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    Los candidatos presidenciales de Nigeria prometen aceptar los resultados electorales, Muhammadu Buhari (d) y Goodluck Jonathan (i).

teleSUR te ofrece un recorrido por los aspectos más importantes de las elecciones en Nigeria este sábado, que enfrenta el actual presidente, Goodluck Jonathan, candidato a la reelección por el People’s Democratic Party (PDP) con Muhammadu Buhari, anterior jefe de Estado durante el gobierno militar, candidato de la coalición All Progressives Congress (APC) que aglutina a los sectores opositores.

La República Federal de Nigeria enfrenta un nuevo proceso electoral en un ambiente enrarecido por las amenazas del grupo Boko Haram y un clima social afectado por la profunda brecha social existente en el país con el mejor desempeño en términos macroeconómicos de África. Con un crecimiento del 6,3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de más de 500 mil millones de dólares, la población nigeriana ronda el 54 por ciento de pobreza. Veamos algunos aspectos que rodean la contienda electoral:

La primera economía de África
   
Nigeria es el séptimo exportador mundial de petróleo y cuenta con la décima reserva petrolera y la séptima de gas del planeta. Los ingresos por concepto de hidrocarburos representan el 40 por ciento del PIB, el 90 por ciento de las divisas que percibe el país y el 80 por ciento de los ingresos del Estado. El PIB de 2013 ascendió a los 521,8 miles de millones de dólares.

No obstante, esta riqueza se concentra en pocas manos; 57 por ciento de la población vive con menos de un dólar al día y 80 por ciento de los beneficios del petróleo sólo llegan a 1 por ciento de la población. El país tiene una esperanza de vida de 52 años (2012). La pobreza es de 54 por ciento y el índice de GINI que mide la desigualdad es 48,8 (2013) (1 desigualdad absoluta)

A pesar de ser un importante exportador de petróleo, Nigeria no garantiza un suministro estable de combustible, electricidad o agua potable para su pueblo. El 1 de enero de 2012, el presidente Goodluck decidió eliminar el subsidio al hidrocarburo lo que trajo como consecuencia un alza en el precio del transporte y de los artículos de primera necesidad, acompañado de protestas generalizadas en todo el país que lograron revertir parcialmente la medida (50 por ciento de alza).

Las diferencias norte sur

La pobreza es más grave en el norte del país, de mayoría musulmana, donde la población vive de la agricultura y del pastoreo, amenazados por los recurrentes conflictos por el acceso al agua, a la tierra y a los pastos. Allí 83% de la juventud es analfabeta y 34,8 por ciento de los niños y niñas musulmanes de 4 a 16 años nunca han acudido a la escuela.

La ruptura entre el norte y el sur es uno de los principales problemas del país. Esto se debe más al desigual reparto económico y problemas sociales que a diferencias de tipo religioso, como ha querido presentar la prensa occidental. Los norteños (musulmanes) aceptaron con resistencia la llegada a la presidencia de Goodluck Jonathan, un sureño, cristiano y animista. El actual mandatario sucedía a Olusegun Obasanjo (1999 a 2007), otro cristiano del sur, donde se concentra la riqueza petrolera y los puertos.

La pobreza es menos dramática en el sur, región que recibe mayores ingresos. Esta situación ha sido explotada por las élites dominantes norteñas que han alimentado la creación de organizaciones armadas para afectar la estabilidad del gobierno de Goodluck, con el beneplácito de occidente.  

Las transnacionales petroleras en Nigeria

Las empresas transnacionales han sido las grandes beneficiarias del negocio hidrocarburífero. Así, la transnacional angloholandesa Royal Duech Shell, mayor operadora del Delta del Niger, radicada en el país desde mediados de los años 50, ha obtenido beneficios aproximados por unos 600 millones de dólares (2013). Estos recursos no han contribuido a mejorar la calidad de vida de los nativos. Al contrario, a la pobreza se ha sumado el crimen ambiental por parte de las transnacionales. De acuerdo con estimaciones de organizaciones como Amigos de la Tierra, la compañía ha derramado entre 9 y 13 millones de barriles de petróleo (1 millón y medio de toneladas) destrozando el hábitat de 31 millones de personas que viven de los alimentos (peces, agricultura) de la zona del Delta del río Niger.  

En agosto de 2011 el Programa de Medio Ambiente de la ONU (PNUMA) condenó a Nigeria y a la Shell debido a que en la región de Ongoni, expuesta a una grave y generalizada contaminación por petróleo, dejó a la comunidad sin recursos para sobrevivir, generaba malformaciones, leucemia y muertes prematuras entre su población. Según los expertos de la ONU, la tasa de contaminación en los pozos superaba 900 veces los límites permitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El organismo internacional conminó a la empresa a limpiar la zona de crudo, recuperar la tierra y el agua e indemnizar a la población con mil millones de dólares. En 2013 una corte holandesa dictó en contra de Shell las mismas medidas por iguales cargos, no obstante la transnacional no ha cumplido con su obligación.

Shell además es acusada de graves violaciones a los derechos humanos en connivencia con la dictadura de Sami Abache (1995) por la muerte de nueve activistas que protestaban contra la empresa y sus efectos contaminantes. El caso permanece impune.

