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Venezuela en la encrucijada

| Foto: AVN

Publicado 20 enero 2015
En todo cambio social, siempre hay distintas maneras de ver y hacer las cosas, y no hay un único camino para conseguirlas. Pero lo clave es si esas críticas, probablemente muchas justas, se hacen sumándose al coro de quienes quieren el fracaso del gobierno, o si las críticas se hacen para fortalecer y profundizar el proceso de cambios.

Siempre es duro y difícil para los pueblos construir caminos para lograr mayor justicia, igualdad, evitar los constantes atropellos a la dignidad humana y lograr un mundo mejor. Y el camino de transformaciones sociales buscando mayor equidad iniciado por Hugo Chávez allá por 1999 siempre estuvo plagado de graves obstáculos, importantes enemigos, debilidades, búsquedas, encuentros y desencuentros.

Lo que pasa hoy en Venezuela puede ser relativamente fácil de entender y analizar, pero bastante difícil de enfrentar y resolver.

Las privaciones que hoy está soportando gran parte de la población, las largas colas de horas y horas para intentar conseguir productos necesarios, el desabastecimiento, la inflación creciente, el recrudecimiento de enfrentamientos políticos entre opositores y defensores del gobierno, la inseguridad, el incremento de la criminalidad,  son vivencias muy duras que a veces impiden ver un poco más lejos, para entender realmente qué está pasando y por qué, y por supuesto, para encontrar maneras de poder responder eficazmente a estas situaciones y no sucumbir a ellas o por ellas.

No es difícil de entender lo que pasa, más para quienes vivimos y conocemos las historias de nuestros pueblos. Ya en aquel 2 de febrero de 1999 en que asumió Hugo Chávez estaba marcada la consigna de derrotar el intento chavista, aún antes de que se perfilara como lo que fue y es.

Lo vemos en Argentina contra el kircherismo, en Bolivia contra Evo, y allí donde aparecen políticas que con mayor o menor claridad y coherencia se enfrentan al neoliberalismo, a los poderes nacionales e internacionales instituidos, a los que por siempre han sometido y explotado a los pueblos, apropiándose de las tierras, de las riquezas y del fruto del trabajo.

Lo vemos allí donde los gobernantes  toman en cuenta la situación de los sectores marginados, más desfavorecidos. Donde se hace carne, aún cuando no siempre se acierte con las mejores medidas, aquella consigna que con lucidez lanzara 66 años atrás Eva Perón: “Donde existe una necesidad, nace un derecho”

La crisis que está viviendo hoy Venezuela, sus problemas más acuciantes, tienen sus orígenes, tienen sus responsables, y una parte importante de la  batalla política e ideológica de hoy pasa por definir esas causas, esas responsabilidades, porque en ello se juega no sólo salir de la actual coyuntura, sino que está en juego el futuro del pueblo venezolano. Y no sólo el venezolano. No podemos olvidar la historia de nuestros pueblos y la interconexión en lo bueno y en lo malo. Siempre a un golpe de estado triunfante le siguen otros. Siempre una política de ajuste se extiende a otros. Pero también la resistencia de un pueblo es estímulo para otros.

A los poderes sobre Venezuela poco importa el gobierno de Maduro en sí, su eficiencia o eficacia, si hace todo bien o se equivoca. Ocurre que al proceso chavista se lo ataca no por sus errores, sino por sus aciertos. Y la cuestión en juego es si se persiste en el camino de buscar mayor justicia social, mayor igualdad, una mejor distribución del ingreso y de la riqueza, o si asistimos a la vuelta de las políticas neoliberales, de entrega de las riquezas, de saqueo de gran parte de los recursos naturales y humanos.

Maquiavelo, en su célebre libro “El Príncipe”, recomendaba a su príncipe que si pensaba invadir a  un país, acusara al príncipe del país invadido como invasor. Así hoy, los verdaderos responsables de la crisis y de los padecimientos del pueblo, no de hoy sino de siempre, acusarán al actual modelo (socialista, populista, chavista, como se lo quiera llamar) como la causa de la crisis. Y está claro por qué lo hacen: no lo quieren, quieren tumbarlo. Como en todos lados a cualquier gobierno que no se les someta.

Pero si salimos de la acusación -o defensa- fácil sigue en pie una pregunta ¿a qué se debe la actual crisis y los diversos problemas? ¿Es por la política del gobierno? ¿los provocan la oposición? ¿O tienen otras causas?

Los condicionantes de la actual situación venezolana

La complejidad de la situación venezolana se debe a que intervienen al menos tres aspectos fundamentales.

Primero de todo: los condicionantes internacionales.
La crisis del capitalismo iniciada en EE.UU. alrededor del 2008 aún sigue afectando gravemente a muchos países. El que Venezuela no fuera afectada inmediatamente por ella se debió básicamente a dos factores:

*a las políticas implementadas por Hugo Chávez, que rompían con las políticas recomendadas por los organismos financieros internacionales y por ende a la gran dependencia de los vaivenes del capital financiero y sus especulaciones; y
*al gran incremento que tuvo el precio del Petróleo, que no sólo superó por primera vez los 100 U$S el barril, sino que llegó a trepar hasta los 140 U$S, en gran parte debido a las grandes especulaciones internacionales y a la volatilidad de muchas de las acciones que no estuvieran sustentadas en activos con demandas garantizadas, como sí lo eran los combustibles, minerales y alimentos.

Pero el que Venezuela pudiera escapar a esa crisis, mientras que países como Francia, España, Italia, Grecia, EEUU, Irlanda y tantos otros vieran recortados sus planes sociales, incrementada la desocupación y entraran en recesión o en una meseta estancada, no implicaba que pudiera evitar que más tarde o más temprano le llegaran los coletazos de la crisis, por una sencilla razón: ese tipo de crisis es algo congénito al capitalismo, y la economía de Venezuela forma parte de esa economía capitalista, con sus leyes, con sus problemas, con sus injusticias.

Además, Venezuela forma parte de un mundo desigual e injusto, y no justamente del lado de los países más favorecidos. El lugar que se le ha asignado a Venezuela -y del cual aún no ha escapado- ha sido el de productor de combustible, como otrora Argentina estaba designada a ser “el granero del mundo”. Es decir países con una gran dependencia económica-tecnológica, cuyo rol según los grandes poderes económicos, políticos y militares, es producir materias primas y alimentos con poco valor agregado y condenados a importar los productos de gran valor agregado produciendo una gran transferencia de riquezas y pauperizando a parte de la población.

Esto nos lleva a el segundo componente de la actual situación:

Segundo: las causas estructurales de la propia Venezuela

Desde la época de su independencia, por el dominio de las políticas de las oligarquías locales y de los grandes poderes internacionales, a  Venezuela la fueron estructurado como país monoproductor, al principio y por un siglo, con la producción y exportación de café; luego, en este siglo que pasó, como productor y exportador de petróleo.

 En este esquema Venezuela tiene que tener un mercado interno chico, y con gran dependencia de la importación no sólo de tecnología y máquinas, sino de todo tipo de artículos e insumos. Y por ende con gran dependencia de la exportación, de los dólares y del capital externo.

