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No todo es Mundial: Entrevista a Iñigo Errejón sobre la coyuntura política española
Publicado 17 junio 2014

Hace algunas semanas realizamos una entrevista para @PanamaRevista a Iñigo Errejon sobre la coyuntura política española. Conversamos –principalmente- sobre los resultados obtenidos por el espacio PODEMOS en las elecciones europeas y acerca de los sucesos políticos posteriores. Iñigo Errejón además de su intensa trayectoria académica se ha desempeñado como jefe de campaña de PODEMOS, un espacio político que apela y promueve la renovación y reformulación de la política española. Aquí sus interesantes reflexiones:


ED y AN: ¿Qué evaluación hacen de la elección europea?
IE: Nuestros datos internos decían tres diputados, a mí me parecía optimista. Es verdad que los mítines se iban llenando donde la campaña fue haciendo un efecto de bola de nieve. Me tocó estar en los colegios de la zona sur de Madrid -que es la zona popular- e iba observando como bajaban nuestras papeletas. Ahí empecé a pensar en el cuarto diputado; el quinto no lo pensaba. 1.200.000 votos, cuarta fuerza española, por dos puntos al lado de Izquierda Unida (IU) y tercera fuerza en la región de Madrid.
¿Qué repercusiones inmediatas tuvo este resultado?
A partir de entonces jugamos un papel en lo cualitativo mucho más relevante que ese resultado cuantitativo. Somos el fenómeno del momento, los humoristas, los programas de humor, las viñetas, los chistes. Todo el mundo habla de nosotros.
¿Por qué crees que hicieron tan buena elección? ¿A qué sectores interpelaron o qué lectura hicieron de la crisis española que les hizo lograr tanta cantidad de votos?
En la experiencia PODEMOS hay tres puntos a modo de triángulo. Primero, la discusión y la reflexión sobre el 15M [movimiento de los indignados españoles]. ¿Cómo era posible más de un 70% de simpatía con el 15M y ganaran el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Popular (PP)? Ese descontento de la sociedad civil que no se traducía en lo electoral. Segundo, el trabajo mediático que venimos haciendo en La Tuerka (@la_tuerka) que después se trasladó a los grandes medios. El tercero fue nuestro aprendizaje de las experiencias latinoamericanas que están muy lejanas pero que aportan, que nos hacía romper tres tabús.
Uno, el tabú de la utilización del liderazgo, un liderazgo de una visibilidad mediática muy por encima de la que tenía PODEMOS en la izquierda.
Dos, el tabú de que uno puede ir a elecciones a construir cosas que no existían previamente en lo social, esa idea de la izquierda de que acumulas fuerza en los bares o centros de trabajo y luego la cambias en el terreno electoral. Muchos nos decía: “este proceso no tiene sentido porque lo han comenzado desde arriba con un llamamiento directamente electoral”. Sin embargo, demostramos que lo electoral también es un momento de construcción política.
El tercer tabú es el de atrevernos a decir que había que desbordar las metáforas izquierda/derecha, que en nuestro país había mucho descontento, pero que los actores políticos que se situaban voluntariamente a la izquierda de la izquierda del PSOE se ubicaban en el margen izquierdo del tablero que representa no más de un 20%. Sin embargo, para nosotros hay otra frontera: entre el sentido común de la ciudadanía y las élites, lo que hemos llamado la casta; que es una palabra que ya hasta utiliza la casta que hasta Felipe González ha salido a decirlo. Por encima de la diferencia de izquierda/derecha, está la diferencia democracia/oligarquía. La democracia está secuestrada y hay una mayoría social que está siendo estafada, tenga la etiqueta ideológica que tenga.
Esas tres apuestas y un uso muy agresivo de la comunicación y del discurso político, muy poco reverente a los dos más tradicionales de la izquierda y un terreno muy sembrado de empobrecimiento, de desafección, de pérdida de credibilidad de las élites tradicionales, nos han permitido llegar al resultado del domingo.
Una especie de bola de nieve. El 1.200.000 de votos los proyecta hacia el futuro
Es un 8% del voto nacional que se convierte hasta un 11 o un 13 en regiones como Madrid o Asturias. Lo relevante de esto no es sólo la cantidad de votos sino de donde ha salido: mucho, mucho del PSOE, que es lo que hace que esté nerviosísimo atacándonos. Demostramos que el voto a la izquierda no es un juego de suma cero: “ah ustedes en todo caso sacan un escaño que se lo quitan a la IU”. Y les dijimos: “eso es porque ustedes creen que las posiciones ya están repartidas y que por tanto hay un votante de izquierda que va a votar a la izquierda”. Pero en un momento de crisis y fragmentación pueden pasar fenómenos inéditos, como que recibimos votos de la Izquierda Unida, del PSOE, de abstencionistas, de Centro, incluso conservadora. Fue un voto muy diverso sociológicamente. El País publicó la encuesta ¿Quién vota a PODEMOS? Y decía que nuestro principal de votantes no está entre los jóvenes universitarios de las grandes ciudades, sino en la franja de edad entre 35 y 45 y con estudios medios. Los medios de la derecha dicen: “no son la extrema izquierda”, los medios de la izquierda: “bueno, son jóvenes”. Yo creo que eso se ha desbordado, hemos sacado votos en regiones donde no hay Universidad.

