, que se vaya a otro lado. La respuesta más inteligente que puede dar ahora mismo el gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez es precisamente abrir una consulta popular para ver en qué se gasta el dinero de las venezolanas y de los venezolanos.»

Para el politólogo Juan Carlos Monedero, toda América Latina observa lo que ocurre en Caracas porque es un adelanto de lo que puede pasarle a los demás pueblos.

La decisión de destinar los ingresos de la renta petrolera a dos fondos cuyo uso decide el pueblo en consulta directa —uno social y otro para infraestructura y equipamiento— representa un salto cualitativo respecto a cualquier experiencia previa de democracia participativa. Los presupuestos participativos ensayados en Brasil y otros países abarcaban porcentajes pequeños del gasto público. Lo que Venezuela plantea tiene otra escala y otra profundidad.

«Cuando pones en marcha 30.000 proyectos e implicas a la ciudadanía, se abre una escuela de democracia», explicó el politólogo. «La gente elabora sus proyectos, sabe lo que cuestan las cosas, se hace consciente del esfuerzo colectivo que hay que hacer entre todas y todos para sacar adelante un hospital, una vivienda, una carretera, un alumbrado.» Ese pueblo que aprende a decidir es también un pueblo que exige y que no olvida. Esa memoria colectiva, construida en miles de asambleas comunales, es uno de los activos más sólidos de cualquier proceso de transformación.

Monedero no subestima la capacidad de daño del poder imperial. «Un país que tiene la mitad del gasto en armamentos del planeta, que gasta un billón de dólares en armamento, tiene capacidad para hacer daño en Venezuela y luego irse a hacer daño en Irán.» Pero también señala las grietas como la presión económica interna en Estados Unidos, el desgaste político de Trump, la incomodidad de sectores de la derecha europea ante la violación sistemática de la soberanía nacional.

Ganar tiempo con inteligencia, en ese escenario, es una forma de victoria. El proceso bolivariano, iniciado por el comandante Hugo Chávez y profundizado por Nicolás Maduro, afronta una tarea que Monedero identifica, y es completar la batalla contra los problemas estructurales de un Estado que durante dos siglos no trabajó para su pueblo.

«Toda América Latina está muy atenta a lo que está pasando en Venezuela porque es un adelanto de lo que puede pasar a los demás pueblos», afirmó el politólogo. «Venezuela tiene que seguir profundizando en el proceso bolivariano y en modo alguno, pese a las presiones, tiene que limitarlo.»

Hoy, con miles de asambleas comunales que deliberaron sobre el futuro del país, Venezuela no responde solo a quienes la presionan. Le demuestra al mundo que, mientras la democracia directa se vacía en Occidente, otra forma de gobernar no es una promesa. Es una práctica que ocurrió hoy mismo.

Autor: TeleSUR: drb