El Changüí de la isla musical

grupo changui de guantanamo

Cuando se habla de este género, todos tienen que “ir a la mata”, que es caso del Grupo Changüí Guantánamo, fundado en la década de 1940, considerado la insignia del género.


23 de agosto de 2025 Hora: 15:33

Cuba es una isla musical y la cosa viene de mucho tiempo atrás, comenta un poblador de las montañas de Yateras, que sin haber estudiado sabe «a conciencia», como dice él, lo que le contaron sus abuelos.

“Viene de antes”, dice y mira a su alrededor. Las facciones y expresiones corporales de los habitantes de la zona más oriental de Cuba, Guantánamo, tienen mucho que decir. Descendientes de haitianos, dominicanos, jamaiquinos, puertorriqueños, entre otras regiones.

Para el investigador José Cuenca, desde el siglo XVII hasta los años 50 del siglo XX, la emigración marcó el devenir cultural de la zona, donde el Changüí y la tumba francesa ocupan por su singularidad el sitial principal. Unidos al devenir histórico, social y cultural, los descendientes de las migraciones haitianas, por ejemplo, han sido cultivadores de ambos géneros.

La imagen identitaria reconoce elementos culturales de las raíces aborígenes, de las culturas de dominación, la española, principalmente, y de los aportes de la raíz africana, trasladada ésta a la Isla (Cuba) mediante la trata esclavista, en la que también vinieron diversas etnias del lejano continente.

El surgimiento del ritmo se debe a las fiestas organizadas por hombres esclavizados por colonos franceses alrededor de 1790, con las primeras oleadas migratorias desde Santo Domingo, a las que se fueron incorporando de forma progresiva, los criollos cubanos y lo convirtieron folclor popular. Lo mismo sucedió en las montañas de Baracoa, al recrear las tradiciones familiares en esas celebraciones que a lo largo del siglo XIX y en toda la extensión de los cafetales de sus lomas, dejaron sonar el nengón y el kiribá.

Se formó el Changüí

Al compás del tres, el bongó del monte, la marímbula, el guayo y las maracas, se va forjando la pasión.  Si aparecía un tresero, se formaba el Changüí. Después se iban sumando los músicos y la gente. Ahí mismo comenzaron las competencias entre treseros y bongoseros, en una fiesta que duraba dos, tres días o una semana sin parar.

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La preferencia por el género fue en ascenso durante las fiestas campesinas changüiseras, allá en Yateras, El Salvador, Manuel Tames, montaña arriba…

“Se observa tanto entusiasmo entre quienes lo bailan y lo interpretan, que sobresale la fuerza y vitalidad de un género legítimo de Guantánamo, pero que al mismo tiempo es de Cuba y del Caribe”, destacó la musicóloga en su conferencia Elementos primigenios del son y su relación con otros géneros del Caribe. Una escalada hasta las cimas del changüí, tan propio de esta región, apreció la Doctora María Teresa Linares, prestigiosa investigadora de la música, ya fallecida.

Pese a sus largos años estudiando estos temas, “en una presentación changüisera, descubrió que con este ritmo, ocurre una especie de inspiración personal de cada bailador, que baila al compás del tres y no del bajo, como es frecuente en otras sonoridades, lo que lo distingue de la colectividad”. Linares, hizo una disertación acerca de los elementos rítmicos de origen africano y español, distinguibles en el son cubano, así como en otras expresiones músico-danzarias, como es el caso del propio changüí, el sucusucu, el nengón o el kiribá.

Alejo Carpentier, gran novelista cubano y estudioso de la cultura, señala este esquema como “un elemento de estilo de origen africano, “que lo encontramos lo mismo en una habanera, con un tempo andante cantabile, que en una contradanza o en una conga de Cuba”

La hipótesis apoyada por el musicólogo y etnólogo, Argeliers León, expresa que podemos establecer un paralelo entre una Plena, un Changüí, un Sucu sucu, un Round dance, un Porro, una Cumbia y un Merengue, con los sones primitivos que se cantaron en la Sierra Maestra y en la cuenca del Cauto, provincia de Oriente.