 Así, cualquier política de crecimiento del mercado interno, de mejoramiento del consumo de la población termina en un cuello de botella: la restricción externa.

Más del 85% de la exportación está relacionada con el petróleo, lo que hace una economía muy sensible al precio del barril del petroleo

Se necesita de la exportación para conseguir los dólares necesarios para importar todo tipo de mercancías, insumos, máquinas y herramientas. O del endeudamiento. Y generalmente de ambos. Pero más del 85% de la exportación está relacionada con el petróleo, lo que hace una economía muy sensible al precio del barril del petroleo. Si ya había problemas con el precio del petróleo orillando los 100 dólares el barril, imaginemos lo que puede estar pasando ahora cuando cae ese precio a la mitad. Es como si a una familia que con sus ingresos llega con lo justo a fin de mes, y a veces ni eso y debe contraer deudas, ¿qué pasaría con esa familia si de golpe sus ingresos se reducen a la mitad?

Hoy, con el diario del lunes, es fácil acusar al chavismo de no haber aprovechado el período de altísimos precios del petróleo para usar esa renta extraordinaria en cambiar la estructura productiva del país.  Pero un gobierno en catorce años no puede cambiar una matriz económica construida durante doscientos años, y menos siendo un David sin honda contra un Goliat. Porque los grandes poderes que estructuraron a Venezuela para ser como terminó siendo, continúan siendo los verdaderos poderes económicos, políticos y militares que dominan en mundo, con sus aliados o sirvientes locales.-

No obstante ello Chávez sí intentó cambiar esa matriz económica, pero con buen tino priorizó una primer etapa aprovechar esos recursos extraordinarios -que muchas veces existieron en la historia de Venezuela y de los que hoy nadie dice nada a qué bolsillos fueron a parar-, para sacar de la situación de extrema marginalidad, pobreza y humillación a millones de venezolanos. De aquellos que por decenas y decenas de años fueron ciudadanos de segunda y tercer categoría, o directamente ni siquiera eran ciudadanos.

Por supuesto que en la medida que fueron mejorando las condiciones de vida de muchos habitantes, y por ende de su consumo, aparece el cuello de botella de la estructura venezolana: no existen infraestructuras suficientes para atender a esas poblaciones (en salud, en educación), no alcanza la producción de electricidad y de los bienes producidos localmente, no alcanzan los bienes que normalmente se importaban.

Cada medida que tomó el gobierno de Chávez para vencer esos obstáculos fue religiosamente cuestionada, atacada por los mismos que hoy le reclaman a Maduro no haber cambiado la matriz productiva de Venezuela.

Pero además, como sabemos, un cambio tan profundo no dependen simplemente de un gobierno. Sí depende de un gobierno el crear condiciones para favorecer el cambio de la matriz productiva o para estimular su perpetuación, como sería si subiera al gobierno la oposición.

Las medidas de achique del mercado interno, de ajuste, de dependencia de los dictados de las políticas de los organismos internacionales sirven para mantener esa matriz. Las políticas de crecimiento del consumo, de favorecer la generación de empleo, de estimular la producción propia, de recuperar la soberanía política y económica, tienen a crear condiciones para el cambio.

Pero como vivimos en el capitalismo, la pregunta es ¿asumió el capital local y extranjero en Venezuela su rol como impulsora del cambio de la matriz económica o siguió defendiendo sus nichos de privilegio y la mentalidad rentista, que incluso traslada a parte de la población y a la política?.

La principal responsable del cambio es la propia clase empresaria, la burguesía, local y extranjera, y durante estos 100 años se ha sentido cómoda como está.

Incluso ha tenido oportunidades únicas, como estos años con la subvención de los combustibles (Venezuela tiene el precio más bajo de la nafta del mundo desde hace mucho), y todos sabemos que la energía barata es un elemento dinamizador. Pero no sólo eso, han conseguido por años dólares baratos, en cierta manera también subvencionados.

Pero por lo visto en Venezuela son como la burguesía argentina. Aquí, en Argentina, por muchos años existió una sobrevaloración del peso argentino, por lo que los dólares se conseguían baratos y la capacidad de compra argentina en el extranjero era formidable: se podrían haber renovado el equipamiento productivo, instalado nuevas fábricas enteras, aprovechado para incrementar la sustitución de importaciones,  mejorado la tecnología, importado insumos a precios ridículos para incrementar la producción local. ¿Pero hizo eso la burguesía argentina?: para nada, la mayoría aprovechó el dólar barato para especular, para vivir de fabulosas rentas bancarias, para fugar capitales al extranjero o para cerrar sus fábricas y transformarse en importadores y comerciantes mayoristas, destruyendo el tejido industrial y produciendo una desocupación y marginación nunca vista.

El caso de Venezuela es en cierta manera peor porque su desarrollo industrial era mucho más bajo que el argentino y sacando excepciones, las empresas privadas (nacionales y extranjeras) no apostaron al desarrollo industrial, ni de bienes de consumo ni de bienes de producción acordes a una Venezuela con una población con mayor poder adquisitivo. Algunas de las expropiaciones que hizo Chávez fueron provocadas por esa necesidad de que en Venezuela se produzca y se salga de la gran dependencia externa. Y siempre con un desacuerdo rotundo de la oposición, del Departamento de Estado de EEUU y de la clase dominante de otros países influyentes.  Pero también con un alto costo económico algunas de ellas, pues la única manera de aceptar esas expropiaciones por parte de la oposición y de los grandes poderes eran que fueran un buen negocio para los expropiados, tal el caso del banco Santander.

Esas dos causas podrían ser motivo suficiente para entender lo que está pasando en Venezuela, pero existe una tercera que es clave y precipitante:

Tercera causa: la disputa de la distribución del ingreso y de la riqueza

La lista de las transformaciones producidas por los 14 años del gobierno de Chávez es muy larga para transcribirla. Numerosos programas sociales para los sectores menos favorecidos, un cambio en la manera de hacer los negocios petroleros que implicó un gran crecimiento de la recaudación petrolera (más allá de los incrementos del precio), diversas nacionalizaciones de empresas eléctricas, petroleras, bancos, siderúrgicas, telefónicas y otras. El inicio de la reforma en el régimen de la tierra dándole tierra a campesinos y trabajadores rurales. Acceso a la educación, incluso universitaria, y al sistema de salud de sectores hasta entonces no tenidos en cuenta. Incremento de la ocupación y del consumo.  Ampliación de la participación ciudadana y democrática.

En cada una de esas medidas tuvo enfrente a la actual oposición. Vale como ejemplo el caso de cuando se empezó por expropiar tierras ociosas de grandes latifundios y transformar las tierras del Estado en propiedad social, lo que despertó grandes oposiciones de sectores terratenientes, de poderes internacionales, de los grandes medios hegemónicos e incluso de la izquierda cipaya.

Es decir, todo intento de cambiar la matriz económica fue permanentemente boicoteado por quienes hoy acusan de no haberlo hecho...

Pero claro, teniendo en cuenta que en cada instante la torta es una y solo una, una parte de la población acceda a parte de la torta o incremente su participación generalmente a costa de reducir la participación de los pocos que antes se quedaban con la mayoría de la torta.

