Pablo Menéndez, el niño precoz del jazz

La sala Tito Junco del Centro Cultural Bertolt Brecht de la Habana, llena de seguidores del 41 Festival Internacional Jazz Plaza 2026, recibió la sonoridad que defiende el músico y compositor estadounidense Pablo Menéndez, quien presentó su reciente propuesta discográfica titulada Havana a todo blues.

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4 de febrero de 2026 Hora: 13:04

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Más de 20 espacios habaneros acogieron a un público ávido del estilo musical, nacido a comienzos del siglo XX en Estados Unidos y que, en sus orígenes, fue un arte exclusivo de la comunidad negra. La identidad audiovisual del Festival de Jazz, estuvo a cargo del célebre maestro Alfredo SosaBravo, cuyo cartel presidió cada actuación durante los ocho días de finales de enero, al primero de febrero del presente año.

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El evento fue extendido a las provincias de Santa Clara, Santiago de Cuba y Holguín, con la participación de unos 1500 artistas nacionales e internacionales, entre los cuales nunca falta Pablo Menéndez.

Pablo recuerda que su madre, la intérprete estadounidense Bárbara Dane, fue la primera artista internacional en participar en Jazz Plaza, cuando muchos no concebían al jazz como un género de la música cubana; aunque -afirma-‘los músicos cubanos lo interpretan con gran talento’.

Bárbara Dane (1927-2024), volvió varias veces al escenario cubano; también pasados sus 90 años. Considerada una leyenda del jazz, el blues, elfolk y, de la canción protesta, ya tenía su acervo cuando llegó con su guitarra y una cámara fotográfica a La Habana de 1966, momentos en que ningún artista norteamericano se atrevía a hacerlo. Como si fuera poco, tempranamente Dane se fue por los campos cubanos, cantó en las escuelas, en las fábricas y volvió al año siguiente al Primer Encuentro de la Canción Protesta, donde también estuvieron Peggy Seeger, Alfredo Zitarrosa, y Daniel Viglietti.

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Menéndez declaró públicamente la emoción de haber agasajado a su madre en la edición anterior del Festival de jazz (2024), porque ella le inculcó el amor por la música. «Organizamos un homenaje a mi madre, la cantante norteamericana Bárbara Dane, quien participó en la segunda edición del festival, en 1981».

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Con la visión de quien ha recorrido el mundo, Pablo Menéndez valoró en el 2023, este evento incomparable. “Empezamos un festival de jazz contra viento y marea. Resulta que hoy es uno de los más increíbles del mundo porque vienen figuras de diversos países, se celebra en varias ciudades y se convierten esas siete noches en jornadas memorables. Este festival borra fronteras y políticas divisorias. Tantas personas no pueden estar equivocadas”.

Señalando las dificultades que a nivel global se presentan con la economía, destaca como en Cuba, aún pueden acceder a los teatros por un módico precio. Por ejemplo, declaró a La Jiribilla: “En el Teatro Nacional de Cuba las personas pueden disfrutar de conciertos exquisitos (…). Lo más importante del jazz es que es una música de colaboración, nadie mira hacia arriba o hacia abajo. Los músicos se miran entre sí, se cuidan el uno al otro. Es una democracia en la que uno hace un solo y luego acompaña al otro para que también se exprese. Es una de las características del jazz… Ojalá todo fuera así en la vida… como el jazz”.

Después de ese primer viaje a la mayor isla antillana, Pablo Menéndez, nacido el 21 de junio de 1952, en California,se quedó en Cuba para estudiar música y desde muy joven formó una familia, también en el mundo del arte. Fundador del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC y del grupo Mezcla; es un músico precursor en la comprensión del valor de lo autóctono y su fusión con lo mejor de la música internacional.

La familia ‘de sangre’ se volvió a unir en un escenario, como lo hiciera en memorables ocasiones en 1997 y en 1999. Dane fue considerada por el crítico de jazz, Lee Hildebrand, «la mejor intérprete viva de blues clásico de los años 1920».

«Tuve problemas con mi carrera en el plano comercial. Me eliminaron de varias giras importantes debido a mis posiciones políticas en contra del racismo, las guerras, y la relación con Cuba. Sin embargo, seguí cantando a favor de la paz y la justicia en todo el mundo», dijo a la periodista Ayleen Pérez, cuando confesó: «Cuba es mi hogar espiritual». Bárbara Dane, recibió una retribución de amor cubano, a través de la medalla de la Amistad.

«El americano», «Paul» o Pablo, como le dicen sus amigos, es un cubano más «de a pie» con ese raro acento al hablar, el privilegio de tener en retozo perpetuo las inquietudes creativas y en equilibrio su conciencia. De casta le viene al galgo.

A Estados Unidos fuimos a cantar y a veces daba charlas sobre Cuba. Viajábamos desde los alrededores de una base militar a otra. Incluso, llegamos a ir a Asia, Okinawa, Japón. A Filipinas, donde había una Ley Marcial de Ferdinando Marcos, y si no lo hacíamos clandestinamente, ‘nos la iban a arrancar’. Tuvimos la idea de ir a Vietnam, por suerte no fuimos, porque no hubiéramos regresado vivos.