La violencia de Boko Haram

Uno de los graves problemas que debe afrontar el nuevo gobierno es el relacionado con los permanentes ataques del grupo Boko Haram.  De acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los enfrentamientos entre el grupo extremista y fuerzas gubernamentales han dejado, desde 2009, unas 15 mil personas muertas y más de un millón de desplazados.

El 24 de marzo de 2015 el grupo takfirí Boko Haram secuestró a entre 400 y 500 mujeres y niños de la ciudad de Damasak, al noreste de Nigeria. El grupo asesinó desde 2009, a unas 15 mil personas, según datos proporcionados por la ONU.

El ascenso de Boko Haram es consecuencia directa del grado de abandono por parte del Estado y la pobreza en el norte nigeriano. La organización extremista ha optado por contratar a  los jóvenes por unos cuantos dólares para sumarlos a sus acciones militares en contra de las comunidades. Como consecuencia la región afronta una grave crisis alimentaria, debido a que los agricultores no pueden desarrollar su labor en los campos sin correr el riesgo de ser secuestrados o asesinados.

La ineficacia de las Fuerzas Armadas es atribuida a la corrupción; los recursos destinados a la defensa corresponden al 25% del presupuesto del Estado federal, no obstante, a las tropas del nordeste (donde tienen lugar las principales acciones del grupo extremista) sólo se dedica menos de una décima parte. El resto se lo distribuyen gobernadores regionales y oficiales de alta graduación del cuerpo castrense.

Hay que recordar que la presencia de Boko Haram ha beneficiado a las élites del norte, a militares y gobiernos “fuertes” pro-occidentales en la región que han privilegiado la acción y respuesta militar (y el negocio de las armas) para combatir al grupo, sin dar respuesta a los graves problemas sociales que afectan la zona.

Estados Unidos y la excusa de la lucha contra “el terrorismo”

Con la financiación de la élite del norte y de gobiernos extranjeros (Qatar y Arabia Saudita), Boko Haram ha adquirido armamento pesado y carros de combate, denuncia el investigador Michell Colom.

El objetivo, desestabilizar al primer productor africano de petróleo, miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y rival en términos de mercado petrolero y gasífero de ambos emiratos.

A esto se suma el interés de EE.UU. en obstaculizar la presencia de China en África. De allí que Boko Haram ha sido sobredimensionado por los medios de comunicación para justificar el despliegue del Comando Africano de Estados Unidos en la región, con el pretexto de combatir al “terrorismo”, cuyo verdadero objetivo es frenar la presencia geoestratégica de China en África y el acceso del gigante asiático a las materias primas necesarias para consolidar su posición económica en el planeta.

EE.UU. lanzó  su Comando para África en 2008, al tiempo que la empresa petrolera China National Offshore Oil Corporation (CNOOC) arrancaba sus actividades en Nigeria. Cabe destacar que el Comando norteamericano no ha requerido situarse en ningún país de África, su sede es Stuttgart, Alemania.

No es casual, entonces, que Boko Haram no ataque directamente a las transnacionales occidentales desplegadas en Nigeria, sino a la población civil. Recientemente el grupo extremista amenazó con sabotear las elecciones presidenciales en Nigeria. “Estas elecciones no se celebrarán aunque nos cueste la vida. Aunque estemos muertos, Alá nunca os permitirá hacerlo", dijo el líder del grupo, Abubakar Shekau, en un vídeo publicado en Twitter que cita AFP.

La violencia de Boko Haram y su control de importantes zonas del norte obligó a la acción conjunta de los Ejércitos de Niger, Chad y Nigeria. Adicionalmente, la Comisión Electoral Nacional Independiente de Nigeria (INEC, por su sigla en inglés) anunció que las elecciones presidenciales y legislativas, previstas para el 14 de febrero, se aplazaban hasta el 28 de marzo, por motivos de seguridad.

El panorama electoral

La pugna electoral enfrenta al actual mandatario, candidato a la reelección por el People’s Democratic Party (PDP), Jonathan Goodluck, y al exjefe de Estado Muhammadu Buhari por la coalición All Progressives Congress (APC) formado por el Congress for Progressive Change (CPC), principal partido de la oposición; Action Congress of Nigeria (ACN) y  All Nigeria Poeple’s Party (ANPP), de inspiración islámica conservadora.

La campaña de Muhammadu Buhari se ha centrado en promesas de lucha contra la inseguridad y la corrupción. Por su parte Goodluck ha debido enfrentar la creciente acción de Boko Haram y la caída de  los precios del petróleo. El actual mandatario ha prometido un plan de diversificación económica para fortalecer el sector agrícola como alternativa a la merma en los ingresos por parte del Estado nigeriano.

La comunidad permanece alerta debido a la posibilidad de enfrentamientos postelectorales entre ambas colectividades, dados los antecedentes durante las pasadas elecciones en 2011, posterior a las cuales se produjeron enfrentamientos que causaron la muerte de unas 800 personas. Los candidatos presidenciales firmaron un acuerdo de paz prometiendo comicios pacíficos y no incitar a las tensiones religiosas o étnicas.

El gobierno de Nigeria anunció que sus fronteras permanecen cerradas desde el 25 hasta el 29 de marzo con el objetivo de garantizar el desarrollo de los comicios.

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