Obviamente que las políticas impulsadas por el chavismo molestaban y mucho. Especialmente porque una y otra vez eran refrendadas por el voto popular.

Y en la historia de nuestro continente cuando quien tiene el poder económico no consigue los votos, recurre al Golpe de Estado, a la desestabilización, a tratar de remover por cualquier medio quien está afectando a sus intereses.

Pero no estamos en una época en que los golpes militares gocen del consenso y la facilidad de ejecución como antes. De allí que las alternativas pasan por debilitar o ahogar al gobierno de turno para que cambie sus políticas económicas y sociales y deje “al mercado” la absoluta libertad para regular todo. O que se vea obligado a renunciar o se creen las condiciones económicas, políticas y sociales para un golpe “de jure”.
 
Es que en el mundo van cambiando los mecanismos de  control y dominación: la ocupación directa por los ejércitos y la violencia directa pasan muchas veces a segundo plano: ahora son la deuda externa, los golpes de mercado,  la promoción de la inflación, las políticas antiinflacionarias y la construcción del discurso de verdad, sentido y pautas culturales a través de la hegemonía de sus medios de comunicación y difusión. (1)

Lo vemos en muchos países y lo vivimos en Argentina. Si eventualmente un gobierno local puede resultar molesto o no confiable al capital financiero y los grandes poderes, recurren a los ataques al peso nacional, a las presiones para la devaluación, al ahogo financiero, al desabastecimiento, a las campañas de rumores, acusaciones falsas, provocaciones, en fin, desgaste y desestabilización sistemática a través de los grandes medios de comunicación hegemónicos, y eventualmente a Golpes de Estado de Jure (de Iure, es decir, legal, en vez “de facto”, golpes utilizando recursos de las propias leyes), más cuando siempre tienen al Poder Judicial como último bastión en la defensa de los privilegios y la propiedad.

Tres aspectos claves en la actual ofensiva contra el modelo chavista

Tomemos al respecto tres aspectos claves de la actual ofensiva contra el gobierno de Maduro y más que contra del gobierno, contra el propio proyecto iniciado por Hugo Chávez: la inflación, el desabastecimiento y el valor del dólar.

Sobre la inflación hay mucho engaño sobre lo que es y sus causas. No sólo en Venezuela, sino en todo el mundo.

La visión que tenemos sobre la inflación y sus causas se la debemos a la ideología burguesa dominante, que básicamente lo que busca es defender su sistema, sus ganancias y eludir sus propias responsabilidades en el fenómeno inflacionario.

Por empezar es engañoso definir la inflación como el incremento generalizado de precios. La frase remanida en el acerbo popular es “los precios suben”.

¿Los precios suben? ¿El cartelito del precio se pone solo un poco más arriba en la estantería? ¿Se queda quieto en ese lugar pero el número del precio se cambia solo por uno más grande, como si fuera un cuenta kilómetros mágico? ¿Los precios tienen vida propia?

Y lo escuchamos millones de veces en otros temas: “el dólar sube”, “el euro bajó”. ¿Tienen vida propia las monedas y los precios?. Así parecería, así nos lo quieren hacer creer. Claro: no es lo mismo decir “Combatamos la inflación” que decir “Combatamos a los empresarios que aumentan los precios”.

Al darle el carácter casi mágico de cómo se mueven los precios, las monedas, “el mercado”, se evaden las responsabilidades reales y se ocultan las verdaderas explicaciones del por qué del fenómeno inflacionario y por ende cómo enfrentarlo.

Las causas de la inflación

Es muy importante determinar las causas de la inflación, ya que implicarán responsabilidades por la misma y qué hacer frente a ella. Los especialistas y opinólogos “antiinflacionistas” dividen sus opiniones en tres causas (aunque suelen mezclarlas):

la inflación se debe a una descontrolada emisión monetaria (la culpa es del gobierno)
la inflación se debe al déficit del gasto público (la culpa es del gobierno)
la inflación se debe a los aumentos salariales (la culpa es de los trabajadores)

Como vemos, esos que saben tanto nunca atribuyen las responsabilidades al capital (2).

Poner como causa a los aumentos salariales es fácil de rebatir empíricamente: todos sabemos que los incrementos salariales generalmente buscan recomponer el poder adquisitivo perdido por las subas de precios u otro tipo de recortes, es decir, más que provocar la inflación van a la cola de ella.

Respecto a las otras dos causas, si bien a veces en el mundo se dieron procesos de un descontrolado incremento de la emisión monetaria que causó inflación, la mayoría de las veces eso no es así(2), y lo podemos observar en los últimos años o en los últimos meses en Argentina: ninguna de esas dos variables provocó el brote de mayor inflación. Y también tenemos períodos en la historia argentina que se bajó el gasto público y el déficit fiscal, y sin embargo la inflación subió.

Otro ejemplo, en Brasil entre 1982 y el 84 el déficit fiscal bajó casi el triple hasta llegar al 3% del PBI. Al mismo tiempo, en ese mismo período, la inflación aumento del 93% al 211%. Similar pasó en México entre 1981 y 1984. Y en otros países. Respecto a la emisión de moneda, tenemos el caso típico de EEUU, que emite muchísimo sin respaldo en oro y sin embargo la inflación no acompaña esos niveles de emisión. (Claro, tiene el respaldo de las bombas y de la exportación de sus crisis al mundo)

Entonces, ¿cuál es la causa de la inflación?

Esto nos lleva a preguntarnos nuevamente qué es la inflación. Si tomamos la definición que dan ellos, “aumento generalizado de precios” y sabemos que no aumentan solos, implica que alguien los aumenta. ¿Cualquiera puede aumentar los precios?: no, pues si cualquier negocio decide aumentar por su cuenta los precios lo más probable es que bajen sus ventas, que la gente vaya a comprar a otro lado. En cambio si no tenemos otra alternativa que comprarle a él, y necesitamos lo que vende, él podrá aumentar los precios por encima de su valor para obtener una ganancia extra. Y si las principales empresas de cada rubro se ponen de acuerdo, explícito o tácito, en cierto nivel de precios, pueden imponerlos al resto. Y así lo hacen.

Es decir, la inflación se produce cuando los formadores de precios de bienes y servicios deciden aumentar sus precios. ¿Y por qué pueden decidir aumentar los precios?: para mantener su ganancia (en el caso de que el costo de lo que produce o vende aumente) o para obtener una ganancia mayor. ¿Y por qué pueden hacerlo?:  por el poder que le dan los procesos de monopolización, por el alto nivel de concentración y acumulación del capital.

Detrás de la inflación, y adelante de los que la producen aumentando los precios, lo que está en juego son las altas tasas de ganancia de la gran burguesía venezolana y extranjera en Venezuela. No aceptan que el salario real suba. No aceptan que parte de la renta o ganancia que ellos tenían vayan a mejoras sociales. Quieren que se les baje los impuestos, quieren recuperar sus ganancias de siempre, incluso la de la renta petrolera, y su poder absoluto e impune de siempre. Y si quieren todo eso y lo consideran como “lo normal”, “lo que debe ser”, es porque hace más de cien años que lo vienen haciendo...