Para el destacado músico Rafael Inciarte, la preferencia por el género fue en ascenso durante las fiestas campesinas changüiseras. En Yateras, El Salvador, Manuel Tames, montaña arriba. “Ahí fue germinando un fenómeno, que hoy alcanza altos niveles de popularidad. En esos espacios -relata- se podían apreciar importantes músicos de la talla de los hermanos Arturo y Chito Latamblé, dueño de una gran destreza al ejecutar el tres; y Elio Revé Matos, entre los principales difusores de ese estilo musical y que lo llevó a los escenarios habaneros y del mundo”.

“El changüí es un asunto de familia”, precisa el investigador José Cuenca Sosa, lo que ayuda a entender por qué el género perdura. “Porque se ha transmitido de generación en generación, y el guantanamero se identifica mucho con todo eso”.  Actualmente existe una comunidad changuicero. “Se percibe alrededor de las competencias que se realizan de los diferentes instrumentos empleados para interpretar el género, y ha ido nucleando no solo a músicos, compositores y bailadores, sino a investigadores y al público en general”.

El hilo conductor en la música popular, contiene géneros de los cercanos pueblos del Caribe, representados por esta alternancia de solo y coro, la estructura antifonal que constituye el estribillo. Es la estructura rítmica que se bautizó por los músicos españoles, como ritmo de tango –se conoció como tango de negros-, al toque de tambor ritual de algunas etnias. Justamente por la transculturación, lo encontramos en la base armónica de casi todos los géneros bailables cubanos y caribeños, con las modificaciones que establece el tiempo o la expresión nacional de cada pueblo del Caribe.

La célula del Son

El ancestral ritmo musical cubano, considerado célula primigenia del Son, fue declarado oficialmente como Patrimonio Cultural Inmaterial de la nación cubana en  2018, durante una ceremonia pública en la popular barriada de la Loma del Chivo, cuando otra vez fueron recordados los que aparecen en la historia del Changüí.  

Este merecido reconocimiento fue esperado con entusiasmo y orgullos por los guantanameros, reunidos en las cercanías de la Casa del Changüí, donde bailaron temas emblemáticos con la música de las agrupaciones locales.

Porque los changuiceros se vanaglorian de poder tocar cualquier género de la música cubana, pero no sucede así al contrario, insisten. No quieren confusión, no se parece al Son.

Tienen identidades diferentes, el Changüí tiene exclusividad en su forma. El bongó hace sus travesuras, entre los acordes del tres y la marimbula. El bongó tiene el “macho” a la derecha, porque si no, no te sale. Tiene su clave y su marca. La marimbula hace el papel de bajo, pero no lo es, su toque es específico. Como las improvisaciones son permanentes, hace el ritmo versátil y colorido.

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Los changuiceros se vanaglorian de poder tocar cualquier género de la música cubana, pero no sucede así al contrario, insisten. No quieren confusión, no se parece al Son.

El tresero toca sincopado, más que en el Son. La manera de improvisar es pausada, no se mezcla con el coro, ni se alarga la frase. El tresero está obligado a decir, lo que dice el cantante. Es dúctil para cualquier formato musical.

Su compás es de 2 x 4, con letras de los cantos ocurrentes, de acuerdo a las inspiraciones del cantante. La copla o la expresión realizada por los integrantes del grupo suceden al unísono. El montuno, donde un solista lleva la guía, realizando las improvisaciones, hasta alternar con el coro, que corresponde al estribillo.

Para bailar

Pero el Changüí se canta y se baila a la vez. Los bailadores te advierten que es sencillo, si te lleva bien el hombre, por lo que sólo te deslizas. Aunque tienes que llevar el tiempo musical con la marimbula, arrastrando los pies por el piso.

