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El ministro de Interior venezolano, Miguel Rodríguez Torres, informó la capturado del narco Carlos Alberto Martínez Castañeda. (Foto: Archivo)

El ministro de Interior venezolano, Miguel Rodríguez Torres, informó la capturado del narco Carlos Alberto Martínez Castañeda. (Foto: Archivo)

Publicado 6 marzo 2014

Convencionalmente son ocho los países que pueden ser considerados potencias: Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Francia, Canadá, Italia, Japón y Rusia. Son las naciones que forman el afamado Grupo de Los 8, es decir, los países más industrializados del orbe.

Pero si de verdad quiere hablarse de potencias, a esa lista de ocho habría que sumar a China y restarle Japón, Italia, Canadá, Inglaterra, Alemania y Francia. De modo que hablando seriamente de potencias, sólo caben tres naciones: Estados Unidos, Rusia y China.

Y esto es así, porque la característica esencial de una potencia es no encontrarse subordinada a ningún otro poder, a ninguna otra nación, a ninguna otra entidad. Y este no es el caso de Francia, Alemania, Inglaterra, Italia, Japón y Canadá.

Estos seis países no pueden ser considerados potencias porque se encuentran subordinados a Estados Unidos. ¿Habrá que recordar que, salvo Francia, los cinco restantes están ocupados militarmente por Estados Unidos? Y en cuanto a Francia, que ciertamente no tiene soldados estadounidenses en su territorio, ya desde la lejana época del general Charles de Gaulle, no ha dado ninguna demostración sólida de encontrarse libre de la tutela de Estados Unidos. Ni siquiera durante los mandatos de los falsos socialistas Francois Miterrand y su tocayo Hollande.

El asunto se ve muy claramente en el actual conflicto de Ucrania. Estados Unidos le serrucha el piso al presidente non grato Víktor Yanukóvich, con el fin de ir cercando militarmente a Rusia. Y ésta responde albergando al derrocado Yakunóvich, endureciendo su discurso antiestadounidense y movilizando tropas hacia la península ucraniana, pero rusohablante, de Crimea, donde se encuentra basada la flota rusa del mar Negro.

Se trata, como está muy claro, de un conflicto que recuerda las épocas de la guerra fría, entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Que la potencia norteamericana se vea acompañada por sus semipotencias vasallas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y por Francia no hace a éstas ni a Japón partes verdaderas del diferendo rusoamericano.

Y si bien Rusia ya no es comunista (o socialista), lo que ha suprimido el pretexto de la lucha contra el comunismo para agredirla militarmente y someterla a vasallaje, en la memoria colectiva del pueblo ruso (y también de su gobierno) están las imágenes y los datos de la anterior agresión imperialista de 1941-1945, por cuenta de la Alemania nazi.

Y ese pueblo y ese gobierno saben o suponen o temen que más temprano que tarde se repita la agresión. El derrocamiento de Yanukóvich y el consecuente apoderamiento de Ucrania (al menos de su parte occidental) por cuenta de Estados Unidos ha sido la primera y más importante señal de que se prepara la temida agresión.

Una agresión, en principio, no necesariamente militar. Sino más bien una agresión al estilo ucraniano o, antes, al modo yugoeslavo para derrocar y asesinar a Slovodan Milosevic y ocupar militarmente a la antigua Yugoslavia. Cercar, dominar y eliminar a Vladimir Putin y a los líderes rusos que se oponen o se opongan a la dominación de Rusia por cuenta de Estados Unidos es el propósito de Washington en el mediano plazo.

Si esto es así, como lo es, muy pronto veremos en Ucrania, al menos y por lo pronto en su parte occidental, la instalación de bases militares, de armas atómicas y el despliegue de numerosas tropas estadounidenses. Y no ha de ser, por supuesto, con fines amistosos, sino como siempre de dominación y sojuzgamiento. El balón está ahora en el lado ruso. Y Rusia, que ya empezó, tendrá que preparar sus siguientes jugadas. Primero defensivas y, luego, ya veremos.

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx


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