Hay una concepción que el consenso bipartidista de alguna forma se quebró, ¿qué pensás?

En las anteriores elecciones europeas (2009), la suma entre el PSOE y PP fue del 61% del voto, en estas ha sido apenas el 48% o 49%. Es verdad que las europeas son elecciones en las que la gente opta por versiones nuevas, es un voto más libre. Aun así el PP perdió 2,6 millones de votos y el PSOE 2,5 millones, se quebró el movimiento de lazos comunicantes, según el cual lo que pierde uno lo recupera el otro, esa alternancia que protege los consensos centrales del sistema político. Eso se ha roto y lo que pierde el PP no lo recupera el PSOE que sigue perdiendo. Eso no significa que el bipartidismo del ‘78 esté roto, está seriamente tocado y hay condiciones para que en el plazo corto -porque ahora se abre un ciclo político electoral muy acelerado- pueda pasar a la historia, que sea de forma definitiva es bastante difícil porque es un bipartidismo que todavía tiene sus fuentes de poder prácticamente intactas.

Además después de esta elección, los partidos saldrán a hacer políticas para recuperar esos votos

Claro. Inicialmente el PP pensó “ah fantástico, le quitan los votos al PSOE”. Pero luego se han conocido conversaciones en las que nos presentan como un problema de Estado, donde partidos acuerdan no dejarnos espacios abiertos porque al margen de a quién perjudiquemos electoralmente en el corto plazo, en el largo plazo hemos merecido reacciones furibundas y de una campaña del miedo por parte de los principales poderes fácticos en este país, han dicho que vamos a nacionalizar todo, que vamos a ser Venezuela, nos acusan al mismo tiempo de ser Venezuela y de parecernos a Marine Le Pen.

Es interesante que no puedan esquematizar a PODEMOS

Hay toda una campaña que intenta ponernos etiqueta: de izquierda, ETA, de ser de Irán, bolivarianos, de extrema izquierda, de Le Pen. Los grandes medios se dividen entre los que dicen que somos extremistas y peligrosísimos y los que reconocen que hemos abierto el juego democrático y tratan de criticar las inconsistencias del programa, mirando con lupa cada paso en lo organizativo para tratar de quitarnos el encanto del outsider discutiendo de nosotros como un partido más.

En relación a lo que decías de América Latina, ¿cuál es la lectura que hacen de América Latina a la luz de la crisis española?
Por una parte los momentos de desarticulación de las lealtades políticas tradicionales, de crisis económicas no sólo en el sentido de institucional, sino de certezas que mantienen a la gente unida a un tipo de política y de referente político. Han sido momentos en los que la expansión del descontento no ha sido canalizada por la izquierda ni por los sindicatos, que no son capaces de dar cuenta de la convocación de gente que quiere un cambio, que tiene un consenso destituyente, pero no constituyente todavía. O sea que quiere que se vayan todos, pero no sabe qué hacer después.
En esos momentos hay posibilidades para un discurso muy amplio, eso implica hacer algunas concesiones pero también aceptar las impurezas de la política que quiere ser de mayorías. Y que una intervención virtuosa, tocando tierra investigue cuáles las líneas sobre los cuales puede haber ruptura y que actores muy pequeñitos puedan jugar papeles muy relevantes llegando a reivindicar para sí la representación de un interés general. Es decir, una operación según la cual existe una mayoría ciudadana en España que está harta y a la que nadie representa y en virtud de la cual nosotros pretendemos hablar, a la cual interpelar por encima de sus diferencias ideológicas. Votar al centro-izquierda o a la centro-derecha tenía sentido cuando había un sistema político que no vivía el derrumbe de las lealtades, de la crisis, del empobrecimiento. Votar centro-derecha o votar centro-izquierda era prácticamente igual porque para las grandes cuestiones gobiernan juntos y por encima de eso hay una pequeña casta que se ha emancipado y que ha perdido la soberanía popular y gobierna contra los intereses de la mayoría. El acento con el que se habla es local, pero todo tiene que ser traducido de la experiencia latinoamericana. Esta lógica nítidamente populista de articulación del descontento en un escenario que estaba muy fragmentado nunca nos habíamos atrevido a hacer; nunca habríamos sido capaces ni de imaginar sin las lecturas ni las vivencias latinoamericanas.