Para bailar un buen Changüí “asincopado”, con ese ritmo tan arriba, no puedes levantar los pies y eso le cuesta a la bailadora. En un momento hay un “tumbaíto” cuando vas a cambiar de figuraciones y es el hombre quien te traslada, por eso es tan buena la relación entre los bailadores. La pareja se ve muy erguida, elegante. Pero todo el mundo no lo puede agarrar, porque está conectado al ritmo de tu sangre, de tu esencia.

El asunto es con el tres, la marimbula y el bongó de Changüí, que es más primitivo. Después llegó el del Son, insisten. Ahora todos lo quieren tocar, pero que no se les olvide que es de Guantánamo y que hay que aprender a tocarlo aquí.

Nuestro Changüí

Dirigido por los realizadores cubanos David Hernández y Enrique Alonso, con guion de los investigadores guantanameros Yaremi Estonel y José Cuenca Sosa, el documental Nuestro Changüí, fue considerado de gran valor histórico y conquistó el premio a la mejor dirección en el XVIII Festival de Música Independiente (IMAs) de Nueva York, Estados Unidos.

El investigador norteamericano Benjamín Lapidus, se vinculó a la celebración a través de internet. Su amplia labor etnográfica le ha permitido publicar el libro Origins of cuban music and dance Changüí. El doctor en Musicología de la Universidad de Nueva York, ha dedicado su trabajo a la cultura cubana y caribeña, que disfruta desde la infancia.

“En primer lugar, la estructura solo-coro, luego el tumbao o tango, expresada por la cuerda pulsada, elementos que suman así el antecedente africano en lo rítmico y el historial hispánico en el timbre. La guitarra española o el tres, ejecutan un ritmo africano”. Partiendo de los toques ancestrales de origen africano, podemos comparar Sucu sucus y Changüís, ritmos de los extremos geográficos cubanos. Afirmó la investigadora Maria Teresa Linares, fundadora del Instituto de Etnología y Folklore y directora del Museo Nacional de la Música en Cuba.

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Por diversas razones, este género musical se quedó como reliquia cultivada en Guantánamo, lo que aumenta su valor cultural. No sucedió así con otras expresiones musicales que tuvieron acceso en La Habana.

Similar en su sencillez, es un Changüí tomado de un disco realizado por el investigador Odilio Urfé y presentado en un festival de música en 1962. Se evidencia cómo en el montuno, el cantor solista pisa el coro al adelantarse. El tumbao básico lo realiza el tres y el bongó, realizando figuraciones rítmicas libres. Es un grupo muy antiguo que reproduce la forma original del Changüí, que ha cambiado notablemente al comercializarse. La musicóloga cita la partitura: “María Guevara”, Changüí de Guantánamo.

Por diversas razones este género musical se quedó como reliquia cultivada en Guantánamo, lo que aumenta su valor cultural. No sucedió así con otras expresiones musicales que tuvieron acceso en La Habana, a la primera agencia distribuidora de discos para toda Latinoamérica creada en 1906. Las primeras grabaciones de discos de ortofónica se realizaron con artistas cubanos, con canciones, danzones, puntos cubanos y otros.

Los más jóvenes músicos actualizan esta reliquia, a través de otros estilos. Su sonoridad aparece en la fusión del Changüí con géneros tan variados como el jazz, el rap y la música tecno.

Pero todos tienen que “ir a la mata”. Cuando hablan del Grupo Changüí Guantánamo, fundado en la década de 1940, se menciona a la insignia del género.

Justamente están inscritos en la historia, los hermanos Latamble Veranes: Arturo, bongosero y director, y Reyes “Chito”, el tresero. Otros músicos como Pedro Speck y Luis Céspedes, entre tantos otros relevantes que marcaron a finales de 1980 y principios de los noventa, un sonado movimiento changüisero en los municipios guantanameros y la inclusión del género en el sistema institucional de la música cubana. Toda una provocación para los músicos nacionales e internacionales por esta expresión de la música y la danza del extremo más oriental cubano.

Autor: teleSUR - Rosa María Fernández