La inflación que existe no es causada por lo que ellos dicen, ni los precios aumentan solos. Los aumentos los realizan quienes tienen la capacidad de formar precios, de imponer precios. Y los aumentan para defender lo que ellos consideran debe ser su tasa de ganancia. Y cómo nadie regula la ganancia, salvo “el mercado” (que también es una entelequia para ocultarse ellos mismos atrás de ese “mercado”, manejándolo), tienen una cierta libertad para imponer sus tasas de ganancia y mantenerlas exageradamente altas, incluso en la comparativa con otras economías de países centrales y periféricos.

Es decir, la inflación no es un monstruo grande que pisa fuerte, como cuando se dice “la inflación produce esto”, “la inflación es el peor enemigo..”, etc. Hay gente -empresas, capitales- atrás  que provocan lo que terminamos llamando inflación. ¿Y por qué lo hacen?: para defender o incrementar sus ingresos, sus ganancias y rentas.

Podemos entonces dar una primer definición de qué es la inflación:

La inflación es la transferencia generalizada de ingresos de un sector a otro utilizando el mecanismo de aumento de precios

Fíjense que no es lo mismo decir: “la inflación se come parte de los ingresos de los trabajadores”, acusando a “la inflación” (es decir  a nadie concreto, salvo al gobierno “que no ha sabido controlar la inflación”), a decir “los formadores de precios se comen parte del ingreso de los trabajadores”.

Los controles de precios

Frente a situaciones de crecimiento de la inflación por encima de lo que suele ser aceptable para un  momento dado, encontraremos que en distintas etapas de la vida económica de un país, inclusive de EE.UU., existen intentos gubernamentales de parar una escalada de precios con políticas de control de precios.

A veces estas políticas lo que buscan en realidad es tener la excusa para congelar salarios. Otras son genuinos intentos para frenar la escalada de aumento de precios para defender el poder adquisitivo del salario. Pero esos intentos suelen tener grandes limitaciones, más que nada porque suele ser desproporcionadamente menor la fuerza que puede tener un gobierno que trata de controlar los precios con respecto a la fuerza que tiene el poder económico decidido a mantener o incrementar sus ganancias.

Un ejemplo para ver esto es con el genocida presidente del Estado más poderoso del mundo, EE.UU. Con todo el poder que tenía Nixon, sin escrúpulos para bombardear Vietnam, reprimir a sus propios estudiantes y negros, espiar a políticos competidores, etc, etc.  no pudo sostener el  control de precios que implementó frente un proceso inflacionario en su época. Y se lo hicieron fracasar con el desabastecimiento, con medidas hasta crueles como productores ahogando pollos, para no dar el brazo a torcer (en Argentina es frecuente tirar la leche, no recoger cosechas de manzana y otras frutas, bajar la producción o cerrar transitoriamente fábricas porque no están conformes con el precio, incluso con el precio “del mercado”).

Pero no siempre los controles de precios no funcionan como suelen afirmar los que quieren libertad irrestricta para hacer lo que quieren.

Un caso exitoso, entre varios en diversos países, fue también en EE.UU., en la década del 40 bajo el presidente Franklin D. Roosvelt. Éste le encargó a J.K.Galbraith, que en vez de hacer un control de precios sobre un sector, por ejemplo la canasta familiar, como solía estilarse, (lo que por supuesto establecía una tensión entre los capitales controlados que venían congeladas sus ganancias y los no controlados que podían seguir aumentando las ganancias y con ello provocar una transferencia de ingresos de un sector del capital a otro), optó por hacer un control de precios a todos los bienes comercializables. Y consiguió bajar la inflación al 2% anual en un contexto de crecimiento del empleo y de la demanda, que suelen dar por resultado una mayor inflación.

Otro ejemplo Israel, en 1985, que congeló los precios con el objetivo de bajar una inflación del 20% a cero y fue un éxito (incluso su inflación había llegado a superar el 300% anual).

Por supuesto que tampoco puede mantenerse por mucho tiempo una política así pero puede cumplir su cometido de frenar y estabilizar la inflación, es decir, la puja descontrolada de los sectores dominantes por ganar más  y más. Pero se deben dar varias condiciones para que triunfe aún en un período limitado, que extendería mucho este texto si lo analizáramos aquí.

Lo cierto es que en todos esos casos, nunca se planteó lo fundamental: la ganancia. Siempre se habló de precios, rara vez de ganancia. Y menos aún tratar de controlarla. Es un sacrilegio hacerlo.

Lo importante de la medida, más allá de cuánto puede frenar o bajar la inflación, es que pone en el centro de escena no la inflación, sino los precios y sus formadores de precios, sus ganancias. Y trata de involucrar a la población en dicho control y vigilancia.

Porque es necesario poner en evidencia qué intereses hay en juego cuando nos quieren convencer que el problema es la inflación, que hay que luchar contra la inflación, cuando el problema respecto a la suba de precios es la voracidad del capital de mantener e incrementar las ya de por sí altas ganancias y que la inflación es una manera de transferir riquezas de un sector a otro usando el mecanismo de incrementar los precios.

Mientras no se logre romper con el dispositivo “inflación” tienen -además de las económicas-, las armas políticas y culturales para arremeter y debilitar las políticas que tiendan a la justicia social.

Pero no está dicha la última palabra, especialmente si se rechazan sus concepciones de la inflación y se pone en el centro del cuestionamiento sus altas tasas de ganancia, logrando instalar que Inflación es igual a desmesurada ganancia de los principales empresarios. Y ni hablar si se llegara a poner en entredicho la propia existencia de la ganancia. Implicaría tocar uno de puntos centrales del capitalismo.

Hoy en Venezuela se habla de una inflación desmesurada, grande, la más grande del mundo. En realidad lo que se busca es hacerla crecer aún más con esas afirmaciones y sus pronósticos siempre catastróficos y exagerados.

Cuando se escuche aquellas afirmaciones hay que reemplazar la palabra inflación y señalar que eso desmesurado, eso tan grande, la más grande del mundo, es la gran transferencia de riquezas de un sector, el que vive de ingresos fijos, a otro, el que establece los precios o se beneficia con los incrementos de precios.

También hay que considerar que si los verdaderos poderes logran instalar como discurso de verdad que la causa de la inflación la tiene el gobierno, una inflación en crecimiento crea condiciones para un gran debilitamiento del poder político-económico del gobierno y a la propia existencia del gobierno. Además, y en primer lugar, de gran debilitamiento del poder adquisitivo de gran parte de la población que en definitiva es el sustento del gobierno.

Lo curioso, y aunque no se lo admita, es que no es tan grande esa inflación venezolana. En Argentina tuvimos épocas donde en un día o en una semana la inflación superaba la inflación de Venezuela en el año. Es decir, lamentablemente pueden estar mucho peor.

Vale al respecto, para seguir analizando el problema de la inflación, ver un poco aquello.

El problema de la alta inflación histórica en Argentina en buena parte de la última mitad del siglo que terminamos, (estamos hablando de inflación de tres y cuatro dígitos, y no de dos como en Venezuela) se debe principalmente a dos cuestiones. Una es que ningún sector de la clase dominante -nacional y extranjera-, ni el elenco que manejaba al Estado,  podía disciplinar al resto de su clase, salvo en muy cortos períodos de tiempo. Por lo que la puja entre ellos nunca tiene vencedores ni vencidos definitivos y permanentemente se expresan en disputas por el reparto global a través de los incrementos de precios y la alteración de los precios relativos(2). Sólo cuando un sector de la clase dominante logra disciplinar al resto, o se da un acuerdo generalizado entre ellos con una cierta “foto” de un momento de la puja distributiva, se para la hiperinflación.