Eso parece contradecir la lectura de Felipe González y de toda la derecha de que son bolivarianos
Eso lo dicen por un lado para asustar, hoy en España “bolivariano”, no habiendo Unión Soviética, es lo que más puede condicionar el voto del miedo. Pero por otra parte, es su falta de lectura de la última década en América Latina.
¿Cómo piensan hacia el futuro la unidad política con otras fuerzas?
Hay un intento por parte de IU, pero también por parte de medios muy influyentes como El País, que hablan de la unidad de fuerzas a la izquierda del PSOE. Nosotros desde el principio hemos dicho que es importante la unidad de la izquierda pero mucho más importante la unidad popular y ciudadana. Utilizamos siempre popular y ciudadana para referirnos a esos dos componentes sociológicos, porque hay una parte de descontento popular ciudadano, de individuos que se quejan de que les solucionen los problemas y que protestan en tanto individuos. La unidad de la izquierda es importante, pero la unidad popular y ciudadana es más importante.
¿Qué estamos diciendo con eso? Hay mucha gente que nos ha votado y que nos podría votar en el futuro que puede ser susceptible de ser partícipe de una movida política potencialmente nueva. El sistema político se mueve muy cómodo en el reparto de categorías de izquierda/derecha: está la centro-izquierda, centro-derecha y cada uno a sus márgenes tiene minorías un poco ruidosas, la extrema izquierda y la extrema derecha. Esto para la mayor parte de la izquierda nos ha convertido en herejes, traidores, pero es fundamental impugnar eso, sino hablamos con palabras nuevas no construimos una vida nueva, sino que nos ubicamos en el orden viejo.
Hemos ganado en el orden simbólico. Tenemos un largo recorrido y hemos demostrado que avanzando no restamos a nadie sino que sumamos al campo de las fuerzas que quieren el cambio; nos interesa escapar de ese marco simbólico, no porque no haya que hacer acuerdos sino que este es un momento de constitución interna como movimiento político porque nacimos sólo como una iniciativa electoral. Y ahora habrá que estructurar un movimiento político.

¿Cómo piensan que pueden incorporar a movimientos sociales o espacios de ciudadanos que dicen quiero hacer política?
Pues, es muy complicado. Vamos a tener que gestionar dos equilibrios clásicos. Por una parte, el equilibrio entre la autonomía de las agrupaciones locales y unas líneas a escala nacional; por ejemplo, en un año vienen las municipales, bueno tú no te puedes presentar como PODEMOS y hacer lo que te da la gana. Hay que moverse entre la autonomía de los círculos PODEMOS, en cada lugar para hacer lo que mejor considere, y algunas líneas comunes. Hay que moverse en esa tensión entre democracia y eficacia.
En España no hacen falta más partidos políticos, lo que falta es una herramienta que sea capaz de tomar decisiones pero sobre todo de seguir siendo incluyente, no cerrada a un partido secuestrado por las discusiones internas de los militantes.

¿Esa idea de los círculos rompe la lógica partidaria de un movimiento social y está abierta a ese descontento?
Claro. Pero a la vez la campaña electoral ha abierto a muchas formas de participación y no queremos caer rehenes de una vida interna en la que la burocracia, sea horizontal o sea vertical, secuestra la vida política del partido y por tanto la acerca mucho a los militantes y muy poco a los sectores que quiere representar. Por eso queremos abrir formas de participación que elijan una coordinadora, una estructura nacional, pero que las decisiones importantes sigan estando sometidas a las primarias abiertas a todo el mundo.

¿Eso mantiene un cambio radical en la forma de construcción y a su vez puede ampliar el entusiasmo ciudadano y político creado en estas elecciones?

