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​Los cinco desaparecidos del subte y la memoria obrera
Publicado 22 marzo 2016
La genealogía de la organización de los trabajadores del subte puede entenderse retomando los nombres y las historias de los cinco delegados desaparecidos y las políticas que los Metrodelegados se dieron para recuperar su memoria y su legado.

Hace ya un año que pudimos hacer efectiva la restitución de los legajos de cuatro de los cinco compañeros detenidos-desaparecidos que tuvo el subte, cinco compañeros cuyo activismo gremial estuvo signado por las que hoy, a más de cuarenta años, siguen siendo las directrices principales de nuestro accionar: el rechazo a la burocracia, expresada en la Unión Tranviaria Automotor; las seis horas de trabajo, entonces reclamo y hoy conquista a defender; mejores salarios y condiciones de trabajo; y la construcción de una organización gremial basado en la democracia de los trabajadores, el debate y las decisiones colectivas y el accionar conjunto.

Porque, como dijo en el acto de recuperación de legajos el compañero Juan Carlos Leiva -ex trabajador del subte, obligado a renunciar en 1976 y que ahora se desempeña en la Comisión de Trabajo del Ministerio de Obras Públicas- “quién sabe algo de resistencia obrera sabe que los trabajadores del subte somos sangre revolucionaria, sangre combativa, que resistimos siempre: en el 56, en el 76, durante el menemismo y también en el 2001”.

El primer paro en la historia del subte

En abril de 1975 el subte tuvo el primer paro de su historia. Duró tres días y puso en jaque a la ciudad. De esa experiencia surgió la Agrupación Interlíneas 5 de abril. El gobierno de Isabel Perón inició una avanzada contra los trabajadores y muchos compañeros fueron despedidos o se vieron obligados a renunciar.

Después del golpe, claro, todo fue mucho peor. El subte quedó bajo la órbita del vicecomodroro Sánchez Matorras, de la Fuerza Aérea. La represión fue brutal. Los cinco compañeros que luego desaparecerían fueron parte de esa heroica huelga y de aquella agrupación, pese a sus distintas filiaciones políticas.

Los cincos delegados

José Martín Mendoza fue el primero en desaparecer. Era muy joven y había ingresado al subte apenas un mes antes de la huelga del ’75. Era activista de la Juventud Guevarista, trabajaba en la estación Virreyes de la línea E y su legajo era el 7031. Fue secuestrado el 17 de septiembre de 1976.

El 10 de febrero del año siguiente, la dictadura secuestró a un boletero de la línea A: Luis Enrique Cabrera, legajo 6158, quien era parte de la organización Montoneros.

El siguiente es del que menos datos tenemos: sabemos que cuando se lo llevaron, en mayo de 1977, Federico Otin Beconi tenía 31 años.

A Juan Carlos Correa lo secuestraron menos de un mes después, el 3 de junio de 1977. Era maniobrista de la línea D -legajo 5562- y militante del Partido Socialista de los Trabajadores.

Por último, Daniel Bonifacio “el Negro Chanampa” fue secuestrado el 17 de abril de 1978 en Ciudad Oculta, donde vivía. Era boletero de la línea A -legajo 6075- y militaba en Montoneros y el Movimiento Villero Peronista.

La memoria obrera

El secretario general de Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP), Roberto “Beto” Pianelli, señala que “desde que nos conformamos como Cuerpo de Delegados y después como sindicato, siempre tuvimos claro que esta historia no empezó con nosotros, que empezó antes, que siempre hubo trabajadores del subte que se enfrentaron a la burocracia y a la patronal”. Quizá por eso hoy seguimos recuperando esa historia.

Pipi Gónzalez, secretario de DDHH del sindicato, lo explica así: “La recuperación de los legajos es sólo un paso, ahora vamos por su reparación, queremos que esos legajos que cuentan una parte de la vida de los compañeros digan que no abandonaron sus trabajos, que digan detenidos-desaparecidos”.

Y hay más. Con mucho trabajo y algo de suerte logramos algo inédito: participar como querellantes en el juicio por la desaparición del compañero Mendoza, en la causa que investiga delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención conocido como Puente 12 o Protobanco.

Sobre esto Pianelli sostuvo: “Reconstruir nuestra historia es buscar también a gente que no conocíamos. Con todo esto, queda claro que la tragedia que montaron en aquella época fue en vano porque no van a poder frenar a todos los que pedimos justicia y que, en definitiva, militamos a diario por lo mismo que militaban ellos: una sociedad más justa e igualitaria”. Leiva completó la idea: “Porque los trabajadores tenemos memoria y tenemos que estar alerta”.

Y es en esa búsqueda que pudimos volver a tejer una red de información pero también de afectos. Gracias a una paciente tarea de la secretaría de Derechos Humanos contactamos a la compañera Cristina Comande, que había sido secuestrada junto con Mendoza, y logramos juntarla con la familia de José Luis.

“Eso sí que fue fuerte -cuenta emocionado Pipi Gónzalez- ella les contó que su hermano no había cantado a nadie a pesar de la tortura. Lágrimas, sonrisas y sandwichitos acompañaron el encuentro. En fin: este 24 va a venir por primera vez a marchar con la foto de José y van a empezar los trámites para poder retirar los restos que están en el Equipo Argentino de Antropología Forense”. Una sonrisa se dibuja en su cara: “Se puede decir que se cierra ese circulo de dolor”.

**Publicado en Notas


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