Yo dedicaba unos meses para hacer esos recorridos junto a mi madre y regresaba otra vez en barco. En una de esas, en el año 1971 cuando llego a Cuba, estaban poniendo una de las últimas grabaciones de —tararea— Un hombre se levanta de Silvio Rodríguez y pregunto, quién es esa cantante; Sara González, me dicen.

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No recuerdo si estaba la propuesta, pero sí recuerdo que dije, a nosotros nos hace falta una mujer en el grupo. Si queremos representar a la juventud cubana, aquí solo está la mitad. Todos somos machos. Como buen hijo de mi mamá, con una herencia feminista. De lo que, sí estaba claro, es que nuestra declaración artística y política, necesitaba la presencia de una mujer.

Siempre recuerdo que fuimos a España, precisamente por la gestión de Sara y Pablito Milanés. Porque antes, Pablito y Silvio habían ido a una gira de un empresario que los montó en un carrito con las dos guitarras y recorrieron toda la península. Había tanta añoranza por esta música a la caída de Franco, que actuaron hasta en plazas de toros.

Recordemos que había caído la dictadura de Franco, quien no permitía ninguna canción política en lugares públicos. Tras el fascismo en España, al morir Franco, comenzó a abrirse ese mercado descubierto por un pequeño empresario capitalista, quien entendió que tenía unas oportunidades de venta para las canciones políticas cubanas. A los pocos meses, propuso hacer lo mismo con Sara y Pablo. Fue cuando ellos plantearon que sería mucho más comunicativo, hacerlo con un grupo.

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¿El Grupo de Experimentación Sonora?

Sí, Sara y Pablo eran los cantantes principales en ese momento, porque Noel Nicola estaba dirigiendo a la Nueva Trova y Silvio se había ido del grupo.

¿Después del 1976?

Así es. No obstante, el empresario dijo que no tenía dinero para los pasajes del grupo. Ellos le explicaron que no importaba, porque el grupo estaría de gira por una jornada de la cultura cubana en Polonia y Bulgaria y podrían alcanzarlos en España, en la escala de regreso a Cuba.

El hombre aceptó y se sumó un trovador que estaba en la delegación y cantaba solo con la guitarra. Siempre yo decía, por qué no los acompañamos y le hice un par de arreglos. También se incorporó a tocar con nosotros la maraca, la clave o lo que fuera, como lo hacían Sara y Pablo, cuando cantaban.

¿Quién era ese trovador?

Era Amaury Pérez. Cuando llegamos a España, la Egrem sacó un disco con el sello comercial «La Nueva Trova Cubana», sin contar con nosotros.

Había una disquera que monopolizó el nombre de Pablito y Silvio, después de comprarle el contrato a otra disquera independiente más pequeña, para ‘lanzar’ lo que ellos reconocían como Nueva Trova Cubana.

¿Recuerda el nombre de la disquera?

Polygram. Había ‘lanzado’ exclusivamente a ambos trovadores, incluso, para países con dictaduras fascistas como Argentina, Chile o Guatemala. También para naciones en guerra revolucionaria como El Salvador, donde en la radio comercial podías escuchar a Pablo y a Silvio.

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Muchos imaginamos que había sido clandestinamente, a través de casetes.

Lo interesante es, que Sara González, logra esa visita con el GESI. Se saca por un contrato de la Egrem con una disquera chiquita, que se llamaba Moviplay o algo así, quienes promovieron a la Nueva Trova Cubana, pero no mencionaron al Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, ni al invitado, Amaury Pérez Vidal.

Como te digo, no contaron con nosotros para sacar ese disco, que se grabó en vivo en el Teatro Monumental de Madrid. El auditorio lo llenamos tan completamente y se quedaron como dos mil personas en la calle.

Impresionante. ¿Qué pasó ese día?

Ese día, fíjate algo curioso. Los cubanos de hoy en día no se lo imaginan. Aun después de caída la dictadura en España, no podían reunirse más de tres personas en la calle, porque llegaban los antimotines y los cargaban, después de repartir gases lacrimógenos, perros, palos, tiros y lo que entendieran. Porque lo consideraban una manifestación ilegal.

Entonces imagínate tú, dos mil personas afuera del teatro, mientras estábamos tocando. Y entre canción y canción, el público coreaba consignas sobre la libertad, la amnistía para los presos políticos, etcétera, etcétera.

Aplaudían sólo entre canciones, a la usanza de la dictadura. La razón era porque los censores estaban allí, escribiendo con una libretica. Los artistas españoles estaban acostumbrados a cantar con muchas metáforas, el público entendía la poesía, pero había censura. También fue así con nosotros, allí había unos policías para rectificarnos.

¿Revisaban si estaban diciendo las letras autorizadas?