Pero hay otro componente que no es menor. Se suele atribuir la inflación al peronismo pues esta aparece con mayor fuerza a partir del primer gobierno peronista en la década del 50. Hay una verdad en todo esto.

Antes de ese gobierno, la oligarquía y la burguesía argentina sometían con cierta facilidad a la clase obrera, les pagaban salarios de hambre, incluso le bajaban arbitrariamente los salarios, le retaceaban los derechos sociales, y reprimían su luchas a sangre y fuego.

Luego, con las leyes sociales y políticas conquistadas bajo el peronismo, con el fortalecimiento de los sindicatos, etc, ya no fue fácil bajar los salarios nominalmente o mantener por mucho tiempo salarios de hambre. Y al no poder doblegar las luchas que hacían los trabajadores por el mejoramiento de sus condiciones de vida e ingreso, aún con represión y sangre derrocando al gobierno de Perón (1955) u otros gobiernos, la oligarquía y el resto de la burguesía (nacional y extranjera) no encontró mejor recurso para disputar el ingreso y acrecentar el suyo que aumentar los precios, es decir, producir inflación y con ello hacer caer el salario real, es decir incrementar la parte del capital en la distribución del ingreso y de la riqueza. Así, cualquier lucha que arduamente conseguía una mejora salarial era seguida o precedida por un aumento de precios. Naturalmente esto la clase empresaria pudo hacerlo porque existían monopolios, por la alta concentración y acumulación de la propiedad y el capital, pues en una economía sin monopolios sería difícil manipular los precios.

Las políticas antiinflacionarias forman parte de los mecanismos para producir mayor injusticia en la distribución del ingreso y la riqueza, por lo que la clave respecto a la inflación pasa por sacar a la luz y poner en cuestión las tasas de ganancia de la burguesía, especialmente la que es parasitaria, descomprometida con el crecimiento del marcado interno, especuladora, y está acostumbrada a altas tasas de ganancias, a fugar sus capitales al extranjero y a preferir el sometimiento a las grandes corporaciones y al gran capital internacional.

Ahora bien, cuando el gobierno venezolano decide realizar el control de precios sobre ciertos artículos básicos, lo hace para intentar defender el poder adquisitivo de la población frente a los abusos del capital, con ganancias no ya del 30 o 50%, sino del 100, del 200, del 500 o más %.

Pero al hacerlo en realidad se mete en un terreno escabroso. Por la dificultad de implementar con éxito esa medida, dado que también el proceso de acumulación y concentración del capital en la producción ha sido acompañado del proceso de acumulación y concentración de la distribución y la comercialización. Y es un combate desigual porque está atacando la libertad sacrosanta del capital de fijar su propia ganancia.

¿Y cual es una medida de defensa fácil que tiene el capital cuando no le sirven las presiones, sobornos y amenazas para hacer desaparece el control de precios o para disciplinar a un gobierno que no se ajusta a someterse a sus intereses?: el desabastecimiento, sea porque  baja la producción o directamente deja de producir ese bien o porque lo acapara y lo transforma en escaso o porque directamente prefiere destruirlo o lo canalizan para el contrabando.

Pero claro, en la lucha política un aspecto fundamental es el denominar. Quien denomina, domina (3).

Y en esa disputa del sentido, del establecimiento de lo que se debe considerar como verdad, logran instalar que la culpa del desabastecimiento la tiene el gobierno con el control de precios. No son los capitalistas con su defensa de sus ganancias exhorbitantes. No, la culpa es de quien quiere poner coto a tanta injusticia. (Y esto al margen si lo hace bien o mal, o incluso se llega a perderse en los laberintos del control).

Es hora de decir las cosas con claridad: el desabastecimiento no es ni más ni menos que  una medida de lock out patronal. Es una medida para defender sus privilegios, sus ganancias y al mismo tiempo una medida para desgastar al gobierno, para enfrentarlo con la población. Y así, en cada cola que se hace, tarde o temprano las broncas acumuladas por los plantones, por la escasez, se canalizarán contra el gobierno, no contra el causante del desabastecimiento.

Pero además se utilizará el otro mecanismo político: la provocación.

Es muy lógico -y necesario- que los trabajadores luchen por defender sus ingresos e incrementarlos, es muy lógico y necesario que la población proteste y se rebele contra lo que está mal. El asunto es que la oposición se montará sobre esos reclamos válidos para transformar esas luchas, no contra los verdaderos causantes de tamañas desigualdades y carencias, el capital, sino contra el gobierno que intenta aunque sea paliar tanta exclusión y tantas injusticias. Y buscarán el enfrentamiento violento con las fuerzas policiales o con defensores del gobierno a la espera de que se produzcan represiones, muertes y así echar más leña al fuego contra el gobierno. Y este, a pesar de que todo lo que hizo lo logró gracias a victorias electorales, democráticas, será acusado de tirano, de totalitario. Y lo que es más importante, se buscará deslegitimizarlo y preparar el terreno para justificar una ofensiva destituyente.

El mito del “mercado”

¿Y qué dirán en contraposición al control de precios u otra medida de intervención del Estado sobre la economía?: que hay que dejar que sea el mercado quien regule la economía, dejárselo a “la mano invisible del mercado”.

¿Pero qué es el mercado?

Es otra de las falsas expresiones que es necesario desnudar. El “mercado” como tal no existe. No es un ente que anda dando vueltas regulando las cosas, poniendo la economía en orden.

Por empezar algo muy simple: todo el mundo sabe que en un mercado es un ambiente donde concurre gente a comprar y gente a vender.

¿Tienen algún poder los que compran?: las largas colas de venezolanos, de horas y horas para conseguir algo a un precio razonable, y muchas veces no conseguirlo, habla a las claras que esa mayoría de la población no tiene ningún poder en ese “mercado”. Es decir, este “mercado” es un “mercado” sin los compradores, sin los consumidores. O sea no es un mercado.

El mercado es el nombre que en todo el mundo la clase dominante a logrado instalar para tapar que en realidad son las grandes corporaciones financieras, empresarias que forman los precios, que deciden qué se produce,  cuánto y cuál va a ser el precio de venta. Por lo tanto todo quien hable de la “libertad de mercado” lo que está diciendo es que las grandes corporaciones, los grandes poderes, deben tener la libertad de hacer lo que se le de la gana.

Y uno de los crímenes cometidos por el chavismo ha sido poner al Estado interviniendo en la economía. Y no importa mucho cuán bien o cuán mal fue tal o cual medida. La propia existencia de medidas intervencionistas es lo que debe ser condenado. Liberad absoluta de empresa, comercio y mercado son las consignas del neoliberalismo y de sus defensores entre los políticos, asesores y especialistas.

