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Trabajando menos: manteniendo la productividad y salvando al mundo

| Foto: Archivo

Publicado 12 enero 2015
Mientras que el avance tecnológico ha provocado un incremento de la productividad, desde la década de 1970 los salarios se han estancado y seguimos trabajando más duro de lo que necesitamos.

"Ustedes son engranajes de una máquina". A mí y a mis compañeros abogados nos dijeron en nuestro primer día de "inducción" en una firma de derecho comercial con sede en Londres. "Miles de personas se presentaron para esta posición. Usted lo consiguió, pero lo consiguió por un pequeño margen. Si no estás dispuesto a trabajar 80 horas a la semana, se le puede reemplazar fácilmente. El Reino Unido no es parte de la Directiva de Tiempo de Trabajo Europeo".

Esta enfática apertura fue seguida por una discusión con el jefe de los servicios de secretaría. Ella con delicadeza, pero con firmeza, nos aconsejaba mantener camisas de repuesto, un alijo de cepillos de dientes y (mirando a las mujeres) "productos femeninos", para nuestro próximo inevitable desplazamiento lineal de 36 horas en la oficina. Su consejo resultó inestimable.

Bertrand Russell, filósofo británico, crítico social y activista político, no era un fan del trabajo. En su ensayo 1932, "Elogio de la Ociosidad", pensó que si nuestras sociedades se manejan mejor la persona promedio sólo tendría que trabajar cuatro horas al día. Tal día de trabajo le "da derecho a un hombre [o mujer] a las necesidades y comodidades elementales de la vida". El resto del día podría dedicarse a la búsqueda de la ciencia, la pintura y la escritura.

Eso suena muy bien para mí. Bertrand Russell anticipó correctamente que el avance tecnológico incrementaría la productividad. Sin embargo, pensó que este avance tecnológico liberaría a las personas de largas horas de trabajo. Del mismo modo, John Maynard Keynes estimaba que estaríamos trabajando 15 horas por semana en el 2030.

Sin embargo, mientras que el avance tecnológico ha provocado un incremento de la productividad, desde la década de 1970, los salarios se han estancado y seguimos trabajando más duro - más difícil – de lo que necesitamos. La gente común no está cosechando los beneficios de una mayor productividad y en cambio necesitan préstamos de crédito para satisfacer las necesidades básicas, mientras trabajaba largas horas en trabajos aburridos.

La ética de trabajo del protestante es celebrada cuando las largas horas de duro trabajo son espiritualizadas. Grupos de Adictos Anónimos  al trabajo están incrementándose. La soledad es cada vez mayor. En el verano de 2013, Bank of America enfrentó fuertes críticas después de que un empleado murió.

En "Ensayos de Sociología," Max Weber argumentó que en medio de una cultura que se organiza con largas jornadas de trabajo, para la mayoría, casi no hay espacio para la formación de los lazos sociales con los demás. Esto se reserva para el 1 por ciento de los capitalistas que "económicamente no tienen preocupaciones". Con la sociedad organizada para pasar tanto tiempo en el trabajo, buscando la espiritualidad real en la línea de Buda, Jesús, o Francis está condenada al fracaso.

Un documento de abril de 2014, escrito por John Pencavel de la Universidad de Stanford, muestra que la reducción de las horas de trabajo puede ser buena para la productividad económica. Y que trabajando semanas de trabajo más cortas puede ser mejor para la productividad, Naomi Klein, autora del nuevo libro "Esto lo Cambia Todo: Capitalismo Contra el Clima", va más allá.

Klein dice que tenemos que revolucionar nuestra vida laboral si vamos a combatir el cambio climático. Klein aboga por una semana de trabajo de tres días - una semana laboral de 21 horas - como la solución al problema más apremiante del Siglo 21. Las personas están sobrecargadas de trabajo y este exceso de trabajo "está íntimamente ligado" a un modelo particular de derroche de consumo - "usted no tiene tiempo después del trabajo para hacer otra cosa que comprar una comida para llevar, y menos tiempo aún para actividades de bajo consumo como la cocina".

Las mayores empresas invierten millones en "gestión de recursos humanos" cada año. La investigación informa las decisiones al empleador para alagar periódicamente a sus empleados por sus esfuerzos, con el fin de hacer que se sientan "empoderados" y "apreciados" y así reducir la probabilidad de que pidan un aumento importante en los salarios. Con tanto énfasis en "recursos humanos" y millones gastados cada año en investigaciones de la gestión de personas, los empleadores deben saber que más horas de trabajo no ayudan en nada a la productividad.

El trabajo tiene otra función. El trabajo nos impide organizarnos para que una sociedad se maneje mejor - para una redistribución más equitativa del poder político y la riqueza - y también del tiempo. Tiempo para estar con sus seres queridos, para construir nuestras comunidades, y en la búsqueda real de la felicidad. Una sociedad totalmente diferente, que busque la equidad más que el crecimiento económico. Una sociedad que - como Bertrand Russell preveía - nos permita pasar unos días en la búsqueda de la ciencia y las artes. Después de 12 horas en el trabajo - o 36 horas seguidas en la oficina - nadie tiene la energía para asistir a una reunión o acción, organización o campaña a favor de una gestión alternativa revolucionaria de la sociedad y recursos humanos y naturales.

Las decisiones individuales para avanzar hacia semanas de trabajo más cortas pueden dar lugar a estilos de vida más saludables para los pocos que son capaces de hacer este tipo de cambios. Sin embargo, los cambios individuales no son suficientes para que haya el impacto necesario sobre el cambio climático, o para una distribución más equitativa del poder político y la riqueza. Hoy en día, mucha gente de la clase trabajadora tiene que trabajar en varios lugares y trabajar horas extras para ayudarse a llegar a fin de mes. Avanzar hacia una semana laboral de 21 horas, simplemente no es factible. No se podría pagar las cuentas.

La necesidad de la organización colectiva es clara. En su nuevo libro "El Tiempo de Nuestro Lado", publicado por el radical think-tank, y la Fundación Nueva Economía, el economista Robert Skidelsky escribe: "Si podemos salir de esta cinta de correr para consumir, podríamos reconsiderar lo que entendemos como buena vida. Entonces podríamos encontrar la manera de estructurar nuestras instituciones para hacer más fácil vivir una vida así ... Los medios políticos para lograr este objetivo son el reparto del trabajo, la reducción de las horas de trabajo, la distribución de la riqueza, los cambios en los impuestos y la renta básica".

Podríamos estructurar el trabajo de manera diferente. Esto implicaría que las personas se unan para entender las realidades de cada uno, y el reconocimiento de las formas en que la gestión actual de la sociedad no funciona para la mayoría de nosotros. Si bien esto puede parecer una esperanza lejana de las relaciones sociales, a pesar de nuestros estilos de vida ocupados, formando conexiones, volver a descubrir lo que nosotros hacemos con nuestro tiempo - si estuviera en nuestras manos (y no en las manos de nuestros empleadores) - es crucial. Este tipo de relaciones sociales son la base sobre la cual podemos crear escalones para una nueva sociedad que tanto necesitamos. En una época de trabajo obsesivo, alimentando el dolor y la soledad, los movimientos hacia un eficiente estilo de vida, saludable y equilibrado son necesarios para combatir el cambio climático y avanzar hacia una sociedad más igualitaria.

**Jerome Roos es  un investigador Doctorado en Ciencias Políticas y Sociales en el Instituto Universitario Europeo, y editor fundador de la revista anual sobre los resultados. Síguelo en TwitterJeromeRoos.


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