Uno de nuestros primeros lemas fue ¿cuándo fue la última vez que votaste con ilusión? Una cierta recreación de la pasión política que ha estado ausente durante décadas y que la diversión y el goce por hacer política juntos ha sido un elemento central en la campaña y puede ser un punto que marque la diferencia. La gente venía a los mítines -de izquierda y del PSOE- y decía “yo no sé lo que votaré, pero vengo aquí a emocionarme”.

Eso se veía mucho en las redes sociales: una energía social que tenía que ver con la conexión con lo sensible, que hacía mucho que los partidos políticos no conectaban ese lugar importante de la política
También hacía mucho que no se atrevían. Era un prejuicio tecnocrático, habían dejado las emociones a una cosa de pueblo bárbaro y subdesarrollado. Había un prejuicio según el cual dirigirse a las emociones de la gente era de demagogos. Romper eso fue complicado. Pero yo creo que ha convertido en un motor político fundamental. A todos los mítines venía no sólo gente joven, sino gente mayor que decía que no había sentido algo así desde el ’82.

¿Cómo analizas la supuesta renovación de la Monarquía y la abdicación de Juan Carlos? ¿Tuvieron que ver las elecciones o el derrotero de erosión que aparejaba?

Han tenido que ver las dos cosas. Por una parte, la Monarquía -hay que decirlo aunque nos pese a los sectores que no estamos de acuerdo- había salido victoriosa de la construcción del relato de la transición, es decir que era hegemónica la idea de que el Rey trajo la democracia. Es una crueldad para los miles de militantes que dejaron la vida, que se tuvieron que ir del país, que estuvieron encarcelados y asesinados peleando contra la dictadura. No obstante, los casos de corrupción en sectores muy cercanos al Rey y sobre todo la percepción de impunidad han ido desgastando a la Corona junto con la salud física del monarca.
Para hacer el mapa completo hay que situar el referéndum en Cataluña el 9 de noviembre por la independencia, lo cual es quizá una factura que tiene el régimen del ’78 porque en España se produjo un cierre nacionalista de ultra derecha. Ese mapa, el desgaste de la monarquía y los resultados de las elecciones han hecho pensar a los dos grandes partidos dinásticos que a lo mejor no tengan las mayorías suficientes para hacer arreglos de modo tan fácil. Y por tanto es mejor arreglarlo antes, la Constitución prevé la sucesión, hay que sancionar una ley orgánica, para lo cual se necesitan dos tercios de la Cámara; hoy esos dos tercios los tienen el PSOE y el PP que juntos reúnen cerca del 90%. Por eso no sería así si se votara, por eso creo que se han apresurado a cerrar esto. Mucha gente decía: “no es buena idea, ¿cómo van a abrir esto ahora después de las elecciones?”. No lo podían abrir antes de las elecciones porque el resultado hubiera sido muy duro para el PSOE en particular que es quien está pagando su política de subordinación al PP.
La base derecha se mantiene cohesionada, se enfada pero vota igual, es la base del PSOE la que se está mudando. Diferentes agrupaciones locales del PSOE han pedido un referéndum, el partido se apresuró a decir que con la crisis no es momento de abrir desestabilizaciones y que hereda el príncipe. Creo que por los resultados del domingo les hicieron decir: “mira, esto es una asignatura que tenemos pendiente, vamos a cerrarlo ya y vamos a trabajar a contrarreloj para construirle una legitimidad al príncipe”.
La legitimidad del Rey se construyó frente a Franco al construir la idea de que él trajo la democracia y consiguió los pactos y la reconciliación. Utilizaron el mito de la Guerra Civil, ese mito ultra reaccionario que comparte mucha gente que es asociar República a que los españoles tenemos un carácter tal, esa misma matriz ideológica que es “hay que salvar a los españoles de sí mismos”. Con Felipe no van a construir una legitimidad así porque no tienen el mito de la guerra, van a construir una legitimidad en torno a que es un joven moderno, que ha estudiado en Washington, más preparado, más humilde, con mayor preparación técnica.

¿Se puede extender un poco la lógica masiva de reclamo de un referéndum? ¿O de alguna manera se va a clausurar con la elección de Felipe?