En definitiva, frente a la inflación provocada por los grupos formadores de precio, los mismos defensores de esos grupos se quejan de la inflación y piden medidas contra de ella. No obviamente un control de precios y ganancias. Y menos grandes multas o medidas expropiatorias sin indemnización.

Frente a la inflación los economistas liberales y los organismos financieros internacionales recomiendan achicar el mercado interno, es decir, que la gente tenga menos plata, de esa manera es más fácil evitar que suban los precios. Y que la gente tenga menos plata se logra también devaluando el peso, ya que con la misma plata se compra menos. O congelando salarios, bajando el gasto público, recortando beneficios sociales, subiendo los intereses bancarios -encareciendo el crédito-, o incrementando la desocupación (pues hay más oferta de gente buscando trabajo por lo que se le puede pagar menos), etc. Y la mayoría de las veces les da resultado y logran controlar o bajar la inflación. Claro que con un gravísimo costo social. Lo que por supuesto no tocan son los márgenes de ganancias de los grandes capitales, para los cuales, como una pirinola trucada, tiren como la tiren siempre le salen “toma todo”.

Y creer que el problema es la inflación, además de engañoso, es trágico, pues desvía del problema central. Sin ir muy lejos: ¿Quieren tener una receta muy fácil para bajar la inflación al 0,1%: transforma a Venezuela como el CHAD, que el Índice de desarrollo humano de la ONU coloca a Chad como el quinto país más pobre en el mundo, ya que el 80% de la población vive por debajo del umbral de pobreza.

O tal vez prefieran el 0,7% de inflación como Ginea_Bissau, donde hace una décadas atrás la mortalidad infantil era 500 muertes cada 1,000 nacimientos y sólo el 2% de la población estaba alfabetizada. O mejor aún, se puede copiar a Mali, que tiene una tasa negativa de inflación, el -0,6%, un país con grandes recursos naturales en oro, uranio y sal, y que sin embargo es considerado como uno de los países más pobres del mundo. La bandera antiinflacionaria no es una bandera de los pueblos. En todo caso será la de conservar y acrecentar el poder adquisitivo, sea cual fuere la tasa de inflación.

¿Cómo se crean las condiciones para desestabilizar a un gobierno?

Tienen varias herramientas.

Para entender una importantísima, consulten a un banquero  o “especialista” y díganle: supongamos que usted es dueño o gerente de un gran banco, el más importante de todos, sólido, con mucho capital. Y de golpe, producto de informaciones falsas y grandes campañas de atemorizar a los ahorristas, los clientes del banco deciden retirar en masa sus ahorros y el dinero que tienen allí. ¿Qué le pasa al banco?

Por más fuerte que sea el banco no resistiría una corrida masiva, salvo, tal vez, si consigue una ayuda externa o del Estado. Y si las corridas no son tan grandes, pero son sucesivas, además del perjuicio económico, ellas van minando la confianza en la institución. Y un banco puede perder dinero, pero no puede perder la confianza.

Esto mismo es lo que hacen con los gobiernos que no les gustan, sea para chantajearlos, para obligarlos a tomar ciertas medidas, para hacerlos renunciar o para justificar un golpe de estado, de facto o de jure. Este es un componente, no económico y sí político, muy importante, en los ataques al bolivar.

Las presiones para aumentar el valor del dólar, para devaluar el bolivar subiendo el precio de las mercancías, generalmente incrementando el valor del dólar paralelo o blue como se lo llama en Argentina a través de la manipulación de ese mercado limitado, son corridas contra la moneda nacional, son corridas contra el gobierno y contra los recursos del Estado. Producen fugas de divisas, desfinanciamiento del Estado, pérdida de los depósitos del Banco Central, atesoramiento de dinero sacándolo del circuito productivo, en paraísos fiscales, cajas de seguridad o colchones, y por supuesto fuerzan la devaluación y con ello fomentan la inflación. Así, aparte del gran costo económico al Estado y al país, hay un grave costo político.

Cuanto más le cueste al gobierno parar esas presiones, más debilitado queda. Y siempre expuestos a nuevas corridas, cual Espada de Damocles. Mientras tanto, la prensa hegemónica, los opinólogos y los políticos irresponsables que han sido causantes de la Venezuela monoproductora dependiente del extranjero, fomentan permanentemente la desconfianza en el gobierno y en el país, por lo que cualquier medida que se tome, por más buena que fuese, ya nace mellada y no es difícil transformarla en ineficaz. Y ellos mismos, los promotores de la desconfianza, se encargarán de decir que el problema central del gobierno es que no hay confianza en él o que no toma medidas.

Entonces, a todas estas presiones para desvalorizar la moneda nacional por motivos económicos, hay que agregarle los motivos políticos. ¿Y por qué?. Ningún gobierno puede mantenerse fácilmente si caen las reservas a niveles muy bajos y si pierde el control de los indicadores fundamentales.

Por otro lado, cuando la inflación ocurre de golpe, les da la posibilidad, a algunos de ellos, de disputar con otros formadores de precios la relación entre los precios internos, es decir, alterar la estructura de precios relativos, posicionar mejor sus precios respecto a otros precios, o sea disputar una mayor cuota de la ganancia global. Este fenómeno se puede observar si se analizan las estadísticas en cierto período de tiempo: hay un promedio general del aumento de los precios, pero hay sectores que aumentaron muchísimo más que ese promedio y otros menos. Ello permite constatar que, aparte del proceso de transferencia de riquezas de la masa trabajadora a unos pocos, se está dando un proceso de transferencia de ingresos (ganancia y renta) de un sector del capital a otro. Y explican los distintos matices de las propuestas económicas de diversos partidos políticos que defienden la soberanía del capital y en particular de cierto capital.

La devaluación del bolívar

Los “especialistas” de Venezuela, los que piden el cambio del modelo y política chavista, y plantean la necesidad de bajar la inflación dicen por ejemplo que para ello:

“se requieren acciones como el aumento del precio de la gasolina, la devaluación del bolívar, la unificación del tipo de cambio y la reducción del gasto público...”  
Y agregan”La pregunta es si el gobierno está dispuesto a hacerlo sabiendo el costo político que tendrá en un año electoral”
.

No se necesita ser un entendido en economía para darse cuenta que si aumenta el precio de la gasolina ello estimula a un aumento general de precios, tanto sea por el incremento del costo del transporte como por el aumento del precio de todos los insumos y derivados del petróleo y asociados, lo que por supuesto termina produciendo un incremento de precios generalizados. Incluso el mismo gobierno se beneficiaria con ello pues aumentarían sus ingresos, sin embargo todos estos años se ha negado a ello pues sabe el impacto negativo en la población que tiene ingresos fijos.

En definitiva, los opositores proponen incrementar el precio de la gasolina, es decir, esa medida garantiza el incremento de precios ¿y no era que se quería parar la inflación?

Pasemos a la segunda medida: unificación del tipo de cambio y devaluación del bolívar.

Si sabemos que buena parte de lo que se consume en Venezuela es importando: ¿qué significa una devaluación del bolívar?. Tampoco hay que ser experto en economía: implica un incremento de precios y no menor, incluso con efecto más grande aún que el incremento de la gasolina.

En definitiva las dos medidas propuestas producen grandes aumentos de pecios, o sea más inflación.

