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El Gobierno de Ecuador apuesta por el reajuste tributario y la repatriación de capitales

El Gobierno de Ecuador apuesta por el reajuste tributario y la repatriación de capitales

Publicado 19 octubre 2017
Repatriar capitales es una responsabilidad política de países con dificultades económicas y con élites egoístas que han hecho fortuna con el trabajo de sus compatriotas y trasladan las ganancias a otros territorios. Dirán que el capital no tiene nacionalidad ni identidad.

El presidente Lenin Moreno ha propuesto un política y unas medidas para que los grupos empresariales, los millonarios y los evasores de la inversión nacional repatrien sus fortunas al Ecuador. Y vista como está, la propuesta suena bien y además genera una reflexión atractiva para quienes perciben una gran oportunidad para el desarrollo social y económico de este país o de cualquier otro donde ocurran estos fenómenos muy propios del capitalismo.

Repatriar capitales es una responsabilidad política de países con dificultades económicas y con élites egoístas que han hecho fortuna con el trabajo de sus compatriotas y trasladan las ganancias a otros territorios. Dirán que el capital no tiene nacionalidad ni identidad. Dirán también que, por último, la plata es privada y se hace con ella lo que le venga en gana a su propietario. Y dirán que ponen la plata donde los intereses y las leyes les facilitan una ganancia mayor. 

De acuerdo con informes del Servicio de Rentas Internas (SRI) hay entre tres mil y cuatro mil empresas ecuatorianas con fondos en paraísos fiscales. Y de cuerdo con la Red de Justicia fiscal, entre 1970 y 2010 y con una proyección al 2015 se estima que unos treinta mil millones de dólares de personas naturales y jurídicas salieron del país a paraísos fiscales. Y dice además que en los últimos tres años salieron cuatro mil setecientos millones de dólares.

Y no es que Lenin Moreno ahora proponga esa medida como una acción solitaria, particular o de su propia iniciativa. Barak Obama lo hizo en su momento y no lo pudo concretar con éxito. Donald Trump hizo parte de su campaña con esa bandera, destacando que con ello se incentivaría el empleo y devolvería a la economía estadounidense su verdadero valor y sentido frente al deseo de sostenerse como una potencia mundial. 

Otro país que optó por la repatriación es México. Mediante decreto presidencial, se generaron varios incentivos y se estableció una fecha límite para hacerlo: el 19 de octubre de este año. El Servicio de Administración Tributaria de México informó que la norma ha permitido repatriar 82.500 millones de pesos mexicanos (4.633 millones de dólares), generando una recaudación de impuestos al fisco por 4.263 millones de pesos (259 millones de dólares).

La firma LisickiLitvin& Asociados indica que la repatriación ha tenido lugar en varios países y cita en primer lugar a Argentina que en este año ha repatriado $ 116.800 millones; Italia que en 2009 logró $ 102.000 millones; Brasil, $ 53.000 en este año, y España, $ 45.000 millones en 2015. Cifras todas estas que no reflejan la cantidad de dinero que todavía permanece fuera de esos países.

En todos los casos se proponen incentivos, amnistías tributarias, reducciones en el pago del impuesto a la renta, entre lo principal. Pero los capitales no retornan en el nivel que esperan los gobiernos, no hay un flujo que revele una intención “patriótica” de esos capitalistas, porque en realidad sus negocios y fortunas “no tienen patria”. 

En el caso ecuatoriano, en realidad  los capitalistas con sus fortunas fuera del país quieren un sistema jurídico y laboral como si fuera un paraíso fiscal, sin controles ni restricciones, con salarios bajos, sin derechos para los trabajadores ni presencia de sindicatos “molestosos”, además de un gobierno que converse de tú a tú con las cámaras de empresarios, industriales y comerciantes sin tender puentes con ninguna organización social y mucho menos con la izquierda de cada uno de esos países.

Y por otro lado también hay una pregunta clave: ¿Si algún capitalista trae su plata en dónde la pone? ¿En el desarrollo de la industria, en la investigación científica o en sectores y campos de pronto retorno, en la especulación financiera o en la “industria” de la importación?

Pero el contexto internacional, por ahora, tampoco es favorable. El propio ministro de Finanzas, Carlos de la Torre lo ha descrito así: "Ecuador está todavía inmerso en un contexto macroeconómico internacional difícil con precios del petróleo aún bajos, con dólar apreciado, con precios de otros productos de exportación también bajos que sufrieron su mayor descenso a finales de 2014, por lo que 2015 y 2016 fueron realmente complejos para la economía ecuatoriana que demandaban muchos esfuerzos fiscales".

Una buena política social pasa por una rigurosa economía a favor del desarrollo de una nación y de sus objetivos estratégicos. Y por lo pronto, si en el caso de Ecuador Moreno quiere un cambio estratégico en su país la repatriación de capitales no puede ni debe estar sometida a la buena voluntad de sus propietarios. Mucho menos puede considerarse como una medida hacia el pasado sino hacia el futuro, debe pensarse cómo evitar la salida de los capitales que son productos del trabajo y como tal cosecha de un esfuerzo colectivo de todo el aparato productivo social. 

Si, además, se trata de generar empleo, industrializar al país, sustituir importaciones o garantizar el medio ambiente las condiciones deben contemplar una legislación mucho más avanzada en conceptos, herramientas y propósitos sociales y nacionales.  Por ahora ninguna autoridad económica ecuatoriana ha explicado la estrategia para alcanzar el objetivo de que retornen más de veinte mil millones de dólares y se inyecten en la productividad local. 

Por tanto, si la medida propuesta por Moreno apunta a un cambio sustancial de las relaciones de poder en el campo de la economía, también debe haber un rol predominante del Estado para garantizar ese propósito. Si por el contrario el interés es crear unas condiciones para la reproducción del capital, bajo la óptica de los empresarios y banqueros, del lado de los sindicatos, partidos políticos de izquierda y de los expertos en el tema hay mucha labor por delante, no exento de tensiones y, quién sabe, de conflictos entre el capital y el trabajo. 


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