Efectivamente. Debo decir que jamás he visto eso en Cuba, porque aquí no hay ninguna dictadura. Pero en España sí. En esa época, también en Argentina, en Chile, El Salvador, era así. El concierto terminó con Sara y el Grupo de Experimentación Sonora, cantando La victoria.

¿Cómo recibieron esa canción?

A pesar de que habla de Playa Girón y Cuba, el pueblo español entendió todo el espíritu revolucionario de la canción. Cuando terminamos el concierto, fuimos para el camerino y te juro que pasaron diez minutos, mientras seguían aplaudiendo y pidiendo otra, otra, otra.

Enardecidos. ¿Cuál otra cantó?

No estábamos preparados para una explosión así, de tal entusiasmo. Entonces Sara nos mira y pregunta, ¿qué hacemos? Lo hace frente al público, porque salimos a saludar. Y el público le gritaba: la misma, la misma; otra vez, otra vez. Hubo que cantar de nuevo La victoria y creo que cerramos con Canción de todos, de Eduardo Ramos.

Pablito Milanés tuvo un impacto grandísimo, pero la súper estrella de esa actuación fue Sara González. Ya él había hecho la otra gira con Silvio, incluso, los estudiantes se pasaban los casetes en los bolsillos, con canciones revolucionarias que estaban prohibidas. Tal vez la nueva generación ni sabe qué es un casete, una cajita con una cinta que se reproducía en una grabadora.

Sara fue la del súper éxito, pero precisamente por el poder que tenía la gran disquera, dominante de la comercialización de la música, había decidido que la Nueva Trova Cubana eran solamente sus opciones: Pablo y Silvio. A ellos los ubicaron en un reconocimiento público, a nivel de cualquier cantante pop. De modo que quien quisiera escuchar a Sara González, no se la daban, porque no estaba contratada por ellos.

Sara no volvió a cantar en España hasta veinte años más tarde. No era porque Cuba no quería mandarla, ni ningún otro impedimento, sencillamente las disqueras mandaban en el mundo de la música. A principios de los noventa, Sara fue con las mujeres trovadoras: Marta Campos, Anabel López y Liuba María Hevia.

(…)Ahora la tecnología te permite con una y dos personas en un estudio, hacer cosas impensables. No tienen ni que afinar, las computadoras lavan el cerebro con sus recursos. No hace falta ni una disquera para que te escuchen, hay mil formas. Ese bombardeo de la música que se impone, no lo está haciendo una disquera, ni ningún gobierno, es un fenómeno capitalista totalmente.

Casi nadie puede hablarme de esa etapa, así que me interesa comprender cómo trabajaban en ese taller de creación del GESI.

Leo Brouwer introdujo una fórmula, a instancias de Alfredo Guevara.

Primero, ¿cómo usted llega allí?

Es que yo tenía un proyecto parecido en la Escuela Nacional de Arte (ENA) donde yo no cabía, porque me interesaba la música popular y allí se enseñaba música clásica.

¿Qué estudiabas en la ENA?

Guitarra clásica, con Isac Nicola y tenía un grupo que se llamaba Los Gallos.

¿En serio?

Ríe. Es que había un santiaguero en el grupo y el nombre nos pareció gracioso. Los cubanos querían hacer el rock y yo le insistía que lo realmente interesante, era utilizar la mezcla con la música afrocubana, el son, la rumba y entonces hacer rock basado en eso.

En la escuela de arte, los mejores tamboreros estaban en las clases de danza adonde yo iba a pasar el tiempo, a verlos, a escucharlos. Quería verlos, sentir su música, aprender su técnica. Y siempre supe que era lo más importante, porque la música clásica se podía estudiar en cualquier parte del mundo.

Recuerdo que, en el año 1967, fui con un amigo escritor, a un recital en el Caimán Barbudo. Allí fue donde escuché a un muchachito que estaba haciendo su primer recital.

¿Cuál muchachito?

Silvio Rodríguez. Después del concierto fuimos a darnos unos traguitos en casa de un pintor. Para entonces, fui el más joven participante del Encuentro de la Canción Protesta.

¿Qué edad tenías?

Quince años. El evento se inspiró básicamente en una conferencia que había dado mi madre y su esposo, acerca de lo que era la Canción Protesta en Estados Unidos. Aquel encuentro que hizo Casa de las Américas, fue increíble. Jamás se había hecho algo así con gente del mundo entero, que estuvieron reunidos como un mes en Cuba, en La Habana, en Minas del Frío, en Santiago de Cuba. En Varadero, en Isla de la Juventud donde se inauguró la presa Vietnam Heroico, así como en la gran tierra de Maisí, donde se hizo ese año el acto homenaje al 26 de Julio.

Pero yo era muy precoz…

El testimonio forma parte del libro de memorias ‘La pasión sin matices’, acerca del Movimiento de la Nueva trova, el Gesi y Sara González, la voz icono de estos acontecimientos musicales, entrañable amiga de Pablo Menéndez.

Autor: María Rosa Fernández

Fuente: TeleSUR