Pero claro, especulan que al caer el poder adquisitivo de la mayoría de la población de una manera tan grande, la inflación no siga, pues se reduce la demanda.
Son entonces  políticas de ajuste y achique, que ni siquiera garantizan eliminar la inflación, como se ha visto -y ve- en numerosos países.

Y al mismo tiempo, para bajar aún más el poder adquisitivo de la población trabajadora o pobre, como vemos, se plantea reducir el gasto público, que como sabemos implica bajar el consumo de servicios y de la producción. Quitas de subsidios lo que también implica incremento de precios. Quita de servicios sociales, lo que implica para esa población tener que pagar de su bolsillo o no poder tener esos servicios.
Ese es básicamente el programa de la oposición: la vuelta atrás al 1999.

Las perspectivas futuras

Ni siquiera la perspectiva de que en el 2015 hay elecciones donde puedan expresarse democráticamente alcanza y contiene al empuje destituyente. Es que el 2019 está muy lejano y nada indica que en aquel entonces un Maduro u otro dirigente chavista puedan seguir ganando las elecciones. Ahora es una oportunidad de hacer tambalear y eventualmente hacer caer el gobierno. De allí el impulso a las movilizaciones de los dirigentes y organizaciones opositoras con Capriles a la cabeza (“por supuesto movilizaciones pacíficas y dentro del marco de la ley”)

Y el que se viene una situación complicada lo evidencia el rol opositor abierto y doctrinario que toma la Iglesia Católica venezolana.

Al concluir la asamblea ordinaria 103,  la Conferencia Episcopal Venezolana (12-01-14) señaló que el Ejecutivo ha elegido un camino equivocado.

“La causa de esta crisis general es la decisión del gobierno de imponer un sistema político-económico socialista marxista o comunista. Ese sistema es totalitario y centralista, establece el control del Estado en todos los aspectos de la vida de los ciudadanos y de las instituciones públicas y privadas, atenta contra la libertad y los derechos de las personas y asociaciones y ha conducido a la opresión y la ruina de los países donde se ha aplicado”, dijo el presidente de la CEV, monseñor Diego Padrón. (1)

Por otro lado, afirman que

“el sistema económico que está imponiendo el Gobierno Nacional es, a todas luces, ineficaz. Es necesario que, dejando a un lado concepciones ideológicas rígidas y fracasadas así como el afán de controlarlo todo, el Gobierno impulse reformas que eliminen trabas a la producción, detengan la inflación, y solucionen el desabastecimiento y la carestía de los artículos de primera necesidad”.(5)

Y aquí nuevamente se puede percibir cómo se construyen los engañosos discursos de verdad y como se da por cierto lo que es una flagrante falsedad.

El sistema económico venezolano, que produce las crisis, que da la posibilidad de la inflación, que permite y hasta estimula el desabastecimiento, la carestía de la vida, la miseria, las privaciones y la ruina de muchas personas y empresas es el capitalismo.

No hay que confundir el modelo propiciado por el chavismo, “del socialismo del siglo XXI”, un modelo político de sociedad que busca en cambio social y económico, con la economía real existente en Venezuela, antes del chavismo o ahora: la economía es una economía capitalista.

En Venezuela existe el capital y trabajo asalariado, existen los monopolios, existe la deuda externa e interna, existen los bancos, existe la propiedad privada sobre los medios de producción y de cambio, existe el dios y poder del Dinero. No hay comunismo. Como tampoco fue comunismo la Rusia de Stalin, pues el solo pasaje de una propiedad privada a manos del estado, es decir, una simple nacionalización,  sólo cambia quién la gestiona el capital y a dónde va la renta, pero sigue siendo una empresa dentro del capitalismo, un capitalismo de estado. En cambio el comunismo o lo que propició Marx es otra cosa.

Por ello lo que fracasó en Rusia y otros lugares no fue el comunismo, sino una variante del capitalismo y en todo caso sucumbieron intentos de salir del capitalismo.

Mal puede entonces acusarse a Marx o a un modelo de sociedad comunista por lo que pasa hoy en Venezuela. Que tampoco es muy distinto a lo que pasa en otros países del mundo en los cuales no tienen un chavismo al que acusar y sí a testaferros o títeres del FMI o del BM en el gobierno.

Lo que provoca los males económicos en Venezuela es el capitalismo, no el Socialismo del Siglo XXI, que lo económico no está basado en el precio del mercado y según Chávez “se basa en la solidaridad, en la fraternidad, en el amor, en la libertad y en la igualdad”

En cambio, la economía que reivindican esos obispos, y que aún está muy viva en Venezuela, se basa en la competencia, en el lucro, en la libertad no de las personas sino primero de todo de la propiedad privada y las empresas, en la desigualdad social.  Desigualdad social que la iglesia mantuvo a sangre y fuego desde que se hizo del poder terrenal, como lo prueban las conquistas, las colonizaciones, los genocidios, las torturas, el apoyo y bendición  a Golpes de Estado y regímenes  genocidas. Incluso propiciando la muerte o haciéndose los ciegos ante los cientos de curas y religiosas comprometidos con su pueblo y con su fe cristiana, que reivindicaban el Cristo de los pobres, el cristo de los humildes.

Antes de hacer esas declaraciones esos obispos deberían estudiar las declaraciones del Papa Francisco sobre el capitalismo, sobre la usura internacional, sobre la deuda externa, sobre las injusticias. Aunque es probable que en su fueron interno esos obispos piensen que el Papa es un populista o tiene algo de marxista, aunque sabemos que no es así, pero él mismo ha tenido que salir a aclararlo...

Y mal que les pese a los que acusan al “modelo socialista” de lo que está pasando, es esa economía capitalista la que cae recurrentemente en crisis, en Venezuela y en otros países, incluso en EE.UU. y si no miremos la situación de los negros, de sus reclamos, de la marginación y pobreza que existe también allí, la falta de asistencia médica al que no tiene plata y todas las cosas que pueden verse incluso mirando las películas nortaemericanas y a favor de su “way of life”

Una cosa es el ideal que buscó Chávez y persiguen sus continuadores, y otra cosa es la realización plena de una sociedad basada en esos ideales. La que provoca las crisis, las que somete al pueblo a las privaciones, no es la nueva sociedad, sino la vieja sociedad que se niega a desaparecer.

En todo caso se podrá criticar a Chávez y sus compañeros y compañeras perseguir el ideal de un mundo sin injusticias, sin explotación, y si su propuesta política tiene la suficiente fuerza y claridad para lograrlo. O que sin ciertos cambios más profundos no podrán lograrlo  Pero no de ser causante de los dramas sociales, de que buena parte de la población sea permanentemente desconsiderada, mal tratada, oprimida, explotada.

Y esos dirigentes empresarios y políticos que vive de las injusticias y la explotación, aunque le exigen al gobierno que pare la inflación, y garantice que la gente tenga lo que necesita, ellos no critican al gobierno por no tomar las necesarias medidas para parar la especulación, el acaparamiento, el desabastecimiento y la corrupción para frenar el drenaje de riquezas de Venezuela fuera del país, para impedir que los formadores de precios abusen de su posición dominante para imponer aumentos de precios.  Lo critican porque intenta tomar esas medidas. Lo que piden, aunque no lo digan tan abiertamente o incluso se quejen de que “el gobierno no toma medidas”, es que deje de tomar medidas, que todo lo regule el mercado.