Yo creo que se puede clausurar salvo ante las minorías más organizadas. Yo creo que habrá una o dos manifestaciones grandes, aunque no multitudinarias. Serán más grandes cuanto más instalen el significante democracia y tanto menos el significante república. La reivindicación de que hacen falta profundas modificaciones democráticas en España y que desean los ciudadanos y no la élite política desprestigiada tiene más recorrido. La recuperación de la memoria republicana con los colores de la república y con el propio término república está confinada a ser una cuestión de memoria de los militantes, pero que no conectan con el amplio descontento que hay.
Estos días estoy yendo mucho a la televisión a discutir y escribe gente diciendo: “dejad al Rey que no ha hecho nada y que los políticos son los ladrones”. Si es una pelea monarquía versus república a los jóvenes les parece una cosa vieja y a los viejos piensan en la guerra.

Tal vez el concepto democracia tiene una capacidad más plástica que podría incorporar contenidos que pueden ser apropiados por ese descontento porque hay una visualización de una élite que toma decisiones no sólo por fuera de las grandes mayorías sino en detrimento de ellas

Si, efectivamente. De hecho ese ha sido el pivote central sobre el que no te cierra el discurso: por los rendimientos que da el sistema político, donde la democracia es tan sólo que la gente pueda votar. Hay una noción de que las instituciones funcionan para el bien general, no sólo para el saqueo de los fondos o la evidente supeditación de la soberanía nacional española a Alemania, al Banco Central Europeo y al FMI. Lo cual lo erosiona bastante. El ícono ahí es Merkel. Nosotros para el video electoral decíamos lo correcto sería hablar del FMI, pero aquí no lo conoce nadie; aquí conocen a Merkel y jode que una señora alemana nos diga que hay que hacer. Es medio chauvinista y sin embargo ha funcionado muy bien.

Igual es real que hay una hegemonía alemana que ha configurado la Unión Europea

No sólo que ha configurado la Unión Europea, sino que a los países del sur nos ha reservado un estatus semicolonial. Y junto con esto está la idea de la casta, donde los principales partidos gobiernan igual y cuando acaban lo hacen en grandes empresas. Por encima de sus diferencias internas, comparten esa diferencia entre ellos y la gente. Respecto de esa brecha puede no pasar nada, quedarse en el desahogo, puede haber una expresión reaccionaria o puede llevar a una expresión de apertura democrática, de cambio, de empoderamiento popular. Eso es lo que estamos intentando jugar nosotros.

¿Cómo evalúas la Unión Europea?

Con la Unión Europea somos extraordinariamente escépticos. En la campaña asistimos a un intento del PP y el PSOE de presentarnos como antieuropeístas. Somos profundamente europeístas. Pero la Unión Europea se ha consolidado como un espacio institucional con muy poco control democrático; sólo el Parlamento Europeo tiene elección directa pero no legislativa y el resto se ha manejado con lobbies y con poder de comisario que no ha elegido nadie.
Por tanto, hay dos líneas. Una, la del resentimiento con el funcionamiento de la UE, que donde no lo capitalizan fuerzas progresistas, sino fuerzas como Le Pen. Ese resentimiento frente a la visión cosmopolita y liberal se opone la visión de los perdedores que dice que le den por culo a Europa. Es fácil que entronque el discurso de derecha, que diga “cerremos las fronteras, protejamos nuestros productos, echemos a los inmigrantes y que le den por culo a Bruselas”.
Frente a eso hemos tratado de jugar con ese espacio, tratando de echar las culpas a los de arriba y no a los de abajo. Eso ha funcionado y creo que eso le ha cerrado paso a las posibilidades de la derecha. Con respecto a la dirección de la Unión Europea es crítica. Ahora el Partido Socialista Europeo y el Partido Popular están en la repartición de los principales cargos en la Comisión del Concejo del Parlamento Europeo. Pero estamos en una situación de crisis de proyecto político o económico, de dónde tiene que ir, de qué tiene que hacer. El pacto de estabilidad y recetas de la ortodoxia neoliberal están provocando una fractura, con una Europa de dos velocidades.

¿La extrema derecha y el triunfo de espacios políticos como PODEMOS interpelan a la Unión Europea en términos de cómo seguir?

Claro. Cómo seguir y para muchos hasta qué punto es útil seguir. Pero la fractura va a ser geográfica al interior. No hay un mecanismo previsto de salida, la primera incógnita va a ser Grecia. Grecia no puede aplicar las políticas de la ortodoxia y el ajuste que la están devastando. La arquitectura de la UE está diseñada para un tránsito feliz hacia una economía de libre mercado, bajo el mando de Alemania y nadie ha pensado un plan B y por tanto ahora todo el mundo se encuentra constatando la fractura no del proyecto europeo sino de este proyecto, de esta UE que no nos vale y que tiene que ser radicalmente transformada.


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