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TELESUR: Le pegaste De zurda
Publicado 17 junio 2014

Les confieso algo: esta sexagenaria investigadora de la comunicación disfruta plenamente el buen fútbol.

El tío Antonio, ya bien adulto, lo practicaba en la comunidad rural del central azucarero Los Reynaldos –antes Baltony y mucho más atrás, Almeyda- en la provincia de Santiago de Cuba, donde vivía la abuela.

Comencé a sentir como propia su emoción cuando, vibrante y eufórico, relataba una y otra vez cómo Los diablos rojos -el once local al cual perteneció- logró contra todo pronóstico, en 1949, coronarse en el campeonato nacional cubano.

En su primera edición, De Zurda –programa estrenado a las nueve y treinta de la noche del 9 de junio, por el canal multinacional TELESUR, anunció sin estridencias o fanfarrias, pero categóricamente, que no podremos perdernos ni una sola de sus entregas.

Este espacio tiene como protagonistas a esos gigantes indiscutibles que son Diego Armando Maradona –la leyenda viva argentina- y Víctor Hugo Morales, el carismático comentarista y periodista uruguayo, que en el Mundial de 1986 narró aquel famoso gol de Diego, registrado por la historia como el mejor gol de los mundiales de fútbol.

Ni sus múltiples cortes impidieron transitar desde la sensación placentera hacia la emoción. En otro instante, los agudos pero honestos juicios de Maradona provocaron sonrisas y, finalmente, cuando pensábamos que ya no podíamos pedir más, llegaron el asombro y la satisfacción.

Sensibilidades futbolísticas o percepciones mediáticas aparte, en su apertura se destaca la inserción de su hermosa canción de auténtico ritmo latinoamericano y uno de sus videos clips, cuya elipsis genial imbrica a la savia del deporte de las multitudes con las esencias de la perspectiva social del Sur, que personaliza a TELESUR en certero paralelo con la otra mirada.

Así las cosas, De Zurda, aunque utiliza un formato muy cercano a las revistas informativas deportivas tan de moda, posee su propia magia; sobre todo porque tiene el don de engranar magistralmente una con otra: las remembranzas de momentos significativos en la trayectoria del jugador, los recuerdos de Víctor Hugo, la ponderación minuciosa de la salud de los equipos latinoamericanos que concurren a la convocatoria brasileña actual, los comentarios del argentino sobre el entorno brasileño del Mundial y sus críticas al poder hegemónico que regentea y lucra a escala planetaria con este evento, sorprendentes momentos dedicados a la historia del fútbol y mucho más.

Su resultado es ameno y atractivo. Por improvisado que parezca, sabemos que le respalda una ingente labor productiva y la sapiencia creativa de creadores que, por añadidura, nunca pierden la sintonía con la idiosincrasia de los públicos de su región. Tan es así, que ambos parecen dos amigos que, en cualquiera de nuestras ciudades, desgajan sus memorias mientras comparten sus cervezas.

Los dos momentos dedicados a la historia del fútbol fueron impactantes por el valor patrimonial de sus imágenes, y constituyeron en sí mismos pequeños pero verdaderos hits periodísticos.

La investigación sobre las primeras décadas del siglo pasado, cuando la conciencia de que hacían paso a paso su historia, era incipiente en deportistas y quienes les rodeaban; revela la importancia de los archivos para la memoria colectiva de las generaciones futuras. Cuando sus protagonistas ya no existen, perviven los documentos, las fotos, las publicaciones de prensa y otros registros que nos trasladan imaginariamente a esos sucesos históricos.

La labor investigativa tan exquisita, a la que ya nos tiene acostumbrados TELESUR -sobre todo en sus fabulosos documentales- adquirió aquí ribetes notables por la acertada correspondencia entre el estudio y las imágenes.

Fue justamente el uruguayo quien presentó, desde el estudio de De Zurda, a los televidentes de más de cien naciones -como un regalo exótico- las imágenes del primer equipo de su país que obtuvo el triunfo en los juegos olímpicos, hace 90 años, en 1924, cuando París acogió a los jugadores sudamericanos. Ni la mesura proverbial de Víctor Hugo impidió que en el ambiente se sintiera el orgullo charrua.

Lo mismo sucedió cuando Maradona derrochó pasión al explicar convincentemente su relación con Fidel Castro Ruz –a quien llama Mi comandante- y con Cuba, que lo acogió durante cuatro años, cuando las sombras fueron más oscuras.

Fuente: http://goo.gl/KLW0Sb


teleSUR no se hace responsable de las opiniones emitidas en esta sección

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