Lo que quiere la oposición, incluidos estos obispos, es una vuelta atrás al capitalismo “normal”, que para buena parte de la población siempre fue un capitalismo salvaje, terriblemente explotador y expoliador. Ese capitalismo bajo el cual la Curia y muchos políticos y empresarios la pasan muy bien y viven en el lujo y la opulencia.

Cuando el juez neoyorkino Griesa falló contra Argentina obligándola a pagar a los Fondos Buitres una cifra sideral e injusta, y que de hacer Argentina lo que decía el juez hubiera hecho caer el 92% de la negociación con los demás deudores de la deuda externa, que habían aceptado un importante quite, con lo que directamente destruían no sólo al gobierno argentino sino a todos los avances sociales conseguidos y la recuperación económica, parecía que el mundo se venia abajo.
En ese entonces hice un escrito que titulé: “Lo que no mata, fortalece” (4)

Más o menos esta es la situación que se le presentará al proyecto chavista ante los próximos tiempos: si logra soportar estas embestidas y las que vendrán, que no serán menores, terminará fortalecido.

Pero claro, para poder enfrenta esas embestidas tendrá que hacer cosas. Tanto en lo económico, como en lo comunicacional como en fortalecimiento y accionar de las fuerzas sociales que apoyaron y apoyan el ideal de Chávez

En lo interno son muchos los frentes de batalla que se le presentarán al gobierno y las fuerzas a su favor.  Y no les será fácil, especialmente por la gravedad de la caída del precio del principal sustento de la economía venezolana.

Pero el asunto principal aquí no es sólo que va a hacer el gobierno. El asunto principal es qué van a hacer quienes con mayor o menor acuerdo apoyan o apoyaron el proyecto iniciado por Chávez.

El asunto principal es qué van a hacer quienes en su momento se vieron favorecidos por los planes sociales y medidas de todo tipo implementadas por el chavismo.

Incluso qué van a hacer quienes critican al proceso actual de la transformación bolivariana no desde la defensa de la vuelta atrás, sino para ir más adelante.

En todo cambio social, siempre hay distintas maneras de ver y hacer las cosas, y no hay un único camino para conseguirlas. Pero lo clave es si esas críticas, probablemente muchas justas, se hacen sumándose al coro de quienes quieren el fracaso del gobierno, o si las críticas se hacen para fortalecer y profundizar el proceso de cambios y por ende se comparte la necesidad de unir fuerzas para derrotar a la oposición neoliberal y conservadora, a los que quieren el modelo del capitalismo de la libre empresa y del libre mercado.

Y esto va también para las luchas por reivindicaciones que seguramente irán creciendo en la medida que los ataques económicos contra el gobierno y contra el poder adquisitivo de los trabajadores aumente. Porque la gente debe organizarse y defenderse contra los atropellos del capital. ¿Pero lo hará sumando sus reclamos al coro opositor de la restauración neoliberal o percibirá que es necesario diferenciarse de ella y ver en el capital financiero y especulativo, en la propia libertad del mercado y de la ganancia, en las corporaciones formadoras de precio, en los grandes medios hegemónicos nacionales y extranjeros que establecen el “discurso de veredad” a sus principales enemigos?

Venezuela se encuentra en una encrucijada.

Como en una mesa de operaciones que usan los estrategas militares, las fuerzas enemigas están desplegadas. Ellos saben lo que quieren y no tienen ataduras morales ni éticas que les impidan recurrir a cualquier medio con tal de sacarse de encima al gobierno y al chavismo. Son fuerzas minoritarias en gente pero muy fuertes económicamente y por sobre todo, tienen el poderío de las grandes potencias atrás, y el poderío de los grandes medios formadores de opinión y de discurso de verdad, tanto venezolanos como internacionales.

Del otro lado no alcanzará que esté el gobierno y sus fuerzas más leales y militantes. Ni tampoco alcanzará con que las medidas que tome el gobierno sean las mejores y más apropiadas para la situación. Ni que corrija lo que tenga que corregir. ¿Por qué no alcanzará?. No sólo porque las fuerzas en el otro lado son muy poderosas, sino porque sólo con la fuerza del gobierno y los militantes más comprometidos, cuanto más alcanzarán para resistir y mantener un tiempo el proyecto chavista.

Pero para derrotar las fuerzas de la restauración neoliberal se necesitará profundizar dicho proyecto, profundizar las transformaciones, lograr debilitar las fuerzas del neoliberalismo y del capital internacional que quieren volverse a apropiar de Venezuela (No se puede olvidar que Venezuela es la principal reserva de petróleo del mundo).

Y no se puede profundizar el proyecto, no se puede ir por más sin la participación importante de una buena parte de la población y sin convocar y aglutinar a los que han participado del proyecto pero que por distintos motivos se fueron apartando o marcando criticas.

De alguna manera, todos deberán decidir de qué lado se ponen. Si de los que reivindican la vuelta atrás, a la Venezuela del pleno dominio de la libre empresa y del mercado, es decir, la Venezuela sometida y expoliada, o si se defiende lo conseguido, se busca mejorar todo lo que es mejorable y se  promueve la consolidación y profundización de los cambios, sabiendo que no será fácil y que los hasta ahora dueños de la pelota, son capaces de producir más sufrimientos a nuestros pueblos.

No serán tiempos fáciles para Venezuela, su gobierno y su pueblo. Pero nadie dijo que la libertad, la justicia, la igualdad y la dignidad humana pueden conseguirse fácilmente y sin luchar.

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Notas:

(1) Para ampliar el tema de cómo se mueven hoy los grandes poderes y el rol de lo económico ver en “Deuda externa, fondos buitres, capital financiero y Argentina 2016”
http://www.notasyantidotos.com.ar/item/41-deuda-externa-fondos-buitres-2016

(2) Para ampliar el tema de la inflación puede descargarse -gratuitamente- el libro "La Inflación, el Caballo de Troya del neoliberalismo", en www.deuntiron.org
http://www.deuntiron.org/web/descargaribroinflacion

También pueden consultarse los articulos:

"Inflación, el control de precios ¿dónde está la clave?"
http://www.deuntiron.org/web/item/29-inflacion-el-control-de-precios

"Dólar "blue" e inflación en Argentina"
http://www.notasyantidotos.com.ar/inicio/item/24-dolar_blue_e_inflacion_en_argentina

(3) Ver "Quien denomina, domina"
http://www.intercol.org.ar/fjpisani/quien_denomina_domina.html

(4) "Lo que no mata fortalece" (Acerca del fallo a favor de los fondos buitres)
http://www.notasyantidotos.com.ar/item/40-lo-que-no-mata-fortalece

(5) http://www.elvenezolano.com/index.php/venezuela/15657/conferencia-episcopal-venezolana-%E2%80%9Ccrisis-es-causada-por-imponer-modelo-socialista%E2%80%9D.html

https://www.aciprensa.com/noticias/obispos-se-manifiestan-contra-imposicion-del-socialismo-marxista-en-venezuela-23828/


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